Grillos (haiku)
2005.10.13Grillos de otoño
por cada nota y fuga
cantan silencios
La última palabra
2005.10.11¿Habra algo, una frase, una idea, un secreto de infancia, una imagen en el fondo de mi inconciente, que sea lo que quiero decir y no lo he dicho?
¿Habrá algo que una vez escrito me haga dejar de escribir para siempre?
¿El minotauro al final del laberinto?
—¿Y si mueres sin escribirlo?
Para eso quiero las “máquinas de escribir” y los generadores de texto: ¡qué las computadoras pongan palabras unas con otras en todas, todas las combinaciones posibles hasta que aparezca esa idea o ese secreto que ni siquiera yo conozco!
Si muero antes no lo conoceré pero por lo menos sabré que habra sido dicho.
Días de lluvia (tres haikus)
2005.10.5La noche cristal
revienta fría
¿qué día es hoy?
—
Carros bajo el agua
resbalan las calles
a otro verano
—
Niños mojados
la escuela no enseña
a oír la música de lluvia
Poner a pensar a un sistema
2005.10.3Cuando ponemos a un sistema a “pensar” el sistema debería no solo decodificar la entrada que le damos sino que debería intentar reproducirla. Eso lo haría más inteligente.
Es decir, cuando hacemos una búsqueda el programa recibe la serie de caracteres que le damos para considerarla válida, identificar los caracteres, y buscar una cadena almacenada o indexada que coincida con la que le damos.
Si yo le diera la misma cadena de caracteres a una persona, ésta primero le buscaría sentido a la palabra, se la repetiría para sí, la intentaría generar pos sí misma, no en mera imitación sino en búsqueda de una interpretación (en el sentido musical de la palabra interpretación).
¿Qué tendría que hacer un sistema para “pronunciar” la palabra dada, es decir, generarla por sí mismo, interpretarla?
Poder y palabra (aforismos)
2005.09.27Hay en las palabras algo de veneno y remedio; y en el que sabe pronunciarlas, hay algo de brujo o médico.
Por “palabras” entendamos “frase”, porque es ésta última la unidad fundamental del lenguaje.
¿Qué tiene la frase que embruja? ¿Qué tiene la frase que cura?
La frase es un objeto de poder con vida propia: tótem, altar o libro de la ley existe lejos y fuera de quien lo hace. Una vez pronunciada o escrita, la frase existe. Su poder radica en que su existencia amenaza con superar la muerte.
El tótem, altar o libro de la ley le dicen a quien los ve y contempla: “existo antes de que tú nacieras; estaré aquí mucho después de que mueras; mi creador era mortal pero su quehacer no; te presumo mi inmortalidad y la inmortalidad de mi mensaje”.
Mientras el erotismo se manifiesta como un presente perpetuo, como un instante intenso, negador del tiempo porque el tiempo es muerte, el poder afirma la vida a futuro, como una amenaza. En la relación erótica un amante le dice al otro: “moriremos los dos mañana, pero hoy vivimos por siempre”. En la relación de poder el amo le dice al esclavo: “morirás mañana pero yo seguiré viviendo”. Y puede ser el “yo” el que siga viviendo, pero también puede ser el objeto de poder: el libro de la ley seguirá viviendo después de nuestra muerte, igual que el tótem o el altar.
La violencia destruye o mata. El poder, en cambio, es el ángel exterminador, el fantasma de la aniquilación: mantiene a su víctima viva con la promesa perenne de tragársela. Poder terrorista: mata lo suficiente para hacer patente la vida pero no demasiado para desaparecerla.
(Por eso las plagas sobre Egipto no acaban con los egipcios. Moisés tiene instrucciones de ejercer el poder no de matar egipcios. El sentir “temor de dios” es reconocer su poder.)
La violencia es castrante. El poder en cambio puede producir y provocar. El poder quiere poder más. La violencia quiere dar por terminada hasta su propia existencia.
(El concepto actual de terrorismo podemos entenderlo como violencia porque es un terrorismo que no busca tener poder sobre el otro. Es una violencia impotente que al no tener la capacidad de exterminar, fragmenta. Quema árboles por falta de fuego para incendiar el bosque.)
Dice Salvador Elizondo: la violencia fue o será, nunca está sucediendo. Si comparamos esta propiedad con las propiedades del poder, podemos agregar: el poder siempre está sucediendo, o mejor, siempre se está ejerciendo.
El poder de los dioses (griegos, judíos o cristianos) radica en castigar “en vida”, con sufrimiento. El poder nunca le quitará la vida intencionalmente a nadie, a menos por supuesto que se le quite la vida a un tercero para manifestar el poder con un primero.
El poder es tan fálico que incluso insemina.
Las últimas palabras del moribundo: don al mundo, ansia de inmortalidad, deseo de extender el poder mediante un objeto. “Ahí les dejo estas palabras para que no las olviden y con ellas no me olviden a mí”.
Las palabras del acta legal: “No importa quien ocupe el puesto, esto queda por escrito”.
La sentencia o sermón de los padres dice: “Nuestras palabras quedarán incrustadas en las tuyas para que, estemos vivos o muertos, recuerdes lo que tanto te hemos advertido”.
Las palabras, es decir, la frase, es un objeto de poder. Por supuesto que no todo tronco es un tótem, ni toda piedra es un altar, ni todo libro escrito es ley. Pero pensemos en las palabras que sobreviven por tradición oral (herencia de poder) o por escrito (testamento).
La biblia, la tora o el corán; el código de Hamurabi, las leyes o constituciones; las enseñanzas, lecciones o bibliotecas; las cartas magnas, epístolas y apocalipsis; los regaños, sentencias y condenas; los presagios, profecías y amenazas; epígrafes, últimas palabras y testamentos…
Hay palabras cuya intención explícita y consciente está lejos de amenazarnos o aterrarnos con no morir: los cuentos, los refranes, las novelas, los manuales, los ensayos, los dramas, todo aquello que llamamos literatura, el teatro, las baladas y canciones, la poesía, los discursos, las clases, los museos, todo aquello que llamamos cultura…
Por eso se dice erróneamente de las personas que poseen el “don de las palabras” que tienen “autoridad”. Ejercen, aún sin quererlo o pensarlo, poder a través de la frase. A diferencia de la ley que me amenaza con existir y ejercer su poder después de mi muerte, las palabras del cuento me dan la esperanza de ser repetidas a mis hijos y a los hijos de mis hijos para ser inseminados con su sabiduría.
El día en que nació la lectura
2005.09.23¿Qué fue primero, la lectura o la escritura?
A pesar de la aparente obviedad radicada en que no se puede leer lo que no se escribe, la respuesta es contundente: la lectura precede a la escritura.
El día en que nació la lectura: había una vez un primer homo sapiens que distinguió un zurco, relieve o marca en la superficie de un tronco caído o en una piedra llamativa. En esa marca, el homo sapiens reconoció la huella o ausencia de un otro cómo él que la hizo. Algo resonó en su cabeza sin saber bien qué era: una especie de eco escrito en la arena que sin saber bien a bien su origen reconoció como humano.
Tal vez reconoce la marca porque él mismo la hizo días atrás. Tal vez reconoce la marca porque sólo un ser como él, un otro, un igual, pudo haberla hecho. La intención de la marca —que no es otra cosa que la escritura— no es relevante en este momento. La primer lectura fue la de un signo involuntario.
(Este sencillo mensaje leído por nuestro homo sapiens en cuestión tiene, curiosamente, el mismo sentido que el que podemos leer hoy en una acera o banqueta en la que se ha escrito algo mientras el concreto estaba fresco: “yo estuve aquí”. Reflejo de un instinto básico y territorial.)
Ese primer homo sapiens tendrá, a partir de ese día, la capacidad de hacer una marca visualizando, anticipando, su lectura futura: habrá nacido la escritura.
El hombre que confundió un documento impreso con su metáfora digital
2005.09.22Estoy en el autobús rumbo a casa después de todo un día frente a la pantalla de la computadora escribiendo, leyendo, haciendo consultas, navegando, leyendo correos…
Voy leyendo un artículo impreso directamente de la página web donde lo encontré. El formato y diseño es el mismo que tenía en pantalla, sus ligas, sus flechas, botones, menús…
Al leer el artículo impreso en cuestión y llegar al final del texto aparece un pequeño cuadro a modo de botón que dice “cerrar”. Mi mente —en trance, desapercibida del lugar donde me encuentro y del origen de los datos que lee— me ordena mover mi mano sobre el mouse que mi mano no tiene, dirigir el cursor que no veo sobre el botón de papel y dar un click para cerrar la ventana donde está el artículo.
Fue tan solo un instante de confusión, pero finalmente, en ese instante, mi realidad material, analógica, física, de la lectura en papel se combinó con la realidad virtual de la metáfora del escritorio, las ventanas, los archivos, y los botones virtuales de la interfaz de un sistema operativo: quería cerrar un documento de papel con un simple click. Si se hubiera verdaderamente cerrado creo que no me hubiera sorprendido ni más ni menos que lo que me sorprendió darme cuenta que era imposible que se cerrara.
Segundos después de ese instante mi mente se dio cuenta de que tomó una decisión fuera de contexto (o marco, como dicen los que estudian inteligencia artificial) y cambió la instrucción: doblé la hoja de papel y la guardé.
Espero que la próxima vez que esté frente a la pantalla de la computadora mi mente no se confunda queriendo “doblar” la pantalla de cristal y guardarla en algún folder o carpeta.
El bibliomante
2005.09.19Debería decir que creo en la bibliomancia, no porque crea que cualquier libro en cualquier hoja al azar puede responder a una pregunta formulada, sino por que aún sin plantearme si creo o no, soy un practicante de la misma. Me explico.
Leo poco. Muy poco. Casi nada. No creo haber completado la lectura de unos diez libros en toda mi vida. Bueno, tal vez pudiera agregar algunos leídos por accidente o por encargo. Ya saben, esas lecciones semanales en algún curso equis o esa obligación con el maestro de literatura del colegio. Pero a pesar de ser libros leídos no los cuento como tales. Creo que sin voluntad no hay lectura.
Son, entonces, no mas de diez. Fuera de eso soy un lector fragmentario. No, no de fragmentos sino fragmentario. Es decir, hago mi lectura en fragmentos. Cuando quiero leer -busco algo que me acompañe en una sala de espera, voy al baño, o simplemente por pasar el tiempo- tomo al azar algún libro de la biblioteca, lo abro igualmente en cualquier página, elijo algún párrafo y leo.
A veces es sólo una frase, a veces el párrafo entero. Muy rara vez la página. Ya lo he dicho, leo poco, muy poco. Pero leo muy, pero muy bien. A profundidad.
Leer fragmentariamente requiere de mucho trabajo mental, imaginación incluida. Por eso es que se puede decir que he leído muchos libros, pero no completos. Y aquellos diez libros completos que he mencionado casi los puedo decir de memoria. Los leí hace tiempo. No creo que ahora pudiera volver a leer un libro completo. Mis hábitos actuales me lo impiden. Mi lectura es vertical. Lo que he leído o llego a leer es atendido con suma atención y comprensión. Mientras leo, toda mi mente está concentrada en ello.
Leo pero parece que no leo. Es muy común que lea la frase y levante la vista: estoy repitiéndola en mi cabeza, despacio, aprehendiendo cada palabra y su combinación con las otras. Reflexiono sobre lo leído con toda calma y tranquilidad. No es raro que una frase me dure días. Mi marca personal es con aquella frase de apertura a El Amor en los Tiempos del Cólera de García Marquez: “Era inevitable, el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.” No leí nada más en seis meses. Esa frase, con toda su sonoridad, replicaba en los laberintos de mi cerebro. Por supuesto que desde entonces no he vuelto a tomar ese libro. Una frase más como esa y podría dejar de leer el resto de mi vida.
El único libro que he leído una y otra vez; el único que puede considerarse mi biblia, es el diccionario. La lectura a profundidad le requiere.
La cuestión no pasaría a mayores de no ser porque escribo y hago investigación. Investigación académica y periodística. Uso referencias. Sí, citas y demás. Desde hace veinte años que tengo estos hábitos de lectura he escrito unos cincuenta o sesenta ensayos y artículos por diversos motivos y para diferentes lectores. Universitarios, la mayoría. Los temas de los mismos son muy diversos. Han sido encargados igual para publicaciones científicas que literarias. Tanto para lectores universitarios como de suplemento semanal en diario local.
Todas mis citas y referencias no provienen de más que esos diez libros leídos y algunos fragmentos sueltos. No hay ni una veintena de autores ahí. Y nadie ha reclamado nunca nada. Tal vez nadie se ha dado cuenta de la pobreza en la diversidad y cantidad de lecturas. ¿La razón? Muy sencillo: unas cuantas ideas rigen el mundo y están contenidas en no más de diez libros (al azar, casi pueden elegirlos al azar). El resto radica en conocer esos libros y sus ideas a fondo, y en la capacidad de asociar cosas o temas aparentemente disímiles entre sí. Eso es todo.
Por eso se puede decir que soy un bibliomante: con las combinaciones adecuadas y la mente dispuesta cualquier libro contesta a cualquier pregunta.
Las gotas de agua pegadas al cristal (fragmento)
2005.09.18Las gotas de agua estaban pegadas al cristal con una firmeza que parecía inamovible. Afuera la lluvia era intensa y la velocidad del vehículo hacía que el paisaje se renovara de súbito, pero por algún fenómeno de aerodinámica e hidráulica que no conocía y difícilmente hubiera podido entender, la superficie de la ventana por la que veía hacia la carretera desde dentro del auto parecía en su propio tiempo y espacio, lejos de la tormenta, los viajes en carro, su mirada curiosa y el movimiento del universo.
“Quisiera ser como esas gotas de agua fijas a la superficie que las sostienen”, pensó.
Al principio, viajar es vivir una aventura cada día. La gente le sigue aún diciendo lo interesante que ha de ser poder vivir viajando. “Pero eso es al principio”, les suele decir, “pero con el paso de los años uno quiere ser como las gotas de agua sobre los cristales laterales de los carros en movimiento los días de lluvia”.
“¿Perdón… ?”, le preguntan, sin entender.
“Que después de viajar mucho uno prefiere quedarse en un sólo lugar”, les responde, evitando explicar lo de las gotas de agua.
Era tarde. No faltaba mucho para que el auto en el que viajaba llegara al pueblo siguiente. Dormiría en un pequeño hotel casero en el que había estado hace cerca de diez años, si es que todavía existía.
“Ojalá recorriera uno siempre los mismos sitios”, pensó. “Pero cada vez, cada lugar, es diferente. Ese Heráclito tenía razón: nadie se hospeda dos veces en el mismo hotel”.
Esperaba, sin esperanza alguna, poder volver a ver a la hija de la dueña. Tenía curiosidad por saber qué había sido de ella. La última vez que había estado ahí, ella tendría unos trece años y sólo esa edad y su destino a seguir viajando le impidió enamorase de ella.
Anabel. Ana bella.
Si la veía, iba a ser la tercera vez que se encontraría con ella. La primera, hace poco más de quince años, ella era una niña y él un viajero que había recorrido el país de arriba a abajo y un poco más.
“Aquel día también llovía”, recordaba.
Escritura geométrica
2005.09.16Si la escritura que piensa fuera línea sería asíntota: la escritura se acerca continuamente a la curva de la idea sin encontrarla nunca.
Leer es pensar como el otro
2005.09.15Si leer es una forma de “ejecutar” o interpretar el programa o partitura escrito por otro, y por ello nos hace pensar como pensó el que lo escribió, entonces sería cierto que:
Leer textos espirituales nos hace reproducir parte de esa espiritualidad en nosotros.
Leer textos eróticos nos hace reproducir parte del erotismo en nosotros.
Leer a un autor nos hace revivirlo en parte a través de nosotros, de nuestro pensamiento.
Escritura y lectura: espiritismo, nigromancia, evocación, conjuro…
El recién nacido (¿fragmento?)
2005.09.14Después de caminar por horas sin haber visto a nadie –porque esa llanura del lado este nunca ha sido habitada– el encontrarse con un bebé dormido, de unos cuantos meses, solo, en medio de la oscuridad del campo a media noche, y que además musitara su nombre, le aterró muchísimo.
Parecía cosa del diablo. Si bien sólo venía equipado con una linterna de petróleo no alcanzaba a ver a nadie en las cercanías. El bebé era muy pequeño –mantenía sus ojos cerrados como los recién nacidos– y no debería poder hablar. Sin embargo, alcanzaba a escuchar claramente que decía su nombre: “Memo… Memo… Memo… “.
Si en ese momento el bebé se hubiera convertido en un chamuco no le hubiera extrañado para nada.
Conocía muy bien la ruta que caminaba. Estaba a un par de horas a pie de la ranchería de San Juan, y le faltaban otras dos horas para llegar a la ex-Hacienda de Milpa Grande. Por eso se había animado a caminarla nuevamente de noche. Nunca había podido dormir mucho, así que pensó que si avanzaba camino podría estar en la ex-Hacienda de madrugada, dormir un rato, y estar temprano para las labores que los patrones le habían encargado.
Nunca pensó que se encontraría con un recién nacido que sabía su nombre.
El escriba de los mil rostros (borrador)
2005.09.11¿Quién soy yo? Soy el escriba, el escribiente. Soy quien espera sus últimas palabras. Soy el que escribe siempre parafraseando a los otros, a los que he leído, a los que he escuchado. Soy una hoja en blanco que espera el rastro de tinta sobre su piel. Soy la pluma, el lápiz, la plumilla, el bolígrafo, el teclado. Soy la palabra, soy la frase.
Soy quien piensa que todo texto puede ser escrito, reescrito, editado, retocado. “No tocar” dice en los museos. “No rayar” dice en los libros de modo latente a través de los maestros de escuela y los abuelos de la familia. “¿Y por qué?” pregunta el inocente, el filósofo. Los museos deberían ser para tocar o no ser. Los libros, los textos, deberían ser para rayar, sobreescribir, subrayar, tachar, completar, o no ser. ¿Para que ser si no se puede dejar de ser?
Soy quien escribe y no puede dejar de preguntarse por qué escribe. Soy quien escribe y se pregunta cómo escribe. Soy quien escribe y se pregunta quién escribe.
Soy el escritor que no lee. Soy el escritor que le interesa más la escritura que la lectura. Ni siquiera me leo a mí mismo. Mi trabajo ideal es escribir y enviar por correo mis textos a un editor o agente que reciba y publique. Dejemos a él la labor de leer, releer, editar, corregir y demás pasos que impliquen la lectura. A mi me interesa solo escribir. Si Borges se consideraba un buen lector muy por encima de ser un escritor, yo soy el opuesto del escritor borgiano.
Soy el escritor que antes de escribir, lee. Como Aquiles en carrera contra la tortuga, nunca llegaré a la meta del texto escrito porque antes que escribir siempre habrá algo para leer. Soy un lector que de vez en vez intenta dejar de serlo escribiendo.
Soy el que escribe sin escribir. El que planea toda su vida escribir una novela, un ensayo, un libro, y termina siempre escribiendo que lo va a escribir pero no lo escribe. Soy el que escribe índices, el que escribe escaletas, el que apunta frases, hace listas, registra personajes, apunta lugares, toma nota de ideas. Pero definitivamente nunca escribirá ese texto al que apuntan todos los planes.
Soy el escribiente lector. Soy el que no puede dejar de leer línea alguna incluidas sus propias líneas. Apenas termino de escribir una frase, un grupo de palabras, éstas me hechizan y me hacen leerlas. Las leo una y otra vez. Las pienso, las medito. A veces incluso corrijo. Al final, lo que escribo es mucho menos que lo que leo. Mi producción es lenta. Me cuesta trabajo avanzar en mis oraciones sin regresar a ellas como lector.
Soy el reescritor. Debería de hecho diferenciarse claramente a un escritor de un reescritor. Los reescritores no dejamos de corregirnos, de extendernos, de ampliarnos, de recortar, de resumir, de acomodar mejor nuestras palabras, de sacar uno y otro borrador sobre el mismo tema.
Soy escritor de un solo texto. Empezó con mis primeras letras hace ya una vida. Terminará con mis últimas palabras. No hay partes, no hay capítulos, no hay artículos, ensayos, cuentos independientes. Todo lo que he escrito es único e indivisible. De publicarse tendría que ser una enciclopedia. Habría que incluir exámenes y trabajos escolares, memos y actas del trabajo, cartas y recados. Ese será mi testimonio.
Soy el fragmentario. Cada pausa entre párrafos, cada cambio de página, cada ligero cambio en la historia narrada o en la idea expuesta, es para mí un texto diferente. No soy el mismo de ayer ni el mismo de hace un minuto. No seré yo idéntico al yo de mi futuro. Cada uno de los fragmentos que escribo pertenecen a diferentes personas, son de autores independientes. Por lo tanto son textos sueltos, cada uno único e irrepetible.
Soy el escritor neurótico. Escribir es lo mejor y peor que me puede pasar. Vivo obligado a satisfacer un placer que reniego como mío plenamente. Creo que de algún modo este don me ha sido dado y con el su sino, su castigo. Es doloroso escribir pero vale la pena.
Soy el escritor erótico. No me cuestiono la escritura, simplemente la disfruto. Me llena, Cuando me doy cuenta ya estoy sintiendo y gozando las palabras que se rozan unas a otras para formar pequeños orgasmos que llevan a grandes clímax. Y luego otra vez, gustoso, vuelvo a escribir.
Soy un escritor aislado. Escribo para mí y yo soy mi primer y último lector. La publicación o el dar a conocer un texto es un mero accidente. Cuando escribo no pienso en eso. A veces ni siquiera pienso en ello cuando el texto está terminado. Simplemente un día alguien me pregunta sobre algo o me requiere algún material sobre algún tema o género. Si lo tengo se lo doy. No me importa que alguien más me lea pero no es mi interés.
Soy un lector que no puede dejar pasar una frase sin leerla en voz alta al amigo o a la amante. Escribir es comunicar, ¿sino, para qué? Doy a leer mis borradores, mis primeras versiones, busco la más amplia audiencia de lectores. Me interesa mucho su opinión, sus comentarios. Escribo para los demás.
Escribir no es para mí, comunicar. Es registrar, es dar seguimiento al pensamiento e impulsarlo. Escribir está más cercano al cálculo: requiere de un pizarrón de apoyo. No creo en el poder de comunicación del texto. Eso no es para mí.
Toda escritura es para comunicar. Toda escritura tiene un lector ideal o imaginario en la mente de quien escribe. Yo soy el escritor que tiene presente todo el tiempo a sus lectores. Desde una carta hasta un libro filosófico, todos tienen un lector a quien van dirigidos.
No soy un escritor, soy los escritores: mi nombre es legión.
Lectura en voz alta: interpretar es…
2005.09.11Leyendo por accidente un texto sobre comportamiento del cerebro durante diferentes actividades sale a la luz un dato muy interesante.
Cuando leemos no sólo se activan las áreas del cerebro correspondientes a la vista, lenguaje, aprendizaje y pensamiento, sino a las áreas del oído, de la escucha.
De algún modo cuando leemos pronunciamos lo que leemos internamente. Es decir, leer es “leer en voz alta” siempre. “Leer en voz alta” es ejecutar una partitura, en este caso, una partitura verbal, del texto escrito. Pues leer es interpretar e interpretar; es más que decodificar. Interpretar es reproducir la escritura mediante la lectura. Interpretar es la actividad que hace un receptor que lee reproducir la escritura del emisor
El receptor interpreta lo que lee, es decir, el receptor decodifica el mensaje del emisor pero además reproduce la escritura o proceso de generación del mensaje hecho por el emisor. Es decir, para interpretar el receptor tiene que ser un poco emisor. La lectura es la ejecución de un programa, no la decodificación de signos aislados.
Por ello la frase es más importante que la palabra.
Divagaciones sobre interpretación, lectura, ejecución e inteligencia
2005.09.9La interpretación de un lenguaje, la ejecución de un código, la lectura-escritura de un texto, por parte de la conciencia es el elemento fundamental de la inteligencia.
Es decir, hay una entrada de datos a un sistema, hay una decodificación de los datos, hay un procesamiento de las fórmula o algoritmos, y hay la generación de una solución, conclusión o nuevos datos, para su posterior salida de los mismos fuera del sistema.
Pero falta algo: la inteligencia en algún momento lee lo que tiene consigo. Con leer no me refiero meramente a decodificar sino a una verdadera ejecución, lectura o interpretación del texto, del lenguaje. Al hacerlo se mezcla con otros textos, lenguajes y se generan ideas nuevas (fuera del problema planteado). Hay que volver a leer este texto generado internamente para poder reconocer la novedad de lo que se presenta y formularlo. Hay que leer el proceso de leer.
La inteligencia es una metalectura. ¿El saber es un metaconocimiento que no se detiene?
Un ángel en el café de la Calle Doce
2005.09.5No podía dejar de mirarla mientras se desnudaba ahí frente a todos los asiduos al café de la Calle Doce. Todos creo, mirábamos perplejos, como intentando comprender por qué se estaba quitando la ropa. Nadie se lo impedía. Los meseros estaban tan perplejos como el resto. Esperabamos algo. No sé, que mostrara que tenía algún bicho metido entre la ropa o que estaba bromeando o que había una cámara de televisión escondida o por lo menos algún signo de locura demencial que nos diera la tranquilidad de saber qué estaba sucediendo.
Pero esa perplejidad pasó a segundo término cuando empezamos a ver su piel y su cuerpo. Pasamos a la contemplación. Hombres y mujeres por igual ¡Qué belleza! Era como un ángel con dotes eróticas. Ya no importaban las razones, todos sentíamos como si hubiera que aprovechar la oportunidad de ver ese cuerpo porque es de esos fenómenos divinos (como dar a luz un bebé, los eclipses, las puestas de sol o los rompe olas en los depeñaderos al lado del mar) que cuando nos toca (porque literalmente sentimos que nos toca con sus dedos) ver uno hay que guardar silencio y disfrutarlos.
Una vez desnuda, el ángel hizo una ligera pausa, tomó toda su ropa del suelo y hecho a correr hacia afuera del café. Nadie se inmutó. Poco a poco empezamos a hablar y el murmullo del lugar regresó a su estado normal.
Homeóstasis y flujo creativo en escritura
2005.09.4Homeóstasis, equilibrio, estabilidad. Hay un momento en la escritura, aún cuando me propongo contraponerme, hacer dialéctica, jugar al sniper o al gato y al ratón, en donde me pasmo. De momento no tengo mucho que decir y permanezco callado. Tal vez pensando pero no escribiendo. Una especie de epojé, de sorpresa, de tiempo detenido, suspendido. ¿Cómo sobreponerse a eso? ¿Cómo continuar escribiendo? ¿Paro y continúo luego? ¿Cambio de canal? ¿Cambio de tema o punto específico de debate? ¿Me deslizo ligeramente hacia otra cosa pero dentro del mismo contexto?
Free writing y free jazz
2005.07.14Escuchando y pensando en el jazz, particularmente en el llamado free jazz, me vino a la cabeza esa técnica del free writing o escritura libre (¿inventado por Peter Elbow?). Si el nombre de free writing no es en referencia al jazz debería hacerlo. Sin saber mayor cosa de música, creo que hacer free writing tiene mucho de free jazz:
- Partir de un tema cualquiera (uno ya trabajado previamente, de otro autor, medio espontáneo, una frase) y empezar a trabajarlo en términos de variaciones, pregunta y respuesta, contrapuntos, etcétera.
- Atreverse a explorar el tema sin un ensayo previo, tan solo con el conocimiento que puede dar la experiencia misma del lenguaje o del tratamiento previo del tema.
- Estar consciente de que se trata de una improvisación y en ello radica su limitación al mismo tiempo que su alcance. Es decir, el hecho de ser improvisación libera creativamente al ejecutante de la presión de tocar una “obra maestra”, y a cambio le permite jugar con ejercicios que de otro modo no haría; la pieza es un borrador, un boceto, un apunte.
- Crear un flujo creativo, generador de signos. Al dejar de darle prioridad a los detalles de la forma y la ortografía o gramática de la obra creada, todo se concentra en el contenido. “Escribe primero, corrige luego”, seria el lema del free writing.
- El escritor no debe sentir que está perdiendo su tiempo. Debe más bien tomar conciencia de que está ejercitando su instrumento, explorando sonidos, dejándose llevar por la mente.
Además, el free writing, igual que el free jazz, se lleva muy bien con los cafés.
Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros
2005.07.13Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros.
Rumiemos este aforismo. La figura o metáfora del laberinto está demasiado trillada, demasiado gastada. El minotauro incluido. ¿Qué es el laberinto? ¿Es una hermosa metáfora de la que olvidamos su referente? La imagen es demasiado sugestiva pero puede ser poco efectiva.
El laberinto es una estructura de conocimiento, compleja, intrincada, de la cual sabemos que está delimitada, su extensión es finita. El ejercicio de recorrer el laberinto consiste en recorrer la estructura, es decir, leer, releer, pensar y repensar los datos, información y conocimientos sostenidos en la estructura. Una estructura de la cual sólo sabemos que es compleja pero no tenemos un mapa.
Suena a una biblioteca. Tal vez por eso la asociación laberinto=biblioteca es tan fácil.
El laberinto, igual que la estructura, se dobla en sí mismo, es decir, un conocimiento está pegado a otro y un pasillo nos conduce de una información a un dato sin que lo sepamos de antemano. El conocimiento es hipertextual. Hay, entonces, una carga aventurera y romántica en recorrer el laberinto o, su analogía, el conocimiento.
Recorrer el laberinto es pensar (y escribir es una forma de pensar, ¿recuerdan?). Sabemos de antemano que hay un minotauro, un monstruo. Esto no quiere decir que no haya una expectativa sobre él y por ende una sorpresa de encontrarlo: no conocemos su rostro.
Es curioso, el laberinto sostiene y es sostenido por el minotauro. Sin minotauro no hay laberinto. Sin laberinto no hay minotauro. Esta característica del dúo laberinto-minotauro no necesariamente forma parte de la metáfora.
Aceptemos entonces cierta dosis de parecido entre el laberinto y el hecho de recorrerlo con el pensar o la escritura, pero ¿y que representa el minotauro en esta esta metáfora? ¿Los demonios, los monstruos del escritor-pensador? ¿Aquello que verdaderamente va a enfrentar? ¿Qué puede ser eso?
Creo que lo que finalmente representa el minotauro no es lo monstruoso, los demonios, o el mal. El minotauro de este aforismo representa lo fantástico. No funciona si al final del laberinto (o del recorrido del laberinto para ser más preciso) nos encontráramos con un hombre malo, demoniaco. Es más, si nos encontráramos con el peor de los villanos, peor que el peor de los minotauros, la metáfora dejaría de funcionar. El minotauro funciona porque representa lo fantástico, lo inesperado, lo impensable. Y no olvidar la carga erótica del minotauro: monstruo al que le entregan vírgenes en sacrificio. El minotauro es entonces un ser fantástico, misterioso y altamente erótico.
Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros (y de las vírgenes sacrificadas que suelen acompañarlos).
El dilema y la tristeza
2005.07.12Hay un tipo de tristeza que proviene de la inteligencia. No son responsables de ella, al menos directamente, ni la soledad ni la muerte ni la pérdida. Su origen es un dilema.
En algún punto del devenir lógico, la mente que soluciona problemas haya el jardín de los senderos que se bifurcan (Borges ya lo sabía). Antes de llegar a tal disyuntiva, los sentimientos y la estética no formaban parte del discurso. Pero ante el dilema aparece el sentimiento.
Cuando ambos senderos no nos gustan o la consecuencia de caminarlos nos duele, viene la tristeza: tristeza derivada del saber que hemos llegado a las únicas opciones posibles y ninguna es la que quisiéramos o la que esperábamos.
Conceptos y axiomas
2005.07.12El concepto no es proposicional, es axiomático. Un axioma no es ni verdadero ni falso. Es decir, no tiene que ser demostrado sino aceptado, dado por cierto.
Un concepto, al igual que un axioma, es una definición no sujeta a las tablas de verdad.
Inventario perdido
2005.07.6Hay una digresión dando vueltas sobre sí misma dentro de la caja de zapatos habilitada para las ideas sueltas.
Hay una teoría casi terminada sobre una tarjeta blanca del fichero que perdí una tarde con la mudanza.
Un pensamiento —o su inicio, no recuerdo— está esbozado en una servilleta del viejo restaurante donde comía con mi amigo ahora muerto.
Hay un modelo —algo feo, lo acepto— trazado en esa hoja de papel cebolla que me hizo llorar antes que se la llevara el barrendero.
En no sé que página de la moleskine de hace dos años hay un aforismo sobre lo terrible que es ver de noche a los elefantes del circo.
En el weblog —creo que es ahí— hay un soneto que dejé como borrador por falta de métrica.
En el recoveco de mis pudores hay un sueño erótico que nunca será publicado porque no me atreví a registrarlo.
Muy cerca, abajo a la derecha, está un panfleto que tampoco escribí porque mi cabeza no se atrevió a pensarlo.
Un día lleno de intensidades, tuve mil conceptos atados a cada uno de mis respiros, pero un asma repentina los detuvo todos de golpe. Todavía los siento en mis pulmones.
En alguna playa está trazada la ruta de mis reflexiones sobre los marinos sedentarios. Tal vez una ballena suicida ya borró las huellas de mis pasos.
Y por si fuera poco, hay una lista –en algún lado, en alguna parte en donde he estado– con un largo inventario de pérdidas previas a éstas: ¡es tan poco lo escrito y tanto lo pensado!
Generación zapping, generación copy-paste
2005.07.3El zapping es la acción de cambiar de un canal de televisión a otro con el control remoto. Generalmente el cambio se da rápido y con el fin de explorar la programación de los diferentes canales con que cuente dicho televisor.
O mejor dicho, eso era el zapping. Hoy, el zapping es una cultura y el rasgo esencial que marca una generación.
Ver televisión implica casi necesariamente hacer zapping. Pero hacer zapping no implica ver televisión. Hay quien se sienta frente a la tele con el único objetivo de zappear. De antemano, este tipo de audiencia sabe que no verá un programa, serie policiaca, noticiario o partido de futbol. No le interesa. Se ha acercado a la caja de cristal con el único fin de ver “que hay en ella”, así, en lo general. Ningún programa en específico.
La tensión nerviosa, el estrés y la ansiedad urbana juegan un papel fundamental en este proceso. Apretar una y otra vez el botón “+”, “siguiente”, “next” o “>” es un acto de liberación, de relajación. Éste acto motor se sincroniza con la psique causando que los ojos también hagan su propio zapping.
Sí, hay un zapping en el cambio de canal y hay otro zapping en el cambio de punto focal. El telespectador zappea de un lado a otro de la pantalla leyendo, explorando la imagen, saltando de un punto a otro.
La relajación se da poco a poco. En un principio los cambios de canal pueden estar en el orden de diez a quince por minuto. Hacia el final puede alcanzar la parsimónica frecuencia de cuatro a nueve por minuto.
(A diferencia del aceleramiento en la frecuencia que tiene el sexo, en el zapping no hay clímax. Esto lo puede hacer muy frustrante.)
La interfaz es el mensaje. La percepción de la interfaz genera conocimiento. Toda interfaz abre posibilidades de estructuración y manejo de información. Aprender a usar una interfaz es volver a la educación infantil: aprender a usar la plastilina o arcilla y descubrir que el mundo puede ser modelado. Recortar, pegar para aprender que el mundo puede ser compuesto. Resolver el rompecabezas y descubrir que el mundo puede ser armado. Enseñarse a dibujar y maravillarse de poder convertir el mundo en trazos de lápiz.
El adolescente aprendió a zappear en la televisión y ahora quiere zappear al mundo.
La manera en que nuestro cerebro aprende a manejar la información con una interfaz hace que el cerebro cambie su manera tradicional de pensar. La interfaz nos presenta la información estructurada. Una vez que la información se va –porque esa información deja de servir– queda la estructura. La mente busca llenar la estructura con nueva información.
La generación del zapping se acostumbró a zappear. Busca zappear en la realidad. Dominada la tele, aplica el zapping a todo. Zappea de un comic o tebeo a otro tan pronto el personaje de uno comienza a no gustarle; zappea entre libros porque lo nuevo ya no es Entrevista con el Vampiro sino El Código Da Vinci; zappea entre novias o novios, lo importante es conocer gente; zappea entre música, bandas de rock y géneros, como la programación de MTV; zappean sus intereses y ayer quiere irse de aventura fuera del país y mañana prefiere seguir en casa de los padres; la moda es el zapping del consumo: ropa, zapatos, accesorios, inutilidades…
El zappeador ha aprendido que cuando algo no le gusta hay que cambiar. Basta un botón y lo que está ante sus ojos desaparece.
Gran parte de la información presentada a través de los medios de comunicación masivos tradicionales (radio, televisión, cine, diarios, revistas) ya ha hecho propias las maneras de percibir y conocer de esta generación del zapping cultivada desde los ochenta. Los programas de televisión, por ejemplo, intentan hacer el zapping dentro del mismo programa, saltando de una información a otra, cambiando de conductores o personajes cada minuto, haciendo llorar antes de un comercial y provocando risas al regreso. Intentan ser muchos programas en uno solo para satisfacer la necesidad de cambio en las nuevas generaciones.
Decíamos de jóvenes que “cambiábamos de canal” cuando una plática dejaba de hablar de futbol y empezaba a comentar la nueva película.
Pero hoy aparece una nueva generación por un nuevo fenómeno de comunicación masiva y la interfaz que la presenta. Es la generación del “click and drag” o “click y arrastrar”, del “copy and paste” o copiar y pegar, del “undo” o deshacer, de “windows” o ventanas, de los “links” o ligas, de los emoticones, del “zoom in/out”, del reiniciar, recargar, de la memoria RAM, del disco duro, Google…
Dice un joven con respecto a otro que cuando habla parece divagar demasiado y no llegar a nada: “a este tipo se le degrada el sistema; a veces me dan ganas de darle un Control+Alt+Supr para reiniciarlo”.
Nos cuenta otro joven después de cometer un error irreparable sobre la hoja de papel: “al meter la pata quise darle “undo” o deshacer pero me dí cuenta que con el papel y las tijeras no se puede”. (Esto lo he escuchado por terceras personas sobre embarazos no deseados pero me resisto a creerlo.)
Uno mas cuenta: “cuando vi que había una puerta al fondo del pasillo me dieron ganas de darle click para que se abriera y ver que había adentro pero no se pudo y tuve que hacerlo directamente con mis manos”.
Algunos medios masivos tradicionales comienzan a adaptarse a los requerimientos de la nueva generación.
Unos dan opción a la versión digital, anuncian su página web “donde podrá encontrar más información al respecto” (diarios, periódicos); otros crean rutas y patrones similares a un viaje virtual de inmersión similar a un juego de Playstation o Xbox (en ello empieza a aparecer una nueva crónica periodística que vale la pena analizar con detalle); fragmentan los contenidos y buscan hacer módulos o unidades autocontenidas, léxicas, que pueda uno ver o leer sin necesidad de tener demasiados antecedentes (escenas dentro de series de televisión que puede uno disfrutar sin saber nada sobre el programa, secuencias dentro de películas que son como cortometrajes dentro del largometraje); hacen mil y un referencias a mil y un fuentes informativas de mil y un maneras (Los Simpson y su interminable red de relaciones con otras series, películas o con ellos mismos); programas “multitask” o multitarea en los que dos o tres eventos pasan de modo simultáneo (en los deportes esto empieza aunque los realities ya lo dominan).
El receptor del mensaje de la interfaz es también su mejor emisor. La generación del zapping es la que está ahora haciendo radio, cine y tele. La generación del copy-paste empieza a ocupar los escaños de producción, dirección y creación.
Empezamos a vivir la era de los nuevos zapperos: la generación del los copypasteros, linkeadores, googleadores…
Información y lectura
2005.07.1¿Existe algo más valioso que la información? Sí, la lectura. La lectura es un concepto que la información presupone pero suele menospreciar.
La información es estática, no es más que la materia prima. La lectura es un proceso, es dinámica, está en movimiento.
Si bien la lectura implica información, la supera. Requiere de pensamiento en distintos niveles o rutas. El pensamiento que decodifica la información pero también el que la interpreta. Mucho más que entenderla la aprehende, la hace suya.
La lectura nos deja con una idea en la cabeza, en la memoria, que así mismo podemos volver a leer. La relectura aquí toma otros sentido. Releemos para volver a pensar. Nos damos cuenta que la información, si bien indispensable, sólo parece un pretexto para una acción más profunda: una inte-lectura.
Lo importante no es la información leída sino lo que nos hace leer en nosotros mismos.
La era de la información genera información, no lecturas. Mucho menos lectores.
Ni la imprenta ni ninguna otra tecnología es suficiente para generar lectores y lecturas. Hace falta más, mucho más.
La soledad de los cafés
2005.07.1—¿A qué vas al café, allá afuera, si puedes tomarlo aquí, en casa? Vas a leer o escribir, no dialogas con nadie, ¿qué caso tiene ir tan lejos para estar solo?
—Voy a vivir mi soledad, es cierto, pero quiero vivirla acompañado. A eso voy a los cafés.
Avanzan los rostros
2005.07.1Avanzan los rostros hacia la vejez: ya no los reconozco.
El tigre y la hormiga
2005.06.24Dos formas del tiempo: conocer a alguien desde hace mucho tiempo (los amigos de infancia, la familia) y conocer a alguien durante mucho tiempo (mi amor, mi cómplice… ).
¿Qué nos da esta segunda forma sobre la primera?
En la primera se conoce por intensidades, por golpes. Eventos importantes pero espaciados. Rapidez, precipitación.
En la segunda es conocer a alguien en el día a día, en su dormir, despertar, correr, cagar, leer, llorar y reir cotidiano. Mucho de este conocimiento es por observación, por captación. Saber mirar, saber escuchar. Lentitud, prudencia. Conocimiento por continuidad.
El tigre y la hormiga.
Distancia irreductible
2005.06.24Reconocer que hay una distancia irreductible: el acercamiento entre humanos es asintótico.
Conocer a alguien a sabiendas que es imposible de conocer… del todo.
Mirar a alguien a sabiendas de que es imposible de mirar: filtran mis ojos, filtra mi pasado, filtra mi ego, filtra mi lenguaje. El otro, emisor, también filtra.
Escuchar a alguien a sabiendas que es imposible de escuchar: filtra mi oído, filtra mi pasado…
—No nos alcanzaremos del todo, por más que lo intentemos.
—Pero lo intentamos. Continuamente. Siempre.
Red cronológica vs red semántica II
2005.06.16¿En qué cambia el pensar un sitio semántico y no cronológico? Cuando me acerco a este sitio web para escribir y publicar algo abro un nuevo espacio y pienso “¿de qué voy a hablar hoy?”. Una vez que escribo selecciono una categoría o tema para el texto y tal vez unas palabras clave. Este intento de clasificación no siempre es muy afortunado porque hay textos muy viejos que no se me ocurrió etiquetar en su momento con alguna palabra clave debido a que no pensé que fuera a seguir tratando el tema.
Nótese el peso del hoy en la escritura. Lo es también en la lectura “¿sobre qué habrá escrito hoy tal o cual blog?”.
¿Por qué tenemos que atarnos a ese esquema temporal, de relojes, de computadoras, de bitácoras técnicas?
–Hasta aquí está bien, es una crítica al sistema de los blogs –dirá el lector incrédulo– Pero, ¿cuál es la propuesta? ¿Una web personal semántica y no cronológica? ¿Cómo es posible?
Respuesta, tal vez el futuro de la web personal está más cerca de los wikis y no de los blogs (¿qué es un blog? aquí y aquí, ¿qué es un wiki? aquí y aquí). La estructura del blog se construyó con base a una limitante del medio y una imitación de los diarios o periódicos –y las mencionadas bitácoras técnicas. De los wikis no estoy retomando una de sus características esenciales que es la de la colaboración conjunta sobre un texto o sitio web, sino la manera en que están organizados: el registro es cronológico pero la escritura del sitio es semántica.
Si estuviera escribiendo un wiki pensaría “¿qué texto o tema quiero continuar?” y daría seguimiento a algo previo. La escritura nace de una relectura de lo ya escrito. El lector casual vía Google seguirá llegando a una entrada como antes, pero el lector ocasional podrá ir a un tema en específico a ver su evolución; el lector fiel podrá seguir consultando las modificaciones hechas al sitio en una página de portada.
La escritura en los blogs se desdobla en el tiempo. La escritura en un wiki se desdobla en ideas.
Las ligas a los archivos de un blog que son cronológicas me parecen absurdas. La única vez que las he usado ha sido cuando investigué cómo habían cubierto los blogeros la crisis de septiembre 11 en Estados Unidos. Fuera de esa excepción, la mayoría de las veces busco material por palabras. Éste tipo de búsqueda rara vez me satisface: temas comunes no necesariamente comparten palabras comunes.
Ambas escrituras se desdoblan. Pero el pensamiento no se desdobla de manera natural conforme a cronologías. Su desdoblamiento me parece más ideológico, temático o semántico. Incluso por libre asociación de ideas. El modelo del wiki tiene ventajas en esto.
Los famosos comentarios que algunos blogs permiten a sus lectores tendrían mucho más sentido en un sitio semántico y no cronológico. En más de una ocasión he visto comentarios a destiempo o fuera de lugar en estos sistemas de publicación. Para algunos artículos o posts es necesrio tener el antecedente de material previo sobre el mismo tema. No se puede criticar a partir de un simple fotograma, hay que ver la película completa.
Puedo llegar a un sitio web personal con el fin de conocer a la persona que escribe, quién está detrás del sitio. ¿No es más interesante conocerla a partir de los temas y asuntos que maneja que en su devenir diario?
Finalmente, si optamos por los sitios semánticos estos serían mucho más fáciles de leer por el autor. Me da flojera releer lo publicado en órden cronológico. Me encantaría releer algunas cosas y darles seguimiento pero la estructura no ayuda.
La presión de tener que estar actualizando un sitio sería eliminada. Se olvidaría uno de tener que pensar en escribir algo de actualidad o novedoso, de seguir una meme o mantener un diálogo con los demás.
Hay sitios que se prestan a lo cronológico y sitios que se prestan a lo semántico. Por ejemplo, Mocambo de Carlos Castro Rivera es un deleite leerlo día a día: es hijo de la crónica. Sin embargo, tarde o temprano sería ideal un índice o temario donde uno pudiera buscar y seleccionar la crónica deseada: división por rutas, proyectos, conversaciones.
Octaedro de Juan Carlos, creo que podría ser semántico. Es un sitio más cercano a éste en cuanto a estructura y creo que a veces el autor se angustia tanto como yo en actualizar el sitio. Tal vez nos convenga algo parecido al wiki.
Libro de notas es una combinación de ambos. Tiene una sección de actualidad con ligas a artículos externos y otra con contenidos propios. Sin embargo, una de sus virtudes consiste en darle seguimiento a temas y autores muy precisos. Estos temas a veces se pueden perder en las estructura cronológica (como en los periódicos). Hay textos que aparecen ahí (lo sabemos quienes nos damos una vuelta diario) porque traen un antecedente pero no estoy seguro que esto sea obvio para todos. O bien, aún los que lo seguimos diario, olvidamos un tema del que hacia tiempo que no comentaban.
(Ésto último es muy común con los periódicos. Para darle seguimiento a una nota es necesario buscar día a día en qué página se le ocurrió al editor poner una actualización sobre el tema. Eso hace que muy fácilmente nos olvidemos de algunos tópicos que la semana anterior eran de actualidad.)
Piénsese en dos modelos de escritura y publicación: noticias y enciclopedia. Véase elmundo.es o reforma.com y compáresele con wikipedia en español o la enciclopedia libre en español.
El escribir cronológico es lineal. El escribir semántico es no-lineal. ¿No se suponía que una característica esencial de la web era ser no-lineal?
Red cronológica vs red semántica I
2005.06.12Recuerdo que uno de mis tempranos acercamientos al mundo de los ordenadores o computadoras fue a través de aquellas aventuras de Proteo, héroe-robot de una enciclopedia mitad comic o tebeo y mitad libro de divulgación científica. En ella aprendí por primera vez uno de los principios de esa nueva ciencia llamada cibernética: los relojes son inherentes a las computadoras, todo proceso lógico requiere distinguir de algún modo un antes y un despúes.
Sean los ordenadores y sea el manejo del tiempo que encierran. Todo en un sistema informático lleva el sello del tiempo. Y allá las computadoras y su reloj, pero ¿tenemos que ser contagiados nosotros simples humanos con esa obsesión?
Veo a la distancia la escritura en este u otros blogs, en otros cuadernos de bitácora. A veces me pregunto si no elegimos este formato precisamente porque la fecha y hora la maneja el sistema que usamos y no porque sea lo que necesitamos o lo que queremos.
Una buena parte de los lectores de un sitio web llegan a él por la puerta de atrás. Es decir, llegan vía Google o algún buscador, a un artículo o texto en específico sobre un tema determinado. Lo curioso es que este tipo de sitios se diseñaron bajo una estructura principalmente cronológica y no semántica. El motor detrás de estos sitios es el reloj y no el diccionario.
Esta es la web cronológica. Funcionaba cuando había pocos sitios personales que leer y mucho tiempo para hacerlo. Hoy cada blog o bitácora tiene decenas a cientos de entradas o artículos sobre muy diversos temas. De un escritor en particular me puede interesar uno de esos temas y no todos. Leer todo lo que ha escrito día trás día es una labor compleja. Y una vez que lo hago tengo que estar al pendiente de sus actualizaciones periódicas.
Y sí, están los sistemas de búsqueda dentro de los sitios mismos o las categorías o las palabras clave o las etiquetas. Sin embargo, todos estos son recursos de recuperación de palabras en un sistema de publicación pensado y estructurado cronológicamente. ¿No será que lo que necesitamos son sistemas pensados y estructurados semánticamente?
La presentación de los resultados en los sistemas de búsqueda dejan mucho que desear. Las etiquetas o tags o palabras clave están muy bien para clasificar lo que no es texto: imágenes, videos, logos, audio… pero no para clasificar contenidos que de por sí son textuales. La búsqueda se hace muy pesada.
No niego que cuando busco material en algún libro sería agradable identificar de manera rápida en qué páginas exactamente aparece tal o cual término. Sin embargo, los índices y tablas de contenido son imprecindibles en los libros y no han logrado dar el salto del mundo analógico a la escritura digital plasmada en los blogs.
Quien inventó los blogs estaba acostumbrado a escribir logs. Es decir, quien inventó el formato de las bitácoras o webitácoras estaba acostumbrado a llenar bitácoras técnicas. Los blogs no fueron inventados por escritores o personas que están o estamos acostumbrados a escribir otro tipo de materiales.
¿En qué cambia el pensar un sitio semántico y no cronológico?
El duelo de los amantes
2005.06.9El duelo es la lenta aceptación al cambio.
De la soltería al noviazgo hay un duelo.
Del noviazgo al matrimonio hay un duelo.
Del matrimonio a la paternidad hay un duelo.
El duelo es lo que hay entre la pérdida y la vida.
Ideas-obras-de-arte
2005.06.7(Vieja divagación en el cuaderno de notas.)
Mastico, rumio en mi cabeza esta idea que podría expresar como el artista filosófico o filósofo artístico.
Creador, inventor de ideas que provoquen lo que provoca una obra artística: la experiencia estética. La escritura sería un instrumento. O mejor, una herramienta, un medio de comunicación.
Estas ideas-obras-de-arte finalmente han sido usadas desde Sócrates en la oralidad, una voz durante los paseos peripatéticos: la palabra ha sido su camino de ida a los receptores.
Bien ha sido también la palabra escrita. Me recuerdo leyendo por primera vez el Zaratustra de Nietzsche (que por cierto, compré accidentalmente cuando tenía apenas catorce años). Ese “dios ha muerto” sigue rezumbando en mis oídos, sigue transformándome, sigue haciéndome una persona diferente cada día, cada vez, diferente siempre.
Las ideas-obras-de-arte de las que hablo son ideas que aceleran la diferencia.
Crear diferencias, crear paradojas, crear ironías. Hacer pensar, cuestionar.
Se necesita un nombre para estas extrañas ideas que toman forma de mensajes: aforismos, fórmulas, cápsulas, sentencias… no sé como llamarles.
No son ready-mades, pero podrían serlo. No uso ready-mades en su traducción literal sino entendiéndolos como dispositivos disruptivos, es decir, en el sentido de la experiencia estética que provocan. No lo son por supuesto, en el sentido de cosas ya hechas, listas para usarse, prêt-à-porter.
Efecto de la idea-obra-de-arte: pensar la alteridad, pensar la otredad, pensar al otro, pensar lo otro, pensar diferente, pensar la diferencia.
Si el texto es tela…
2005.06.6Si el texto es tela el escritor es un tejedor.
Pero cuidado, de la tela al vestido hay un mundo: hace falta un sastre.
Bitácora de navegación
2005.06.5Una sirena siempre es una buena razón para cambiar el rumbo.
El mejor libro recomendado para los viajes
2005.05.31Es común cargar un libro con nosotros durante los viajes cortos y largos. Cortos como ir en autobús al cine o largos como ir de viaje al otro lado del mar. Lo importante es leer.
Uno de los mejores libros de viaje que he cargado conmigo (todavía lo hago y lo seguiré haciendo) está firmado por un escritor no muy importante pero que me sorprende sobremanera línea tras línea. Cuando lo leo se mezcla una sensación entre algo conocido y la total sorpresa por la novedad. Me hace igual reír que pensar, incluso llorar. A veces, confieso, me da pena y otras simplemente no me dice gran cosa.
El libro del que les hablo no puedo sino recomendarlo amplia y extensivamente a todos. Ningún otro autor se los recomendaría con tal seguridad y entusiasmo. El libro es el diario o bitácora personal y el autor son ustedes mismos.
Releerme es leer un autor que soy yo mismo pero también es leer al escritor que era hace tiempo.
Éste es un libro de viaje: de viaje en el tiempo.
La trampa debe ser obvia para muchos: para poder leer este libro maravilloso es necesario escribirlo.
Escribir, por supuesto, es escribirle al lector que soy yo mismo y que seré dentro de algunos años.
A escribirse pues, que la escritura de hoy es la lectura de mañana.
(De preferencia escriban en un lindo cuaderno de esos que parecen libros —no tiene que ser moleskine, aunque ayuda—, y por favor, eviten para estos fines la computadora y el procesador de textos.)
El fotógrafo y la ceguera: entre el cuarto oscuro y la luz al descubierto
2005.05.29El fotógrafo es amigo de la luz y amante de la oscuridad. Todos los fotógrafos tenemos algo de ciegos.
O en otras palabras: ¿dónde quedó el cuarto oscuro?
La fotografía digital llegó para quedarse, no hay duda. Es ya solo cuestión de tiempo. La fotografía en soporte de película, gelatina y sales de plata está en el camino de pasar a la historia y acompañar a los electrónicos de bulbos, la telefonía analógica, las máquinas de escribir mecánicas, los discos de acetato y el telégrafo.
Habrá bastiones de la foto fija y cinematográfica que tardarán más que otros. No lo digo por nostalgia barata sino por la convicción basada en hechos de que ciertos usos de la fotografía tradicional todavía requieren del registro continuo de lo analógico. Ya hemos tocado este tema antes, no sin polémica.
Tal vez nada extrañaremos en algunos años de la fotografía como la conocimos. Hace tiempo que no doy clases de foto pero estoy seguro que de hacerlo empezaría por la digital y sólo a los interesados les enseñaría a ponerle rollo a una 35 milímetros.
Pero algo se pierde. Siempre. Algo.
Un fotógrafo se podía pasar el día entero en la calle o en el estudio lidiando con la luz. Que si se ve mejor de este modo, que si la luz en el amanecer es más fría que en el atardecer, que si el cielo nublado te tapan las arrugas, etcétera. Pero sin importar el tiempo que pasara conviviendo con la luz, tarde o temprano esperaba la oscuridad total de cuarto oscuro. Tanto de alumno como de maestro puedo decir que la experiencia contrastada era muy importante. Renunciar al privilegio de la vista para poder generar imágenes era un evento revelador en el doble sentido de la expresión —comprenderán los fotógrafos de antes.
El fotógrafo, Orfeo moderno, descendía hacia la oscuridad más negra para regresar victorioso con imágenes de luz. Al salir del laboratorio fotográfico el fotógrafo sentía que había parido, es decir, que literalemente había “dado a luz”.
(Casi todos los fotógrafos con una formación de fotoperidismo a la Cartier-Bresson o a la agencia Magnum en general, tienen entre su trabajo fotos de ciegos: en ellas se respira un respeto y sagrada reverencia por lo otro —el cuarto oscuro era el borde, el límite entre la luz y la ceguera total).
De ahí que el siguiente aforismo tal vez se vuelva un tanto obsoleto con el paso de los años. No sé, tal vez en el fondo sí tengo un poco de nostalgia.
El fotógrafo es amigo de la luz y amante de la oscuridad. Todos los fotógrafos tenemos algo de ciegos.
La vida sin blog
2005.05.25Para todos los que, como un servidor, no han podido dar continuidad a sus webs personales debido a exceso de trabajo o razones personales. Van 5 puntos sobre la vida sin blog.
Las bitácoras no se mueren porque deje uno de actualizarlas. Cada que alguien visita sus páginas y las lee el discurso se re-produce como pasa con la partitura cuando un músico la interpreta.
1.- No desesperes, sigue escribiendo. Escribir y publicar son cosas diferentes. Si no puedes publicar, no dejes de escribir. Los blogs, el correo electrónico, los foros web y las listas de correo han hecho renacer la palabra publicada y con ello la palabra escrita. Aprovecha ese impulso para seguir escribiendo aún cuando no publiques.
2.- Si el rito de los blogs o el fetiche de la tecnología te hizo escribir, inventa nuevos ritos y fetiches. Escribe como si estuvieras escribiendo en tu blog. Compra un cuaderno a tu gusto, tarjetas, post-its, moleskines, un buen lápiz, una pluma fuente… lo que quieras. Lo que escribas te servirá después para publicarlo o como inspiración para nuevos posts.
3.- Si el problema es que no tienes acceso a la computadora o a internet vira tu mentalidad a lo analógico. ¿Por qué un blog tiene que ser tan diferente al mundo físico? Publica un texto mural, clava carteles en un corcho, imprime tarjetas y repártelas, pega boletines, escribe y publica posts en hojas de papel tamaño carta o A4 o en tarjetas y repártelas a desconocidos. Eso es lo que haces cuando escribes en un blog, ¿no?
4.- Si no puedes ligar o linkear, recomienda, señala, sugiere. Cuénta sobre el libro que lees, del cartel publicitario que viste en la calle y te gustó, de la película que no entendiste nada. Deja olvidado el libro que acabas de leer en un lugar público con una nota para el que lo encuentre. Inventa ligas o links analógicos. Es más, olvídate de la palabra liga o link: la web y por ende los blogs crean vínculos entre seres humanos. Crea vínculos a tu alrededor.
5.- Crea blogósferas en el mundo real. La palabra comunidad no se inventó en internet. Reúne amigos que te sean comunes pero no se conozcan. Organiza idas a conciertos, charlas de café, reuniones de lectura o para escuchar música.
Saludos y gracias por su paciencia.
Un regalo de bodas para Pily
2005.01.14[Texto leído durante el brindis el día de la boda.]
I
No puedo decir que eres como te había pensado
porque no hubo imaginación que te trajera
y ni mis mejores sueños ayudaron a que vinieras.
En botella lancé al mar alguna vez un retrato hablado
pero se ahogó por tantas palabras que le servían de lastre.
(No sabía entonces que tendrías forma de ángel.)
Renuncié a navegar los laberintos y las caracolas,
y abandoné la tarea de buscar al canto y la sirena.
Fui Ulises en Creta y Minotauro de nombre Nadie.
Mentira, entonces, que la imaginación lo puede todo.
Hace años intenté imaginar tu nombre,
el color de tus deseos y el grueso de tus labios,
verte conmigo, de mi brazo, mientras callejoneamos,
vernos platicar lo que fue silencio en pasados años,
o amarnos al mismo tiempo que nos peleamos.
Intenté, también sin lograrlo, imaginar
la casa, los hijos, la cama, la cena, el baño,
los ataques de besos para animar a despertarnos,
tu falta de aire en esas risas tan largas
que provoca la gran gracia que tengo para no tener gracia.
Pero la imaginación no pudo escribir un boceto de tu cuerpo,
no logró dibujar el texto de tus pensamientos,
fue incapaz de esculpir la danza de tu alma,
desafinó al querer cantar la partitura de tus miradas.
II
A diferencia de Benedetti, vivía sin amor, cómplice y todo,
y en la calle, con sólo mis codos, era uno menos que dos.
Reclasifiqué El Amor en los Tiempos del Cólera
bajo el rubro de la ciencia ficción;
los amorosos de Sabines se divorciaron
y quedaron guardados junto a la constitución;
tiré los veinte poemas de Neruda
y me quedé con la canción desesperada;
de las telenovelas ví todo menos el último capítulo
y de Casablanca me quedé con la trama policiaca.
III
Ni lógica, intuición o razón pudieron inventarte:
eres más real que mi sueño más fantástico.
Pilar, te amo.
IV
He dejado mis barcos y mis viajes:
ahora no hay mas mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.
Abandoné las caminatas en solitario:
son cuatro las huellas que hoy dejan mis pasos
y miro con tus ojos otrora espacios informes.
Olvidé la tentación de un mundo sin caos:
aprendí que los rompecabezas no hay que terminarlos
para poder empezar a maravillarse y disfrutarlos.
Borré de mi memoria toda la basura —que no era poca,
reciclé cuentos e ideas que tenía guardados,
pensé en contártelos, pero los nuevos entre los dos los creamos.
Dejé para siempre los libros que hablaban de tristezas.
No porque dejen de existir o el futuro deje de traerlas
sino porque las leeré contigo todas nuevas.
Labio a labio en un beso hacemos cueva y eco.
Ahora escucho siempre tu voz que canta en mis entrañas,
te digo te amo y siento las palabras brotar de tu garganta.
Hoy dejo mis barcos y mis viajes:
no hay más mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.
Ontogenia del texto
2004.09.21Un novelista escribiendo ensayo: la ensayística recapitula la narrativa modificada.
Un filósofo escribiendo novela: la no ficción recapitula la ficción modificada.
—
Apostar por la probabilidad en escritura equivale a escribir mucho esperando que entre tanta cosa que se escribe aparezca una gran idea o una obra maestra.
—
Olvidemos al huevo y la gallina: ¿qué fue primero, la lectura o la escritura?
Clasificar no es definir
2004.09.14Clasificar no debe ni puede ser una forma de la definición.
Clasificar no es identificar sino solo distinguir.
La clasificación es una forma de agregar metadatos al objeto con el fin de filtrar y delimitar.
Clasificar un texto por género debe tener como único fin dar información adicional al posible lector para que pueda decidir si sigue leyendo o no.
No se debe esperar de una clasificación de genero una definición de género. Los géneros –como toda clasificación– deben funcionar como palabras clave, palabras llave, que permitan al posible lector un acercamiento, una localización.
El sistema de clasificación bibliotecario evade toda definición formal de géneros. Su único fin es establecer zonas de lectura con base a ciertas claves.
No se le puede exigir demasiado a las clasificaciones cuestionándoles por el ser de sus divisiones. Tampoco se puede evitar una clasificación argumentando relativismos o anarquismos.
Una clasificación es una herramienta y como tal hay que verla.
Cuando compro un libro no me interesa entrar en discusión alguna sobre la delgada línea que divide a la novela moderna del ensayo u otra discusión similar. Busco sólo ciertas palabras claves para saber si el libro que quiero comprar está buscando un lector como yo. Acepto sorpresas, giros narrativos o literarios, recursos retóricos y todo tipo de experimentaciones. Pero espero no encontrarme con un libro de texto sobre derecho laboral cuando busco narrativa.
Por eso una clasificación –flexible si se quiere– es necesaria en una era de exceso informativo.
Pero por favor, no hagamos de las clasificaciones definiciones.
El pensamiento es viajero y nómada
2004.09.11El pensamiento es viajero y nómada: la escritura es su posada, albergue y descanso (a veces sólo por una noche).
—
El pensamiento es como el tiempo: inapacible e inatrapable. Al tiempo lo fija la fotografía (un rato, sólo un rato). Al pensamiento lo fija la escritura.
—
Línea de fuga: ¿qué tan larga puede ser una oración? ¿Qué tan lejos puede ir una idea que quiere llegar hasta sus últimas consecuencias?
Escritura ‘a priori’ y ‘a posteriori’
2004.09.1A veces me gustaría llevar distintos cuadernos o mantener diferentes archivos para cada tema o proyecto de escritura. Sin embargo, durante la escritura de notas y apuntes, de meros esbozos o ideas y frases sueltas, los temas aún no se definen y los hilos conductores entre un fragmento y otro son invisibles.
Estos apuntes o ideas sueltas rara vez toman forma si no es hasta que me propongo desarrollarlas en un texto más cuidado y depurado.
Es en la relectura necesaria para ello que las páginas, hojas sueltas o archivos empiezan a dialogar entre sí. Es posible empezar a trazar ligas entre notas o palabras, definiciones o aforismos. Las conexiones son múltiples porque atienden a la forma (narrativa, ensayo, confesión, interrogación… ) o al fondo (filosofía, escritura, audiencias, deseos, miedos… ) pero también a la verdad (ficción inspirada en la realidad, ficción pura, no ficción inspirada en la ficción… ) o al tono (académico, personal, erótico, libre… )…
Una misma nota puede estar en diferentes categorías o incluso dialogar por asociación libre o palabras clave con otra en una división opuesta. Ni que decir que las combinaciones son infinitas por lo que, con el único fin de llegar a un texto legible y medianamente decente, uno se pone un alto y trata de fijar la idea trazando un plan de escritura mas o menos definido sobre una de las tantas posibilidades.
Distingo una escritura a priori y una a posteriori en esta reflexión.
La escritura a priori es la de los borradores en hojas sueltas y cuadernos de escritura: no sabemos a dónde va (ni siquiera sabemos si va hacia algún lado) ni qué camino tomará. Es una escritura llena de fe, de expectativas y por lo tanto de esperanzas. Es una escritura hipotética y todo en ella está por definirse.
La escritura a posteriori es la que hacemos “en limpio” a través de la máquina de escribir, el procesador de textos o unas bellas hojas blancas: la re-lectura de los borradores nos ha permitido descubrir los hilos invisibles entre líneas y notas por lo que aparece un mapa del que intentamos seguir la ruta y llegar a un puerto más o menos definido.
Este texto, como ejemplo de escritura a posteriori, surgió de la siguiente nota escrita a priori en la moleskine:
«Veo pequeños hilos conductores entre los textos de esta moleskine.
El sistema es eficaz pero me gustaría tener distintos cuadernos para darle continuidad a distintos temas.(…)
—
Lo que puede ser engañoso al llevar distintos cuadernos es que esos hilos conductores en la moleskine no son obvios sino a posteriori.
¿Y si después de establecer un cuaderno para algo ya no escribo nada sobre ese algo?
—
Diferencias entre escritura a priori y a posteriori.»
La carta dialéctica
2004.08.10Empecé por escribirme una carta muy breve. Me hice algunas preguntas muy generales e intenté explicar algunas metáforas fundamentales. Fui didáctico: no quise dejar de entenderme. Filosófico no, más bien paideico. Escrita con rigor protocolario, la firme y envié.
La verdad, nunca pensé tener una respuesta tan rápida y extensa, pero me contesté al tercer día. Me extrañó el tono y las licencias poéticas. Tardé en entender las ironías y resolver las paradojas. Algunas palabras que ya no usaba desde hace décadas me recordaron las adolescencias perdidas. Las oposiciones provocaban mis ideas. ¡Vaya aforismos y acertijos!
La leí y releí con mucho cuidado antes de contestarla. Al escribir la nueva epístola quería sorprenderme y no dejar lugar a dudas. Aproveche el perfecto conocimiento que tenía sobre mi interlocutor para atajar todas sus premisas. Busqué cada término en el diccionario para evitar malentendidos y eufemismos. El día que por fin metí la misiva en el buzón no sabía por qué me temblaba la mano y me sudaba la frente.
La espera fue terrible. No podía imaginar réplica. Daba vueltas y vueltas por el cuarto dándole vueltas y vueltas a las letras. ¿Había logrado callarme para siempre?
Al día siguiente desperté y ya había correspondencia. La leí toda y de golpe: todos y cada uno de los puntos habían sido cuestionados. El estilo mejoraba, la escritura se perfeccionaba y las ideas evolucionaban. Volví de inmediato al escritorio a buscar tinta y papel. Quería responderme cuanto antes.
Eso fue hace veinte años. Hoy tengo que cambiarme de departamento: las cartas que envío y recibo llenan ya mis habitaciones. Necesito espacio.
No hay filosofía sino filósofos
2004.08.3Si damos por válido el discurso de Nietzsche, no importa la filosofía, importa el filósofo, porque no importa el qué sino el quién.
Es más, hagamos filosofía a martillazos y martillemos a la filosofía misma: no hay filosofía sino filósofos.
Imagino que cuando Pitágoras oyó hablar de “filosofía” se habrá cagado de la risa: ¿a quién diablos se le habrá ocurrido convertir en conocimiento, disciplina, ciencia, sistema o teoría a la simple amistad o atracción de una persona por el saber? Es decir, ¿en qué momento transformaron la frase de Pitágoras “no soy un sabio, soy una amigo del saber, me atrae el saber, soy un filósofo” a algo tan abstracto y pesado como “filosofía”?
Al no reconocerse como sabio, Pitágoras fundó por accidente un saber. Al querer escapar del conjunto cerrado de una doctrina el pueblo le adjudicó una.
Afán metonímico de los mortales: confundir al todo por la parte, tomar el efecto por la causa, convertir el hacer de un sujeto en disciplina.
Aclaremos pues, el equívoco: no hay filosofía sino filósofos.
Por eso no hay sabios sino hombres y mujeres que buscan saber algo.
Por eso no hay saberes sino hombres y mujeres que saben algo.
Luego entonces, no podemos decir que la filosofía es la orientación radical —porque no hay filosofía— sino que el filósofo es un orientador radical —porque lo que hay es filósofos.
El filósofo se distingue por dar una idea o formular una pregunta sobre un tema o problema muy diferente a las ya dadas o formuladas. El filósofo pone sobre el mapa una idea que nos hace ver hacia nuevos territorios. O tal vez no tan nuevos pero si radicalmente diferentes.
Por eso el filósofo es un orientador radical.
(Quisiera seguir dando martillazos: ¿y si en lugar de orientador radical el filósofo es un desorientador radical?)
Reflexiones sobre publicidad y audiencias para “Tendencias”
2004.07.27(Reflexiones tomadas al vuelo previas a la mesa de debate sobre publicidad en el programa de radio “Tendencias” conducido por Sergio Almazán.)
El punto no es si la publicidad vende. La publicidad y las ventas está ligadas la una a la otra: ¿qué fue primero la publicidad o la venta?
Pensemos en el trueque como la venta originaria, prototípica y mítica: ¿no hay incluso en el trueque un mínimo de publicidad (entendiendo ésta última palabra en su sentido más amplio)?
Soy cavernícola, traigo una punta de flecha que quiero cambiarle a otro cavernícola por una vasija, ¿aceptaré soltar mi punta de flecha (léase, mi dinero) a un desconocido, a alguien al que no le tenga confianza, a alguien en quien no crea? ¿Y qué pasa si regateamos? ¿No está en el regateo primigenio del trueque el origen de la primera publicidad?
La publicidad vende. El punto entonces es ¿vale la publicidad lo que vende? Es decir, ¿vale la publicidad lo que se invierte en ella? ¿En qué momento empieza la publicidad a ser un gasto y dejar de ser una inversión?
Y como consumidor: ¿en qué momento puedo decirle al anunciante o publicista que ya capté su mensaje, que me deje de molestar, que sí voy a comprar su producto, que es de buena calidad, pero por favor que ya no me moleste con sus mensajes?
A veces dan ganas de escribirle una carta al anunciante: “Querido anunciante, ya vi en la calle tu espectacular varias veces de la casa al trabajo, ya he escuchado tu spot en radio desde hace un mes, ya v lo chistoso que está el comercial en la tele, vi las fotos en la revista que leo los sábados; he tenido mucho tiempo para pensarlo y hasta que no tenga hijos definitivamente no voy a comprar tus fabulosos, acolchonados y súper absorbentes pañales desechables. ¿Podrías dejar de enviarme ese mensaje?”
—
Algunos estudiosos consideran que la publicidad más cara es la que usa los medios en que la audiencia es más difícil de medir. Esto implica una sobrevaloración de la publicidad y sus efectos en medios masivos. Esta idea la leí por primera vez en un texto de Wired escrito por Randall Rothenberg titulado “Bye-Bye”. Rothenberg la denomina la Knowability Paradox.
La regla sería: a mayor grado de confiabilidad, exactitud y precisión en un sistema de medición de audiencia para un medio determinado, menor es la cantidad de dinero invertida para dicha audiencia a través de ese medio.
La Escritura Invisible
2004.06.8Estoy en un café. En la mesa de al lado un hombre golpea con la punta de los dedos la superficie de la mesa. Reconozco esos movimientos: está tecleando con todos sus dedos. Casi adivino lo que escribe. Parece alguien que acaba de salir de una clase de mecanografía y está practicando.
Tal vez hoy sintió un avance importante en su clase pero también podría no estar practicando sino confirmando la fluidez de su pensamiento a través de los dedos.
Escribe “en el aire”. Extraña escritura que no es: escribe sin dejar registro, huella o trazo, pero al mismo tiempo sigue sus ideas escribiéndolas.
¿Cómo llamar a esta escritura invisible?
Sobre el aforismo
2004.06.4Pensar la estructura es pensar usando vigas “I”.
Pensar no para construir edificaciones terminadas sino para construir ruinas es pensar fragmentariamente.
El implacable tiempo hace de las grandes civilizaciones sólo ruinas y de los grandes sistemas filosóficos sólo fragmentos; construyamos de una vez ruinas, pensemos de una vez los fragmentos.
El aforismo está más cerca de la escultura que de la arquitectura.
El aforismo no es una columna ni es un techo. Ni sostiene ni es sostenido. Un aforismo es un poliedro: apenas se sostiene por alguno de sus lados, pero es firme, coherente, perfectamente cohesionado entre las partículas que lo forman, independiente; pero al mismo tiempo, el que se sostenga parece accidental y azaroso; más que sostenido está suspendido; inmóvil, todo aforismo parece estar a punto de rodar.
De apariencia frágil como un cristal, a nadie sorprende que cueste tanto trabajo levantarlo sobre uno de sus lados. Muerto parece con vida porque sus vértices lucen listos para crecer.
Difícil decir del aforismo si es una forma a la que se ha llegado o es huevo del que va a nacer algo.
Axioma y teorema al mismo tiempo: principio de una demostración, verdad obvia y contundente, por un lado; conclusión a la que se llega, fórmula que tiene que ser demostrada, por otro.
La idea y la obra
2004.06.1¿Puede una idea provocar lo que provoca la obra artística?
Diferencia entre la experiencia estética y la experiencia filosófica.
Diferencia entre la creación de una obra artística y una idea filosófica.
¿Fusionar ambas en una idea-obra-de-arte?
La idea-obra-de-arte: el “dios ha muerto” de Nietzsche; ideas que aceleran la diferencia; paradoxas; cuantos o aforismos rompecabezas; historias iniciáticas.
—
Todo conocimiento es asintótico:
- Se conoce a alguien a sabiendas de que es imposible conocerle totalmente.
- Mirar a alguien a sabiendas de que es imposible mirar plenamente.
- Escuchar a alguien…
No nos alcanzaremos del todo… aunque lo intentemos.
Diferencia entre conocer a alquien desde hace mucho tiempo y durante mucho tiempo.
—
¿Se puede dibujar la Idea?
(Escher, Chillida, Leonardo)
¿Dibujar mientras pienso? ¿Reflejar el ritmo, textura, intensidad del pensamiento?
¿Se puede musicalizar la Idea?
(Beethoven, Mahler)
—
El fotógrafo hace fotos; el imagemaker hace imágenes.
La escritura hace textos.
¿Qué hace el filósofo?
¿Ideas? ¿Cómo?
—
Filosofía sin Platón: filosofía de lo diverso, del átomo, de lo indivisible, de la partícula, etc. Filosofía “natural”, del azar, de lo complejo, de la incertidumbre.
—
La filosofía sigue dialogando en la escena del diálogo platónico: de ahí no nos hemos movido.
—
Al leer el “M. Teste” de Vàlery pienso: La Idea es cambiante, viva, avanza, retrocede, muere: es el Fuego de Heráclito.
La cultura reanima el Fuego o lo extingue.
¿Cómo se deviene escritura?
2004.05.26¿Cómo se deviene escritura?
Si existe una escritura-devenir, ¿en qué se diferencia de otras escrituras?
—
Relaciones entre escritura con tinta y escritura con luz. Lo que ganamos y perdemos en la escritura con luz, ¿es equivalente a lo que ganamos y perdemos en la escritura con tinta?
El original y sus variaciones. Las variaciones en el mundo digital. Se ha hablado mucho del original en el mundo digital perono de las variaciones. El proceso creativo y de creación artística no deja rastro o huella en el mundo digital.
—
Soportes físicos de escritura versus material lógico:
cuaderno hojas blancas;
block hojas amarillas y rayadas;
hojas sueltas, etc.
Versus:
escritura aforística;
stream of conscience (freewriting);
escritura final y acabada, etc.
—
¿Cómo se inicia un bello cuaderno en blanco?
- Infancia: poniendo márgenes, numerando hojas.
- ¿Ahora qué?
—
¿Es posible el software de la escritura que piensa?
- diálogos: Leucó, Calvino, Platón, Carroll
- Storyspace
—
Línea de fuga: ¿qué tan larga puede ser una oración?
Una idea que se va hasta el final, hasta sus últimas consecuencias.
—
La escritura no es discriminación, juicio o edición.
Toda escritura debería decir: por aquí pasó el pensamiento y esto es lo que nos dejó.
Con la lectura, la escritura se vuelve otra vez pensamiento: la escritura es la partitura de las ideas.
—
Mi imaginación es neurótica: imagino interlocutores, lectores, entrevistas, diálogos, etc.
—
¿Es posible el “diario total” derridiano?
Idea posible, idea filosófica.
Hecho imposible, ¿a quién le importa?
—
Deleuze: los dipositivos de Kafka
dispositivo = función
“qué pasa sí… ”
“supongamos que… ”
dispositivo, función: caja a la que le metemos algo en un extremo para obtener otra cosa del otro lado (como el “chinese room”).
La escritura del geómetra
2004.01.18La escritura de Euclides en sus Elementos: clara, precisa, esencial. Euclides funda (mucho más que el mismísimo Aristóteles) la escritura de la lógica, de la ciencia, de la matemática.
Es una escritura aforística, pero a diferencia del aforismo al que le es inseparable cierta retórica y poética, los aforismos de Euclides son de cierto “grado cero” en su estilo. Lo que comparte con aquéllos es la impresión que dejan en el lector de ser ideas previamente masticadas y reflexionadas hasta el cansancio por el pensador. Sólo hasta que la frase se define en la mente, pasa a ser escrita. De estos pensamientos podemos leer una dosis concentrada de la idea.
Toda escritura verdaderamente original funda formas, figuras, tropos, géneros: las frases del matemático de Alejandría se renombran en axiomas, teoremas, principios…
Y sin embargo, cierta narratividad en la exposición de la deducción en los Elementos los hacen parecer, no una representación del razonamiento euclidiano, sino una vista en vivo u “online” de lo que pasaba en el cerebro del geómetra al momento de sus demostraciones.
Por eso el grado cero no existe: aún en una sentencia lógica hay pasión, estilo, desvío y falta de ingenuidad e inocencia.
Polillas
2004.01.5El último día del año 2003 descubrí un pequeño ejército de polillas dándose un festín con mis libros. Las larvas se estaban comiendo los tratados en el orden que estaban en el librero.
Los comics fueron una entrada suculenta. Los de erotismo constituyeron una delicia al paladar. La poesía facilitó su reproducción. Pero con los de filosofía, en cambio, se tomaron más tiempo. Hegel, por ejemplo, ayudó a retrasar el avance del ejército: y es que el filósofo alemán es muy denso y siempre ha sido difícil de digerir.
Cuaderno de horas tempranas
2003.11.27Hoy escribo como escribió Paul Valèry toda su vida: primera actividad por la mañana.
Mi mente está en blanco. ¿Cómo demonios podía Valery escribir algo a esta hora?
No basta con escribir
2003.11.27No basta con escribir. Hay que leerse.
Y reescribirse. Y releerse.
Palabrería
2003.11.27Se me acabaron las palabras.
Voy a la palabrería a comprar algunas.
Los piratas del tiempo
2003.11.27No tengo tiempo, pero sé de barcos, mares y marinos.
Tomaré el tiempo por asalto y le robaré segundos, momentos y ratos.
Tal vez me nombren Sir.
Los pájaros
2003.11.27A esta hora de la mañana escucho a los pájaros cantar mientras amanece.
¿Alguien sabe por qué cantan?
¿Pronostican el día que empieza? ¿Se despiertan entre ellos? ¿Con la luz se vuelven vulnerables a sus depredadores y se alertan: “¡Atención, atención! ¡Peligro, peligro!”?
O tal vez lo que escucho no es un canto: están llorando, gritando, gruñendo, lo que quieren es seguir dormidos, detener el tiempo: están orando, maldiciendo o pidiendo al dios de los pájaros que la barbarie del día nunca inicie.
Ya amaneció. Siguen orando.
Apuntes ociosos hacia una teoría unificada de la filosofía
2003.11.4Tenemos que aprender a vivir con el misterio. Tenemos que aprender a vivir con la certeza de que no hay respuesta satisfactoria a la Pregunta, pero que no podemos dejar de preguntarnos.
Cada respuesta no es una idea. La creación de ideas por parte del filósofo consiste en crear conceptos que dialoguen con la pregunta, a manera de respuesta. Es decir, la idea es….
… no sé. ¿Cómo conciliar la definición moderna de filosofía (pregunta sin respuesta, orientación radical) con la definición deleuziana (invención de conceptos).
Se me ocurre una comparación burda con la física.
La filosofía clásica (aristotélico-tomista) nos dice que la filosofía es el estudio de todo por sus últimas causas a la luz natural de la razón. Es, podríamos decir, equivalente a la teoría newtoniana de la física (visión universalista y positivista).
La filosofía moderna (kantiana-hegeliana) pone en escena a la razón crítica y dialéctica, que se interpretará después como un devenir de la pregunta a la respuesta y a la pregunta otra vez. Su símil en física sería la teoría de la relatividad (no se puede preguntar sin dar respuesta o dar respuesta sin preguntar, no se puede entender el tiempo sin el espacio ni el espacio sin el tiempo).
La filosofía posmoderna (nietzscheana-deleuziana) hace de ella una generadora de conceptos e ideas radicales y dinámicas que interactúan con realidades, preguntas, u otros conceptos e ideas. Visión prima hermana de la teoría cuántica (visión fenomenológica y fragmentaria).
Algunos físicos han buscado unificar las diferentes teorías de la física. Mientras los apocalípticos insisten en que tal integración no es posible, los integrados argumentan que todo consiste en encontrar tal unificación.
La filosofía, ¿no debería también buscar una “definición unificada de la filosofía” como algunos físicos buscan la “teoría unificada”? (También la semiótica ha buscado su teoría general unificada, por cierto.)
La clave de tal unificación pareciera estar en entender los vínculos que hay entre inventar ideas y hacer preguntas. Tal vez si decimos que el método para crear conceptos es el de la Pregunta, unificaríamos la postura moderna con la posmoderna. O bien, que la Pregunta es un Concepto, porque no afirma ni niega nada, es la representación intelectual de un no conocimiento, etcétera.
O tal vez deberíamos regresar a Platón (y al Aristóteles platónico) para unificar todas estas posiciones alrededor de la epojé o juicio suspendido. Es el asombro el que pregunta y es la pregunta la que asombra; es el asombro el que genera ideas y son las ideas las que asombran.
O tal vez deberíamos regresar a Sócrates (y al Platón socrático) y entender que la filosofía es ese saber que sabe nada. Ese saber que nada sabe se da la libertad de inventar ideas (nada pierde inventándolas porque nada gana) que no le hacen saber más sino enriquecer la conciencia de su ignorancia; ese saber que nada sabe se reconoce en la pregunta: continuo saber de lo que no se sabe.
Lo que no podemos hacer es dejar de preguntarnos y generar ideas.
La mirada que piensa
2003.11.3Empiezo a escribir sin saber qué voy a escribir. Empiezo a ejecutar esa acción que Isaac Asimov, muy acertado, llamaba “pensar a través de los dedos” (citado por Torill Elvira Mortensen como epígrafe en su weblog thinking with my fingers). Stephen King pone en alto a la escritura y dice que el “escribir es una forma refinada de pensar” (en su libro “On Writing”).
Al principio son unas líneas sueltas, como pequeñas ocurrencias. En algunos casos no llegan a ser líneas sino palabras. La caligrafía es muy importante en esta etapa, si escribimos con una pluma o lápiz sobre el papel; es el reflejo de lo claro o no de las ideas que empiezan a formarse. Si tecleamos, esta etapa acepta el que no nos preocupemos por la ortografía o la gramática. Errores que no cometeríamos escribiendo un memorando en el trabajo, aquí son muy comunes. Del mismo modo sucede con lo que pensamos: imágenes, ideas simples, frases cortas —son los ingredientes de una etapa en donde calentamos el pensamiento, hacemos calistenia mental. Si fuera dibujo, es el momento de sacarle punta al lápiz, de trazar líneas para probar su grosor, de hacer algunas figuras, intentar contornos…
Recuerdo que en una de mis primeras clases de fotografía, nuestro maestro Jesús Montalvo, puso frente a la clase un bodegón con piezas de ajedrez, dominó, uno que otro pisapapeles y un móvil. Después dio algunas instrucciones elementales al grupo y pidió que le tomáramos fotos a dicho bodegón.
Uno de mis compañeros se acercó al bodegón y con la cámara en la mano permaneció quieto delante de la mesa iluminada. El maestro, al verlo, le animó a que tomará fotos. El discípulo contestó que estaba pensando en la fotografía que iba a tomar, que por eso estaba quieto. “Piensa con la cámara, piensa a través de ella”, dijo el maestro.
Asimov le hubiera dicho “piensa a través de los dedos”, o más propiamente, “piensa a través de los ojos”.
No lo sabía en ese entonces, pero tanto Asimov, King y mi maestro de foto hablan de lo que yo prefiero llamar “la escritura que piensa”. ¿Sería correcto llamarle “la mirada que piensa” cuando nos referimos a la fotografía?
Cachivaches y trebejos
2003.10.31El próximo fin de semana me mudo al nuevo departamento, que más que departamento es, como le diría un amigo mío, un cuartamento. También llamado “loft” o piso en algunos lugares, este nuevo espacio de vida y de trabajo será dormitorio y estudio. Está muy cerca del trabajo (analizo el irme caminando todos los días), a unos cuantos minutos de casa de mis padres, y si bien lejos de la casa mi novia (todo está lejos de donde ella vive) por lo menos a un paso de la vía más rápida para llegar allá.
Como almacenista compulsivo que soy, tengo una gran cantidad de cachivaches y trebejos que he guardado y en el fondo no sirven más que para eso, para guardarlos. Tengo que tirar muchos a la basura, regalar otros, y sobre todas las cosas, escombrar objetos y espacios.
Con el movimiento y reacomodo físico siempre viene un movimiento y reacomodo mental, espiritual, psicológico. Tengo que ordenar la biblioteca, por ejemplo. Y cada que lo hago elijo un sistema diferente de clasificación o posicionamiento. Lo mismo sucede con mis manuscritos y escritorio (necesito uno nuevo, por cierto), archivos fotográficos, dibujos… Aparecerán temas o ideas que deje pendientes. Más de una novela inconclusa, tal vez sólo bocetada (presumo, en realidad todas las novelas están inconclusas o bocetadas). Ropa que ya no uso pero que me había resistido a tirar.
Si tuviera espacio pondría todos los cachivaches y trebejos en una gran planicie y jugaría con ellos. Podría hacer un mapa cronológico o línea de tiempo con ellos (¿por la fecha de adquisición o por el tiempo de uso?); un mapa mental que intente reflejar lo que hay en mi cerebro (o indicar las diferencias); un hipertexto que ligue las cosas por afectos o nostalgias; una red de metonimias o metáforas (seguro se colaría una que otra ironía); cadenas iconográficas, simbólicas, pictóricas. Me extendería a lo largo y ancho, pero también a lo alto y bajo.
No terminaría una labor tan colosal sin que algo en mi vida cambiara mientras estuviera elaborando este gran mapa, así que el mapa mismo tendría un tiempo propio (un principio, una duración, un fin). El mapa de ayer sería diferente al de hoy. El mapa también necesitaría un lugar dentro del mapa.
Esto es, si el mapa de cachivaches y trebejos se convirtiera en un objeto (es decir, el mapa mismo fuera un cachivache o trebejo), ¿dónde lo pondría? ¿Tendría que hacer un mapa de mapas de cachivaches y trebejos?
Leer el plano de inmanencia
2003.10.29Filosofar es una forma de leer para inventar con ayuda del olvido. Algo así nos define Fernando Savater a la filosofía. Tres conceptos clave de la definición: leer, inventar, olvidar.
Coincide en un término fundamental con Gilles Deleuze y Félix Guattari: la invención. En su libro “¿Qué es la filosofía?” se define a la filosofía como la inventora de ideas. Para inventar, para innovar, es necesario conocer lo que existe, lo que no es nuevo. Sólo puedo innovar si reconozco la novedad. ¿Cómo conocer lo viejo? Savater responde: en los libros. Deleuze y Guattari le dan un nombre especial a ese conjunto de ideas que encontramos en los libros: plano de inmanencia. Pero básicamente es lo mismo. Los filósofos franceses lo ven en abstracto, como si las ideas tuvieran vida propia en un gran mapa. Savater lo ve en concreto: no hay filosofía sin libros, no hay filosofía sin escritura. Finalmente la única manera de poder ver el mapa de esas ideas o plano de inmanencia es leyendo a los filósofos. El plano de inmanencia, sería entonces, la gran biblioteca, Alejandría, el aleph. La acción subsecuente es la lectura de esa biblioteca, de ese plano de inmanencia.
Sólo se puede inventar si se lee la gran biblioteca. Sólo se puede inventar si se navega por ese plano de inmanencia.
Y después de inventar, olvidar, nos recordará Savater, para poder volver a extraviarnos entre los libros y entre las ideas (la biblioteca como laberinto). Porque, ¿cómo encontrarnos si no nos extraviamos antes?
Frases, párrafos e ideas
2003.10.28Ayer dediqué el atardecer a escribir mi colaboración mensual para la Revista Encuesta. Después de cenar me fuí a un café cercano a la casa de mis padres y ahí me puse a escribir. Había tomado algunos apuntes el fin de semana y durante el día. Lo escribí casi de un jalón. Después de pensarlo un poco el artículo se tituló Rating Hormiga, misma denominación que le había dado a la idea de la que surigió el artículo.
Roland Barthes defiende que la unidad semántica fundamental no es ni la palabra, ni el párrafo, ni el verbo. Para él, lo mismo que para Flaubert —a quien cita— es la frase. Para Stephen King (perdón por lo ecléctico de las referencias) es el párrafo.
Tal vez porque escribo filosofía, y lo más importante, escribo filosóficamente, la unidad semántica fundamental cuando escribo es la idea. La idea puede estar representada en una palabra o en una frase, pero finalmente lo que artícula todo el flujo de la escritura es una idea.
Deleuze y Guattari dicen que la filosofía crea conceptos y los filósofos son especialistas en ellos, en inventarlos, en reconocerlos y validarlos.
Divago.
Escribir diario
2003.10.23El diario es una de las formas más eficientes para recuperar la escritura, si es que se ha perdido. O para mantener el hábito, si es que no se quiere perder.
Empiezo a escribir de nada o de cualquier cosa. Empiezo a escribir que hace mucho que no escribo. Luego, escribo sobre las situaciones más cotidianas y vanales. Lleno la pantalla o la página de palabras y frases superfluas. Derrepente, cuando menos me lo espero, entre un miasma continuo de frivolidades aparece un pensamiento, una frase, una idea discontinua, diferente del resto: es el inicio de algo más, de algo que amerita ser seguido, perseguido por la escritura. Lo discontinuo, continúa. O dicho de otra manera, le doy continuidad a esa discontinuidad. Persigo a la diferencia con el vehículo de la escritura. Luego duplico esa diferencia, la hago reproducirse, clonarse, bipartirse una y otra vez. La diferencia se expande, se desdobla. La diferencia es escurridiza y efímera, es necesario diferirla.
Escribir es diferir.
Más libros
2003.10.21Me he vuelto un comprador compulsivo de libros. Creo que empiezo a padecer síntomas adictivos. Esta tarde fui a tramitar algunos papeles en una oficina frente a Casa Lamm (ciudad de México), donde tienen una librería muy sencilla pero bien organizada. Me sobró tiempo en el trámite y decidí pasar a ver algunos títulos. No tenía la menor intención de comprar algo. De hecho, tenía la intención de comprar nada. Sin embargo (!oh, bibliohólico de mí!) terminé haciéndolo.
“Ejercicios de escritura” de Raymond Queneau y “Teoría del infierno” de Salvador Elizondo. El primero lo compré porque llevaba buen tiempo buscándolo y encontrarlo fue una oportunidad imposible de dejar pasar. La lectura de Ítalo Calvino me llevó al Oulipo, grupo al que perteneció el autor de estos “Ejercicios…”, Georges Perec y el mismo Calvino. Después de Ítalo leí a Perec y ahora Queneau.
El segundo, “Teoría del infierno”, una recopilación de artículos y ensayos, pertenece a uno de los creadores de prosa e ideas más fino y cuidadoso que haya leído. No hay palabra y frase que no tengan una razón de ser en sus textos. Visualmente impecable, tiene ideas claras y simples pero de consecuencias catastróficas (”mueven el tapete”, hacen pensar). De frases largas que se antoja leer en voz alta y conceptos que suenan a conjuros. Y por si fuera poco, Salvador Elizondo es el único escritor que conozco que piensa como fotógrafo y no como escritor.
Pero no los voy a leer de inmediato porque tengo varios otros libros pendientes.
(Bueno, tal vez les de una hojeada.)
Pienso, luego escribo
2003.10.19Pienso, luego escribo.
Escribo, luego leo.
Leo, luego reescribo.
Reescribo, luego releo.
Releo, luego publico.
Pienso, reflexiono, discurro como siempre. Si hay algo que nunca ha cambiado –por muy diversas actividades que haya tenido que realizar a lo largo de estos años– es eso, el pensar, reflexionar y discurrir.
El escribir necesita de elementos y condiciones materiales para ser. Es por ello que a lo largo de una vida la acción de escribir (¿el escribir es el hacer del pensar?), cambia de formas, figuras y modos. Se escribe en diferentes soportes: pizarrón o pizarra, papel, magnéticos… Cada soporte tiene sus variantes, los magnéticos, por ejemplo: diskette, disco duro, CD… Y con ello las herramientas de escritura: computadora de escritorio, portátil, móvil… O las interfaces: procesador de textos, aplicación de correo, aplicación web…
Con cada una de esas variaciones, cambian nuestros hábitos, nuestros tiempos, nuestra frecuencia, nuestro flujo de escritura.
Por otro lado están los espacios físicos en donde el acto de escribir se realiza (independientemente de con qué escribamos): la escuela, la cama, el café, la oficina, el escritorio, el parque…
Al final, todo esto repercute en nuestra reescritura, relectura, y por supuesto, la publicación de nuestros materiales.
Ya no puedo escribir para este espacio –mi bitácora o webitácora– como antes. Han cambiado los tiempos de escritura, los espacios, las herramientas, los temas, la frecuencia, el flujo. Tengo un trabajo que me paga las rentas y me permite ahorrar, cosa difícil en estos tiempos, especialmente para alguien que no sólo decidió estudiar una carrera tan lucrativa como la filosofía sino que además no la terminó.
Sin embargo, sigo pensando, reflexionando, discurriendo. Continúo escribiendo. Desde que este sitio empezó a dejar de tener movimiento, he llenado dos cuadernos enteros. Lo difíicil es leerme, reescribirme, releerme y publicar para que otros me lean, para comunicar.
Pero hoy parece que ha llegado el remedio de todos estos males. No quiero exagerar, pero creo que tengo en mis manos la herramienta que encaja perfectamente en este tiempo y circunstancia de escritura. Ya les hablaré de esta herramienta que me ha permitido aumentar mi productividad (al escribir) en otra ocasión. (De hecho, estoy escribiendo directamente en esta maravilla, en el Café Son, Son de Café, un café cercano a casa de mis padres, y en cuanto llegue a la computadora lo publicaré en directo a mi webitácora, donde lo estarán leyendo ustedes, atentos lectores.) Esta misma herramienta me permite una fácil y rápida publicación (de mis manos a la web, de la web al mundo).
Sin embargo, siempre se pierde algo. Siempre. Algo.
La mayoría de los textos que publique no podrán llevar el cuidado que les daba antes. Espero poder continuar con uno que otro microensayo cada semana o dos, pero la mayoría de lo que voy a publicar ahora son comentarios y notas directamente extraídas de mi “nuevo cuaderno de notas”. (Y cuando digo directamente quiero decir tal cual está en mi “nuevo cuaderno de notas”.) Se perderá precisión pero se ganará en frecuencia y flujo. También se ganará en frescura y espontaneidad (por “se ganará” no quiere decir que eso sea bueno, sólo enuncio una característica).
Con su corta edad, este sitio puede dividirse en tres etapas temáticas y formales. La primera consistió en ejercicios y pruebas, tanto temáticos como formales. Etapa de imitación y exploración del medio. La lectura de otras webitácoras fue determinante como influencia.
La segunda etapa la denominaría “la escritura que piensa”. Creo que nadie podría estar en desacuerdo con eso. Es una etapa de estilo propio y sin las restricciones del género.
La tercera la nombraré, a riesgo de adelantarme y jugar al profeta, “pienso, luego escribo”.
Al final, este sitio es su autor. Por eso no se llama como la etapa en la que se encuentra. Ni cambia de colores o diseño. Sus cambios son preceptibles para quien lo lee y lo sigue. ¿Importa acaso si leímos Pedro Páramo o El Aleph en su edición original, en una edición rústica, de bolsillo, en una nueva edición didáctica o en edición electrónica? Por eso este sitio se llama simplemente como su autor: adolforamirez.com.
Comenzamos. Es decir, retornamos.
Creo en una escritura que se desdobla
2003.07.14Creo en una escritura que se desdobla.
Imagino un pedazo de papel del tamaño de una tarjeta de presentación con una frase escrita en él. Aparentemente pequeño, el tamaño es engañoso ya que puede desdoblarse sobre sí mismo y extenderse. La frase también se extiende, se desdobla.
No es una sola la forma en que la frase puede ser desdoblada. Cada desdoble puede variar en su método. Por ejemplo, el desdoble más simple de la frase es sobre sí misma en cada uno de sus puntos, como abrir un libro por la mitad. Pero también pueden desdoblarse hacia afuera –desde la línea imaginaria que divide al plano por la mitad– dos partes iguales similar a como se abren las puertas de doble hoja de los bares en el viejo oeste.
¿La escritura dialéctica es aquella que se desdobla? ¿Es que cada nuevo desdoble del plano tiene que ser opuesto, contrario, contradictorio? No: la escritura se desdobla de manera discontinua. Errónea figura describir este fenómeno como un espejo que se rompe, como un mosaico multicolor o como un caleidoscopio en movimiento, porque cada nuevo desdoble no se separa de su original, no hay ruptura. Cada lado del poliedro que la escritura construye en su quehacer mantiene una conexión intrínseca con sus lados adyacentes. Más aún, con las caras adyacentes, si pensamos en una escritura tridimensional.
Del díptico pasamos al tríptico, del tríptico al políptico. La tentación por la tercera dimensión es mucha y el volumen no se hace esperar: del triedro, al tetraedro, del tetraedro al poliedro.
Si la escritura nace con la lexia se articula con la dislexia.
Toda dialéctica es disléxica: la lexia se separa, se abre, se desdobla en cada lectura, relectura. (Lo que leo no es lo que escribo: me opongo, me separo, no estoy de acuerdo. Ya no soy el que escribió lo que leo, soy Heráclito en un río de frases.)
Estas lecturas y relecturas generan nuevas lexias, nuevas escrituras. Escribir-leer-reescribir-releer: desdoblamiento sin fin. (Y no pregunten que fue primero, si la escritura o la lectura, lo único que sabemos es que al final estará la muerte. Siempre. La muerte.)
Creo en una escritura papirofléxica que llega a las formas más complejas, figurativas, simbólicas o abstractas, a partir de una simple hoja cuadrada de papel.
Esa escritura que se desdobla es una escritura viva. Cada lexia, además de ocupar un espacio, tiene fecha de creación, fecha de modificación, fecha de lectura: coordenadas temporales que forman una figura sobre la figura, un mapa antiguo sobre uno moderno.
Si la figura fuera un cubo se desdoblaría en un hipercubo.
Imagino todos y cada uno de los textos que he escrito –en las páginas de mis queridos cuadernos, en los márgenes de los libros que han merecido una nota, en servilletas arrugadas y manchadas del café que escurrió por mis labios, en tantos pizarrones que espero algún estudiante haya copiado, en la parte de atrás de alguna factura, en el papel reciclado, en bits y bytes de archivos txt, y en sepan los dioses que otros lugares– como parte de un solo texto nacido de una frase (ya no recuerdo qué frase) que se ha ido desdoblando hasta formar un gran figura tridimensional inconclusa.
¿El cubo es al hipercubo lo que el poliedro es al hiperpoliedro?
La escritura perdida
2003.03.30Al principio, no pasa de darte cuenta que estás escribiendo poco. Que en lugar de llenar dos o tres páginas de notas e ideas diversas en tu cuaderno de escritura ya nada más escribes un par de líneas. O que los archivos nuevos de texto en la computadora son cada vez más pequeños.
Poco después, al buscarle lugar a la libreta de hojas blancas y pastas negras que te gusta tanto, te percatas de que llevas ya un par de días sin usar tu pluma para redactar algún aforismo o bocetar un ensayo. O bien, te das cuenta que el botón o comando de “Archivo Nuevo” en tu procesador de textos favorito no ha sido usado en las últimas cuarenta y ocho horas.
La primera semana es difícil notarlo, pero la tinta de tu bolígrafo dura más de lo normal. El lapicero o portaminas no necesita recambio. Hasta las notas al margen del libro que estás leyendo son menos frecuentes. No te angustia salir a la calle sin traer algo en que anotar. Te detienes en la cafetería a tomar un café y nada más. De hecho, usas las servilletas de papel únicamente para limpiarte la boca y las manos, no para garabatear algo.
La carpeta de las cartas electrónicas recibidas y pendientes por contestar se empieza a volver bastante grande. Especialmente aquéllas que sabes que ameritan una respuesta más larga, más meditada, más pensada.
No es fácil tomar conciencia de lo que pasa porque hay otra actividad derivada del trabajo diario que engaña a los sentidos. Se llama escribanía, y pude confundirse sin problemas con la escritura. Haces una carta, redactas un memo, corriges un informe, buscas un sinónimo para usar en un instructivo o respondes a un correo electrónico de uno los proveedores. Claro, que ahí no está puesto tu estilo, tu pensamiento, tus ideas más íntimas, tus reflexiones más profundas. Eso no puede ser considerado escritura.
Al mes es demasiado tarde: una día de regreso a casa te das cuenta que llevas más de una semana sin cargar tu cuaderno, sin escribir una sóla línea que sea tuya y sin contestar un sólo mensaje en tu buzón de entrada. La falta de práctica epistolar te empieza a causar la desaparición de amigos. Algunos insistieron enviándote algunos emails en repetidas ocasiones, pero aún los más insistentes ya abandonaron la tarea. A estas alturas se verán más sorprendidos de recibir una respuesta que de que les mantengas tu silencio.
¿Publicar? ¡Por favor! Para publicar no basta con escribir. Requieres de leerte, reescribir, releerte y volver a reescribir. ¡Olvídalo! Estás muy, pero muy lejos de lograr todo eso junto.
(Por ejemplo, la última fecha en tú webitácora o weblog es una verdadera verguenza.)
El momento más duro se da cuando lo sabes, cuando tomas conciencia del terrible padecimiento, cuando dejas de negarlo y tienes que aceptarlo. Ya no escribes. Así de simple.
Y a pesar de intentarlo no atinas en lograr volver a escribir. Antes de abrir el cuaderno encuentras un pretexto nuevo para no hacerlo. Das un clic en “Archivo Nuevo” pero no tecleas nada. El problema es mucho más profundo de lo que pensabas. El dispositivo se ha descompuesto desde el interior de su mecanismo. Sí, es grave y no sabes por donde está la puerta de entrada (¿o salida?).
Esta enfermedad es crónica, progresiva y mortal: se le conoce como la escritura perdida.
archivo
2003.02.3archivo. La conversión de la palabra “archivo” en el concepto de “archivo” se dio de manera inevitable cuando empecé a leer a Foucault y Deleuze, hace ya un par de décadas. Un archivo no significaba nada especial para mí: era un simple documento o el lugar donde acopiarlo. Con el tiempo, la noción ha cambiado en mi cabeza. Un archivo es un documento previamente guardado o registrado de alguna manera. Sin esa condición previa de haber sido depositado o enlistado, un documento no puede llegar a ser archivo. Un archivo siempre tiene cierto carácter histórico, oficial o burocrático. Lo que Foucault hace es “abrir” los archivos e investigar el mecanismo con que fueron guardados y enlistados, sin dejarse atraer por la jerarquía, la autoridad o la ilusión de continuidad. Prefiere el archivo a la “obra” o el “libro”. El archivo no tiene autor aún cuando una autoridad lo ha clasificado. || 2. Mis archivos, mis adorados archivos. Archivo casi cualquier papel escrito por mí o por otros. Casi todo puede ser potencialmente leído o visto otra vez. Después de pasar en limpio las notas tomadas en una servilleta o en una tarjeta insisto en guardar la servilleta. El hecho se acentúa con la digitalización: siento temor de que un día todas las ideas u ocurrencias que he tenido, mis bocetos o manuscritos, aforismos, enumeraciones, diagramas, sea reducido a un simple (¿y por qué no decirlo: maldito, demoníaco?) cd-rom. Guardo revistas completas de las que disfruté sólo un párrafo, postales que nunca he enviado o enviaré, invitaciones a exposiciones de fotografía, temarios escolares, hojas técnicas, instructivos, tarjetas de presentación… ¡joder!, algún día tengo que hacer algo con todo eso. || 3. La primera acepción puede aplicarse perfectamente a la definición computacional de “archivo”. Para que un archivo exista en un sistema operativo y deje de ser un simple documento o conjunto de datos tiene que tener un nombre, una fecha de creación y estar depositado o guardado en la memoria del equipo. Para que un archivo deje de existir en el mundo digital basta con borrarlo del index o índice, así el sistema da por hecho que puede ocupar el espacio físico con un nuevo archivo. Los datos siguen ahí hasta que sean sobrescritos, o mejor dicho, hasta que el orden de los bits sea reacomodado de otra forma. En el mundo digital, los bits no se destruyen, solo se recombinan. En cambio, en el mundo analógico si se quiere que un archivo deje de existir hay que destruirlo, no basta con sacarlo de nuestros listados. Lo mejor en esos casos —según tiene a bien ilustrarnos la literatura y el cine— es quemar completamente el archivo en una chimenea (y esperar a verlo hecho cenizas, cosa que no hacen los villanos, por eso los atrapan).
Palabras e Ideas
2003.01.19Se me ocurrió simplemente vaciar los textos más importantes publicados en este sitio, revolver las palabras en una gran tómbola, quitarles los puntos y las comas, los signos de interrogación y las comillas, enlistarlas y contarlas. Eliminé los artículos, preposiciones y adverbios inútiles. Conjunté sinónimos usados para evitar el pleonasmo o declinaciones insignificantes. Me he quedado con las palabras más empleadas durante este año de escritura y publicación.
¿Se puede definir un discurso por las palabras que emplea? Tal vez no, pero el ejercicio es interesante. Los resultados varían entre la obviedad y el asombro. Hay, por supuesto, una carga histórica en la lista, carga que depende de mis vivencias, lecturas y exploraciones. Las consecuencias finales son dos, una reflexión y un nuevo ejercicio de escritura.
Veo en esta lista palabras e ideas. Las palabras las uso sin conciencia. Son eso, palabras, palabras que designan cosas. Pero también veo ideas. Es decir conceptos que empleo con sentido y razón, que por formación, lecturas, filosofías o divagaciones profundas tienen un significado especial para mí. Por ejemplo, “estrella” es una palabra. Me puede evocar muchas cosas, puedo decir mucho sobre ella, pero es tan singular como lo es para cada persona. En cambio está el concepto “todo”, que como todo concepto consiste en una red o telaraña de elementos heterogéneos, que pueden ser definidos, clasificados, tienen propiedades, extensión y comprensión… Dicho de otro modo, los conceptos son pensados, recreados y repensados, son un problema, una pregunta y una orientación a la vez… En fin, en eso consiste la reflexión: algunas de la palabras usadas en este sitio no requieren explicación, no hay nada que defender; las otras, las ideas o conceptos, me provocan un poco de incomodidad, siento que tal vez no las he explicado lo suficiente, que puede haber malentendidos, que requieren ser expuestas y defendidas.
El ejercicio de escritura consiste en ir tomando cada una de estas palabras e ideas como título de un texto o una reflexión. Puede ir del aforismo al ensayo (microensayo debería de decir, ¡cómo si tuviera tiempo de escribir tanto!) pasando por la definición o el cuento. De algunas puedo escribir lo primero que me viene a la cabeza. De otras no podré evitar consultar algunos libros y apuntes. En general, me interesa mucho el momento que la mayoría de estas palabras empezaron a tomar un significado especial para mí o incluso empezaron a dejar de ser palabras para volverse ideas. Al ver la lista me ha parecido un ejercicio interesante y retador. Ya veremos.
¿Cuáles son las palabras e ideas? Ésta es más o menos la lista. No están listadas por frecuencia de uso (no es un concurso), sino por estricto y arbitrario orden alfabético.
aforismo, ajedrez, amante, amigo, amor, análisis, analogía, analógico, aprender, archivo, Aristóteles, arte, artículo, artista, audiencia, autor, axioma, ballena, barco, Barthes, biblioteca, bitácora, búsqueda, cabeza, café, calle, cámara, Camille, camino, casa, caso, categoría, cerebro, ciencia, ciudad, clasificación, computadora, comunicación, concepto, conjunto, conocimiento, construir, consultar, contradicción, copa, corazón, cosa, cotidiana, cuaderno, cuento, cuerpo, cuestión, cultura, curioso, datos, definición, deporte, derecho, describir, deseo, destino, día, diario, diferencia, digital, dinero, dios, discurso, discusión, disfrutar, dispositivo, ejemplo, ejercicio, empresa, enciclopedia, ensayo, entender, error, escena, escribir, escritura, esencia, espacio, espectáculo, estilo, estrategia, estudio, falta, fenómeno, filosofía, filósofo, forma, fotografía, francotirador, futbol, gente, geometría, globalización, hecho, herramienta, historia, hojas, hombre, humano, idea, imagen, imaginario, información, instante, instructivo, inteligencia, Internet, interpretación, investigación, juego, láser, lectora, lenguaje, Leonardo, letra, libre, libro, lógica, lugar, mano, manual, manuscrito, mapa, máquina, mar, marino, matemáticas, medición, medio, memoria, metáfora, método, México, mito, modelo, momento, movimiento, mundo, museo, música, nada, necesidad, negocio, Nietzsche, noche, nombre, nostalgia, novela, nunca, objeto, obra, obsesión, occidental, oído, ojo, opinión, original, ortografía, otro, página, país, palabra, pantalla, papel, parte, película, pensamiento, periodismo, personal, pixeles, Platón, poder, política, posibilidad, pregunta, principio, problema, proceso, programa, publicar, punto, rating, razón, real, recuerdo, reglas, relación, releer, respuesta, retórica, revista, saber, Saussure, semiótica, sentido, series, signo, simulación, sistema, Sócrates, supuesto, técnica, tecnología, televisión, tema, texto, tiempo, tierra, todo, trabajo, uso, ver, verdad, viaje, vida, web, weblog
¿Cómo se empieza a escribir en un bello cuaderno en blanco?
2003.01.13¿Cómo se empieza a escribir en un bello cuaderno en blanco? Esta pregunta me ha intrigado desde los orígenes. No porque me preocupara de niño, sino porque desde la infancia era capaz de percibir los muy diferentes puntos de vista que mis maestros de primaria tenían al respecto.
Algunos de esos maestros nos pedían que antes de escribir cualquier cosa en las páginas en blanco, le pusiéramos márgenes a todas y cada una de las hojas. El dichoso márgen consistía en una línea roja recta a lo largo de la página y trazada a unos cuantos centímetros de su parte interior. Había maestros exigentes en cuanto a la cantidad exacta de milímetros a los que tenía que estar marcada tal raya.
Otros nos pedían que pusiéramos nuestro nombre completo en todas y cada una de las hojas. Los menos nos pedían que las numeráramos. Unos defendían a capa y espada que la primera página debería contener siempre el nombre, grupo o salón, grado o clase, y nombre de la materia. (Nunca tuve un profesor que quisiera agregar su propio nombre a mis apuntes. Espero que la neurosis por los derechos de autor no hayan llegado a tanto.)
Llegó la preparatoria o bachillerato y con ella las hojas sueltas hicieron su aparición en mi vida. Carpetas, engargolados, folders, fueron los soportes de la educación. Uno que otro cuaderno, pero en realidad muchas hojas sueltas.
Siempre he preferido el tamaño media carta o A5. En México se le conoce como tamaño esquela o forma francesa, dependiendo si el encuadernado de las hojas es por lo largo o corto de las mismas. Como sea, se me hace ideal para la mayoría de los pupitres, mesas de trabajo, notas en autobús y, lo más importante, escribir en los cafés.
Ahora, lejos —en tiempo y espacio— de las clases y las escuelas pero todavía cercano al ejercicio de la escritura, sigo preguntándome ¿cómo empezar a escribir en un cuaderno en blanco? ¿Debería respetar a mis maestros de educación básica y no olvidar poner mi nombre, tal vez mi dirección y teléfono? ¿Correo electrónico, maybe? ¿Empezarlo con un manifiesto, una dedicatoria, una introducción? ¿Debo hacer algo con todas y cada una de las hojas? ¿Numerarlas, etiquetarlas, rayarlas para ponerles margen, firmarlas por si algún día llego a ser famoso?
Regreso a los orígenes: el bolígrafo y el papel
2002.12.2Estoy tremendamente acostumbrado a los borradores, a escribir “en sucio”. ¿Por qué? No lo sé. Hasta no ver las letras y las palabras sobre la pantalla no puedo corregirlas, pensarlas, estructurarlas: no puedo leerme.
Tal vez por mi formación o deformación, me es imposible hacer público un texto (por “hacer público” entiendo desde leérselo a los amigos en voz alta como editar una revista) si no estoy completamente seguro de no ser malentendido. Siempre hay riesgos, por supuesto. Pero uno espera un mínimo de medidas de seguridad, y para mí es eso, nunca escribir “en limpio” o “en directo” o “en línea”.
Aún en un medio de tanta inmediatez como la de las bitácoras o webitácoras o weblogs, siempre he tratado de ponerme obtáculos, pasos intermedios, que de alguna manera me hagan detenerme, leerme, corregirme.
Dados los cambios provocados por los últimos acontecimientos en mi vida, debo confesar que había perdido el control en lo que escribía. Antes, todo el proceso estaba en una computadora, mi iBook. Ahora, el mundo de la oficina y de las PCs me impide mantener mis textos —las notas, los borradores— juntos, poder releerlos, revisarlos, pensarlos, reescribirlos y, finalmente, publicarlos.
Si a eso le agregamos que mis momentos de verdadera intimidad literaria y filosófica son fuera de la oficina y de la casa, la situación se complica. A pesar de vivir y trabajar en una misma ciudad, últimamente me siento un viajero.
Por todo esto, he cambiado de método de escritura: regreso al papel; regreso al viejo cuaderno de notas. De esta manera puedo estar escribiendo en el momento que tenga tiempo o tenga ganas. Estos borradores —que más bien son manuscritos porque los escribo con tinta— siempre los traeré conmigo para releerlos o modificarlos, y finalmente, publicarlos aquí.
Pierdo algunas cosas. Pierdo la velocidad, o mejor dicho, el flujo que se logra cuando uno escribe en el teclado (lo que uno piensa pasa casi directo a la pantalla). Pierdo la digitalización de mis pensamientos porque ahora los escribo en papel y después tengo que capturarlos a mano (y tengo una caligrafía que ni yo entiendo).
Sin embargo, al final creo que salgo ganando en algo muy importante: regreso a mis orígenes. La pluma y el papel, el bolígrafo y el cuaderno, son la mejor interfaz que se haya inventado jamás. Y créanme, todavía no la supera ninguno de estos aparatitos computarizados.
Del cuaderno de notas, que no es un Moleskine pero funciona (por cierto, ¿alguien sabe de un distribuidor en México?) los manuscritos pasarán casi íntegros a la pantalla. Lo que están leyendo, por ejemplo, fue escrito primero en ese cuaderno.
Esta bitácora comienza su segunda parte.
La novela filosófica (fragmento de carta-respuesta a un lector)
2002.11.5No tengo nada específico sobre la llamada novela filosófica. En parte creo que se debe a que es un concepto surgido del mundo de la crítica y las reseñas, más que de la academia y universidad, es decir, de la crítica e investigación seria. Creo que tienes mucho terreno por delante que puede ser muy interesante. Te digo lo que entiendo por novela filosófica aunque lamento no poder darte referencias concretas ya que hace tiempo que dejé la vida universitaria.
Previo a pensar en una definición de novela filosófica, te puedo decir que ésta se origina principalmente en la Alemania del siglo XIX , producto de la influencia de la “época de oro” de la filosofía occidental. Podríamos rastrearla desde el mismo Goethe, sin embargo, más en específico, tendríamos que referirnos a una época post-nietzscheana: Thomas Mann y Hermann Hesse. Así mismo, Hermann Broch y Robert Musil. Mucho más recientes, Heinrich Boll y Gunter Grass.
No la confundiría con la novela-tesis, donde no se hace filosofía sino que se defiende una filosofía en específico, se defiende una postura determinada. En este caso entran muchas, pero un ejemplo muy concreto es los existencialistas como Sartre o Camus.
Tampoco incluiría directamente a Dostoievski y la escuela rusa. Algunos prefieren ubicarlo en la llamada novela psicológica. No sé si lo sepas pero Dostoievski es una de las influencias más importantes que tuvo Nietzsche. Algunos de sus apuntes de lectura sobre novelas de Dostoievski se mantuvieron ocultos para evitar que se le acusara de robarle las ideas. De modo que podría ser un fenómeno muy interesante el que la novela filosófica en realidad sea influenciada por Nietzsche, quien a su vez es influenciado por las novelas dostoievskianas. La literatura alimenta a la filosofía y la filosofía a la literatura.
Por supuesto, ahí, en la Alemania de esa época, es el inicio, pero actualmente hay varios autores que bien pueden entrar en esa categoría. El más representativo es Milan Kundera. En Estados Unidos pienso en Paul Auster, al que algunas de sus novelas le han llamado novela-ensayo.
De Kundera te recomiendo (si no es que ya lo leíste) su libro de ensayos “El arte de la novela”, especialmente el de “La ambiguedad en la novela”(?). Creo que si eso lo ligas con algunos ensayos de Savater acerca de la filosofía y la ironía puedes encontrar un punto de conexión ideal para definir más claramente lo que es novela filosófica de lo que no.
Sé que es poco, pero espero te sirva por lo menos de orientación. No dejes de avisarme de tus avances. El tema me apasiona. Si algún día publicas esa investigación no dejes de decírmelo.
Divagación y error
2002.11.2Los recursos de los que el pensamiento se aprovecha para mantener su dinámica son varios. Hay dos que llaman particularmente mi atención: la divagación y el error.
El error es viejo conocido de la ciencia. En muchas ocasiones el método experimental usa al error de manera intencionada y sistemática. La divagación es amiga de primeros años de la filosofía y ciencias especulativas (autorreferenciales, les llaman ahora; cómo si no bastara la referencia especular de la palabra). Esto no quiere decir que el discurso científico no caiga en la divagación y la filosofía no cometa errores. Son recursos del pensamiento, no de disciplinas específicas de él.
Mientras que el error es un callejón sin salida que detiene nuestro andar; la divagación es un camino alterno, un recorrido adicional y paralelo al viaje.
Cuando el pensamiento se encuentra con el error no hay más que dar marcha atrás, retomar los propios pasos y regresar al punto donde tomamos una disyuntiva por última vez. El error no tiene duración, no conoce el tiempo. Existe en otro plano. Podemos quedarnos a vivir en él, pero no cambiará, será el mismo. Si acaso un error nos llevará a otro: la formación de cadenas y series ante la permanencia en el error, sea por terquedad o falta de reconocimiento del mismo.
La divagación tiene duración, conoce el tiempo, aún cuando mientras estemos en ella nos olvidemos de la hora y las distancias. La divagación se permite profundidades. No es necesario retomar los pasos para volver a donde estábamos. Podríamos dar vueltas y vueltas en una dirección para regresar por otra. Sin quererlo podríamos regresar a otra parte del camino: adelantar pasos o volver al origen. La divagación siempre será laberíntica. En ella no hay la menor intención de encontrar la verdad. Lo que le importa es el caminar mismo, no la meta.
El error aparece sí y sólo sí buscamos encontrar la verdad. Si no buscamos la verdad no reconoceremos los errores. Un error nos indica que hemos tomado el camino incorrecto. Hasta ese momento no lo sabíamos, aunque pudiéramos haberlo supuesto: el error es un aviso, un letrero, un semáforo.
La divagación sabe de antemano que ha desviado el camino, no necesita que se lo digan. A veces la divagación se encuentra del otro lado del letrero que dice “Camino cerrado”. No hay encadenamiento de una divagación a otra. La divagación puede ser tan profunda como la queramos, tan intrincada como lo deseemos.
La divagación si nos puede llevar al error. Un error, también, puede ser motivo para divagar. Pero un error nunca podrá llevarnos, necesariamente, a una divagación. Ésta última puede ser una opción adicional después del error, una decisión más o menos voluntaria del pensamiento, pero nunca una consecuencia intrínseca al error mismo.
Divagar no significa ser irracional. Se puede divagar racionalmente sin que la divagación pierda su esencia. Aunque claro, también se puede divagar irracionalmente.
El error, en cambio, solo puede darse dentro de un marco racional y lógico. Este marco racional puede no ser muy estricto, como tampoco lo serán sus errores y sus verdades, pero es requerido un mínimo de reglas y estructura para poder dar lugar al reconocimiento del error.
Todo lo anterior es un buen ejemplo de una divagación. Solo que ahora no recuerdo por qué empecé a pensar y escribir esto. Eso me hace reflexionar que tal vez debería agregar que la divagación puede (¿requiere?) terminar con un corte rápido y repentino que nos devuelva al pensamiento, al yo, al ego, a la conciencia, de lo contrario no es divagación sino locura permanente. ¿O no?
Subrayar
2002.10.30¿Qué extraña costumbre es esa de subrayar los libros?
En el museo de la escritura debemos incluir un espacio dedicado al libro más antiguo que se haya subrayado. Tal libro, ¿será un manuscrito dominico, una biblia de Gutemberg, un pasquín erótico?
¿Por qué subrayar? ¿No basta con una pequeña indicación, un asterisco al margen? ¿Es necesario el rito de pasar el lápiz por debajo de cada letra, como si fuéramos a olvidar a alguna?
¿Sería adecuado establecer algunos cánones? De entrada yo mandaría eliminar de toda biblioteca los plumones o marcadores fosforescentes. Lápiz, únicamente. Para algo más usemos tarjetas y escribamos en ellas.
Para encontrar el mito, es necesario buscar el origen. ¿Quién habrá sido el primero en subrayar un texto? Si mi inútil erudición no me falla creo que los egipcios encerraban en un óvalo los nombres propios. ¿Se podría considerar esto una forma de subrayado?
Habrá que seguir reflexionando al respecto.
El tiempo, el diablo y el dinero
2002.10.28En la película de Wim Wenders, “Far away, so close“, hay un personaje interpretado por William Defoe que, frente a los ángeles y su mundo en el mundo, parace ser el diablo, el demonio, satán. Al menos es la interpretación más obvia, más elemental. La que escuché en un café después de ver la película hace ya muchos años.
Es interesante, porque el personaje nunca se denomina representante del mal o el mal mismo. De hecho, el único momento en que se presenta lo hace con el nombre de Emit Flesti. Que, si nos fijamos bien, es un anagrama de Time Itself. Y si, eso es, es el tiempo mismo. Es el que acelera la acción, es el que, al hablar del mañana, del presente y del pasado, provoca la angustia del ángel recién llegado al mundo de los hombres. Del ángel caído que no conoce ni el mal ni el tiempo.
Este personaje tiene una de las mejores líneas que he escuchado en una película. Es una frase que me da vueltas cada cierto tiempo. Es, prácticamente, un aforismo: “The people say: time is money. I say: time is the absence of money“. “La gente dice: el tiempo es dinero. Yo digo: el tiempo es la falta de dinero”.
Y así es. O se tiene tiempo, o se tiene dinero. Si quieres dinero, olvídate de tener tiempo. Si tienes tiempo, no tienes dinero.
Hace meses que dejé de ir al cine por razones económicas. En las últimas semanas ese problema se ha resuelto, lo suficiente al menos como para poder ir un día de estos a ver una película. Sin embargo, no he tenido tiempo para hacerlo.
Así que seguimos sin poder ir al cine.
Existen algunos estudios sobre pobreza cuya fórmula considera la falta de tiempo como el factor más importante a medir. Esto es, sin tiempo libre no hay riqueza, por más dinero que se pudiera acumular.
Y para regresar con aquello del diablo y el tiempo, me voy a permitir citarme a mí mismo:
“Dicen los más ancianos que la risa del diablo les recuerda el replicar de las campanas de las iglesias y que el ritmo de su respiración es igual al vaivén de un péndulo.”
Dialéctica para Marcela (divagación encontrada en una carta electrónica)
2002.10.16Adolfo, tú que a todo le haces y sabes explícame por favor, de manera clara y concisa que es la DIALECTICA, he buscado su significado en los diccionarios y no coincide la idea con el sentido de las lecturas relacionadas con la antropología con perspectiva marxista. Leí un diccionario Marxiano pero tampoco entendí, me parece que estoy bloqueada desde que un maestro me traumó con la palabrita en la escuela. (…)
Con respecto a la dialéctica voy a empezar a escribir lo que se me ocurra sin consultar mayormente mis textos, libros o diccionarios. Va:
La palabra dialéctica tiene varias acepciones, por lo que se puede usar en distintos contextos o campos. De momento se me ocurren tres acepciones.
La primera es la relacionada a una disciplina concreta derivada de la escuela platónica y cuya práctica se extiende hasta la edad media. La segunda acepción, por orden de aparición histórica, es el uso metafísico/ontológico del concepto “dialéctica” y que fue explotado hasta el cansancio por Hegel y Marx, principalmente. La tercera acepción es un uso más común dentro de la jerga filosófica, o si se quiere, una acepción más general. Veamos cada una.
Dialéctica significa “raciocinio” en griego. Especialmente se refería al método o sistema que tenía Platón de pensar: oponer respuestas a preguntas y preguntas a las respuestas. Un buen ejemplo lo podemos encontrar en —además de toda la obra platónica— la manera en que los niños pequeños, que están en la edad en que lo preguntan todo, suelen encadenar a cada respuesta que un adulto les da, una nueva pregunta:
- ¿Por qué compraste un libro?
- Para leerlo.
- ¿Y para qué lo quieres leer?
- Para aprender cosas nuevas.
- ¿Y para qué quieres aprender cosas nuevas?
- Porque tengo dudas y preguntas, como tú.
- ¿Y por qué tenemos preguntas y no simplemente lo sabemos ya todo?
- No sé.
- ¿Y por qué no lees un libro para saber?
Bueno, pues esto es simple y pura dialéctica en el sentido original que los griegos le daban. Después de Platón, Aristóteles distinguió más específicamente está forma de razonar o pensar de la lógica (la lógica de los silogismos y demás). El concepto de dialéctica como el arte de pensar o los métodos de pensar se usó hasta la Edad Media. La famosa trivia o trivium era la carrera o curso que se tomaba en la escuela y consistía de dialéctica, retórica y gramática.
Posteriormente, entre Kant, Hegel y Marx, el concepto es rescatado para darle un uso más metafísico/ontológico. Es decir, que no sólo mi manera de razonar es dialéctica, sino que todo en esta vida funciona dialécticamente. (Por supuesto dicho de manera muy simple.) Especialmente Hegel y Marx vieron en la dialéctica un excelente modo de explicar cómo avanza la historia: a base de contradicciones. Con cada nueva contradicción socio-político-económica se generan nuevos sistemas socio-político-económicos. Por eso la historia “se mueve”. Un ejemplo es decir que los movimientos y escuelas artísticas (realismo, impresionismo, surrealismo, etc.) se generan a partir de la contradicción entre un movimiento anterior y con otro. Este nuevo movimiento de vanguardia se contradice con algo y generará otro nuevo. Esto es tesis< =>antítesis=síntesis. Lo interesante aquí es si en algún momento esa contradicción se resuelve para siempre o no. Pero en fin, ya estoy filosofando.
Para Hegel primero la historia o la humanidad piensa la igualdad social y luego la intenta realizar. Tarde o temprano llegaremos a ella. Para Marx, en cambio, se piensa la igualdad social porque no hay igualdad social. Por eso dicen que Marx simplemente puso a Hegel de cabeza, invertido.
La última acepción es de uso mucho más común (al menos entre filósofos y humanistas. Se refiere simplemente a cualquier interacción o contradicción que envuelve un enfrentamiento o conflicto de situaciones o discursos. Por ejemplo, si decimos “todo aprendizaje es dialéctico” significa que todo aprendizaje se lleva a cabo a partir de preguntas y respuestas, de acierto y error, de enfrentar una hipótesis con una comprobación, de construir un modelo de la realidad para enfrentarlo de nuevo con la realidad, etc.
En fin, no sé si es lo que querías saber. Espero que sí. ¿O tal vez fui demasiado obvio?
(…)
Sin cabeza
2002.10.14Hoy no tengo cabeza: se la renté a alguien por la mañana.
Espero que pronto me la devuelva.
La necesito para volver a pensar en la nada.
De lexias, mecanografías y palimpsestos
2002.10.7Lexia. Antes era la hoja de papel en blanco. Ahora es la pantalla en blanco. Incluso, a veces, es sólo un fragmento de esa pantalla.
Negro, blanco, cuadriculado o rayado, el espacio de lectura/escritura requiere de bordes que detengan a la mirada de nuestro pensamiento de empezar una lectura/escritura sin fin.
Una hoja de papel sin bordes, un monitor sin marco: leer o escribir ahí sería sinónimo de muerte.
Mecanografía. Antes era la tinta. Ahora son los pixeles. A veces esos pixeles se vuelven tinta. Pero ya no son una vez sino múltiples veces: el original a desaparecido.
Toda escritura es mecanográfica: hasta la pluma del ganso es una máquina. (O los dedos de la mano, si se les usa con cuidado.)
Otras lexias. Antes eran los pies de página o la bibliografía de referencia. Ahora son los hipervínculos.
Palimpsesto. Antes los borrones, tachaduras y correcciones quedaban registrados. Ahora desaparecen como si nunca hubieran existido. El camino que nos trajo aquí no existe porque hemos perdido el rastro que dejaron nuestros pasos.
Tú, lector, no sabrás nunca cómo llegue a estas palabras. Yo, escritor, acabaré olvidándolo.
Fotografía digital vs. análoga: Algunos axiomas
2002.10.1pixel Elemento (gráfico) más pequeño que exhibe un dispositivo y a partir del cual se construye la imagen desplegada
“Los haluro o sales de plata tienen el aspecto de pequeñas estructuras en forma de triángulos con las aristas recortadas. Su tamaño es microscópico y tan reducido que llegan a caber hasta treinta mil millones en una placa de 6x9 cm.”
Caben, por lo tanto, 550 millones de haluros en un centímetro cuadrado.
Un pixel puede ser del tamaño de un foco o bombillo de los que se usan para alumbrar los estadios de futbol o tan pequeño como el punto más pequeño que puede pintar una impresora.
Un pixel, en su definición más amplia, puede ser un haluro o sal de plata. La resolución de una superficie analógica sensibilizada bajo este método (papel o película fotográfica) sería de 550 millones de pixeles por centímetro cuadrado, aproximadamente.
Nada imposibilita que una imagen esté formada (virtual o físicamente, digital o análogicamente) por millones de millones de millones de millones… de millones de pixeles.
El problema no es cuántos pixeles tiene una imagen, sino cuántos pixeles puede desplegar un dispositivo en una superficie determinada.
Dicho en mexicano: el problema no es juntar un chingo de pixeles, sino meterlos en un pinche cuadrito.
No hay dispositivo digital o digital/análogo (pantalla LCD, monitor, impresora) que pueda —a la fecha de hoy 1 de octubre de 2002— exhibir 550 millones de pixeles en un centímetro cuadrado.
La fotografía análoga (sales de plata en gelatina) sí puede desplegar 550 millones de pixeles en un centímetro cuadrado.
Pero claro, no hay imagen sin ojo que la vea.
La calidad de resolución (pixeles/superficie) que ha alcanzado, alcanza y alcanzará la fotografía digital depende del uso que se le quiera dar, del ojo que la va a ver, del detalle que se necesita para lo que se quiere distinguir.
La calidad de la fotografía digital actual es más que suficiente para usarla en la portada de una revista. Sin embargo todavía no alcanza para usarla (a su máxima expresión) en un espectacular o fotografía de gran formato (digamos unos 5 metros por 4).
Es decir, no hay ojo humano que pueda distinguir si la foto usada en la portada de una revista fue tomada con una cámara digital o analógica. Pero casi cualquier ojo humano puede distinguir si una película exhibida en una sala de cine fue filmada con digital o analógica.
La distancia entre la fotografía digital y analógica es cada vez menor, por supuesto. Incluso, en algunas áreas y usos de la fotografía, ya no hay distancia. En otras áreas la distancia se acorta drásticamente cada año o cada mes. Pero insisto, hablamos de la distancia perceptible, no de la distancia real.
El día que un dispositivo electrónico/digital sea capaz de desplegar 550 millones de pixeles en un centímetro cuadrado sin ayuda o soporte analógico, la fotografía digital se podrá considerar ganadora de esta lucha digito-analógica.
Hasta ese día, el mito de lo digital que supera a todo, absolutamente todo, es sólo un producto de la digitalofilia.
Pero claro, puedo estar equivocado.
Referencias:
Diccionario para usuarios de computadoras e internet de Bryan Pfaffenberger en Prentice-Hall - La definición de “pixel” es de este diccionario. En México, pixel no se acentúa (ni futbol ni video).
Curso básico de fotografía de Jesús Montalvo para el Ateneo Mexicano de Fotografía - La cita sobre los haluro es de este libro.
Los Malentendidos del Rating: Final interactivo
2002.09.25[Les recuerdo que todos los textos agrupados en la serie Los Malentendidos del Rating fueron escritos para se leídos en voz alta. De ahí que este cierre tenga las características propias de un discurso así.]
Estos son algunos de los malentendidos que me he permitido seleccionar. Espero que tanto en su contenido como en la manera en que están expuestos, generen preguntas y polémica.
Y antes de que empiecen los ataques o busquen otro estadístico para su equipo de beisbol, permítanme hacer una última aclaración.
No creo que los ratings lo sean todo ni sirvan para todo. Creo mucho más en la investigación de audiencias que en la medición de audiencias. No, no tengo todas las respuestas. Bueno, tal vez sólo unas cuantas. Lo que mi formación filosófica intenta aportar a esta disciplina es hacer más y mejores preguntas.
He usado distintas analogías para explicar algunos conceptos. Terminaré con una última analogía:
El rating es como un farol en el que se recarga un borracho al salir de una cantina después de una noche de copas: el farol sirve más para darle apoyo al borracho que para darle iluminación.
Gracias.
Los Malentendidos del Rating: La medición de audiencia está monopolizada
2002.09.24Igual que en todo el mundo. En todos los países donde se mide audiencia, es una la empresa que sobrevive ofreciendo sus servicios en el mercado. Intentos por romper monopolios de rating han existido muchos en distintas latitudes del orbe. Ninguno, hasta la fecha, ha tenido éxito. ¿Por qué?
El mercado tiende a uniformar criterios en todo lo que a medición se refiere. En la vida cotidiana sucede igual. Por eso se establecen unidades de medida, magnitud, o distancia para todos. Es mucho más fácil comparar y comunicarse así. Ahorra dinero.
Podemos estar de acuerdo o no con el método que usa el Banco de México para obtener el índice inflacionario, o con el sistema que usa el INEGI para obtener los datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, pero independientemente de ello, siempre usamos la misma información para hacer cálculos y compararlos con otros cálculos hechos por otros.
De modo que eso mismo sucede con el rating. Ahora bien, si lo que se quiere romper es el monopolio se puede siempre recurrir a la alternancia. Es decir, que todos los radiodifusores se pongan de acuerdo para hacer una convocatoria abierta cada 3 o 5 años con el fin de elegir quién les mida la audiencia. Tendrían que usar la misma metodología para obtener resultados equivalentes.
Claro que eso cuesta. Invertir en la infraestructura necesaria para medir audiencia y echar a la basura esa inversión después de 3 o 5 años es algo que muy pocas empresas pueden hacer. Y ahí es dónde residen la mayoría de los problemas: en el presupuesto, no en el método.
Otra solución, mucho más económica pero no gratuita, es la de auditar. Hablo de auditorias especializadas, no contables o financieras. Esto es muy común en otros países. Entre todos los usuarios o clientes del proveedor de rating se pagan auditorias, ya sean programadas o excepcionales. Las auditorias son realizadas por expertos y, a diferencia de las fiscales, no buscan culpables sino señalar errores o sugerir mejoras a los procedimientos y metodologías.
Algunos creen que es necesario establecer un sistema de medición de audiencia especial para radio o televisión pública o cultural. Está bien mientras sean sistemas de medición adicionales al del rating. No para sustituirlo. De lo contrario se cae en un error metodológico muy serio. Me explico.
Cuando vienen institutos u organismos internacionales a evaluar la enseñanza y aprendizaje de las matemáticas en las primarias públicas de nuestro país y salimos reprobados, podemos reaccionar de distintas maneras. Una de ellas sería decir que el sistema de medición que usan estos organismos no es el más adecuado para evaluar a los niños mexicanos que son tan diferentes del resto del mundo, por lo que mejor deberíamos inventar un sistema de evaluación más acorde con la idiosincrasia mexicana. Podríamos dedicar varios años a diseñar ese sistema de evaluación hasta lograr que, con las mismas condiciones en la enseñanza y aprendizaje medidos, nuestra infancia por fin saque un 10 en matemáticas. Y así viviríamos felices para siempre: descalificando el sistema de medición en el que reprobamos y validando en el que sacamos 10.
Por supuesto que sólo nos engañaríamos a nosotros mismos. Por eso existen los estándares. Y, nos guste o no, el rating es un estándar.
Los Malentendidos del Rating: Para criticar el rating
2002.09.23Entendamos y conozcamos de lo que hablamos. Los productores, programadores, conductores, actores y periodistas de televisión suelen tener su propia opinión sobre los ratings: básicamente no creen en ellos. La mayoría de ellos suele decir que no son representativos, que las cifras son frías, que lo importante son los comentarios que escuchan en la calle, y ya le preguntaron a sus amigos y sí los escuchan, etcétera. Pero eso sí, cuando uno opina de su oficio, de su saber, de sus conocimientos, responden tajantemente que ellos tienen años de experiencia y por eso saben lo que hacen.
Es decir, para hacer lo que hacen (producir, programar, actuar, conducir, dar noticias o escribir guiones) se necesitan años de experiencia y una habilidad con la que no nace cualquiera, por lo tanto nadie más que ellos puede opinar al respecto. Pero para opinar de ratings, a ellos les basta una hora. Los descalifican en unos minutos. Les dan la espalda con arrogancia y dicen que no sirven.
No supongamos, no obviemos, no creamos. La medición de audiencias televisivas actual es lo suficientemente compleja como para no poder entenderla en un par de horas. Y es lo suficientemente sencilla como para dominarla —en lo básico y para fines prácticos— después de unos seis meses de estudio. Hay que saber de estadística, teoría de muestras, la metodología operativa y de procesamiento de datos del panel, los diversos indicadores, sus fórmulas. No es posible criticar los ratings si no se les conoce.
No es posible criticar nada si no se le conoce.
Los Malentendidos del Rating: Amarillismo y rating
2002.09.22Lo importante no es cuánto rating quiere un productor para su programa de radio o televisión, sino cuándo. Si tener rating es una necesidad inmediata, no hay más: los programas violentos, de sexo y amarillistas son la mejor fórmula para tener rating mañana mismo. Sin embargo, mientras más escandaloso es un programa, más rápidamente la audiencia se va a cansar de él. Es por eso que vemos entrar y salir programas en las diversas televisoras tan fácilmente.
Si los objetivos del productor y/o empresa son a mediano o largo plazo, es posible pensar en construir una audiencia. Si el destino de CNI Noticias o El Mañanero hubiera dependido del rating que tuvieron estos programas cuando empezaron, habrían salido del aire en una semana. Con el tiempo han logrado incrementar audiencia atrayéndola de otros canales.
Si se trata de divulgar información urgente y de carácter social —una campaña de vacunación por epidemia— hay que buscar llamar la atención. Algunas técnicas del amarillismo pueden funcionar, con el debido criterio y sin provocar pánico. Pero si se trata de motivar la lectura o promover la música clásica sólo hay una opción: construir audiencia.
Las preguntas de Pilato
2002.09.20En Fotos del Apocalipsis, Hernán J. González ha hecho algunas objeciones al artículo que escribí el 1 de agosto de este año: San Juan: un socrático en Tierra Santa. He leído sus comentarios con gran emoción. Los debates y críticas razonadas suelen escasear en la web. Tal vez por la inmediatez de la escritura propia de este medio, todas las ideas quieren encontrar cabida en unas cuantas palabras. Hernán no cae en esa tentación y detalla cada uno de sus argumentos. (Gracias Hernán, por el espacio dedicado en tu sitio.)
Por supuesto, no puedo dejar pasar la oportunidad de replicar a las objeciones expuestas. Aclaro, entonces.
El considerar a Juan como el más filosófico de los evangelistas no es algo que me haya venido a la cabeza de un día para otro. Tampoco he sido el primero en percibirlo. Estoy seguro que no seré el último. Es relativamente fácil encontrar menciones al respecto en distintos libros y fuentes.
Por citar un ejemplo, el doctor Johannes Hirschberger, en su “Historia de la Filosofía” (Editorial Herder), nos dice cómo Hegel encontró gran parte del origen y fin de su filosofía en sus lecturas de Juan (la cita es larga pero vale la pena):
“Hegel encontró sobre todo en el Evangelio de san Juan lo que para él fue tan característico: la ecuación
Dios=Espíritu=Verdad=Vida=Vía
El logos del cuarto Evangelio, «era en el principio», es Dios, por Él ha sido hecho todo, el la luz del mundo, viene al mundo, encarna para que todos los que crean en Él sean hechos hijos de Dios. Todo esto lo aplica Hegel a su idea. (…)
En el evangelio de san Juan, Hegel encontró también la filosofía de los contrarios, superados y conciliados en una superior síntesis: «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda él solo, pero si muere, lleva mucho fruto.»”
Se podrá decir que la objeción de Hernán J. González radica mas bien en el pasaje citado: Jesús interrogado por Pilato. Dice Hernán que el ejemplo es traído “…un poco de los pelos, a mi parecer“. Si entiendo correctamente, la expresión se refiere que el ejemplo le parece un tanto forzado en el discurso, que no es coherente con lo anterior, que me lo he sacado por debajo de la manga.
La referencia a ese pasaje tampoco me llegó como inspiración mientras dormía debajo de un árbol esperando que me cayera una manzana en la cabeza. Hay varios que han visto en ese pasaje algo más que otra versión del hecho citado en las escrituras. Bruce D. Marshall, doctor por parte de la Universidad de Yale, en su libro “Trinity and Truth“, en la sección Truth as a theological problem, dice (en inglés, sorry):
Recall for a moment Jesus’ confrontation with Pontius Pilate. As the Gospel of John depicts the scene – in strinking contrast to the version shared by Matthew, Mark, and Luke – Jesus engages in an argument with Pilate on kingship and truth. The debate takes a form well known to philosophers ancient and modern; it is an exercise in conceptual clarification.(…)
Some interpreters of this exchange between Jesus and Pilate (Friedrich Nietzsche, for one) have seen Pilate the clear winner of the dabate, the hero of the story. He cuts short Jesus’ talk about bearing witness to the truth by posing what seems to be the most daunting of all philosophical questions –what is truth?– and by knowing better than to venture any answer. Pilate thus speaks for skeptics of every age, not only skeptics about Jesus’ laim to bear witness to the truth, but those who question the usefulness of any human attempt to speak “the truth”.
Después, Marshall recapitula algunas interpretaciones. Entre ellas la que da el mismo Hernán:
Jesús en realidad respondió a la pregunta de Pilato. Pero unas pocas horas antes… y a oídos abiertos: (…) “Yo soy el camino, la verdad y la vida”
Ahora bien, para los fines de la reflexión hecha en San Juan: un socrático en Tierra Santa, no me importa tanto la respuesta de Jesús. Sé que interpretaciones hay muchas y no pretendo dar otra. A mí el que me interesa —insisto: en esta reflexión concreta— es Juan a través de la boca de Pilato (que para el caso, ni Pilato ni Jesús ni Juan son lo mismo) y la pregunta que hace. Hernán explica claramente el tono de la pregunta:
“… la pregunta había sido la ironía del típico intelectual posmoderno greco-romano, refinado y escéptico.”
Y eso es lo que intento rescatar. Para dar ese tono irónico de intelectual greco-romano y escéptico hay que conocer la ironía intelectual greco-romana y escéptica. Juan la conoce porque la ha leído y estudiado. Ese es mi punto.
¿Por qué escribe Juan el Evangelio en griego? Porque sabía griego. ¿Por qué sabía griego? Porque lo estudió para poder leerlo. ¿Para qué quería leer griego? Para estudiar lo que estaba escrito en griego en ese momento: filosofía.
Esto no quiere decir que Cristo no supiera la respuesta. Ni tampoco que Juan la desconociera. Lo que me interesa destacar no es la capacidad para responder, sino la capacidad para preguntar. Juan es capaz de plantear una pregunta filosófica desde la boca de un personaje que representa esa cultura griega y romana —tal vez, no lo sé, muy distante en ese momento para entender el mensaje de Jesús.
Cada uno de los cuatro evangelistas tiene su propio estilo. Aún si se parte de la convicción de que las escrituras son palabra de dios o inspiración de éste, el estilo de los autores se mantiene. De lo contrario ¿para qué mantener los nombres de referencia (Marco, Mateo, Lucas, Juan)? ¿No hubiera sido suficiente un Evangelio? Por supuesto que cada Evangelio tiene su razón de ser y un estilo propio de cada autor. La lectura que hago del texto de San Juan es la de un estilo filosófico.
Desafortunadamente, en eso también hay una diferencia fundamental entre los dos puntos de vista. Para Hernán, la filosofía es algo muy distinto:
“Un filósofo griego, (y el consabido sabio chino de las historias…) habría contestado algo como ‘No hay un camino’ o ‘Tu mismo tienes que hallar tus propios caminos’ o ‘el camino se hace al andar’ etc. O un simple y humilde ‘No sé’.”
Esas respuestas no son las de un filósofo griego. Son las de un monje zen (que no es un sabio chino), un jedi, o del poeta Antonio Machado. Fernando Savater, que sabe más de filosofía que yo, escribe en “Invitación a la Ética“:
“La filosofía no es una pregunta que se va esclareciendo por tanteos sucesivos hasta quedar finalmente contestada en la conclusión de la obra emprendida, sino una conclusión esencial de la que se parte y que en el desarrollo de sus múltiples implicaciones y problemas se va haciendo más y más compleja hasta que la conclusión misma, sin dejar de serlo, se convierte en la última y definitiva cuestión”
Es decir, la filosofía no contesta sino que, ante las preguntas, formula nuevas. Algo así como el diálogo entre Pilato y Jesús, donde a cada pregunta se contesta con otra pregunta —indistintamente por parte de ambos— “haciéndo[la] más y más compleja hasta que la conclusión misma, sin dejar de serlo, se convierte en la última y definitiva cuestión“. Podré no haber leído lo suficiente los Evangelios, pero si he leído lo necesario a Platón. Y esta es la razón de ser de los diálogos.
La Oxford Paperback Encyclopedia define a la filosofía en otras palabras:
“The use of reason and argument in the search for truth and the nature of reality, especially of the causes and nature of things and of the principles governing existence, perception, human behaviour, and the material Universe. Philosophical activities can also be directed at understanding and clarifying the concepts, methods, and doctrines of other disciplines, or at reasoning itself and the concepts, methods, and doctrines of such general notions as truth, possibility, knowledge (epistemology), necessity, existence (ontology and metaphysics), and proof.”
¿Se puede buscar la verdad sin hacer preguntas? Preguntar ¿no es reconocer que no se sabe algo? Aunque claro, si pregunto es que sé algo: qué no sé. Preguntar es, en este sentido, saber que no sabemos, querer saber, philos sophai, filosofar.
(Si ese filosofar de Pilato no sirve para nada porque es ciego y sordo ante la verdad —Cristo— que está delante de él, es algo que no cuestiono y mucho menos me atrevería a discutir.)
Ese filosofar, perdón que lo repita, lo hace Juan a través de la boca de Pilato. Esto no quiere decir que Juan —escritor— piense como su personaje Pilato; o como el Pilato histórico. Pero sí quiere decir que Juan sabe filosofar. O si se quiere ser más prudente en la afirmación, que Juan sabe filosofía (griega).
Finalmente, una última aclaración. Mi lectura del Evangelio no intenta entrar en el terreno de la fe y mucho menos cuestionar cualquier elemento que se encuentre en dicho terreno. Como he intentado explicar más arriba, no pretendo contestar a la pregunta formulada por Pilato. Además, mi escritura —y me refiero a la que publico en este sitio web— no intenta ser ni académica ni científica y si lo suficientemente ensayística y retórica (en el sentido esencial que tienen ambas palabras: pensar escribiendo y comunicar eficazmente lo que se piensa).
También como dije arriba, más que discutir, este artículo espera aclarar lo que, seguramente por mi falta de capacidad, no he logrado explicar adecuadamente en el microensayo San Juan: un socrático en Tierra Santa. Si tengo la razón es algo de lo que los lectores pueden dudar en cualquier momento. En ese sentido me sumo a la definición que E.M. Cioran da de sí mismo:
“Soy más bien un escéptico al que tienta, de cuando en cuando, otra cosa que la duda.”
Por lo que no hay respuestas definitivas. No tengo ninguna. Como el Pilato de San Juan, yo simplemente sé hacer preguntas.
Referencias:
El artículo motivo de todo este diálogo es San Juan: un socrático en Tierra Santa.
Las objeciones planteadas por Hernán J. González las pueden leer aquí, en Fotos del Apocalipsis.
El pasaje del Evangelio al que se hace referencia lo pueden leer aquí, en el excelente sitio Concordia de los evangelios, realizado por el mismísimo Hernán J. González. (Un exquisito lugar descubierto después de leer Fotos del Apocalipsis.)
“Trinity and truth” de Bruce D. Marshall esta editado por la Universidad de Cambridge. Pueden descargar un archivo pdf (requieren Acrobat Reader) en donde viene el primer capítulo del libro. La cita fue extraída de ese primer capítulo.
La definición de “philosophy” por parte de la Oxford Paperback Encyclopedia, la pueden leer en línea vía Xrefer.com dando click aquí.
Los malentendidos del rating: El rating y los cueteros
2002.09.19Se dice que hay cosas que la ciencia no es capaz de explicar. Lo curioso es que siempre decimos eso cuando tenemos gripa o necesitamos colgar un cuadro en la pared. Nos tomamos el té antigripal que nos recomendó la tía o usamos un pisapapeles para poner un clavo. Por supuesto que para atender enfermedades más serias llamamos a un médico y para construir puentes seguimos requiriendo ingenieros.
Y claro, cuando la ciencia falla porque todavía no descubre una vacuna contra el virus del SIDA, o porque se caen dos rascacielos en Nueva York después de estrellarles un par de aviones, no la perdonamos y le echamos en cara sus limitaciones para estudiar lo humano y aleatorio.
La ciencia de donde sale la medición de audiencia es la misma que usa el médico que vamos a ver cuando estamos enfermos o la que se usó para construir este edificio.
Ahora, en ambos casos, hay profesionistas buenos y malos. Pero eso no tiene que ver con la ciencia médica, la ingeniería o la ciencia administrativa.
Nunca falla: cuando el rating es muy bajo o casi cero ninguno de los involucrados en la realización de un programa cree en ellos; si el rating es alto o subió, todos se consideran los responsables de tal éxito.
La filosofía del novelista
2002.09.18Encontrar reflexiones y planteamientos filosóficos en una novela no es tan difícil. No tanto porque sea una cualidad inherente a los escritores sino porque es una facultad de todo ser humano. Tampoco es difícil encontrar ciertas pausas narrativas cuyo tono se aproxime más al del ensayo que al de la novela. Sin embargo, me gustaría poder caracterizar cierto tipo de novelas que a priori me parecen más “filosóficas” que otras.
Se que hay alguna diferencia porque es el tipo de narrativa que más disfruto. Y creo que la mayoría estará de acuerdo en que hay mucha más filosofía en una novela de Milan Kundera que en una de Thomas Harris. Pero también sabemos que una novela no es ni puede ser un tratado filosófico porque entonces dejaría de ser novela y sería eso, un tratado filosófico.
(Hago una aclaración: esta divagación la escribe un lector cualquiera que poco sabe de literatura.)
Un protagonista, por ejemplo, puede pasar por momentos filosóficos, momentos de interrogación radical. Similar a lo que sucede en la tragedia shakesperiana, el héroe ya no acepta fácilmente su destino, sino que lo cuestiona y lo enfrenta, aunque no necesariamente lo resuelve, porque como toda pregunta filosófica, lo importante no está en la respuesta. Ejemplos los hay por igual en “El Quijote” y la novela policíaca o negra.
Este es el caso más común de la aparición de un planteamiento filosófico en la novela. Sin embargo, es también —por lo general— el más pobre. Dura unas cuantas líneas. Claro, por el contexto en que se encuentran esas líneas pueden impregnar páginas completas, o incluso, ser la esencia y razón de todo el planteamiento novelístico.
Otro caso lo constituyen las reflexiones filosóficas que tienen un espacio propio dentro del libro. Las novelas que caen en esta clasificación son las llamadas comúnmente novelas filosóficas. Herman Hesse, Tomas Mann y Milan Kundera podrían ser algunos de los escritores más representativos en esta área.
Kundera, en particular, tiene pequeñas joyas ensayísticas en varios de sus textos. Quizá la parte que me ha causado una impresión más profunda es el inicio de “La insoportable levedad del ser“. Es por mucho, el mejor planteamiento sobre el eterno retorno nietzscheano que he leído. Si de por sí la filosofía de Nietzsche es tan compleja de abordar, el eterno retorno a veces se juzga como esoterismo barato proveniente de una mente enferma y demente. En cambio, el novelista Kundera lo rescata como pocos filósofos lo han hecho.
El último caso —de esta reflexión— esta formado por aquellas novelas que se nos presentan como la escenificación misma de un complejo y profundo sistema filosófico. No es indispensable que en ellas exista un personaje cuestionándose cosas o que el autor nos escriba un estudio sobre algún tema. Son narrativa pura. La filosofía está entre líneas, la respiran los personajes, nuestras inquietudes son contagiadas por ella.
Y no me refiero a que en este tipo de novela el autor deje ver su propia visión o perspectiva sobre un tema o una manera de vivir. O que construya un mundo que invita a la reflexión. “Crash” de J. G. Ballard es así y no la estimo como “filosófica”.
Tolstoi y Dostoievski son dos autores que definitivamente incluiría en este grupo. De hecho, Dostoievski es como el alter ego literario de Nietzsche. Es, para decirlo con las palabras del filósofo, “demasiado humano”.
¿Qué hace a un novelista entrar al terreno de la filosofía? ¿Cambia en algo la escritura del narrador cuando él o sus personajes se hacen preguntas filosóficas? ¿Hay cambios en la composición narrativa? Estas preguntas, por supuesto, son para hacerlas a un novelista.
Estas tres categorías —que antes de pretender agotarse aquí deben verse como un mero apunte— son totalmente discutibles. Hay quien puede ubicar a Cervantes o Kundera en el tercer tipo. Lo más adecuado sería diferenciar obras concretas y no autores. (Pero la idea era hablar de la filosofía del novelista no de la novela filosófica.) Algunos trabajos de Hesse y Mann tal vez podrían estar en el primer tipo y un par de ellos en el tercero. “El jugador” de Dostoievski no puede ser comparado con “Los demonios“.
Faltan autores y novelas. Me siento culpable por no poder recordar de momento ejemplos de novelistas hispanoamericanos, por ejemplo.
Sospecho que esta historia (o ensayo) continuará.
La termita
2002.09.16Descubrí una maldita termita alojada en una taza de madera que alguien me regaló y usaba de portalápices. El insecto la estaba devorando con gusto y yo no me había dado cuenta.
La he matado, por supuesto. Ahora tendré que revisar papeles y muebles de madera; estar atento a la posibilidad de que una de sus consanguíneas siga por ahí dando lata; poner insecticidas o trampas para termitas (¿qué se usa en estos casos?). Tengo dos paredes de librero que pueden ser un agasajo para estos animalillos. Además, entre lo archivado están manuscritos invaluables para mí y deliciosos para ellas.
Ahora nos preocupamos por los virus informáticos, pero estos seres no son muy diferentes. Por lo menos me provocan la misma sensación: ver hechas polvo las palabras que leo y escribo.
Los Malentendidos del Rating: Cantidades cualitativas y calidades cuantitativas
2002.09.12Se dice que hay investigaciones cualitativas y cuantitativas. Se dice que el rating pertenece al segundo tipo. Encontrarán esta distinción hasta en los libros más académicos y profesionales. Siempre me meto en problemas por decir esto, pero mientras más lo discuto, más me convenzo de ello: no existe tal distinción.
No hay mediciones cuantitativas o cualitativas. Hay resultados cualitativos o cuantitativos.
Una encuesta llena de numeritos nos puede arrojar información para entender mejor quienes somos… “cualitativamente” hablando. Un ejemplo reciente lo podemos encontrar en la Encuesta sobre Corrupción y Buen Gobierno, auspiciada por la organización Transparencia Mexicana, y realizada hace poco en nuestro país. Es una encuesta que podríamos calificar de cuantitativa, bajo los cánones tradicionales. Pero cuando leemos la información presentada podemos encontrar historias, personajes, escenarios. Conocer nuestra idiosincrasia y acercarnos a entender nuestra identidad. Al leer los resultados de la Encuesta sobre Corrupción y Buen Gobierno siento que puedo hacerlos dialogar en algunos aspectos con “El Laberinto de la Soledad” de Octavio Paz. Lo cual me hace respetar mucho más a Octavio Paz porque no necesitó hacer una encuesta para escribir su famoso ensayo.
¡Pero que estoy diciendo! Estoy hablando demasiado “cualitativamente” de una encuesta, de una investigación cuantitativa. ¿Será que detrás de los números fríos puede haber un poco de calor?
(Entre paréntesis, esto me ha hecho pensar que si tuviéramos un Octavio Paz en cada investigación que realizamos tal vez no necesitaríamos de encuestas. Pero como eso no es posible, tenemos que seguir haciéndolas.)
Por el otro lado está el paradigma de la llamada investigación cualitativa: los focus groups o grupos foco. Encerramos a un grupo de unas 8 a 12 personas en un lugar aislado, con espejos doble vista en las paredes… no, no estoy hablando de un reality show. Al grupo se le da a probar algún nuevo pastelito con relleno cremosito, se le pasa un nuevo comercial de televisión, o se le presenta un nuevo producto. Se ve y estudian las reacciones al respecto.
Pues bien, de estos focus groups es posible obtener datos muy precisos, como por ejemplo la cantidad de veces que se empleó un adjetivo calificativo para describir el pastelito con relleno cremosito, la frecuencia de uso del adjetivo, si esa palabra la usaron más las mujeres o los hombres, etcétera. Es decir, números.
Por ello la distinción entre lo cualitativo y cuantitativo es muy tenue. La clasificación es adecuada para los libros de texto y para distinguir a los investigadores que les gustan las matemáticas de los que no. Más allá de eso sólo se puede decir que hay buena y mala investigación. Punto.
Lo peor es que este mito encierra otro, independiente de la medición de audiencias: el rechazo a las matemáticas. ¿Preferimos los estudios cualitativos porque tienen menos números? Cuidado con esto último. No conozco a alguien que le gusten las matemáticas y desdeñe al mismo tiempo las encuestas y estadísticas. En cambio, todos los que me dicen que no creen en encuestas o estadísticas difícilmente superan la prueba de “¿te gustan las matemáticas?“.
La novela del filósofo
2002.09.9Si Nietzsche hubiera escrito una novela ¿cómo hubieran sido sus personajes? ¿Qué historia hubiera contado? ¿Habría elegido un formato victoriano, romántico, existencialista? ¿Habría renovado las formas de la narrativa con un estilo nuevo y original?
¿Qué tal Wittgenstein? Si me dijeran que él fue autor de un relato como “Flatland” lo creería sin dudarlo. Los protagonistas de sus cuentos tendrían que ser entidades abstractas convertidas en imaginarias.
En Hegel veo un novelista. Un novelista de una sola novela, en varios tomos, perfectamente planeada y estructurada de principio a fin. ¿Qué personaje representaría a “tesis”? ¿El antagonista sería “antitético”? ¿Un final “sintético”?
San Agustín sería un cronista de la intimidad. Me imagino hombres y mujeres suaves y sutiles, pero con una gran pasión y fe interior. Escenarios y mundos difusos, volátiles.
La pregunta: ¿qué tan diferente puede ser escribir narrativa a escribir ensayo? O mejor lo planteo así, para evitar convertirlo en una cuestión de género: ¿qué tan diferente es escribir para pensar, escribir para expresar ideas, de escribir para contar una historia, para narrar?
Los filósofos no se caracterizan por ser buenos con el drama. Aún cuando durante mucho tiempo en la mayoría de las universidades “filosofía y letras” era una sola carrera. O incluso considerando lo que Derrida nos ha hecho ver ya: no hay filosofía sin escritura.
¿Por qué se separan tanto dos caminos cuyo origen –a priori al menos– es similar?
Hay excepciones. Algunas muy interesantes. No podemos entender una filosofía platónica o una mayéutica socrática sin diálogos. Y los diálogos son tanto un recurso retórico como dramático.
Los filósofos posteriores a la gran caída de los sistemas han convivido más con sus hermanos literatos. Pienso en Sartre y pienso en Savater.
Y, retomando el tema del recurso retórico, hay formas que se acercan a lo literario para enmarcar una disertación. Las “Confesiones” de San Agustín, la “Ética a Nicómaco” de Aristóteles, o el “Así habló Zaratustra” de Nietzsche son ejemplos de ello. Pero la voz de el santo que se confiesa, la ética escrita para el hijo, o los avatares de un profeta, no dejan de ser un marco, una puesta en escena, un pretexto para la exposición de un razonamiento, de una filosofía.
No lo sé de cierto, pero supongo que hay algo en la cabeza del filósofo que no lo hace muy apto para narrar. Y sin embargo a veces parece que todos los filósofos traen una novela dentro de sí mismos.
Una amiga escritora me dice que le da remordimiento escribir más crónicas que cuentos. Yo le digo que a mi me da remordimiento escribir más ensayos que crónicas. Ya ni que decir de una novela.
Esta reflexión no inicia aquí, con este texto. Siendo estrictos inicia con las otras disertaciones que he publicado sobre la escritura. Tampoco termina aquí, en estas líneas. Seguramente seguirá en las próximas semanas. (Qué tal si les anticipo el título de la continuación, para darle un toque más, como decirlo… dramático: “La filosofía del novelista“)
Y espero que algún día esta reflexión la pueda dar por terminada al escribir “fin” en la última página de la novela que, como todo filósofo, traigo dentro.
Microensayos relacionados:
En general todos los agrupados bajo el tema de la escritura y filosofía.
Los Malentendidos del Rating: El rating según Shakespeare
2002.09.3Medir es comparar una cosa con otra. Medir es comparar una cosa conocida con otra desconocida con el fin de conocer más esta última. Eso es todo. Si para ello se usan categorías aristotélicas, escala de valores de Scheller, análisis semiótico, escuela de Frankfort, yardas o boletos, eso es otra cosa.
¿Ustedes creen que Esquilo y Sófocles no tuvieron problemas con el rating? ¿Hubieran llegado las obras de Shakespeare hasta nuestros días si al ya legendario “Teatro de la Rosa” o “Teatro del Cisne” no hubieran asistido espectadores? ¿Hubiera Cervantes escrito la segunda parte de “El Quijote” si no se hubieran vendido tantos ejemplares de la primera parte?
La distancia entre Shakespeare y su público era otra. Shakespeare no vivió en la “aldea global”. Sus obras se presentaron en el Londres de finales del XVI, principios del XVII, que comparado con el tamaño y cantidad de habitantes de la ciudad de Cuernavaca hoy en día, la ciudad inglesa era una “aldea muy local”.
Sí, ya sé que es mucho mejor el ejemplo del artista incomprendido y que muere en la pobreza. Es más cómodo cuando se trata de explicar los fracasos de las llamadas empresas culturales o las pinturas que nadie quiere comprar pero pasaran a la historia. “Van Gogh vendió sólo una pintura en vida”, dicen. Yo he vendido dos fotografías en vida —no creo que venda más— y no por eso soy mejor que el pintor surrealista.
No, no creo en el rating post-mortem. Por eso prefiero a Shakespeare y Cervantes como ejemplos de artistas capaces de tener rating con calidad.
Los Malentendidos del Rating: El rating es un producto comercial igual a los micrófonos
2002.08.28Si, el rating es una medida comercial. Tan comercial como lo son los kilos o las pulgadas. Las unidades para medir peso o distancia no fueron inventadas por razones divinas, culturales, o artísticas. Su surgimiento responde a necesidades prácticas y comerciales.
Pero de ahí a decir “yo no uso el rating porque es una medida comercial” equivale a decir que no se usa el metro o los litros porque son medidas comerciales.
La unidad de medición no tiene la culpa del uso que se le quiera dar: comercial, cultural, artístico o divino.
No entiendo muy bien el desprecio que se tiene por lo comercial. Y sin embargo es una constante en conferencias y pláticas en universidades e instituciones públicas. Si la empresa o empresas que miden audiencias ganan dinero haciendo lo que hacen, no me queda claro que tiene que ver con la validez del rating. Las empresas que fabrican micrófonos, cintas magnetofónicas, antenas y cables también son comerciales y no he escuchado quejas por eso.
Hay, según me dicen los expertos, micrófonos buenos y malos . Incluso hay algunos que llegan a la excelencia. Y a eso hay que agregarle que algunos valen lo que cuestan y otros no.
Lo mismo es con el rating.
Los Malentendidos del Rating: No medimos rating, medimos audiencia
2002.08.27Decir que el rating se mide es como decir que medimos centímetros. Y no, no medimos centímetros porque ya sabemos cuanto miden: un centímetro mide… un centímetro. Los centímetros sirven para medir distancias. El rating sirve para medir audiencia. De modo que nuestra área de estudio es la medición de audiencia, no la medición de rating, y forma parte de la investigación de mercados, que a su vez forma parte de la investigación a secas.
Claro, para fines del habla coloquial podemos decir que vamos a medir los centímetros o vamos a medir el rating. Pero en lo profesional, lo académico, y en áreas de investigación digámoslo completo: medición de audiencia.
Si intentan, por ejemplo, hacer una búsqueda en Internet con la palabra “rating”, obtendrán diversos resultados relacionados con el rating o clasificación de los programas de televisión y películas en los Estados Unidos. Pero este rating se refiere a si el film es (A) para todo público, o (B) para adolescentes y adultos, o es (C) sólo para adultos, o de plano es (E) “El Crimen del Padre Amaro“. Para obtener resultados más exactos busquemos en Internet, bibliotecas y librerías “audience measurement” o medición de audiencia.
Cuando hablamos de medir audiencia lo único que queremos decir es que necesitamos contar la cantidad de personas que compran nuestro libro, nuestro periódico, entran a ver nuestra obra de teatro o visitan nuestra página web.
En radio, televisión e Internet esto no es fácil porque no hay manera de llevar un control directo sobre el radioescucha, televidente o cibernauta. Por eso se recurre a las encuestas.
Por lo tanto, decir que no nos importa el rating equivale a decir que no nos importa la cantidad de personas que escuchan un programa de radio. Y decir esto último equivale a decir que no nos importa la cantidad de personas que compran un periódico o asisten a una obra de teatro.
“El espectáculo debe continuar, aún si hay un sólo asistente al teatro“, nos dicen. Y estoy de acuerdo, siempre y cuando hablemos de una función. Pero si el teatro sigue vació durante tres semanas hay que pensar en cambiar de estrategia o de obra de teatro.
Los Malentendidos del Rating: Prólogo
2002.08.26Les adelanto en exclusiva el texto que leeré en el Simposium Internacional “La Radio Educativa y Cultural en la Transición: Valores, Limitantes y Potencialidades”, de la Red Nacional de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales el próximo 26 de septiembre en Cuernavaca, Morelos, en la mesa redonda: “La radio pública frente a la desmitificación del rating”. Está dividido en 10 pequeñas partes y fue escrito, evidentemente, para ser leído en público.
En una vieja historieta de Snoopy podemos ver a Charlie Brown o Carlitos —que es el equivalente a Mafalda, pero gringo— hablándole a su equipo de beisbol al final de la temporada. Él está leyéndoles las poco alentadoras estadísticas del equipo, como por ejemplo: “carreras nuestras: 12, carreras de los oponentes: 125”. Al final de su discurso Carlitos les cuestiona en voz alta: “¿Y qué vamos a hacer al respecto?” a lo que el equipo contesta al unísono: “Conseguir un nuevo estadístico“.
Lo mismo sucede cuando un programa de radio o televisión tiene bajo rating. La culpa la tiene el que mide el rating, nunca el equipo de producción, los programadores, la estación de radio o el canal de televisión.
En parte porque no soy propiamente un estadístico y en parte porque no quiero correr la suerte de Charlie Brown con su equipo de beisbol, hoy no pienso usar números. El objetivo esencial de esta plática es intentar aclarar algunos malentendidos. Eso es todo. Algunos de ellos son muy comunes. Otros no tanto. Algunos son metodológicos, otros de lenguaje. Unos son indiscutibles, otros son polémicos. Podrían ser más. Tal vez sobren algunos. Como suele decirse, ni están todos los que son ni son todos los que están.
Sólo una aclaración. Yo no mido audiencia, yo no soy proveedor de rating. Soy un investigador y asesor de los mismos. Igual que Charlie Brown, mi trabajo consiste en entender los números y exponerlos al equipo para buscar soluciones. Desde el mismo puesto que tiene este personaje de la historieta de Charles M. Schulz, expongo.
La excepción de la regla.
2002.08.20Esta regla no tiene excepción. Es la excepción a la regla de excepciones.
El traje nuevo del emperador: ¿cuento o falacia?
2002.08.15El cuento “El traje nuevo del emperador” de Hans Christian Andersen ha sido explotado como alegoría política hasta el cansancio. Representa a la autoridad necia y estúpida; al pueblo, gente o sociedad que se deja llevar por lo que dicen los demás; a los políticos, burócratas o líderes que prefieren sostener una mentira antes de ser considerados tontos; a una combinación cruzada entre los sujetos y predicados de los enunciados anteriores.
Su uso como metáfora es sumamente eficaz para exponer una idea (todos conocen la historia), desacreditar a los interlocutores (son idiotas porque ven un traje donde no lo hay), y revelar la gran mentira: el traje nuevo del emperador no existe.
Pero, ¿no será que nos precipitamos en la retórica del discurso sin poner mayor atención al traje nuevo del emperador? ¿Y si Andersen nos ha engañado a todos y el traje realmente existe?
Lamento que un cuento tan bello sea usado de manera tan impune. En la historia original, a todos les da pena admitir que son estúpidos, por eso mienten. La mentira se vuelve colectiva por el efecto “de boca en boca” –como virus en la jerga de la memética– hasta que nadie quiere admitir que no ve la tela mágica. Ganan los sastres estafadores, que por otra parte no querían demostrar nada, sólo buscaban ganar dinero.
Me parece percibir una trampa en la lectura del texto y a la cual le corresponde una trampa equivalente cuando se usa el cuento en el discurso mediático.
“El traje nuevo del emperador” está escrito desde una mirada omnipresente y omnisapiente. El escritor lo ve todo y lo sabe todo. El lector se vuelve cómplice de ello. El lector, en cuanto se da cuenta del engaño, piensa, junto con el narrador, “¡qué estúpidos son todos!”. “¡No se dan cuenta que no existe tal tela!”. Esto es fácil para el lector porque conoce toda la historia.
Si en lugar de una narración tradicional leyéramos la misma historia desde el punto de vista de alguno de los personajes, conociéramos su vida y razones, y nos identificáramos con él antes de llegar al episodio en donde tiene que dar su opinión sobre el traje nuevo de su majestad, tal vez no pensáramos lo mismo. Es más, al final de la historia tal vez nosotros mismos nos sentiríamos idiotas. Reconocimiento imposible bajo la pluma del escritor danés.
En la retórica del discurso, el expositor usa la metáfora del cuento. Dice, sin dar mayor explicación, que hay algo que la mayoría ha tomado como una verdad y en realidad es mentira. Que si ha sucedido de ese modo es porque los estúpidos no quieren aceptar la verdad. Sólo los inteligentes se atreven a decir que el emperador no trae puesto nada encima.
A estas alturas el expositor ya se ha valido de dos falacias. Por un lado, distrae nuestra atención con aquello de “tonto el que no entienda”, para no dar razones, argumentos o pruebas de la mencionada inexistencia del traje nuevo. No debemos cuestionar esto porque no queremos parecer tontos, ¿verdad? Y por otra parte, el expositor se ha calificado a sí mismo como inteligente porque él si es capaz de ver desnudo al emperador.
De modo que ya son varias las verdades que tenemos que dar por ciertas: el que usa la “metáfora Andersen” es inteligente; el nuevo traje no existe; todos los que digan que sí lo ven, son tontos.
En el cuento, lo que he llamado trampa, es un recurso literario. La retórica del discurso es eso, literaria.
Al usar el cuento como metáfora o alegoría de un hecho político-social, lo que era recurso literario se vuelve una trampa sofística. Es una vil falacia. La retórica de este discurso es política.
Como lector del cuento debería preguntar: ¿y cómo sabe el tal Andersen eso del traje? ¿Estará el autor diciendo la verdad? ¿No será que el estafador es él? ¿No será que me quiere hacer tonto diciéndome que si no estoy de acuerdo con él soy estúpido? ¿Dónde puedo conseguir más datos? ¿Puedo consultar los periódicos de la época en la hemeroteca? ¿Los estafadores mencionados tienen antecedentes? ¿Se envió una muestra de tela al laboratorio?
¡Claro que no acostumbro hacer esas preguntas! Porque es un cuento. Me amargaría la vida si hiciera eso con todos los cuentos que leo.
Pero como lector de un discurso político, noticioso, periodístico o mediático en general si tengo que hacerme esas preguntas. Esos no son cuentos.
La próxima vez que alguien les diga que “tal cosa”, “tal decir”, “fulano de tal”, es como el traje nuevo del emperador, piénsenlo dos veces: tal vez si hay traje y los tontos son los que le creen al que cuenta el cuento.
Referencias:
El traje nuevo del emperador de Hans Christian Andersen - Lo pueden leer en línea. Hay varias versiones por ahí. Creo que esta es la mejor y corresponde a elaleph.com. No se vale recordarlo de alguna lectura en primera infancia. Hay que releerlo.
Artículos relacionados:
De francotiradores, pizarrones y viajes: ¿falta mucho para llegar?
Filosofía aplicada, segunda parte
2002.08.12Cuando decimos “filosofía aplicada” lo decimos en el sentido que se dice “matemáticas aplicadas“. Ni las matemáticas ni la filosofía tienen una aplicación práctica, no son útiles por sí mismas. Pero no porque no puedan serlo, sino porque no es ese su objetivo.
La metáfora clásica para esto son los juegos como el ajedrez o el go. No tienen utilidad práctica, no representan nada, su objetivo no es resolver un problema concreto, real, o fuera del tablero. Sin embargo, muchos han encontrado que la práctica de estos juegos de estrategia (estrategia simulada y controlada) ayudan a desarrollar ciertas capacidades útiles en otros ámbitos más allá de la superficie cuadriculada. O bien, sirven como modelos para explicar fenómenos ajenos a ellos.
A eso nos referimos con “filosofía aplicada”. La filosofía es un auxiliar en el desarrollo del pensamiento razonado, inteligente, y radical, aún cuando lo que piensa no sirva para nada. Además, algunos de sus modelos, de sus descripciones, de sus hipótesis, de sus planteamientos, son excelentes catalizadores para resolver ciertos problemas del mundo técnico, tecnológico, o en general, de problemas que escapan a una clasificación evidente.
Pensar filosóficamente es pensar con las cabeza abierta. Es esforzarse por abrir puertas ahí donde no hay más que paredes.
Veamos. La pregunta de la filosofía, la pregunta griega, la pregunta socrática es “¿qué es… ?” Pero no es un “qué es” que se conforma con la primera respuesta. (Ni con la última, según veremos.) Se reformula, se encadenan preguntas, nada puede ser obvio. De hecho, la primer respuesta sirve de pretexto para abrir opciones, analizar, dividir, clasificar, buscar excepciones, alternativas.
La filosofía no es una pregunta que se va esclareciendo por tanteos sucesivos hasta quedar finalmente contestada en la conclusión de la obra emprendida, sino una conclusión esencial de la que se parte y que en el desarrollo de sus múltiples implicaciones y problemas se va haciendo más y más compleja hasta que la conclusión misma, sin dejar de serlo, se convierte en la última y definitiva cuestión. (Fernando Savater, “Invitación a la Ética“)
No hay pregunta ingenua, no hay pregunta obvia. Y preguntar no sirve de nada ni es útil. Al menos de la manera en que la filosofía problematiza y complica las cosas.
(Mientras se la pasaban haciendo preguntas y preguntas, tres generaciones de filósofos -Sócrates, Platón, Aristóteles- y dos generaciones de discípulos -Liceo, Academia- dieron forma, sin proponérselo, a las ciencias occidentales modernas. Por ello se dice que la filosofía es la “madre de todas las ciencias”. No es que le guste parir ni lo que previamente ello implica, sino que sus preguntas abren constantemente nuevos campos de estudio.)
La filosofía es el arte de hacer preguntas. No promete ni se compromete a dar respuestas. Al menos ninguna respuesta definitiva. Eso sí, se ufana justificadamente de tener la facultad para plantear más y mejores preguntas. De buscar y generar nuevos significados.
¿Para qué? La filosofía no se preocupa mucho del para qué. De ese para qué pragmático, al menos. Ahora bien, en algún momento a alguien le puede ser de utilidad el saber preguntar. No porque ese alguien no tenga preguntas (me imagino un letrero afuera de un negocio: “se solicitan preguntas”) sino porque con las que tiene no le alcanzan para llegar a las respuestas (el letrero entonces debería decir: “se requiere personal para mejoramiento de preguntas”).
A diferencia de otros, al filósofo se le necesita no para que nos diga lo que sabe, sino porque es un experto en no saber. Bueno, específicamente, es un experto en saber que no sabe.
En el mundo real, en la práctica, en la empresa, el taller o el negocio, no se puede pensar filosóficamente, de lo contrario nunca se haría nada. El ejecutivo, empresario o ama de casa se la pasaría pensando antes de lanzarse a la acción. Cuando la obra o proyecto que se emprende cuenta con un manual, se ha realizado con anterioridad y de manera exitosa, o es simple rutina, no hay mucho que decir. No hay mucho que preguntar. El pensamiento filosófico es ideal para obras o proyectos en áreas nuevas. Ahí donde antes de actuar hay que empezar a definir, a preguntarse “¿qué es… ?”
O bien, ya avanzados en la obra o proyecto, surge un problema nuevo, algo no determinado con anterioridad. De alguna manera eso que parecía obvio (porque se hace diario, porque nadie se detuvo a cuestionarlo) no lo es tanto y empieza a generar conflictos. Es tiempo de redefinir conceptualmente el proyecto desde un principio, dejar de pensarlo todo y pensar por partes. Pensar filosóficamente.
Por eso comparamos a la filosofía con las matemáticas: solicitamos su ayuda cuando nos encontramos con la incógnita de la ecuación.
Textos relacionados:
Filosofía aplicada, primera parte.
San Juan: un socrático en Tierra Santa.
Filósofos premiados: lo que Diógenes no aceptó.
Y no dejen de revisar la sección de filosofía.
El todo
2002.08.8Siempre hay un riesgo en tratarlo todo como un todo.
Todo lo que podamos decir del todo es una falacia. Hay algo que no es posible incluir dentro de ese gran conjunto. O por lo menos, existen elementos del conjunto que aparecen cercanos a los bordes. A veces incluso en el borde mismo.
Mientras nos mantenemos en el nivel de las categorías, divisiones, clases, especies, grupos, áreas, no hay problema. En tanto haya una categoría junto a la que intentamos definir, siempre existirá la posibilidad de enviar las excepciones al vecindario de al lado.
El conflicto viene cuando queremos crear una categoría de categorías. O una categoría incategorizable porque se contiene a sí misma. Esto no es posible. No hay tal.
En la teoría de conjuntos (esa que es fácil de recordar por aquello de los diagramitas de Venn), los conjuntos están representados por círculos. Mientras nos movemos en ese nivel de abstracción-representación, no hay mucho conflicto: las reglas se aplican y podemos jugar perfectamente con ellas.
Pero mucho cuidado si alguien pregunta ¿y a qué conjunto pertenecen todos los conjuntos? (Los niños y niñas son geniales para esto: ¿y a qué conjunto pertenece el conjunto al que pertenecen todos los conjuntos? Y así ad infinitum.)
Para resolver esto, se estableció el concepto de “universo”. Nótese la carga metafísica en la designación de la palabra. Ya lo decía Roland Barthes en “El grado cero de la escritura“:
el lenguaje nunca es inocente: las palabras tienen una memoria segunda que se prolonga misteriosamente en medio de las significaciones nuevas.
Para representar el universo en el sistema de los diagramas de Venn, se utiliza un rectángulo que normalmente intenta abarcar toda la superficie de representación, o dicho de otro modo, el dispositivo de representación. Pizarrón o pintarrón, rotafolio, cuaderno, libro, etc.
Pero no deja de ser la simple representación de un concepto abstracto, de una entidad matemática. El uso de la palabra “universo” no puede ser tomada literalmente. Es un eufemismo para no decir “conjunto de conjuntos” o “todos los conjuntos”. Los matemáticos lo usan para que los niños dejen de hacer preguntas.
(¿Qué le dijo el filósofo al todo? Vamos por partes. Perdón, un mal chiste.)
Así que cuidado con el todo. No nos sirve. Necesitamos distinguir cada uno de los elementos, crear categorías, clasificar, fragmentar, dispersar, constituir series y series de series, descontinuar, describir, volver a describir, deconstruir, singularizar, diferenciar…
En cuanto alguna de esas categorías se nos presente como totalitaria, hay que volver a desensamblarla. Lo conjuntos no deben permanecer mucho tiempo sin subconjuntos. Es como la física cuántica que no deja de descubrir partículas cada vez más pequeñas. (El niño, la niña, preguntan: ¿y de que están hechas las partículas indivisibles?) Las nuevas unidades deben ser desunificadas.
Sería muy fácil decir que esto debe aplicarse a todo, pero esta idea habrá que desmenuzarla un poco más.
Bits con olor a viejo
2002.08.7Quienes escribimos, coleccionamos, o de algún modo llevamos registro de nuestras actividades, podemos dividir nuestra vida en etapas de acuerdo a la interfaz o dispositivo que usamos para mantener nuestros registros.
Los aficionados a tomar fotos al menor pretexto, por ejemplo, pueden separar las distintas etapas de su vida cada que cambian el rollo de película de su cámara, permutan de álbum fotográfico porque el que estaban usando ya se llenó, o compran una nueva cámara con un formato de fotos diferente.
Las etapas de un coleccionista son reconocibles por el uso de cajas diferentes, nuevas repisas o vitrinas, la compra de un baúl más grande…
¿Y los que escribimos? Un cambio de cuaderno, diario o libro de anotaciones es determinante para empezar a ver el mundo distinto. Hay quienes incluso preferimos cambiar de formato, color o tamaño para acentuar la mudanza. O bien, como he hecho gran parte de mi vida, nos refugiamos en las hojas sueltas. Si son dados a reciclar, este último recurso es económico y ecológico en la era de las impresoras láser y de inyección de tinta, los errores al imprimir, y el desperdicio de documentación en la oficina y los cursos de capacitación.
También depende de lo que vayamos a escribir en una etapa determinada. Un diario de viaje sería imposible en hojas sueltas. Para acompañar el texto de dibujos o bocetos, la textura del papel cobra vital importancia.
Estoy escribiendo esto en la primera “página” de mi segundo diario personal y de escritura en lo que va del año. Y le he puesto unas comillas a eso de “página” debido a que los diarios a los que me refiero no los escribo ya en papel. De hecho, no tienen propiamente páginas. Son archivos de texto digitales salidos de un procesador de textos. Ustedes están leyendo la versión ya publicada.
(Para los curiosos escribo en formato de texto simple. Llevo años de hacerlo así. He probado varias cosas: un archivo para cada anotación, o uno por día, o por tema, etc. La clasificación se la dejaba a las carpetas. La corrección, edición, y publicación las hago en herramientas más adecuadas para ello. Actualmente uso un programa que me permite tener todas las notas sueltas en un solo archivo. Un “outliner“, pues.)
Abrí un nuevo archivo de texto para el diario debido a que el anterior ya estaba un poco grande y era un poco lento para abrir.
Bueno, no muy lento, pero de esa manera aprovecho para hacer un respaldo general, imprimir el archivo completo para leerlo con calma, empezar de nuevo…
Bueno, lo acepto, la verdad es que cambiar de archivo es como cambiar de cuaderno. Siento como si hubiera “llenado las hojas” del anterior y ahora estoy listo para enfrentar el abismo de “decenas de hojas” en blanco…
¡Para soportar una carga de nostalgia has ido tan lejos! ¡Con la bodega llena de añoranzas vuelves de tus expediciones!
Si, es cierto. Tal vez sea mera nostalgia. Pero es que cuando reviso los cuadernos viejos hasta la caligrafía cambia entre ellos, sin mencionar el color de la tinta, el tipo de pluma (bolígrafo, estilógrafo, fuente), o el olor a viejo del papel.
¿Será visible algún día la pátina entre estas páginas, entre estos que no son sino simples unos y ceros?
Referencias:
Las palabras citadas son dichas por Kublai Kan a Marco Polo cuando lo acusa de describir en sus relatos, siempre y de manera velada, a su ciudad natal, Venecia. En “Las Ciudades Invisibles” de Italo Calvino.
Las ballenas no escriben (ni necesitan de Internet)
2002.08.5Las ballenas no escriben. Son, junto con los hombres y los delfines, los seres más inteligentes sobre el planeta Tierra. ¿Cómo pueden vivir sin escritura? ¿La necesitan? ¿Se están perdiendo de algo? ¿Qué diferencias hay en su vida cotidiana comparándola con la del ser humano? ¿Cómo sería el ser humano sin escritura? ¿Llevaría una vida parecida a la de las ballenas? ¿Pueden las ballenas enseñarnos algo de la vida sin escritura?
Ante la falta de escritura el ser humano ha recurrido a la tradición oral. Ya sea tanto en la prehistoria (pre-escritura) como en la época actual. En la tradición oral se confía el resguardo de la memoria de hombres y mujeres, de pueblos y culturas. Hay varias formas. Se me ocurren por el momento dos.
La primera es teatral. El conocimiento se transmite de generación en generación a través de cantos, odas, baladas, poemas. El principio es muy sencillo: la métrica, el ritmo y la música ayudan a recordar. Su espacio es la fiesta, la plaza, el teatro, el rito colectivo.
La segunda forma es lírica. Su paradigma es la relación maestro-discípulo, pero hay otras. Padre e hijo, madre e hija, artesano-aprendiz, etc. El conocimiento se transmite de primera mano. O, mejor dicho, de primera voz. En el taller, en la práctica, en la repetición, con observaciones y correcciones, etc.
Ante la falta de escritura las ballenas han recurrido a la tradición oral. Siendo el único recurso para mantener la memoria de la especie, las formas que esta tradición oral ha tomado son sumamente complejas.
Las ballenas cantan. No. Más que un canto, interpretan sinfonías. Piezas musicales con múltiples registros, temas, variaciones y estructuras. De ese modo se comunican entre sí. De ese modo se conservan los secretos más guardados bajo la profundidad del océano.
Se han descubierto patrones comunes entre el canto de distintas ballenas, manadas, e incluso, entre generaciones de ellas.
Quiero pensar que la madre ballena le canta a su ballenato la canción de cuna que alguna vez le cantaron a ella. Que a veces varias ballenas se reúnen e improvisan composiciones a ritmo de jazz sobre algunos temas clásicos. O que existe una oda para describir el viaje hacia el sur por el Pacífico cuando el invierno llega a Alaska. Tal vez, en las noches de viaje, las ballenas de mayor edad le cuentan a las jóvenes la leyenda sobre los seres, aparentemente inteligentes y con cierto gusto por la música, que habitan en la extensa superficie de la tierra, al otro lado de la orilla de la playa.
El sonido se transmite mucho mejor en el agua. Es posible “escuchar” el canto de una ballena que se encuentra a cientos de kilómetros de distancia. Una manada escucha una tonada proveniente de muy lejos y la replica para hacerla llegar todavía más lejos. Cada ballena, cada manada, es a la vez emisora, receptora y transmisora de toda la información contenida en ese canto. El mar está lleno de pequeñas vibraciones con su sabiduría.
Las ballenas, por lo tanto, no necesitan Internet.
Tal vez si tenemos mucho que aprender de las ballenas. Y además, tal vez somos los seres humanos los que nos estamos perdiendo de algo.
Artículos relacionados:
La web existía antes de Internet.
Pasos de paloma: una vieja manera de hacer viajar al pensamiento .
Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel?
La escritura que piensa (divagación preliminar e inconclusa).
San Juan: un socrático en Tierra Santa
2002.08.1Wittgenstein nos dice que “un problema filosófico se formula diciendo: no conozco el camino“. Esto, por simple que parezca, requiere de darse cuenta que hay un problema, un camino para seguir, y lo más importante, humildad para reconocer que sólo sabemos que no sabemos nada.
El Evangelio según San Juan es calificado por los especialistas como “el evangelio filosófico”. Hay varias razones para eso.
El manuscrito original está escrito en griego antiguo. Entendamos por original el manuscrito más viejo que existe y en el cual se basan las traducciones católico-romanas. No es el único libro bíblico que se encuentra en esa lengua. Sin embargo, éste en particular, dicen los exegetas, parece haber sido redactado por el mismísimo San Juan en el griego del Liceo o la Academia. Se reconoce en este apóstol a un joven letrado y religioso, a diferencia de los apóstoles “pescadores”. Dedicó prácticamente toda su vida a escribirlo, antes de que sus discípulos lo dieran a conocer. Es un trabajo sumamente cuidado y revisado.
Pero vayamos al texto. En la mayoría de las ediciones en español con el sello de imprimatur o nihil obstat, se puede leer en el primer versículo:
En el principio era el Verbo, y Dios estaba con el Verbo, y el Verbo era Dios.
En algunas otras traducciones se usa, en lugar de “Verbo”, la Palabra. Es decir:
En el principio era la Palabra, y Dios estaba con la Palabra, y la Palabra era Dios.
El mismo recurso utilizan en el idioma inglés (In the beginning was the Word…), especialmente en las traducciones luteranas y protestantes.
Pues bien, resulta que en el original escrito en griego se usa “logos“. En cierto sentido, logos es palabra, razón, estudio, etc. Pero igualmente es uno de los conceptos clave en Aristóteles (recordemos la Lógica), en Platón, e incluso los presocráticos. El más claro en esto es Heráclito:
La sabiduría es una sola: conocer la razón [logos], por la cual todas las cosas son dirigidas por todas.
Esto ya suena interesante. ¿Será el mismo logos? ¿San Juan está haciendo una interpretación griega del Cristo? ¿Es una mera marca de su estilo literario? ¿Estamos sobre interpretando? ¿Es esto suficiente para considerarlo el “evangelio filosófico”?
Para muchos, la escena clave de este evangelio (para Nietzsche lo es de toda la Biblia) es el encuentro de Jesús de Nazaret con Poncio Pilato. Recordemos que no estamos ante un escritor bíblico convencional. Aquí el autor pone en juego todos sus recursos para exponer la colisión de dos mundos.
En esta escena, la cultura judeo-cristina está representada por el Jesús, y el pensamiento griego-romano por Pilato. San Juan se atreve a recuperar el poder del diálogo como forma de exposición filosófica por excelencia (recordemos a Platón) para poner, frente a frente, a dos pilares simbólicos de la cultura occidental.
PILATO: ¿Eres tú el rey de los judíos?
JESÚS: ¿Es tuya esa pregunta o la repites de otros?
PILATO: ¿Acaso soy judío? Te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
JESÚS: Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mi guardia me hubiera defendido. Pero mi reino no es de acá.
PILATO: ¿Entonces eres rey?
JESÚS: Tu lo dices: yo soy rey. Vine al mundo a entregar la verdad a los hombres.
PILATO: ¿Y qué es la verdad?
No hay respuesta. Pilato hace mutis.
Nadie sabe la razón de que esa pregunta se quede sin contestar en el texto del apóstol. Interpretaciones hay muchas: Pilato no espera una respuesta y se va antes; el ya casi Cristo prefiere guardar silencio a oídos sordos; el Nazareno no se esperaba la pregunta y se da cuenta que no sabe la respuesta (esta última interpretación es de Nietzsche, por supuesto); etcétera.
De lo que casi podemos estar seguros es de que San Juan deja la pregunta sin respuesta a propósito. También podríamos hacer interpretaciones al respecto de ese propósito, pero para lo que nos ocupa no es necesario. El hecho de que un personaje (histórico o literario, recurso retórico del autor o su pensamiento mismo) en este evangelio diga que no conoce el camino, nos habla ya de la formulación de un problema filosófico.
El silencio que viene después de la pregunta es un signo de humildad y sabiduría: San Juan sólo sabe que no sabe nada.
Microensayos relacionados:
Filosofía aplicada.
El paraguas olvidado de Nietzsche.Otros sitios
Actualización: Hernán J. González en Fotos del Apocalipsis comenta este artículo y objeta parte de él. Pueden leerlo aquí.
En Las preguntas de Pilato contesto a las objeciones de Hernán J. González.
Ulises Carrión: El nuevo arte de publicar textos
2002.07.29Dedicado a todos los que escriben una bitácora o weblog y en las últimas semanas se han dedicado personalmente a su rediseño, migración, evolución o reestructuración.
Supe de él hasta hace muy poco. El Museo de Arte Carrillo Gil está exponiendo una retrospectiva de su trabajo aquí en la Ciudad de México, y la cual me recomendó muchísimo Miriam Mabel Martínez. Lo cual le agradezco. Por el desafortunado título, “Ulises Carrión: ¿mundos personales o estrategias culturales?”, difícilmente hubiera ido por voluntad propia.
Hay mucho que decir de este filósofo, escritor, performancero, videoasta, y artista plástico. Ya iremos comentando varias de sus facetas.
Para empezar leamos “El Nuevo Arte de Hacer Libros” (The New Art of making Books, 1975). Particularmente hoy comentaré la primera parte: “Lo que es un libro” (What a book is). Este texto va directo a la raíz misma de la reflexión sobre la escritura y sus formas, el autor y el lector, el lenguaje y la literatura. El estilo es aforístico. La aproximación es, en el mejor sentido de la palabra, fenomenológica. La lógica que encierra la exposición de sus ideas me recuerdan los “Pensamientos” de Pascal o los “Elementos” de Euclides. El tono de manifiesto destaca una pasión por sus razonamientos. Su léxico revela una lectura profunda de Saussure. La claridad de sus ideas se adelantan históricamente a lo que sus conclusiones parecen anticipar: la literatura digital.
Inicia con algunos axiomas. Como todos los axiomas, parecen obvios, pero iluminan el panorama:
Un escritor, contrariamente a la opinión popular, no escribe libros.
Un escritor escribe textos.
Y después, va entretejiendo los postulados que me hacen pensar en la era post-Gutemberg:
En el viejo arte el escritor no se juzga a sí mismo como responsable del libro verdadero. Él escribe el texto. El resto es hecho por los criados, los artesanos, los trabajadores, los otros.
En el nuevo arte escribir un texto es solamente el primer eslabón en la cadena que va del escritor al lector. En el nuevo arte el escritor asume la responsabilidad del proceso entero.
La conclusión debería ser como un balde de agua fría sobre la cabeza de quienes escribimos:
En el viejo arte el escritor escribe los textos.
En el nuevo arte el escritor hace los libros.
Sólo cambien la palabra libros por “una secuencia de espacios”, como Carrión mismo lo define, y ¡eureka!, estamos en la web.
Este texto de Ulises Carrión me ha estimulado y animado tremendamente después de una semana de dedicarle tanto tiempo a los aspectos técnicos para la publicación de este sitio. Considerando que en la mayoría de las bitácoras o weblogs el responsable de los textos es el mismo responsable de la manera en que llegan al lector, supongo que Carrión estaría de acuerdo en que formamos parte del Nuevo Arte de Hacer Libros.
Espero que los estimule y anime a ustedes también.
Referencias:
“The New Art of Making Books” por Ulises Carrión - Texto originalmente escrito y publicado en inglés. La traducción de los párrafos citados arriba es mía. Hay dos versiones publicadas en la web. La del Center for Book Arts (aquí) y la del Artpool (aquí). Adicionalmente puden leer, con las reservas del caso, la traducción vía Google.
Les recomiendo los cuentos de Miriam Mabel Martínez publicados en Ficticia. Si alguien sabe del arte escribir es ella. Se va tres meses al Writer’s Room en Nueva York. ¡Suerte Miriam!
Museo Arte Carrillo Gil - Desafortunadamente el sitio web deja mucho que desear. Requiere de mínimos técnicos en PC y plug-in en navegador aunque nada más contiene un par de cuartillas describiendo la exposición citada. Si viven en México o piensan visitarnos antes del 6 de octubre vale la pena que asistan a la exposición en el museo. Esa si vale la pena.
Textos relacionados:
Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel?
Weblogs: entre el qué y el cuáles.
Libro vs eBook.
Derechos de autor en la era post-Gutenberg.
Democracia, medios e Internet.
Weblogs: Escribir la red.
Lectura vertical: Remedio contra el exceso de información
2002.07.17¿Existe algún remedio contra el exceso de información?
Vamos por partes. De entrada, a veces me pregunto por qué no podríamos vivir día a día sin tanta información proveniente de diversas fuentes elegidas por nosotros: radio, periódico, libros, revistas, televisión, correo, correo electrónico, noticiarios web, webitácoras, listas de correo, periódicos en línea, etcétera, etcétera. Aquellas personas que por voluntad propia o por seguir el calendario toman vacaciones en el verano suelen “desconectarse” del mundo y darse cuenta de que no pasa nada si lo hacen.
Veamos un caso. En cuanto a los libros, por ejemplo, me he ido quedando con una selección no muy grande de ellos, lista para cualquier mudanza, y que ocupan las repisas más cercanas a mi lugar de trabajo. En esa selección ecléctica y desordenada hay desde novelas hasta diccionarios de informática, pasando por reflexiones sobre cine o administración de empresas. La mayoría de las veces termino releyendo material de esa selección en lugar de leer nuevos textos recién comprados.
¿No encontraban los antiguos –y no tan antiguos– en unos cuantos libros (Biblia, Aristóteles, Don Quijote, etc.), si bien no una respuesta a todas sus preguntas , por lo menos siempre una referencia a ellas? ¿Realmente estos libros cuentan con una referencia a todo?
¿Existe algo más valioso que la información? Si, la lectura. La lectura es un concepto que presupone a la información pero es mucho más que información. La información es estática. No es más que la materia prima. La lectura, por otra parte, es un proceso. Está en movimiento. Si bien la lectura implica información, la supera. La lectura requiere del pensamiento en distintos niveles o rutas.
Primeramente el pensamiento decodifica la información, pero no sólo eso, también la interpreta, la entiende, pero sobre todo, la aprehende. El pensamiento, a través de la lectura, hace suya la información. La lectura nos deja con una idea en la cabeza que a su vez podemos volver a leer (porque ya es nuestra).
La relectura aquí toma otro sentido. Releemos para volver a pensar. Nos damos cuenta que la información, si bien indispensable, sólo es un pretexto para pensar. Sí, un vil pretexto. Lo importante no es la información que originalmente estuvo ante nuestros ojos sino el ejercicio de nuestro pensamiento que recrea y crea su propia información en nuestro cerebro. Releemos algo externo: novela, artículo, poesía; y releemos internamente: nuestras propias ideas generadas a partir de esa novela, artículo, poesía, etc.
Distingamos la lectura que simplemente escanea o explora superficialmente la información en la web o en los periódicos, y que yo llamaría una lectura horizontal, de la lectura que busca penetrar en cada concepto nuevo que adquiere la esencia de todas las cosas, y que yo llamaría la lectura vertical.
El remedio propuesto es, entonces, la lectura vertical: profundizar en la información y no extendernos en ella. Porque la lectura es un ejercicio del pensamiento. Es pensar con un guía. Y no hay malos libros, sino malos lectores.
Leer no para saber (adquirir información) sino leer para pensar (generar nuestra propia información).
¿Por dónde empezar? ¿Por dónde acabar? La lectura, igual que la escritura, es un laberinto que no necesariamente sabemos dónde empieza, dónde acaba, ni adónde nos lleva.
Caminemos, no corramos.
Textos relacionados:
Panegírico del instructivo o ¿Para qué servirá este botoncito?
Releer: el séptimo mandamiento.
Leer la web: una investigación seria.
Del juego, la sintáctica: Góngora
2002.07.4“¿Y qué decir de Góngora?” –escribe Octavio Paz– “Poeta visual, no hay nada más plástico que sus imágenes; y, simultáneamente, nada menos hecho para los ojos: hay luces que ciegan.” Y se me antoja citar un par de versos del cordobés:
En el cristal de tu divina mano
de Amor bebí el dulcísimo veneno…
Y nos podríamos seguir. Sin embargo, hoy quiero destacar las virtudes sintácticas de Luis de Góngora y Argote. Dicen que le gustaba jugar y apostar a las cartas. Seguro jugaba con las palabras. O mejor dicho, con los sintagmas o unidades elementales de la oración.
No soy un experto en el tema. Si acaso un aficionado al juego, al juego de la sintáctica (que imagino tendrá que ver con la estrategia). Recomiendo para avanzados y novicios un ejercicio interactivo en línea creado por Juan Ramón Arana sobre el soneto “Mientras por competir con tu cabello“. Es sencillo, sintético, no toma mucho tiempo, y no requiere Flash o navegador web último modelo.
Con la lectura de algunos poemas de Góngora y la práctica de los ejercicios propuestos por Juan Ramón Arana, me he dedicado a jugar con las posibilidades combinatorias de un par de oraciones. Por ejemplo, el epígrafe que aparece en la parte superior de las páginas de este sitio:
Con rayos láser y pixeles se escriben los mitos del nuevo milenio.
De entrada hay que aclarar algunas cosas. El aforismo original lo escribí hace algunos años, antes de que el siglo pasado terminara. Entonces se leía así:
Con rayos láser y pixeles se escriben los mitos del próximo milenio.
Como verán, lo he actualizado (en la jerga de sistemas digamos que más que un “upgrade” el aforismo simplemente requirió un “patch“). Además, en cierto modo ya está gongorizado. Una ordenación menos rebuscada (sujeto-verbo-predicado) sería:
Los mitos del nuevo milenio se escriben con rayos láser y pixeles
Finalmente, la palabra “pixeles”. En el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, aparece como “píxeles”. ¿Por qué lo escribo sin acento en la “i”? Hasta donde mi oído alcanza y amigos he escuchado, en México se pronuncia acentuado en la última sílaba. Supongo que es similar a otros anglicismos o americanismos que se pronuncian y, por lo tanto, se escriben diferente en España y México (desconozco todos los casos en Latinoamérica). Ahí está “fútbol” y “futbol”, “vídeo” y “video”, por citar algunos. Yo nací y vivo en México, por eso escribo “futbol”, “video”, y, en este caso, “pixeles”.
Regresando a la gongorización, ubico cuatro unidades intercambiables de orden en la oración mencionada:
(a) con rayos láser y pixeles
(b) se escriben
(c) los mitos
(d) del nuevo milenio
Ahora, a jugar con las posibilidades combinatorias: abcd, dcba, cdab, badc, en fin, a lápiz y papel:
Del nuevo milenio los mitos, se escriben con rayos láser y pixeles.
o
Los mitos del nuevo milenio, con rayos láser y pixeles se escriben.
o
Se escriben, con rayos láser y pixeles, del nuevo milenio los mitos.
Podríamos seguir hasta completar las 24 combinaciones posibles. Y por supuesto podemos estilizar un poco algunas de las variaciones:
Escríbense, con rayos láser y pixeles, del nuevo milenio los mitos.
o
¡Nuevo milenio!, los mitos se escriben con rayos láser y pixeles.
En fin, que en esto se le puede pasar a uno la vida. Desconozco si de Góngora sobreviven manuscritos y borradores. Me sería realmente interesante saber que tanto jugaba con las combinaciones sobre el papel (como Beethoven componía “bocetando” directamente en el piano) o escribía lo que le dictaba su cabeza (como Mozart escribiendo sus partituras “en limpio”). Supongo que tendremos que investigar más al respecto. De tarea tendré que buscar material de Dámaso Alonso.
Referencias:
Ejercicio interactivo sobre el soneto de Luis de Góngora “Mientras por competir con tu cabello” a cargo de Juan Ramón de Arana del Ursinus College en Pensilvania. (En español).
Sitio dedicado a Luis de Góngora alojado en la Universidad de Brown. Para leer su poesía. Muy completo y en español.
Real Academia Española - Si no conocen este sitio se están tardando.
El Arco y la Lira de Octavio Paz - La cita es de este libro, de la sección “Verso y Prosa“.
Microensayos relacionados:
Xrefer: La enciclopedia abierta.
Responsabilidad de los medios y amor a las palabras.
Barra de Letras: Contra los virus televisivos.
Panegírico del instructivo o ¿Para qué servirá este botoncito?
2002.07.1Sólo una persona de cada mil lee los instructivos de los aparatos que usa. Yo soy una de esas personas.
Creo fervientemente en el instructivo como una de las formas literarias más básicas y esenciales. Tanto por el rigor de su estructura y lo difícil de su manufactura, pero sobretodo porque en él se manifiesta el fundamento del medio: comunicar eficientemente. Es, además, una de las pocas literaturas que empuja directamente a la acción física y corporal del lector.
Por supuesto que se puede leer un instructivo sin tener enfrente el objeto al que hace referencia. Puede ser que ese objeto de referencia sea más bien un tema o una abstracción (La vida instrucciones de uso, Georges Perec) o tan cotidiano que lo tenemos claramente dibujado en la cabeza (cualquiera de los instructivos de Julio Cortázar: Instrucciones para subir una escalera, por ejemplo).
El instructivo o manual al que me refiero es el meramente utilitario, el que acompaña a la cámara fotográfica, impresora, video casetera, plancha, automóvil, reproductor de CD, walkman, aplicación de software, en fin, ustedes nómbrenlo.
Pocos discursos requieren para su cumplimiento eficaz –el rito de la lectura– del libro mismo como objeto y del objeto al que hace referencia el libro. En esta lectura las interrupciones son parte del proceso. Hay un vaivén de nuestra mirada entre las palabras que describen la cosa y la cosa en sí. Aquí no hay metafísica que valga. El referente no se ha ido, está frente a nosotros. Leemos los signos y leemos sus referentes.
Como en botica, hay de todo. No vamos a postular aquí un manual de estilo o a pretender establecer los cánones del género.
“¿Qué te gusta leer?” me han preguntado, como a todos, en más de una ocasión. “De todo”, les digo. “No puedo evitar leer folletos, boletines, trípticos, carteles, murales, espectaculares, graffiti… “, cualquier palabra está ahí para ser descifrada. La publicidad encuentra en mí un objetivo fácil. Sabe que por lo menos le daré una primera oportunidad de lectura. Si me quedo, si paso a la lectura profunda o atenta, depende ya de otras cosas. Lo mismo es con los instructivos. Su texto, diseño, diagramas, están para ser leídos, revisados y seguidos paso a paso.
No niego el valor de la aventura arqueológica que puede ser descubrir y conocer un objeto sin antecedente o manual alguno. Insisto: hablo aquí de un instructivo utilitario, que me ahorre tiempo en lograr un uso adecuado de la máquina o artefacto que me interesa usar y disfrutar. Entiendo que también hay gustos y temperamentos en esto. Sin embargo, en mi muy personal punto de vista, la pregunta que pronuncia el ejecutante-sin-instructivo vaticinando horas de diversión, suspenso, pero también destrucción, es “¿para qué servirá este botoncito?”
Microensayos relacionados:
El analfabetismo del futuro.
El samurai y la máquina.
Si Abraham Lincoln hubiera tenido PowerPoint.Referencia sin referencia:
Antes de que alguien se ponga exigente con los números, debo aclarar que “uno de cada mil” es una mera expresión con licencia retórica. No tengo idea de la verdadera cifra, ni de si alguien ha hecho encuesta alguna sobre el tema.
La imagen mordió mi brazo (ejercicio de escritura)
2002.06.26La imagen mordió mi brazo y se metió por debajo de la piel como un escarabajo. Al principio solo sentía comezón en la epidermis y me rascaba, pero las células muertas y las palabras viejas caían como polvo al piso.
Después sentí que se movió, como queriendo recorrerme a través del mundo clandestino de mis entrañas. La sentía caminando por el estómago con sus patitas pequeñitas, casi arrastrándose. En mis intestinos se comió todas las groserías y malas palabras que me sabía. Las tenía guardadas en lo más profundo para que nadie me las quitara. Y ya ven, engordaron a la imagen.
Mientras excavaba mis piernas perdí al tiempo. Yo no lo sabía, pero en ellas radican los pasos y las secuencias. Sin tiempo, intentaba narrar una historia y no podía: decía primero el final y luego el título.
Lo peor fue cuando la imagen llegó al cerebro. Al principio, parecía perderse en ese laberinto de neuronas sin poder escapar. Pensé que tal vez ocuparía el lugar de un recuerdo efímero. Siendo así la hubiera borrado después con una esponja. Pero no. Buscó mis palabras más hermosas, mordisqueó el latín y los aforismos de Nietzsche. No dejó mayor cosa de Góngora. Revolvió significados y vomitó signos vacíos.
Me creí perdido cuando la imagen-escarabajo se aproximó a mis ojos. La sentí saborear mi humor vítreo y el acuoso. Carcomer mi pupila, conos y bastones. No dejó nada. Si hubiera tenido con que pensar, hubiera pensado que estaba yo muerto. Pero extrañamente empecé a ver todo con otros ojos. O mejor dicho, a través de los ojos de esta imagen-escarabajo.
Mi cerebro tuvo que volver a aprender la gramática y el subjuntivo. Mis piernas gatearon otra vez para luego caminar. El tiempo regresó con ellas. Nuevas palabras crecieron junto a la flora intestinal.
Era otro. Cambió mi manera de ver el mundo y empecé a conocer el universo desde cero.
La imagen sigue ahí, hasta donde recuerdo.
Joseph Conrad: La paradoja del marino sedentario
2002.06.23No cabe la menor duda de existen tantas versiones de un libro como lectores del mismo. Se celebran los cien años de la publicación de El corazón de las tinieblas y leo algunos ensayos en El País. ¡Caray!, cada quién ha leído un libro diferente. Y por supuesto yo he leído a otro Conrad.
Siempre me ha parecido un tremendo acto de egoísmo menospreciar la representación de una novela en el cine o en cualquier otro medio. Desde las críticas que consideran que “el libro es mucho mejor que la película” o que “la película se queda corta” hasta aquellas que parten del principio erróneo de la no arbitrariedad del signo diciendo “el director utiliza la trama pero deja a un lado la reflexión filosófica” o “la lectura que hace de la historia es muy superficial“.
De si un libro es mejor que su película ya he escrito al respecto antes. Sobre la lectura que cada quién puede tener de un texto hay que poner algunos puntos sobre las íes. La lectura de Coppola es distinta de la de Orson Wells. Y la de ellos dos a la de los críticos literarios. Y la de los literarios a su vez de la de los cinéfilos. A estas alturas debería ser bastante obvio que nunca nadie va a leer lo mismo que el otro. Ni siquiera ese otro que uno ha sido y no volverá a ser.
Inicié la lectura de El corazón de las tinieblas a finales de los ochentas, todavía en tierra. La terminé de leer en altamar a principios de los noventas (algún día voy a dar un curso de lectura lenta, I promise). Terminada mi lectura –ni más ni menos válida que cualquier otra sino simplemente mía– llegué a la conclusión de que no hay escritor que conozca y entienda mejor los secretos del océano y a los hombres que “siguen el mar” que Joseph Conrad.
Cuando la novela todavía navega en el Nellie y éste sobre el estuario del Támesis, Conrad escribe lo que en ese entonces creí una contradicción provocativa: “la mayoría de los marinos llevan, por así decirlo, una vida sedentaria“. ¿Cómo se le ocurre decir que los marinos, encarnación del movimiento, sean sedentarios? Mi cabeza –que en ese entonces creía que dios no juega a los dados– no alcanzaba a comprender lo que este escritor inglés de origen polaco intentaba expresar.
Tuvieron que pasar algunos años para entender el sentido de sus palabras. Me embarqué en el crucero Sky Princess una noche de diciembre de 1990. Entre las pocas cosas que llevaba en mi maleta (para no olvidar mis orígenes literarios y filosóficos) estaba el ejemplar de El corazón de las tinieblas en una edición prologada por Borges.
Al llegar al barco pensé que sería tragado por el vertiginoso remolino del cambio; de los diferentes puertos y diferentes países; de los rostros difíciles de descifrar por estar escritos en idiomas extranjeros; de la penumbra en las tabernas bebiendo el ron y la nostalgia; de todos los granos de arena que se incrustan en la planta desnuda de los pies; del recuerdo de una sirena que bajo la luz de un farol en una noche de invierno me dijo “no te vayas”…
Pero con el tiempo descubrí que el barco en realidad no se movía. La nave era un centro inmutable. Eran los puertos, las costas, las planicies, los recuerdos, las sirenas y los archipiélagos los que pasaban delante de nosotros. Y el mar de noche. ¡Ah!, el mar en tinieblas. Saber que en medio de la oscuridad Él está ahí, susurrando y al acecho.
Por supuesto, terminé de leer a Conrad. Él y Marlow fueron mis guías en alta mar. Y el texto –aquél que para un simple hombre de tierra era paradójico– tuvo sentido entonces:
…la mayoría de los marinos llevan, por así decirlo, una vida sedentaria. Sus espíritus permanecen en casa y puede decirse que su hogar –el barco– va siempre con ellos; así como su país, el mar. Un barco es muy parecido a otro y el mar es siempre el mismo. En la inmutabilidad de cuanto los circunda, las costas extranjeras, los rostros extranjeros, la variable inmensidad de vida se desliza imperceptiblemente, velada, no por un sentimiento de misterio, sino por una ignorancia ligeramente desdeñosa, ya que nada resulta misterioso para el marino a no ser la mar misma, la amante de su existencia, tan inescrutable como el destino. Por lo demás, después de sus horas de trabajo, un paseo ocasional, o una borrachera ocasional en tierra firme, bastan para revelarle los secretos de todo un continente, y por lo general decide que ninguno de esos secretos vale la pena de ser conocido. Por eso mismo los relatos de los marinos tienen una franca sencillez: toda su significación puede encerrarse dentro de la cáscara de una nuez.
Esta misma cita la escribí en un pedazo de papel que pegué en la pared de mi camarote. Conforme pasaron los días algunos mexicanos (muchos de los cuales nunca habían leído una novela completa y muy probablemente sigan sin hacerlo) se acercaron a leer ese pedazo de papel. Recuerdo que por lo menos uno de ellos copió esas palabras en una libreta y se fue releyéndolas y murmurándolas por los pasillos.
(Por supuesto que aún ellos, que tan sólo leyeron ese fragmento de la novela, habrán leído a su propio Conrad y a su propio Corazón.)
Kurtz, Marlow y el Nellie se reunieron con su destino, cada uno diferente. Yo regresé a México un año después. Para entonces había estado en casi todas las grandes islas del Caribe, cruzado el canal de Panamá, visitado la ribera mexicana y llegado hasta Alaska pasando por San Francisco, para luego regresar al Caribe nuevamente. Hasta hoy nadie me cree que el viaje en avión de Miami al aeropuerto de la Ciudad de México se me hizo muy largo y cansado. Me había vuelto un sedentario.
Este pequeño relato les podrá parecer de una franca sencillez. Pero que esperaban: “toda su significación puede encerrarse dentro de la cáscara de una nuez“.
Referencias:
Conrad, combate y melancolía - Así titula Babelia, suplemento de El País, a su celebración de los cien años de la publicación de El corazón de las tinieblas. Varios textos al respecto. Cada uno su propia lectura.
El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad - Si, se que suena inverosímil, pero el texto completo, traducido por Sergio Pitol, está en la web. Y es totalmente gratis. En la biblioteca digital de ILCE - Conaculta, de México para el mundo.
Textos más o menos relacionados con éste:
El señor de los anillos: ¿el libro o la película?
Un fragmento de “El Archipiélago de la Memoria” (narrativa).
Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel? (2/2)
2002.06.20[Para leer la primera parte da un click aquí]
Decíamos que en la escritura digital las interrupciones (desde la voz interior hasta la publicación final del texto) se reducen. También decíamos que en esas interrupciones entre un paso y otro podemos empezar a ubicar diferencias entre la escritura “a mano” y “a máquina”.
La escritura es un proceso que va de lo continuus a lo interruptio, y de lo interruptio a lo continuus otra vez, terminando siempre en un interruptio. Con los avances tecnológicos el proceso en sí mismo no cambia, pero el continuus se prolonga y los interruptio son muy pocos.
¿Qué se pierde a cambio de ganar fluidez y velocidad? Cada interruptio aporta a la escritura la reflexión pausada, el pensárselo dos veces, y, lo mas importante, la oportunidad de releer nuestro propio texto escrito.
El interruptio no nos quita tiempo. Por el contrario, nos da tiempo para releernos. Cada pausa nos mira a los ojos y nos dice: ¿cuál es la prisa?
¿Qué tanto nos releemos cuando escribimos un mensaje rápido en el editor del correo electrónico? ¿En los weblogs o bitácoras tipo blogger? ¿Qué diferencia hay cuando tenemos que copiar de un lado y pegar en otro, corregir ortografía (si no tenemos un programa que lo haga), imprimir para corregir o revisar pruebas finas?
Sí, no sé cómo será mañana, pero se percibe que la máquina editorial, el mercado del libro, el impresor, incluso la biblioteca, en una palabra, el mundo antiguo, desempeñan hoy todavía la función de elemento interruptor. El libro es a la vez el dispositivo y el resultado final que nos obligan a interrumpir el proceso del ordenador y a darle fin. Esta interrupción nos anuncia el final. La copia nos es arrebatada: Ç¡basta!, hay que terminarlo yaÈ. Hay una fecha, un límite, una ley, un deber y una deuda. Aquello debe ser trasladado a otro soporte. Hay que imprimir. De momento, el libro representa el instante de esa detención, el trámite de la interrupción. Se aproxima el día, llegará, en que el elemento interruptor, que no desaparecerá nunca (eso es algo imposible por esencia), ya no será la orden de pasar a otro soporte, el papel, sino otro dispositivo audiovisual, el CD Rom tal vez.
Dicho sea por Jacques Derrida en 1996. Hoy, en el 2002, ese día ha llegado. En Internet, por ejemplo, el elemento interruptor es un simple botón (virtual a veces) de “enviar” o “send“, en el caso de correos electrónicos y mensajería instantánea, o de “publicar” o “post” en el caso de las páginas personales. Entre ese sólo apretar el botón y el ser leído por cientos o miles de lectores en muy diversas partes del mundo prácticamente no hay intermediarios o interrupciones determinantes.
De modo que la tecnología nos ha puesto las cosas fáciles. Y en esa facilidad puede haber un riesgo.
Durante el año que trabaje abordo de un barco bajo el mando de oficiales ingleses aprendí que las palancas para accionar las alarmas deben estar en lugares visibles y accesibles pero hay que evitar que sean demasiado fáciles de hacer funcionar. El peor error que se puede cometer en una situación de emergencia es actuar desenfrenadamente. Lo mismo se aplica para los botones que lanzan un proyectil nuclear que puede destruir una ciudad entera. Bastaría con darle un click con el cursor del mouse sobre un iconito en la pantalla de la PC. Pero eso haría demasiado fácil las cosas. Es necesario ofrecer una pausa para estar doblemente seguro de lo que se hace.
Con el escritor y el escritorio imaginamos la pipa, o el cigarro, o el coñac, o por lo menos una taza de café. Cualquier artefacto que funcione como catalizador de esa pausa requerida, de ese cambio de ritmo. Relectura de lo escrito o relectura de lo pensado (hay que recordar que una de las raíces posibles de “inteligencia” es “leer internamente”).
Por supuesto que esto no es exclusivo de la escritura digital. Se puede escribir sin pensar lo que se escribe usando incluso un pincel chino. Sin embargo, la digitalización del proceso facilita una suerte de “escritura automática” –que en este caso deja de ser un ejercicio de escritura y pasa a ser un hábito de escritura.
Ahora bien, el quid del asunto sigue estando en el proceso completo, el cual incluye, no lo olvidemos, el último paso: la publicación del texto.
En el idioma inglés se ha rescatado una pareja de palabras para designar cierto estilo o tono en los textos web publicados en foros de discusión, chats, o blogs: “rants & raves“. Divagaciones y delirios. Y quizás no hay mejores palabras para definir ese estilo o tono en el texto de la escritura digital.
En estos foros de discusión, chats o blogs, la tecnología permite esa inmediatez entre lo leído, escrito y publicado. De manera similar que lo que escribimos en correos electrónicos o mensajería instantánea. En la mayoría de los casos nadie espera que las palabras de cada uno de los autores se tomen tan en serio como si estuvieran defendiendo una tesis o disertación frente a unos sinodales. Se consideran “divagaciones y delirios”, lluvia de ideas, pláticas informales.
Tiempo de hacer dos aclaraciones y una conclusión (a este texto, porque el tema da para más).
Primero, no hay porque darle una carga moral o estética a este fenómeno (si es que lo hay). Estamos intentando delimitarlo, y, en su caso, definirlo.
Segundo, este fenómeno se da en otros ámbitos relacionados con el pensamiento y el lenguaje. En la locución en vivo y sin guión, por ejemplo, predomina el continuus sobre los interruptio. Tiende a la divagación.
Y finalmente como conclusión, hay que decir que este texto es parte del fenómeno de la escritura digital y los weblogs o bitácoras. Por lo tanto, no hay que tomarlo muy en serio: pertenece más al conjunto de las divagaciones y delirios que al conjunto de las tesis y disertaciones.
Referencias:
EL ‘TRATAMIENTO’ DEL TEXTO, Jacques Derrida, Entrevista con Béatrice y Louis Seguin - Entrevista traducida al español que todos los involucrados con escritura y computadoras deberíamos leer y releer. A Derrida siempre se le aprende algo, por no decir que nos ilumina. Este material se encuentra en todo un sitio web dedicado a Derrida en castellano. Creado y mantenido por Horacio Potel, el mismo de Nietzsche en castellano.
Microensayos relacionados:
Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel? (1/2)
Foucault en sus propias palabras.
La escritura que piensa (divagación preliminar e inconclusa).
Weblogs: entre el qué y el cuáles.
El paraguas olvidado de Nietzsche.
El oído de Stradivarius
2002.06.19Tengo un pésimo oído. Uno de mis hermanos siempre me está dando a probar todo tipo de bocinas y audífonos. “¿Notas la diferencia?“, me dice. “Nop”, contesto. Se decepciona. Él puede pasar horas buscando qué cable o conexión es la causa de un “ruidito” que se cuela en sus promos o cortinillas para radio. A mi me bastan unos segundos para darme cuenta de que el “ruidito” existe en un universo paralelo o está fuera de mi rango de percepción auditivo.
(En mi defensa he de decir que a mi hermano se le escapan los errores de ortografía mas obvios cuando lee o revisa un texto. Cada quien lo suyo.)
Un amigo mío (músico en ese entonces, matemático ahora) cargaba siempre consigo un diapasón. Lo hacía vibrar en cada oportunidad que tenía. Después se lo pegaba al oído y ponía cara de “silencio, estoy escuchando 440 vibraciones por segundo“. Yo no sé si realmente le servía de algo, pero por lo menos lo hacía verse interesante.
Digo esto para aclarar de antemano que si estoy escribiendo sobre los violines de Stradivarius no es porque la exquisitez de mis oídos alcance a apreciar el sonido que producen, sino porque, en primer lugar, la tecnología me atrae profundamente, en segundo, la leyenda es maravillosa, y, en tercero y último, siempre he creído que los secretos existen para ser revelados.
En la era de los programas y sistemas operativos repletos de “bugs” o errores de código, es difícil pensar en que un simple laudero (carpintero especializado en interfaces musicales a base de cuerdas) pueda alcanzar la perfección en lo que hace. Ahora hay miles de pretextos vacíos y millones de dólares en razones comerciales para engañar a los consumidores con versiones de software no terminadas o mal hechas y las cuales requieren de “parches”, actualizaciones o resignación.
No puedo imaginar a Stradivarius enviando una carta a todos sus clientes avisándoles que si quieren interpretar una pieza de Bach en sus violines tienen que pasar a sus talleres para actualizarles la segunda y tercera cuerda por razones de compatibilidad. O diciéndoles que la madera de su violín tiene “bugs” o polillas.
23 años después de salir a la venta la primer versión de MS-DOS no existe una sola persona o empresa que se haga responsable en ningún sentido de ese producto con sus consumidores (a menos que sea para cobrar derechos). Poco más de 250 años han pasado desde la fabricación de los violines Stradivarius y todavía no es posible encontrar un cliente insatisfecho.
Un hombre, cuya obsesión por los violines sólo puede compararse con la del mismísimo Antonio Stradivarius, ha dedicado cerca de 30 años de su vida a investigar el secreto del instrumento musical más famoso de la historia: Joseph Nagyvary. Además de una aproximación teórica (medición de altas frecuencias, análisis químicos) y una profunda investigación histórica, ha dedicado la mayor parte de los últimos años a la experimentación. Ha fabricado cientos de violines combinando diferentes sustancias y tratamientos de la madera. El resultado: un violín capaz de lograr la misma calidad de sonido que un Stradivarius.
Tanto me impresiona la capacidad artesanal como la capacidad de tener un oído lo suficientemente fino para notar la diferencia.
Si tienen tan buen oído como mi hermano, el amigo del diapasón o el de Stradivarius, vayan directamente a este sitio donde podrán encontrar parejas de piezas musicales interpretadas con un Stradivarius auténtico y un “Nagyvary“. Intenten distinguir cuál es cual. Para saber si acertaron o no tendrán que esperar a que se publiquen los resultados. Es una prueba para expertos.
Si tienen un oído como el mío, mejor les recomiendo leer la entrevista que Scientific American hace a Joseph Nagyvary. No sé si Nagyvary ha logrado revelar el secreto de los violines, pero pueden estar seguros que sus narraciones sobre la investigación realizada alimentan la leyenda de Stradivarius: el oficio del artesano elevado a arte.
Referencias y recomendaciones:
Secrets of the Stradivarius: An Interview with Joseph Nagyvary By Charles Choi - Entrevista en Scientific American y en inglés.
CAN YOU TELL THE DIFFERENCE? - En esta página, también en el sitio de Scientific American, pueden encontrar las piezas musicales en formato mp3.
Nagyvary Violins - Este es el sitio oficial del investigador y laudero Joseph Nagyvary. Tiene cosas interesantes si sabe uno no hacerle caso a tanta mercadotecnia.
Microensayos relacionados:
La conjetura de Poincaré: ¿a una jugada del jaque mate?
Monalisa 1.0: Comerciando con bits.
El samurai y la máquina.
Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel? (1/2)
2002.06.18¿Escribimos diferente cuando escribimos “a mano” que cuándo lo hacemos “a máquina”? ¿La pluma de ganso y la tinta manchando la punta de nuestros dedos nos hacen escribir como Cervantes? ¿Nos hace falta una Remington para terminar nuestra novela policíaca a la Hammet? ¿Usar una Mac nos hace escribir como García Márquez?
Leyendo una entrevista a Jacques Derrida sobre el procesador de texto (en la computadora) y el procesamiento del texto (en la escritura) nos ha hecho abrir nuevas líneas de investigación y reflexión sobre la escritura y el pensamiento.
En toda escritura hay algo de manual y algo de máquina: lápiz o computadora comparten el uso de la mano y el uso de la máquina misma –intermediaria entre el pensamiento o voz interior y el papel o superficie de registro (disco duro).
A pesar de las reciprocidades es evidente que algo ha cambiado en nuestra manera de escribir. Como individuos y como sociedad. Si no fuera así, seguiríamos escribiendo todo en papel antes de hacerlo en la computadora. Y por el contrario, lo mejor es escribir directamente en la pantalla y ahorrarnos pasos innecesarios de captura. O al menos así lo es para quienes han tenido oportunidad de experimentar ambas opciones.
(Por supuesto que hay ciertos tipos de escritura que mantienen una preferencia por lo tradicional. No me puedo imaginar un matemático sin pizarrón, por ejemplo. Ya veremos esto después.)
El proceso o técnica ha cambiado con la computadora y el procesador de textos. ¿En qué? Antes se escribía a mano, se corregía, y posteriormente se escribía a máquina la versión final. ¿Qué implicaba esto?
La máquina deja una señal de separación, de destete, es el trámite para la emancipación y la partida hacia el espacio público.
Recuerdo que Borges decía que la única manera que existía de que un escritor dejara de corregir un texto era publicándolo. Toda escritura implica un ritual. Entre nuestras mismas lecturas, pero sobre todo bajo la influencia de la imagen del cine y la televisión, visualizamos lo que Derrida llama "la escena de la escritura". Es ese escritorio con papel en blanco, lápices, plumas, nuestro cuerpo encorvado sobre la superficie de madera, y una mano lista a seguir el dictado de nuestro pensamiento. Tal vez una escena un tanto más actualizada nos hace vernos frente a una máquina de escribir Remington (análoga, por supuesto) y un bote de basura al lado en donde hemos tirado algunos intentos del inicio de nuestra novela o tesis en bolas de papel mecanografiadas. Los fumadores pueden agregar una cajetilla de cigarrillos medio vacía y un cenicero lleno de colillas.
Fue por mis abuelos que desde los doce o trece años aprendí mecanografía. Si bien ese aprendizaje temprano me ayudó durante los estudios básicos superiores, realmente he apreciado toda la magnitud de su valor en mi vida post-computadora. Escribir sin distraer el pensamiento en la técnica implica dominar esa técnica y liberar el pensamiento. En mayor o menor medida, supongo que la mayoría de nosotros hemos pasado por etapas similares de (1) escritura a mano, (2) en máquina de escribir, y (3) procesador de textos en la computadora. Actualmente hasta las secretarias prefieren escribir directamente en la computadora en lugar de hacer primero un borrador a mano. Por supuesto quedan los dictados o apuntes tomados en algunas juntas y conferencias. Sin embargo, mientras más pronto podemos integrarlos al disco duro mejor (digitalizar). En otras palabras, no es que lo primero sustituya a lo segundo sino que simplemente va ocupando mayor preponderancia como herramienta de escritura.
El estatus del texto no lo da la herramienta usada. Podemos escribir borradores o libros igualmente con lápiz y papel que en procesador de texto más especializado. Pero en el uso diario y cotidiano es más rápido escribir a máquina que a mano, y mucho más rápido en el procesador de texto que en la máquina. Esto siempre y cuando utilicemos un mismo código de escritura (no taquigrafía) y dominemos por igual las herramientas mencionadas.
La computadora, en lo que a la escritura se refiere, no ha hecho diferente el proceso, sólo la técnica. Sin mencionar que la interfaz y terminología misma son sostenidas por una metáfora (carpeta, archivo, cortar y pegar) es claro que no hay cambios esenciales o fundamentales. Claro que el tremendísimo ahorro de tiempo nos regala algo sumamente valioso para nuestra libertad operativa: más tiempo.
La máquina de tratar textos [procesador de textos] permite ganar muchísimo tiempo y concederse una libertad que tal vez no hubiera sido posible sin ella. Pero la transformación es económica, no estructural.
Sin embargo, algo no me convence. No sé si es mera nostalgia, pero creo que hemos dejado algo en el lápiz y el papel. Si bien el rito se mantiene –porque sin rito no hay escritura– esa orientación hacia la brevedad no deja de tener sus inconvenientes, sus desventajas. Es como si el tiempo ahorrado nos pasara factura, tuviera un costo adicional que no contemplamos.
Echo un poco de menos la duración, los intervalos, el ritmo que medía antes la historia de un escrito, todas las idas y venidas antes de la publicación. Era también la química de una maduración consciente o inconsciente, la posibilidad de cambios en nosotros mismos, en nuestro deseo, en el cuerpo a cuerpo con nuestro propio texto en las manos del otro.
Tal vez la rapidez y el tiempo tienen más peso en el proceso del que creemos. Es cierto que la cantidad de pasos entre el simple esbozo de una idea hasta su publicación final (hacerla pública), pasando por la escritura, no se reducen. Lo que se reduce es la duración de las interrupciones de un paso al otro. Además, esos pasos suceden en un mismo espacio de escritura. No hay que ir tan lejos, no hay que salir, no hay “afuera”. Espacio que casi se ha reducido a una misma posición del cuerpo y un juego de movimientos mínimos entre el teclado, la pantalla y el mouse (incluso algunos evitan el mouse y usan los comandos del teclado con el fin de moverse menos). Mientras menos interrupciones hay, la escritura es más continua.
Y es en esas interrupciones entre un paso y otro que podemos empezar a ubicar algunas de las diferencias clave entre la escritura “a mano” y “a máquina”.
Ir a la segunda parte.
Referencias:
EL ‘TRATAMIENTO’ DEL TEXTO, Jacques Derrida, Entrevista con Béatrice y Louis Seguin - Entrevista traducida al español que todos los involucrados con escritura y computadoras deberíamos leer y releer. A Derrida siempre se le aprende algo, por no decir que nos ilumina. Este material se encuentra en todo un sitio web dedicado a Derrida en castellano. Creado y mantenido por Horacio Potel, el mismo de Nietzsche en castellano.
Microensayos relacionados:
Foucault en sus propias palabras.
La escritura que piensa (divagación preliminar e inconclusa).
Weblogs: entre el qué y el cuáles.
El paraguas olvidado de Nietzsche.
Big Brother: Lecciones finales
2002.06.17Finalmente hemos podido ser testigos de un ciclo completo de un programa de Big Brother en México. Siempre he sostenido que la televisión no es una caja tonta más que para los televidentes tontos. La televisión no nos enseña nada (no educa), pero, como la mayoría de las cosas en esta vida, depende de nosotros aprender de ella. He aquí algunas “lecciones” que nos deja este programa de televisión.
1) Si quieres ganar millones de dólares tienes que invertir millones de dólares. Si quieres tener audiencia para ofrecerla a los anunciantes primero tienes que ser un anunciante. Todo lo que se pueda promocionar y publicitar un programa antes de y durante su exhibición reditúa en personas sentadas viendo televisión. Mantener a esas personas frente a la tele es otro cantar.
2) Sí es posible tener más rating. Los productores y ejecutivos que se quejan amargamente de la pulverización de la audiencia, del zapping, de Internet, ahora lo saben. Que no sea fácil es otra cosa, pero de que es operativa y matemáticamente posible, no hay duda.
3) La audiencia mexicana no es muy diferente a la del resto del mundo. En cada país nos da por intentar distinguirnos. Pues bien, McDonalds y Big Brother son éxitos seguros en todas partes. El comportamiento de la audiencia y sociedad frente a este fenómeno fue básicamente previsible. (En esto habría una pequeña excepción que comentaré hasta el último párrafo).
4) Las cadenas de televisión creen en los alemanes, no en los nacionales. Si cualquiera de nosotros llega con la idea de hacer un programa que se llame Big Brother y sea así y asá, nos mandarían por un tubo no sin antes cuestionar por qué ponerle un nombre en otro idioma. Pero no venga un extranjero primermundero a vender la idea porque ya hemos visto que a ellos si les hacen caso.
5) El rating está muy lejos de ser una cuestión de azar o producto de la inspiración o de sensibilidad o de ser un artista. Si reunimos un grupo interdisciplinario compuesto por productores, cineastas, videoastas, psicólogos, sociólogos, publicistas, y demás, es posible diseñar un programa de televisión con el fin de tener mucho rating. Claro, ese grupo interdisciplinario debe saber de medición de audiencias y, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, a nadie le interesa aprender cosas nuevas, eliminar prejuicios de la cabeza y darle la razón a los hechos representados en números.
6) Como producto cultural, Big Brother no aporta nada nuevo a la televisión ni a la sociedad mexicana (ni a ninguna otra). Es una moda y nada más. Puede durarnos otros Big Brothers u otros “reality shows” (que para mí son programas de concurso disfrazados), pero no dejan de ser una moda. Ejemplo de programas de televisión que si han aportado algo: El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado, y Qué nos pasa, por citar sólo a algunos. De este tipo de programas hablaremos en entregas posteriores.
Habría otras “lecciones” pero estoy seguro que, o serán comentadas por otros, o cada quién tendrá las suyas propias. Únicamente agregaría que hay un aspecto en relación a la idiosincrasia o personalidad de los mexicanos que queda en el aire y habría que reflexionar con cuidado.
Hay programas que han tenido mucho éxito en otros países como el nuestro, pero que aquí no han funcionado. Nadie sabe a ciencia cierta por qué. Big Brother podría estar respondiendo a esa incógnita. Tuvo mucho rating, pero no tanto como en otros países. Esto no quiere decir que no haya sido un éxito. Rompió récords, sin duda. Pero le faltó un plus. ¿Cuál fue la diferencia entre Big Brother México y otros Big Brother? ¿Qué tan importante es? De esto tendremos que reflexionar en textos posteriores. Les adelanto: tiene que ver con El laberinto de la soledad y las clases sociales.
Microensayos relacionados:
Barthes: La lucha libre y el mito Big Brother.
Baudrillard: Una aproximación a Big Brother.
Rating televisivo y el “efecto autoengaño”.
¿Big Brother o Big Blabla?
La escritura que piensa (divagación preliminar e inconclusa)
2002.06.10Existe una relación entre el pensamiento y la escritura. No se cual es. No es fácil de dilucidar. Conforme pienso en opciones para definir o delimitar tal relación aparecen excepciones. Por ejemplo:
(?) La escritura como herramienta del pensamiento. Afirmación demasiado general. Casi todo lo humano es herramienta del pensamiento. Ahora bien, si es herramienta del pensamiento, ¿en qué sentido lo es?
(?) La escritura como expresión del pensamiento. Imposible. El pensamiento es demasiado desordenado, afásico, que no hay manera de que quede representado en un texto. Y vaya que si hay intentos. Intentos por lo demás respetables y que trazan un contorno, un borde. Es decir, el pensamiento no es del todo conciente. Hay aspectos del pensamiento que podriamos denominar inconciente que no es posible representar de manera “manifiesta”. Pienso mucho más de lo que puedo escribir.
(?) La escritura como medio de comunicación. Mal, muy mal. Demasiado general. La mayoría de las palabras escritas no las lee nadie. No podemos confundir la publicación de un texto con la escritura del mismo. Los diarios personales, los apuentes para la clase, son ejemplos de escritura sin fin de publicación.
(?) La escritura como medio para recordar. En un principio –históricamente hablando– así era. Sin embargo, en el acto de escribir hay un fenómeno de estructuración en el flujo de ideas (dicho tentativamente). Es decir, no pienso igual si solo pienso que si pienso y escribo. Cuando escribo mientras pienso, pienso diferente. También escribo diferente. ¿En qué radica esa diferencia?
Antes de continuar, retomemos algunos puntos anteriores. Escribimos para recordar, para plasmar una idea que previamente tenemos definida en nuestra mente, para registrar un acontecimiento, etc. Esos son usos de la escritura. En ellos si cabe ver a la escritura como herramienta del pensamiento. Roland Barthes distinguía al escribano del escritor. Los anteriores son ejemplos de escribanía.
Mi interrogante aquí es sobre la escritura ligada al pensamiento (atención, que ni siquiera he formulado una pregunta). Tengo entendido que esta experiencia sobre el acto de escribir no es desconocida para aquellos que se dedican al oficio de escribir pero tampoco para muchos académicos, investigadores, personas que escriben diarios, etc. Sin ser idéntico, a la escritura que me refiero es la del pintor cuando sin saber en que va a terminar lo que está pintando recorre los caminos que tanto su pensamiento como sus trazos le invitan a recorrer. No estoy hablando tampoco del mero dibujo de imitación o técnico. Estoy hablando del dibujo emanado de los bocetos.
El equivalente del boceto para el lenguaje verbal es el manuscrito. Esa escritura, la del manuscrito, es la que se escapa a una delimitación simple y de primera mano (valga la expresión). Actualmente es difícil llamarla “manuscrito” en tanto que con esta palabra no consideramos la computadora u ordenador sino el lápiz o la pluma estilográfica (incluso yo suelo imaginar una pluma de pato en la mano de Leonardo o Cervantes). Por supuesto es una mera convención porque en ambos casos existe una máquina intermedia entre la escritura misma y la mano, ya sea la pluma o lápiz y la computadora.
(Otro ejemplo pordría ser la del escritor frente a su piano.)
Recordemos o imaginemos este evento: Estamos ante un problema o una idea. Hacemos una aproximación al problema de manera muy general, bajo los ojos de una mirada que explora o escanea los datos e información que tiene enfrente. Después empezamos a “atacar” el problema. Lanzamos varias hipótesis pensando que tal vez la solución es fácil. Nos damos cuenta que no es así, sin embargo visualizamos rutas que podrían llevarnos a un final que aún desconocemos. Si mantenemos la calma nos percatamos que esas rutas nos pueden llevar a rutas nuevas. Este es un momento clave. Nos sentimos rebasados, desbordados. Interrumpimos para poner en papel el conjunto no definido de elementos que tenemos en la cabeza. Diagrama, postulados, mapa mental, texto, póngasele el nombre que se quiera. Aún no resolvemos nada. Prácticamente, este es apenas el inicio: escribimos.
Ésta es la escritura que se escapa fácilmente a una tipología: la del pensamiento que escribe o la de la escritura que piensa.
Weblogs: entre el qué y el cuáles
2002.06.5Como toda nueva forma o género o retórica (dejémoslo así por lo pronto), las bitácoras o weblogs o blogs tienen por uno de sus temas recurrentes el definirse o intentar encontrarse en el mapa de Internet. "¿Qué es un weblog?", parece ser una de las preguntas iniciales — que de por sí trae ya un poco de polémica. "¿Cuáles son los tipos de weblogs?", es la segunda pregunta inevitable en estos menesteres.
Personalmente creo que la distinción está en el dispositivo que hace posible lo que llamamos weblogs (PC, software, conexión, facilidad de producción, publicación y administración, etc.) y que esencialmente no es distinta, hoy, a el que hace posible lo que llamamos web. En cuanto a los contenidos, formas, y significados que toman no veo diferencia con los medios tradicionales e incluso clásicos (por su periodicidad, por la cantidad de autores, por sus contenidos, etc. ).
Para no variar, los medios que viajan por el gran canal o vía de Internet suelen distinguirse más por: (1) la rapidez e inmediatez para la edición o armado del soporte del mensaje, (2) por su capacidad para que el mensaje de un emisor llegue a diversos receptores a gran distancia y sin intermediarios que provoquen ruido, (3) disponibilidad para consultar ese mensaje en cualquier momento y desde cualquier lugar.
En cuanto a esa rapidez e inmediatez podemos trazar dos extremos.
En un extremo encontramos la web viviente. Es aquella que nace, crece y se reproduce todos los días. En ella están los weblogs, pero también los sitios de noticias, foros de discusión, publicaciones o archivos automatizados de listas de correos, y demás. No importan los contenidos. Puede ser un sitio que diario publique una foto o caricatura diferente. Lo importante es que todo ese material permanece disponible para consulta. No nada más cambia sino que crece.
En el otro extremos está la web muerta. Es aquella que una vez creada, escrita y publicada no se modifica. No pongamos juicios de valor en esto. Puede ser un sitio cuyo valor es histórico y se quiere preservar como era en sus inicios. Puede ser el sitio de alguien que le tomó mucho trabajo realizarlo porque no sabe mayor cosa de tecnología y no está dispuesto a perder tiempo modificándolo. Por una u otra razón es una página o sitio que está ya sin cambios y sin vida.
Entre ambos extremos encontramos claroscuros y combinaciones. Por supuesto, la web viviente ha logrado penetrar en el ámbito de las publicaciones "caseras" o locales gracias a herramientas, recursos y técnicas que no existían en un principio. Mantener un sitio que se actualizara diario o varias veces al día era una labor titánica para una sola persona con una computadora lenta, con poca memoria, pésima conexión, y un gran legajo de información por leer en manuales sobre administración de archivos.
Con el tiempo, mientras existan más páginas y sitios que se actualicen continua y frecuentemente (o por lo menos una parte de esas páginas o sitios), estas distinciones van a ser obsoletas. El mecanismo del dispositivo se perfeccionará y evolucionará. De hecho, dejaremos de clasificar los weblogs como weblogs y los empezaremos a ubicar en las clasificaciones más tradicionales pero efectivas: personales, grupales, colectivas, poéticas, de terror, políticas, de referencia, etc. Superadas las distinciones técnicas acudiremos a las de semántica y formato.
Fuera de esta dicotomía emergente y muy elemental entre web viviente y muerta, no veo mayor diferencia –en este dominio– entre los medios “web” y los medios “no-web”. Ya sean textuales, hipertextuales, visuales, sonoros, multimedia, etc. Es decir, para cualquier clasificación más allá del dispositivo, hay que consultar a Aristóteles y algunos manuales de periodismo de principios del siglo pasado. Los géneros y formas básicas de comunicación han sido definidas desde hace mucho y no han cambiado hasta hoy.
- ¿Entonces es usted reaccionario? ¿Dice publicar un cuaderno de bitácora o weblog o blog, pero no considera que esté haciendo algo nuevo o importante? ¿No se considera parte de un movimiento sui generis y de vanguardia?
Simplemente quiero darle su justa dimensión. Las reglas de la definición y la clasificación han quedado establecidas en la Lógica de Aristóteles, y un ejemplo de su aplicación es la distinción entre géneros en la Poética. No estamos inventando un género o una forma o una retórica. Eso no ha cambiado.
Pensemos en el surgimiento de la fotografía (Daguerre, Niepce, Talbot). No se distinguía a sí misma ni frente al arte ni frente a los demás medios visuales. Ya no digamos intentarse distinguir hacia dentro, hacia su semántica: entre la fotografía documental, de autor, manipulada o alterada. Hoy las cosas son diferentes y es posible distinguir el dispositivo fotográfico y sus particularidades. Por lo demás, en el contenido y el formato no hay diferencia con la pintura o el grabado. Los géneros, movimientos y clasificaciones en general, aplican para todos.
Es por eso que afirmo que la diferencia entre los weblogs y páginas o sitios "tradicionales" no radica en si los weblogs son filtros informativos, si son personales, se actualizan todos los días, son hipertextuales, o contienen muchas ligas o vínculos o links. De hecho, no hay diferencia con los sitios "tradicionales" porque no hay sitios "tradicionales".
Los weblogs simplemente subrayan, reafirman o destacan las posibilidades de una publicación efectiva y expedita que está cada vez más al alcance del individuo común, y que esa publicación puede ser vista en casi cualquier rincón del mundo en el momento de su publicación por otros individuos comunes.
(Claro, no deja de haber limitaciones. La tecnología todavía está muy lejos de aquellos mortales que se mueren de hambre. Tampoco el que "se pueda ver" quiere decir que "se vea" realmente. Es una característica potencial.)
Ese individuo común puede tener un sitio web cuyo alcance sea el mismo que el sitio web del mayor corporativo de comunicaciones internacional y llegar a la misma cantidad de audiencia. La distancia entre corporativo de comunicaciones vs individuo comunicante se acorta.
Y esa distinción –personas publicando mensajes potencialmente masivos– es mucho más importante que cualquier otra.
Referencias:
Daypop - Motor de búsqueda de lo que ellos denominan "the living web": newspapers, online magazines, y weblogs. El concepto viene en su About Daypop y yo lo he retomado para este texto.
Otros microensayos:
Weblogs: Escribir la red.
“… but I’m not the only one…”.
Democracia, medios e Internet.
¿Qué es la red de redes?
Periódicamente se actualizan las secciones de medios e internet.
El perseguidor
2002.06.3A veces creo que necesito perseguir una idea.
Tomarme mi tiempo, acecharla y emboscarla.
Concentrarme en ella y nada más que en ella.
Al atraparla, deconstruirla, desensamblarla.
Una vez dominada, soltarla.
Verla libre y dejarla irse.
Se que algún día volveré a ella.
El paraguas olvidado de Nietzsche
2002.05.31Ni Charles S. Pierce, Jacques Lacan, Ferdinand de Saussure, o Sócrates –por citar sólo algunos– dejaron obras escritas con sus principales ideas plasmadas en ellas. Los últimos tres deben a sus discípulos o estudiantes la recuperación de su pensamiento. El primero a sus manuscritos.
A Sócrates lo conocemos principalmente a partir de los textos de Platón; él no dejó ni una palabra escrita.
Uno de los libros que marca el nacimiento de la semiótica y el post-modernismo, el Curso de linguística general, debe su nombre al hecho de que es la recopilación crítica de los apuntes de clase de los alumnos de Saussure.
Si bien Lacan nos dejó algunos textos firmados por él, el corpus principal de su planteamiento sobre el inconciente estructurado como lenguaje está en conferencias, clases y programas de radio.
Pierce dejó cientos de páginas escritas con ideas y disertaciones en sus Cuadernos sobre física, lógica, matemáticas, semiótica, de lo cual la mayoría aún no ha sido publicado.
La labor de los hermenéutas a veces es apoteósica. Incluso para aquellos autores que, si bien publicaron en vida, dejaron una gran cantidad de apuntes y fragmentos dispersos. Tal es el caso de Friederich Nietzsche. La exégesis a veces requiere saber distinguir entre las palabras realmente significativas de aquellas que no lo son. El domicilio de casa de un amigo escrito en el borde de la página, por ejemplo. Sin embargo, en el caso de Nietzsche, cuyo estilo recurre tanto a analogías originales y alegorías simbólicas, distinguir lo significativo de lo que no lo es ha sido tan polémico como su propio pensamiento filosófico.
Para alguien que escribió "Nosotros los incomprensibles pues habitamos siempre más cerca del rayo!" en uno de sus libros publicados (La Gaya Ciencia), es prácticamente imposible saber qué quiso decir con esta anotación aislada en sus manuscritos:
He olvidado mi paraguas
¿Era una metáfora refiriéndose a una idea importante? ¿Tal vez una imagen tan reveladora como la del eterno retorno o el superhombre? ¿El incipit de una fábula reveladora? ¿Una cita textual de algún libro que estaba leyendo? ¿El primer verso de un poema que finalmente no le gustó?
¿O será que simplemente quiso decir que había olvidado el paraguas?
(Ésta es sólo la punta del iceberg, les recomiendo leer lo que dice Jacques Derrida al respecto.)
La problemática, como se podrán dar cuenta, tiene muchas vertientes. La más simple es si debe incluirse esta frase en una edición de sus Fragmentos Póstumos o no, cosa que creo es muy sencilla de resolver (recuerdo haber leído en una biblioteca de la universidad una edición bilingüe de los Cuadernos de Leonardo da Vinci en la que no sólo se incluye una transcripción de los manuscritos sino facsímils de los mismos). La problemática que es crucial para la hermenéutica –y por lo tanto para cualquier lector– es con respecto a los alcances y limitaciones de la interpretación del texto (y, finalmente, a toda interpretación de cualquier signo).
Supongamos que la frase “he olvidado mi paraguas” no signifique nada “filosófico”. ¿Qué nos impide pensar lo mismo con respecto a todo el Zaratustra de la obra nietzscheana?
Nietzsche escribió en Ecce Homo una de esas frases que resultan siempre proféticas por atrevidas, aunque en su momento debió haber sonado un tanto pretensiosa:
Una cosa soy yo, otra cosa son mis escritos. - Antes de hablar de ellos tocaré la cuestión de si han sido comprendidos o in-comprendidos. Lo hago con la negligencia que, de algún modo, resulta apropiada, pues no ha llegado aún el tiempo de hacer esa pregunta. Tampoco para mí mismo ha llegado aún el tiempo, algunos nacen póstumamente. - Algún día se sentirá la necesidad de instituciones en que se viva y se enseñe como yo sé vivir y enseñar; tal vez, incluso, se creen entonces también cátedras especiales dedicadas a la interpretación del Zaratustra.
Y efectivamente, poco más de mil años después hay cátedras especiales dedicadas a la interpretación del Zaratustra y el resto de su obra. ¿Y que tal si Nietzsche dejó a propósito la frase “he olvidado mi paraguas” inserta en sus manuscritos con el fin de burlarse de todos sus intérpretes, con el fin de hacer de la interpretación de sus textos una tarea inacabable?
El tiempo y la distancia son implacables con los signos y su significado. Quizás todo escrito (incluídos los cuadernos de bitácora o weblogs como este) esté condenado con los años a un destino similar al del paraguas olvidado de Nietzsche.
Referencias:
Espolones, Los estilos de Nietzsche de Jacques Derrida - Mi divagación sobre el paraguas de Nietzsche no tiene nada que hacer frente a este ensayo de Derrida. Vale la pena leerlo.
“Por qué escribo tan buenos libros” en Ecce Homo del mismísimo Nietzsche - La cita sobre lo póstumo de su pensamiento corresponde a este texto.
Nietzsche en castellano - No me cansaré de recomendar este sitio creado y mantenido por Horacio Potel y en donde se encuentran las referencias citadas así como la imagen (en mejor tamaño) que ilustra el texto. Poder contar con la mayoría de la obra nietzscheana en línea me permite comentarlo con la confianza de poder dar una referencia específica a los lectores.
Microensayos relacionados (en este sitio):
Pasos de paloma: una vieja manera de hacer viajar al pensamiento.
Monalisa 1.0: Comerciando con bits.
Y recomiendo revisar la sección de filosofía.
Aporía algorítmica
2002.05.30No entiendo como es que siempre termino encontrándome con alguna rutina que no es posible hacer en las aplicaciones de cómputo que uso (que por lo demás son de lo más convencionales); o, después de buscar por todas partes, no encuentro una aplicación que la realice (¡y vaya que si se buscar!). La consecuencia: diseño y escribo mi propio programita.
¿Programo porque tengo necesidades que resolver o porque tengo necesidades que resolver he acabado aprendiendo a programar?
Barthes: La lucha libre y el mito Big Brother
2002.05.24Roland Barthes no vivió para a ver el programa de televisión Big Brother. Sin embargo nos dejó sus Mitologías donde reflexiona sobre algunos mitos de la vida cotidiana francesa en la década de los 50. La lucha libre, el strip-tease, la publicidad, son algunos de los temas abordados a partir de distintos materiales como la portada de una revista, un artículo de periódico, un cartel o un noticiario.
Su aproximación es indudablemente semiótica y, sobretodo, intelectualmente aguda. Es uno de los primeros investigadores académicos que se atreve a estudiar la cultura contemporánea a los ojos del discurso de Saussure y Lévi-Strauss. Posterior a él, podemos leer en Umberto Eco estudios de James Bond o Supermán, por ejemplo.
En estos escritos, en estas Mitologías, podemos encontrar otro marco teórico de referencia para aproximarse a un fenómeno televisivo como Big Brother.
Entonces, ¿Big Brother es un mito? Sí, en tanto que Barthes nos dice que “el mito es un habla”:
… el mito constituye un sistema de comunicación, un mensaje. Esto indica que el mito no podría ser un objeto, un concepto o una idea; se trata de un modo de significación, de una forma.
[…] ¿Entonces, todo puede ser un mito? Sí, yo creo que sí, porque el universo es infinitamente sugestivo. Cada objeto del mundo puede pasar de una existencia cerrada, muda, a un estado oral, abierto a la apropiación de la sociedad, pues ninguna ley, natural o no, impide hablar de las cosas.
Algunos analistas, lectores y televidentes en general, han manifestado distintas preocupaciones en torno a la verdad o falsedad de hechos o eventos en este reality show (que más bien es un programa de concurso llevado al límite). De hecho, algunos artículos de prensa creen descubrir el hilo negro señalando alguna “anomalía” o “engaño” en la organización o producción del mismo.
Entendámonos de una buena vez. Big Brother no es un documental. Como espectáculo, su taxonomía es cercana a otro tipo de show que solemos despreciar los analistas: la lucha libre. Es decir, Big Brother es primo del Santo y Blue Demon (famosos luchadores enmascarados mexicanos), no de George Orwell.
Dijimos: Barthes no vivió para ver Big Brother. Sin embargo, no creo que le hiciera falta. Esa es la ventaja de un marco teórico sólido. Revisemos algunos puntos de su lectura sobre la lucha libre y veamos si podemos aplicarlos a nuestro objeto de estudio, particularmente en la polémica sobre la falsedad de este espectáculo televisivo contemporáneo:
Aquellas personas se indignan porque el catch [lucha libre] es un deporte falseado (cosa que, por otra parte, debería liberarlo de su ignominia). Al público no le importa para nada saber si el combate es falseado o no, y tiene razón; se confía a la primera virtud del espectáculo, la de abolir todo móvil y toda consecuencia: lo que importa no es lo que cree, sino lo que ve.
[…] se puede apostar por el resultado de un combate de boxeo; en el catch [lucha libre], no tendría ningún sentido.
¿Qué significa, qué representa el espectáculo de la lucha libre? ¿Puede esto aplicarse a Big Brother?:
Se trata, pues, de una verdadera Comedia Humana, donde los matices más sociales de la pasión (fatuidad, derecho, crueldad refinada, sentido del desquite) encuentran siempre, felizmente, el signo más claro que pueda encarnarlos, expresarlos y llevarlos triunfalmente hasta los confines de la sala. Se comprende que, a esta altura, no importa que la pasión sea auténtica o no.
¿Qué busca el público en la lucha libre? ¿Qué espera la audiencia de Big Brother?:
Lo que el público reclama es la imagen de la pasión, no la pasión misma. Nadie le pide al catch [lucha libre] más verdad que al teatro. En uno y en otro lo que se espera es la mostración inteligible de situaciones morales que normalmente se mantienen secretas.
Interesante, ¿no? Aquellos que buscan análisis en serio tienen que leer a Roland Barthes con cuidado. Es, además, una verdadera delicia. En pleno siglo XXI todavía tiene mucho que decirnos. Antes, algunas observaciones:
-> Esta no es una tesis acabada o definitiva sobre el tema. Considérese una invitación a estudiar la semiótica de Barthes para entender un fenómeno televisivo contemporáneo desde una perspectiva en particular. Existen otras que ya hemos comentado en este espacio.
-> La aproximación al tema de ambos espectáculos es en relación a la manera en que los ve-lee-significa-mitifica el público o audiencia. No estoy diciendo que la lucha libre y Big Brother sean iguales. Digo que en tanto la producción y puesta en escena, el público o audiencia los ve-lee-significa-mitifica de la misma manera. Al menos esa es la hipótesis.
-> No estoy diciendo que los participantes al concurso de Big Brother usen “máscaras” o sean actores. Tampoco Barthes afirma que los luchadores engañen al público que los ve. Lo que dice Barthes –y yo me sumo a su decir– es que eso no importa. Parte de la discusión en el caso de Big Brother es el cuestionamiento al qué tanto son influenciados los participantes por la situación límite que viven, por lo que les dijeron antes de empezar el show, la manera en que los seleccionaron, etc. En tanto una deconstrucción del mito, eso no es importante. El mito interesa al semiólogo en tanto sistema de comunicación, y eso incluye tanto al receptor y al mensaje. Si Quetzalcóatl o Zeus no existieron, ¿en que cambia al mito y sus lectores?
Referencias:
Mitologías de Roland Barthes - El libro consta de dos partes. En la primera se analizan cerca de una centena de mitos en la Francia de los 50. La segunda parte es el marco teórico que define y desarrolla el análisis semiológico del mito. Lectura indispensable para comunicólogos y logos afines. Editado en México por Siglo XXI.
“Masaje al Enmascarado de Plata en los vestidores de la Arena Coliseo” de la fotógrafa mexicana Lourdes Grobet quien, entre otras cosas, tiene una larga serie de fotografías de autor sobre lucha libre en México. Siempre se ha declarado a sí misma “ruda”. La foto fue tomada del sitio web del número 14 de la revista Luna Córnea en dónde aparece esta foto originalmente.
En este sitio:
Baudrillard: Una aproximación a Big Brother.
Rating televisivo y “efecto autoengaño”.
¿Big Brother o Big Blabla?
Revísese además la sección de medios.
Veo todo azul…
2002.05.17
La primera vez que la ví casi me pierdo en la perspectiva de su cuerpo. No me hubiera extrañado un accidente automovilístico provocado por el color de su piel. Colocar un cartel con esa figura y de ese tamaño a media avenida debería estar prohibido, me dice la razón. Pero el Eros me dice otra cosa. O mejor: no me dice nada. Me gobierna y me domina. Mis ojos no se mueven. Mi imaginación camina con rumbo a La Habitación Azul.
Me la he encontrado ya varias veces en distintos rincones de la ciudad. Me la encuentro constantemente en los rincones del ensueño.
Y veo todo azul menos el calor de su cuerpo.
Referencia:
La Habitación Azul - Sitio oficial de esta película mexicana. La foto del cartel que aparece ilustrando el texto pueden encontrarla ahí en un tamaño más grande junto con otras imágenes. Para los que viven en la ciudad de México hay “espectaculares” por todos lados. El nombre de ella es Patricia Llaca.
El siglo 24 horas
2002.05.11Globalización significa que el nuevo siglo está abierto las veinticuatro horas.
Desafortunadamente, no está abierto para todos.
Baudrillard: Una aproximación a Big Brother
2002.05.8Atendiendo al señalamiento –por parte de algunos visitantes universitarios a este sitio– de la falta marcos teóricos para estudiar y analizar un fenómeno televisivo como Big Brother (y en cierta medida casi todos los fenómenos televisivos recientes en el mundo occidental), me voy a permitir hacer una recomendación cuyo análisis se centra más en los contenidos y significados.
De hecho, más que un análisis, es casi un comentario por parte del filósofo francés Jean Baudrillard. Baudrillard se ubica entre el postmodernismo vivo. La mayoría de sus libros y ensayos siguen una técnica denominada “teoría-ficción“. Si han leído a Nietzsche o Cioran no tiene porque costarles trabajo. Si no, bienvenidos a algo completamente diferente.
En el artículo Dust Breeding (publicado en inglés en Ctheory.net), Baudrillard aplica algunos de los conceptos que caracterizan su discurso filosófico. He aquí algunos de esos puntos, no con el fin de sumarizar o traducir el texto original, sino de despertarles el antojo de leerlo. (Hay que considerar que Loft Story es el equivalente francés de Big Brother o Gran Hermano y que en Francia el programa estuvo más cargado de sexo).
-> “Nuestra realidad se ha vuelto experimental“. La cultura occidental vive una época que tiende a simularlo todo.
-> “Lo que la gente desea profundamente es un espectáculo de banalidad“. En medio de tantas cosas que contar, en medio de tanta violencia que relatar, los medios están descubriendo la vida cotidiana. La gente está fascinada y horrorizada al mismo tiempo con la indiferencia del “nada que decir” o el “nada que hacer” o (en el caso mexicano) de la muletilla “güey”.
-> “… el público es mobilizado como el juez. El público se ha vuelto Big Brother.” La audiencia tiene el control y el poder. La audiencia es envuelta en este ejercicio de transferencia. Es decir, el voto otorga cierta interactividad a la audiencia. Ya sea para afirmar “así somos” o “así no somos”. Ya sea que levante el teléfono y marque, ya sea que simplemente espere a ver el resultado “para ver lo que la gente vota”.
El texto es inteligente, provocador y polémico. Vale la pena leerlo y estudiarlo con atención. De mi parte solo pediría poner cuidado en algunos puntos (a manera de guía de lectura, no de verdad absoluta):
-> La principal labor del crítico (en este caso Baudrillard) es la de describir no enjuiciar. Claro que hay de descripciones a descripciones.
-> La crítica o descripción de Baudrillard (como gran parte de todo su trabajo teórico) se mueve en el terreno de la retórica, tanto como objeto de estudio, como de método de comprensión. Baudrillard usa la metáfora, la metonimia y la ironía con majestuosidad. Eso hace que sea muy fácil mal interpretarlo (recordemos a Nietzsche y los nazis).
-> Entre otras influencias, Foucault es una de las más importantes para el postmodernismo. En ese terreno, cuando se habla de poder no se piensa en un individuo o gobernante (en este caso una televisora o un productor) que lo domina todo, nos controla y manipula. Por el contrario, todos y cada uno de nosotros somos parte de ese tramado. No hay responsables ni culpables. La crítica busca entender, no resolver.
-> Este tipo de análisis no explica (ni pretenden hacerlo) el éxito del programa de televisión. Por éxito me refiero exclusivamente a los altos índices de audiencia en los países que se ha presentado un show similar. Si un análisis como este lograra explicar el rating no saldría publicado después de ver las cifras. Son análisis a posteriori pero sin experimentación de por medio. Es decir, una vez que un programa de televisión tiene éxito, es muy fácil decir “era obvio, es el tipo de programa que necesita la gente“; o si es un fracaso “¿qué esperaban? desde un principio se veía que no iba a funcionar“. Pronosticarlo antes es un verdadero reto, créanme.
Finalmente, no necesariamente comparto todos los puntos de vista de Baudrillard en este texto. Pero eso lo discutimos después. Primero, si quieren entrarle al tema, hay que tomar distintos marcos teóricos de referencia. Jean Baudrillard es una muy buena lectura de la cultura y los medios contemporáneos.
Referencias:
Dust Breeding de Jean Baudrillard - Publicado en Ctheory.net, excelente journal o revista que últimamente a dejado de estar muy activo. Cuentan con un excelente archivo de ensayos en inglés sobre la cultura contemporánea (incluida la música, arquitectura, fotografía…) por pensadores polémicos del llamado postmodernismo, tales como Paul Virilio y Arthur Kroker. Recomendable en el tenor de entender la visión de Baudrillard, recomiendo el clásico Disneyworld Company.
Artículos relacionados (en este sitio):
Brozo para principiantes.
¿Calidad o rating?
¿Big Brother o Big Blabla?
Rating televisivo y “efecto autoengaño”.
Percepción del tiempo, memoria y el “efecto autoengaño”.
El caos y los libros
2002.05.7El caos es una abertura a lo desconocido que atrae mi voluntad de aventura. La entropía, ley natural, es también responsable de mi tendencia al desorden. Desorden bibliográfico, de mis manuscritos, agendas, archivos en la computadora, discos compactos, pensamientos, recuerdos…
Como diría Jaime Sabines: “Te dicen descuidado porque ellos están acostumbrados a los jardines, no a la selva.” (Maltiempo, IV, VII).
Sin embargo, para que exista caos es necesario que primero haya un orden. Es por esto (y porque no encontraba unos libros que necesitaba) que me puse a ordenar la biblioteca.
Hace mucho años, mis libros seguían el riguroso sistema de clasificación bibliotecario. Hace muchos años menos unos cuantos, mis libros dejaron de seguir las reglas ajenas y prefirieron seguir las suyas propias: los de uso frecuente al frente y abajo, los que nadie lee arriba y atrás.
Ahora les llegó el momento de ser invitados a mantener al menos algunas líneas generales de agrupación, un orden alfabético por autor de apenas la primera letra, y, lo más importante, mostrar el lomo a los lectores potenciales. Junto con esto les correspondió una limpieza y sacudida de polvo.
Insisto, el caos es maravilloso, y mientras más se acumula, mejor. Hoy he estado disfrutando de algunos libros que creía perdidos o en calidad de préstamo permanente. Y todavía no termino.
Un fragmento de “El Ojo de Medusa”
2002.04.30Fotografía.
Humo de un fuego que consume todas las cosas; sombra de un árbol que ha cambiado; cicatriz de una herida que no recordamos; huella de un Viernes que todavía no nombramos; rostro que no reconocemos; signo afectado por la luz y el tiempo.
Fotografía.
Marca indicial única que refiere un objeto sólo suyo, íntimo, personal, singular. Si la fotografía nombrara, nombraría cada objeto con una nueva palabra. Cada objeto aparecido en la imagen fotográfica es único. Único como cada fotografía. Único como todo oscuro objeto de deseo.
De francotiradores, pizarrones y viajes: ¿falta mucho para llegar?
2002.04.29Ser un francotirador, ética y políticamente hablando, es tomar opiniones y decisiones propias, fuera de la mayoría o las mayorías. Incluso, ahora que están de moda, fuera de las minorías mismas. Criticar a uno y otro bando. Apuntar a todos. No dejar a nadie fuera de la mira de la razón.
Al final, el francotirador sabe que lo importante no es una u otra interpretación de la acción ética o política, sino interpretar todos los modos posibles.
Para quien dude del uso de esta palabra, el Diccionario de la Real Academia Española lo consigna así, en su tercera acepción:
3. m. y f. Persona que actúa aisladamente y por su cuenta en cualquier actividad sin observar la disciplina del grupo.
El Diccionario General de la Lengua Española Vox nos aclara mejor el concepto:
3 p. ext. Persona que actúa por su cuenta y cuyos dichos o hechos van en contra de la mayoría.
Fernando Savater –que algo sabe de ética– considera que “francotirador” y “librepensador” son “dos de las palabras estética y éticamente más luminosas de nuestra lengua“. Claro, para la mayoría, el francotirador está loco, no tiene idea de lo que pasa, o, en el mejor de los casos, es un idiota. Y es que es más cómodo sumarse a una mayoría, a una minoría, a un grupo. Y si éste es mediático, mucho mejor. Televisión, radio, periódicos, revistas… ustedes nómbrenlo. Y sumarse no necesariamente quiere decir pensar igual. Hay quienes les encanta pensar siempre diferente a lo que opina la mayoría. Eso también es cómodo.
La semana pasada hemos vivido en México uno de esos acontecimientos que ocupan casi todos los espacios y tiempos disponibles en los distintos medios de comunicación. Además, se introduce en la vida cotidiana: la sobremesa, el café, la reunión familiar, la calle… En medio de tanta gente hablando de lo mismo es increíble lo difícil que es encontrar francotiradores, es decir, personas que no piensen lo mismo. Y no me refiero a que no piensen lo mismo entre ellas, sino que no piensen lo mismo que escucha uno en otros lados. A veces parece que las discusiones sobre un tema político son en realidad ecos sonoros provenientes de todos lados, menos de la cabeza de los interlocutores.
Antes de iniciar los debates en clase de Lógica o Ética, solía ponerle a mis alumnos una regla que más bien funcionaba como metáfora de lo que debería de ser el díalogo: el discurso se contruye sobre un pizarrón en blanco; no se puede anotar en él nada de lo cual no se esté de acuerdo por ambas partes. Se sorprenderían de los resultados, incluso en las discusiones más polémicas.
Entre todas esas discusiones no mediáticas que pasaron por mis oídos, mis ojos, mi boca y el teclado de mi computadora, me quedo con dos. En ambas los interlocutores estaban dispuestos a pensar diferente, a descubrir algo nuevo en el discurso del diálogo. En ambas, los interlocutores aportaron algo que definitivamente no provenía del mass media ni pretendía oponerse a él por simple autoafirmación.
Una de esas discusiones fue via telefónica con un viejo amigo de adolescencia (desafortunadamente no la grabé sino la hubiera dado a conocer en conferencia de prensa sin su consentimiento). Me da gusto saber que seguimos pensando diferente, pero sobretodo que seguimos pensando por nosotros mismos. La otra fue una discusión vía correo electrónico entre viejos conocidos de pasado compartido. Particularmente me fue estimulante el cierre de la discusión por parte de uno de ellos, Eduardo Pacheco. El texto de Eduardo me da cuenta del movimiento, de que pase lo que pase, le guste a quien le guste, lo quieran o no, este país está cambiando, se mueve, y, sobretodo, aprende.
Hemos vivido una sesión repleta de situaciones interesantes que han ocurrido y son producto de la construcción de una nueva vida en México. Vemos cuestiones inéditas, en la forma de gobernar en México y en sus relaciones con el mundo. De todo lo que sucede, a velocidad vertiginosa, muchos nos desesperamos y podemos preguntarnos si caímos en un estado de aletargamiento, o que está sucediendo dentro de la política en México.
Esto lo podemos comparar con una parodia de un viaje a Acapulco, en el que los pequeños preguntamos a cada ratito al papá cuanto falta para llegar. A los niños no nos importa el trayecto para llegar al destino, sino nos interesa el destino como tal. Eso es lo que estamos viviendo. Todos nos preguntamos si ya llegamos al cambio pretendido, y eso no lo sabemos pero lo que si sabemos es que vamos en el trayecto. La diferencia es que antes nuca habíamos salido de paseo y hoy creo que ya salimos, el tiempo premia solo hay que saber esperar para llegar.
Disfrutemos el viaje y no únicamente el destino, porque –no quiero espantar a nadie, pero– tal vez el destino es el viaje.
Microensayos relacionados en este sitio:
Cuba, Ginebra y México: Un poco de lógica.
Silva-Herzog vs. Zaid: Una discusión de altura sobre impuestos en México.
PRI: sin relevo de sangre y pensamiento… ¿o sí?
Cuando Bush dice Borgues, quiere decir Borges.
Democracia, medios e Internet.Referencias y fuentes:
A decir verdad de Fernando Savater - La cita a la que hago referencia proviene de este libro.
Diccionario de la Real Academia Española - Es posible consultar palabras vía web. Si no conocen el sitio vale la pena darle una revisada. Tienen por ahí una utilidad para consultar desde el navegador sin tener que entrar al sitio.
Diccionarios.com - Además de poder consultar significados es posible hacer lo mismo con sinónimos y antónimos, idiomas, etc. Basado en los diccionarios Vox.
La cita de Eduardo Pacheco proviene de una discusión en una lista de correo y fue publicada aquí bajo su autorización. Gracias, Eduardo. (Ojalá y la próxima vez pueda dar de referencia tu sitio web).
Una vieja analogía tecnológico-eclesiástica de Umberto Eco
2002.04.27En el principio, la relación entre las humanidades y las artes frente a la nueva tecnología de las computadoras personales, parecía inexistente. Uno no podía imaginar que nuestros escritores o investigadores favoritos batallaran día a día con los comandos de DOS o la compatibilidad de Macintosh. La imagen del narrador o ensayista detrás de su máquina de escribir Remington primaba sobre cualquier otra. Muy poco a poco nos llegaban historias de un García Márquez escribiendo El amor en los tiempos del cólera en una Apple. Sin embargo, la mayoría de los intelectuales parecía mantener una reticencia a un ente que más bien respondía al campo científico.
Después de escapar una y otra vez del “frío” lenguaje de las Matemáticas, ¿quién iba a rendirse a entender de controladores, extensiones, sistemas operativos, configuraciones y, tal vez lo más terrible, comandos y lenguajes de programación?
La primera vez que estos dos campos se integraron en mi mente, fue cuando leí un artículo de Umberto Eco traducido por un periódico (creo que El Nacional), allá por 1994. En unos cuantos párrafos me quedó claro, no solamente que Eco sabía usar computadoras, sino que era un usuario muy por encima del promedio. Además, ese día aprendí que el acercamiento a la cultura de las computadoras personales no tenía por que ser árida o apartada totalmente de una visión humanista y artística del mundo.
Hoy he encontrado accidentalmente ese texto del autor de El Nombre de la Rosa. Obsoleto en el contenido del análisis como en la tecnología que describe. Vigente en un método analógico y metafórico de aproximarse al mundo, de tratar de entender lo desconocido por lo conocido.
Macintosh es Católica y MS-DOS es protestante; Windows representa un Anglicanismo cismático:
[Macintosh] …es alegre, amistoso, conciliatorio, le dice al fiel cómo deben proceder gradualmente para alcanzar — si no el Reino de Cielo — el momento en el cual se imprime su documento. Es catequístico: la esencia de la revelaciones por vía de fórmulas simples y de iconos suntuosos. Todos tienen derecho a la salvación.
[MS-] …DOS es protestante, incluso Calvinista. Permite la interpretación libre de las escrituras, exige decisiones personales difíciles, impone una hermenéutica frente al usuario, y tiene por principio la idea de que no todos pueden alcanzar la salvación. Para hacer que el sistema trabaje necesita interpretar el programa usted mismo: lejos de la comunidad barroca de juerguistas, el usuario está encerrado dentro de la soledad de su propio tormento interno.
Referencias:
Umberto Eco’s Analogy “Mac:DOS as Catholic:Protestant” - Pequeño pero iluminador fragmento del que hace referencia este artículo. En inglés traducido del italiano.
Versión traducida por Google de La Analogía de Umberto Eco “Mac:DOS como Católico:Protestante” - Aceptable traducción al español vía la conocida herramienta de Google. La cita textual de arriba está basada en esta fuente. (Para los curiosos: es una traducción al español de una traducción al inglés de un texto en italiano. Viva la globalización.)
El diario El Nacional publicado en México, dejó de existir hace muchos años.
Textos relacionados (en este sitio):
Filosofía y tecnología: ¿una extraña relación?
Si Abraham Lincoln hubiera tenido PowerPoint.
El samurai y la máquina.
Umberto Eco: autor con autoridad.
Libro vs eBook
2002.04.23El libro es uno de los dispositivos de mayor éxito en la historia de la humanidad. Aún antes de la invención de la imprenta de tipos móviles, los libros se distinguían de las hojas sueltas como un medio más seguro de guardar información escrita y/o gráfica. En comparación con los rollos de pergamino, el libro permitía una consulta y lectura en un punto cualquiera del discurso sin necesidad de tener que ir de principio a fin. Diferencia que ahora conocemos como de lectura/escritura secuencial, por un lado, y aleatoria, por otro.
El software (el texto) y hardware (las hojas encuadernadas) tienen varias ventajas sobre cualquiera de los nuevos dispositivos electrónicos como herramienta de almacenamiento para la memoria extrasomática del ser humano. No voy a abundar en ellas. Para los fines del día de hoy solo mencionaré uno: patentes.
Los nuevos dispositivos para libros electrónicos carecen de algo tan esencial como que su fabricación no represente el tener que pagar o pedirle permiso a nadie. Ni a Microsoft ni Adobe ni nadie.
Y que conste que soy un tecnófilo, pero también soy un bibliófilo. El libro, como lo conocemos hasta ahora, no sólo seguirá existiendo por varios siglos más, sino que además, en tanto el dispositivo de hardware que lo sustituya no sea totalmente libre de derechos (hecho imposible bajo las condiciones del derecho internacional actual), seguirá existiendo muchos siglos más.
¡Un buen libro y un buen café para el día de hoy!
Microensayos relacionados (en este sitio):
La ortografía en la era digital.
Umberto Eco: autor con autoridad.
Monalisa 1.0: Comerciando con bits.
Derechos de autor en la era post-Gutemberg.
El analfabetismo del futuro.
Pasos de paloma: una vieja manera de hacer viajar al pensamiento
2002.04.19Hegel es el último filósofo sistemático. Es decir, el intento por construir un pensamiento filosófico que contestara todas las preguntas, o al menos orientara el camino para responderlas. Friederich Nietzsche es el primer filósofo que critica todo sistema. De hecho, renuncia él mismo a construir uno. Su filosofía, como la de Platón, comparte territorios con la narrativa, la literatura, la música y la poesía.
Nietzsche va de lo fragmentario a lo aforístico; de la autorreferencia a lo hipertextual; de un ligero cambio de opinión hasta la contradicción absoluta; de un pensamiento pequeño y profundo hasta la “idea más alta”; del apunte al margen de su diario hasta el “libro para todos y para nadie”.
En muy pocos temas y para muy pocos genios, la mera especulación es permisible. Nietzsche es uno de esos genios que se dedicó a uno de esos temas.
El siguiente aforismo lo tengo subrayado en mi ejemplar de Así habló Zaratustra desde la primera vez que lo leí. Todavía suelo darle vueltas y vueltas en mi cabeza. Tal vez es el aforismo el que me da vueltas. Lo cierto es que cada vez que lo leo me revela algo diferente.
En los últimos años he llegado a pensar que en este aforismo se encierra uno de los principios fundamentales de las sociedades organizadas en redes y de la autorreplicación de la información (las memes, Internet):
Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pasos de paloma dirigen el mundo.
Microensayos relacionados (en este sitio):
Filosofía y tecnología: ¿una extraña relación?
Filosofía aplicada.
El mapa de la ciencia.
Weblogs: Escribir la red.
Democracia, medios e Internet.
¿Qué es la red de redes?Ligas externas recomendadas:
Nietzsche en castellano - Excelente sitio. Muy buen material y creciendo. Un poco lento a ratos. Gran parte del Zaratustra está en línea y en español.
Also Sprach Zarathustra - Música sinfónica de Strauss, mejor conocida por ser el soundtrack de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Pueden escuchar una muestra de esta interpretación de von Karajan en Amazon.
The Poster Boy of Guerilla Media - Entrevista en Alternet (en inglés) a Jonah Peretti, el rey del rumor vía Internet. (Uno de los pasos de paloma a los que hay que darle seguimiento).
Percepción del tiempo, memoria y el “efecto autoengaño”
2002.04.18Ampliando lo comentado en Rating televisivo y “el efecto autoengaño” es importante aclarar el por qué nos engañamos TODOS cuando decimos haber visto el mejor de los programas culturales y en realidad caímos en la telenovela o un noticiero de nota roja.
Habíamos dicho: el audímetro o people meter registra el canal que está sintonizado, minuto a minuto. Dicho de otro modo: cada minuto registra el tiempo que le dedicamos a los canales de televisión que vemos. El rating es un indicador de personas y tiempo dedicado.
A los programas que no nos gustan, no nos agradan, nos parecen vulgares, o simplemente no son de nuestro tipo, creemos dedicarles menos tiempo. A los programas que nos gustan, nos agradan, o son nuestros favoritos, creemos dedicarles más tiempo.
Nuestra percepción del tiempo está fuertemente ligada con nuestro estado de ánimo, emociones y sensaciones.
¿Qué tiene que ver esto con el “efecto autoengaño”? Bien, imaginen que se sientan frente a la tele para ver su programa favorito (el de Discovery o People & Arts). En la primera oportunidad (corte comercial, identificación de canal, o que el locutor empiece a decir algo que ya sabemos) le cambiamos o hacemos zapping (si no, ¿para qué es el control remoto o telemando?) con la firme convicción de que “nada más voy a ver rápidamente qué es lo que hay en otros canales y ahorita regreso”.
Lo que sucede a continuación varía de acuerdo a la personalidad de cada quién. Comentaremos el “efecto ruleta” en otro momento. Lo que nos importa ahora es que imaginemos que nos quedamos atorados en algún canal donde están pasando algo que capta nuestra atención inmediata. Puede no gustarnos del todo. Puede que nos quedemos a verlo porque nos parece de mal gusto. Es posible que el conductor se nos haga muy antipático. No importa. De algún modo llama nuestra atención y le dedicamos tiempo. Y el tiempo aquí es la clave.
Supongamos que me quedo con dos opciones: mi canal cultural y un noticiero amarillista. Pasaré el resto de la hora que duran ambos programas haciendo zapping entre uno y otro. Normalmente le dedicaré más tiempo al noticiero que no me gusta y menos tiempo al cultural que me encanta.
Al día siguiente en la escuela o el trabajo alguien me pregunta “¿qué viste ayer en la televisión?” “Mi programa cultural favorito, por supuesto”, es la respuesta. Porque recordamos más claramente aquello que nos hizo sentir mejores, nos hizo pensar, etc.
Dos breves ejemplos más:
Decimos que una regla de oro es que siempre que le cambia uno de canal (zapping) mientras está uno viendo el fútbol, uno de los equipos anota gol y nos lo perdemos. Mentira: le cambiamos muchas veces durante la transmisión pero recordamos aquello que nos provoca más intensidad de emociones.
Hay quienes leemos todos los días un periódico, revistas, propaganda, estados de cuenta del banco, y un sin fin de cosas más (¿weblogs?). Muchos de nosotros leemos mucho más ese tipo de cosas que una buena novela o un a un buen pensador. Sin embargo, recuerdo perfectamente los libros que he leído durante el año, ¡pero no me pidan que recuerde lo escrito en el periódico!
Cuando el rating televisivo se medía preguntándole a la gente, la mayoría decía ver programas culturales y noticieros; los hombres no veían telenovelas. Ahora que la medición es científica y utiliza una tecnología muy sofisticada, ha quedado revelado que: casi nadie ve programas culturales, los noticieros se ven solo en temporada de tensiones políticas, y que los hombres sí ven telenovelas.
Por cierto, Internet y particularmente la web, ha revelado a través de sus motores de búsqueda y palabras clave una sociedad mucho más victoriana y pudorosa de lo que creíamos. Mientras en los motores de búsqueda las palabras más usadas son aquellas relacionadas con el sexo, en las encuestas verbales a los usuarios Internet se usa para investigación, oportunidades de negocios y demás cosas asexuadas.
Microensayos relacionados en este mismo sitio:
Rating televisivo y el “efecto autoengaño”.
Calidad o Rating.
Cuando los investigadores no investigan.
¿Big Brother o Big Blabla?
Rating e Internet: fin de la seriedad, regreso al sexo.
Pueden revisar actualizaciones en medios.
Rating televisivo y el “efecto autoengaño”
2002.04.16La medición de audiencias moderna es llevada a cabo mediante un aparato llamado audímetro (también people meter o meter) el cual registra minuto a minuto el canal en el que está sintonizado un televisor. Una selección de familias distribuidas en una región o país forma parte de una muestra o panel representativo sobre lo cual se basan los ratings. Es una encuesta electrónica donde nadie miente.
A diferencia de las encuestas por entrevista y cuestionario, de autollenado o vía la web, con el audímetro no hay autoengaño posible. Y créanme, TODOS nos autoengañamos a ese respecto.
En el caso de Big Brother por ejemplo (que está pasando por primera vez en México), desde los espectadores más comunes hasta los críticos televisivos más acérrimos, hablan de este programa de televisión. Es parte del efecto calculado del programa. Lo que nunca me dejará de parecer interesante es el que muchos de esos críticos nieguen verlo y sin embargo hablan de él. Esto es común al fenómeno televisivo en general.
Por ejemplo, el escritor Fabrizio Mejía Madrid comenta en el suplemento “cultural” de El Ángel en Reforma lo siguiente:
[Para los que no son mexicanos les aclaro: López Dóriga es un periodista conductor del noticiero prime time en cobertura nacional abierta aquí en México. Representa el mainstream o mayoría. Amador Narcia es uno de sus reporteros. Por otra parte, Ciro Gómez Leyva y Denisse Merker son periodistas conductores de un noticiero mucho más austero de cobertura local en la capital por T.V. abierta. Su audiencia objetivo o target es un nivel socioeconómico más alto y con un enfoque de contenidos un tanto más crítico. Para los fines de este comentario, con esto es suficiente.]
Tirados viendo a López Dóriga, así es como nos retratan las cifras. No me identifico. Yo siempre estoy tirado viendo a Ciro y a Denisse, pero, claro, we«re the happy few. ¿Por qué el gran espectáculo es ver el noticiero? Después de viajar en Metro, pesero y vadear la inundación de la colonia, uno llega y se tira a ver lo que haya. Y se cena viendo a López Dóriga con un segmento donde Amador Narcia sale a cuadro, cosa que quizás esté relacionada con la baja de talla entre los habitantes de la ciudad. Otra razón es que los noticieros son actuados: su principal noticia son los conductores que cotorrean, golpean la mesa, y hasta se ríen, algo impensable en los tiempos de Jacobo. Frente a tanta diversión, ya no se requiere el “me duele la cabeza” o “tuve un día deprimente”, sino que se echa mano del “espérate, no ves que hoy van a pasar la segunda parte del reportaje de la niña sin nariz que llegó a líder de San Piporro”. Los conductores leen y comentan. Se les mira para compartir su opinión, para burlarse de ellos y, sobre todo, para ver a qué están dispuestos para subir su rating.
La contradicción capital aquí es: si el señor Fabrizio Mejía Madrid no ve a López Dóriga, ¿cómo es posible que describa tan bien lo que pasa en su programa? Si realmente no ve ese noticiero, ¿cómo se atreve a criticarlo?
Esto es mucho más común de lo que se pueden imaginar. Recuérdenlo la próxima vez que escuchen que alguien no ve un programa de televisión X porque en él se pasan tal y tal y tal y tal…
Post data sincera: Yo si he visto Big Brother.
Referencias:
El artículo del Reforma se llama Radiografía íntima del consumidor. Información sobre CNI Canal 40 y el noticiero de Ciro y Denisse. La página de Televisa, casa de Big Brother y el Noticiero con Joaquín López Dóriga.
Origami y matemáticas: geometría de un espacio que se dobla
2002.04.11El método de las Matemáticas ha quedado plasmado en la geometria de Euclides (la que conocemos todos desde la escuela). A partir de unos cuantos axiomas y postulados (entre dos puntos cualesquiera puede ser trazado un segmento de recta) es posible derivar paso a paso teoremas y nuevos teoremas (teorema de Pitágoras).
Jorge Luis Borges en el prólogo al libro Matemáticas e Imaginación de E. Kasner y J. Newman, sugiere una imagen para dimensionar esta facultad del método matemático:
Un hombre inmortal, condenado a cárcel perpetua, podría concebir en su celda toda el álgebra y toda la geometría, desde contar con los dedos de la mano hasta la singular doctrina de los conjuntos, y todavía mucho más.
En lo cual, el escritor argentino, tiene toda la razón. Sin embargo, cabe aclarar que este recluso inmortal no necesariamente concebiría el álgebra y la geometría, sino simplemente un álgebra y una geometría. ¿Cúal geometría? ¿Qué tal una basada en el origami?
Pues bien, un matemático italo-japonés, Humiaki Huzita, ha ha construido una geometría basada en axiomas del origami. Thomas Hull nos brinda un tutorial muy ilustrativo e iluminador sobre esta geometría (en inglés).
Por ejemplo, el primer axioma: “dados dos puntos cualesquiera en una hoja de papel, podemos doblar ésta para conectarlos entre sí“.
No es una geometría sencilla. No sé si por que no lo es en sí misma o porque no estamos acostumbrados a pensar en un espacio que puede doblarse. Lo que si puedo asegurarles es que es muy sugerente.
Referencia:
Origami Geometric Constructions (de Thomas Hull).
Microensayos relacionados (en este sitio):
Origami y fotografía: recetas para entender la realidad.
La web existía antes de Internet
2002.03.25Platón sostiene en boca de Sócrates que la escritura provocará el olvido en las almas de quienes aprenden. Ese tema será para Platón, escritor y filósofo, una de las interrogantes que más lo atormentará durante sus últimos años. De hecho, podemos decir que no llegó a una conclusión tajante al respecto. Y si lo hizo, no dejó testimonio por escrito.
Sócrates: … Pues este descubrimiento [la escritura] provocará el olvido en las almas de quienes aprenden, porque no usarán su memoria y se fiarán de los caracteres escritos externos y no recordarán por ellos mismos. (Platón en Fedro)
Hoy se me ocurre pensar que tal vez no estaba tan equivocado. Como todos sabemos, después vino la imprenta, y la relación de los seres humanos con la memoria no mejoró mucho.
La gran disyuntiva entre el almacenamiento de información extrasomática (escritura, CD-ROMs, cómics) y la somática (memoria natural) abre un panorama de análisis y reflexión que abarca desde la tradición oral hasta la evolución y sobrevivencia de las civilizaciones, pasando por la poesía, las memex, los dichos populares, y los grandes sistemas educativos. La disyuntiva no es fácil de resolver, y espero que después la podamos abordar.
Antes del uso de la escritura en la vida cotidiana y, por supuesto, mucho antes del nacimiento de la imprenta, los hombres y mujeres usaban su memoria. Se apoyaban en muy diversas artes y técnicas para memorizar discursos de gran extensión. El verso, la musicalización y la repetición, son ejemplo de algunas de estos sistemas. Sin embargo una de las más bellas y efectivas es la de los mapas cognoscitivos (nombre moderno) también conocidos como teatro de las ideas o palacio de la memoria.
La técnica se puede reducir a algo como esto:
1] Elige un espacio real o crea uno imaginario y visualízalo en tu mente: una casa, un palacio, una galería, un jardín.
2] Recorre distintas rutas por el espacio elegido mentalmente: cada uno de sus cuartos, recintos, patios…
3] Asocia a ese espacio los distintos elementos del discurso que tienes que memorizar: se forman lugares-tema.
4] Recorre nuevamente el espacio virtual que has creado: los lugares-tema.
Esta técnica, ideal para el ya olvidado arte de la oratoria, permite diseñar rutas de recorrido por esos espacios memorizados o mapas cognoscitivos. No es necesario seguir siempre la misma ruta, e incluso es posible la improvisación o la caminata libre: esto evita los discursos o ponencias lineales.
Los estudiantes que se iniciaban en esta técnica usaban como espacios de asociación lugares conocidos, normalmente sus propias residencias. Los maestros de este arte eran capaces de diseñar cual arquitectos grandes palacios donde almacenaban el conjunto de datos, información y conocimientos que acumulaban en su vida.
Perdón por lo extenso de este texto, pero la imagen a la que quería llegar creo que vale la lectura:
Me imagino a los maestros de este arte de la memoria llegando a casa después de una larga jornada de trabajo, y a falta de computadora e Internet, entran y recorren estos espacios de información virtuales que su mente ha creado. Navegan una telaraña de información dentro de su propio cerebro por rutas diferentes cada día: la web exisitía antes de Internet.
Referencias:
Memory Palaces de Carl Malamud en Mappa Mundi Magazine
http://mappa.mundi.net/cartography/Palace/La imposibilidad de un mapa cognoscitivo. Una teoría sobre por qué leemos bitácoras. En la bitácora Cenotafios.
Microensayos relacionados:
¿Qué es la red de redes?
Y revisen las sección de Internet
La ortografía en la era digital
2002.03.25Una de las recomendaciones en la gran mayoría de técnicas para la escritura creativa es olvidarse de la ortografía y gramática mientras se escribe. Las escuelas y los maestros de primaria o estudios básicos han logrado hacer prevalecer la memorización de reglas sobre la creatividad y desarrollo de las ideas. Como consecuencia los adolescentes y jóvenes se reprimen cuando se les piden ensayos o cuentos en los talleres de escritura (llamados normalmente “de redacción”). Por preocuparse en seguir las reglas se olvidan de lo que quieren expresar. En cambio, si se les pide que escriban sin preocuparse por la ortografía y redacción, uno descubre verdaderos escritores potenciales.
Por supuesto hay que aprender que la corrección viene con la reescritura.
Cuando Shakespeare y Cervantes vivían no existían los manuales de ortografía. Antes de refundar el arte dramático y de inventar la novela, cada uno respectivamente, sus maestros no les restringieron la creatividad con memorizaciones inútiles.
Sin embargo, con las nuevas tecnologías de la información la ortografía toma una nueva dimensión e importancia. Una palabra mal escrita (sea por desconocimiento o por error) se hace prácticamente ilocalizable en un motor de búsqueda o causa duplicidades e incoherencias en las bases de datos.
Los resultados en las búsquedas de Google, por ejemplo, son notoriamente distintos si se usan con acentos o sin ellos. Ya no digamos si además cambiamos una “v” por “b”.
Algunos de estos motores de búsqueda sugieren nuevas palabras cuando consideran que puede haber un error en la que utilizamos. Lo peor de todo es que aún si utilizamos la palabra adecuada en la búsqueda, nada nos garantiza que el autor del documento que buscamos haya escrito correctamente el término.
La puntuación y el uso de mayúsculas o minúsculas no necesariamente es importante. De hecho es irrelevante en la mayoría de los analizadores de texto básicos.
Afortunadamente están los correctores ortográficos, que en mayor o menor medida, son una compañía indispensable. Los errores tipográficos o “de dedo” son detectables de inmediato.
En una empresa se convierte en norma indispensable que los empleados escriban correctamente los datos que dan de alta en la computadora. El nombre de un nuevo cliente puede perderse si no es escrito tal y como debe ser.
En la web no es posible establecer una norma que defienda el uso de una buena ortografía. Afortunadamente. Sin embargo, el mal uso de las letras pagan el precio del descuido: quedar enterrados bajo una avalancha de resultados en los motores de búsqueda.
Referencias:
Google: http://www.google.com.
Microensayos relacionados:
Camille Claudel o Las Formas del Deseo (2/2)
2002.03.18[La primera parte de este ensayo pueden leerla aquí.]
En 1895, Camille Claudel termina El Vals. Una escultura en bronce de la que logra arrancar un dinamismo sorprendente. La pareja de bailarines que la constituyen apenas se sostienen. Casi salen del espacio virtual de la escultura rompiendo sus ataduras con la roca para alejarse a danzar libremente por el salón imaginario. La tensión aumenta por el modo en que en un juego de ilusión perfecto los rostros de ambos amantes se entre tocan.
Esto gracias al movimiento y la velocidad de una fuerza centrífuga y centrípeta invisible que nace de su mismísimo centro de gravedad. Idéntica fuerza que permite a los amantes mantenerse estrechamente unidos a pesar de acariciarse sólo suave y delicadamente por el talle y por la mano.
El Vals de Camille no captura el movimiento. Lo ejecuta. Lo hace emerger y le da libertades. Lo dota de espacios. Le abre dimensiones. Lo mantiene perpetuo. El Deseo gira vertiginoso en las manos de Camille para darse significado en el lenguaje de las formas.
Pero el Deseo no conoce de lenguajes. Es Camille la que logra dar con ellos. Por momentos cree que controla ese Deseo que ocupa su cuerpo y es la causa de sus desvelos. Pulsión exigente en el pecho que busca hacerle el amor a sus imágenes.
Poco antes de hacer manifiesto el hecho de ser perseguida y de que los doctores la internaran en un “hospital para enfermos mentales“, Sakountala reaparece, pero esta vez sin ese nombre. Muchas cosas han cambiado. Ha roto con Rodin en lo sentimental, artístico y académico. Su Sakountala también ha roto con la creencia en la fidelidad conyugal y la abnegación. Ahora recibe otro nombre: EL Abandono.
La nueva pieza respeta a la primera en lo superficial. Salvo porque esta segunda está hecha en mediano formato, parecen a simple vista, copia la una de la otra. Pero no es así. El Abandono se aleja de Sakountala en su solidez y cohesión. Esta vez, algunas partes parecen no respetar las proporciones geométricas y el espacio virtual de la escultura. Mucho menos la proporción de la figura humana. A Camille ya no le interesa respetar a su maestro, ya no cree en su amante, se siente perseguida, finalmente, por su Deseo.
Las pantorrillas del hombre que aparece hincado (ya no podemos decir que sea el rey Dusyanta) son más largas de lo normal y carecen de los músculos subrayados. Son delgadas y separadas. Los pies salen de la base. La escultora nos deja ver aquello que antes únicamente se podía tocar. El cuerpo de la mujer también ha perdido peso. Se ha estilizado. Ya no carga con la fuerza de la abnegación: padece la soledad y la pérdida. Es la abandonada.
Aunque el amante regrese y le pida perdón nada podrá liberarla de la certeza inexorable de saber que el Deseo nunca se acaba de consumar, que nos alejamos de nuestro primer encuentro con él sólo para que nos persiga una y otra vez. Sakountala, virgen y mártir, no lo sabía. El Abandono de Camille sí lo sabe: estamos ante una de sus piezas más significativas y simbólicas. La prueba irrefutable de que la escultura de Claudel nos revela la fragilidad de la vida humana. Fragilidad plasmada en roca sólida, en bronce inquebrantable. Deseo y fragilidad que ni el mismo Rodin pudo plasmar en su obra.
Auguste Rodin dijo de ella: “Yo le mostré donde encontrar oro, pero el oro que ella encuentre le pertenece”. Y Camille Claudel lo encontró… al lado del Deseo.
***
La primera parte de este ensayo pueden leerla aquí.
Imágenes en formato un poco más grande: http://www.ac-creteil.fr/camille/camille.htm
Desafortunadamente no pude entontrar una fotografía de referencia para El Abandono.
Camille Claudel o Las Formas del Deseo (1/2)
2002.03.12Es ya de noche. Es el año de 1876. El Deseo, creador de todas las cosas, invade lentamente la habitación de una niña dormida, de catorce años apenas, llamada Camille Claudel. Penetra intempestivamente entre sus cobijas y recorre centímetro a centímetro la piel de su cuerpo. Explora cada uno de sus planos, ángulos y profundidades. Rastrea con su tacto cada uno de sus pliegues. Descubre volúmenes incipientes y curvas que apenas se forman. La invade toda.
Camille despierta y siente el Deseo. Se mira a sí misma mujer y no niña. No entiende aún de qué esta hecha la materia informe que la ha asaltado durante la noche. La intuye solamente. No sabe si escapar de ella o dejarse alcanzar. Sabe, si acaso, que tendrá que buscar darle forma en algún otro pedazo de arcilla o mármol. Sospecha, también, que el Deseo es una experiencia que no se olvida. Un extraño que a veces nos persigue y otras le perseguimos.
El Deseo ha encontrado a Camille Claudel. Camille Claudel le ha dado forma al deseo. Es tarde: el Deseo no dejará de perseguirle y ella no dejará de darle forma.
Para 1888 su Deseo adquiere síntomas de obsesión con un proyecto escultórico que perseguirá a Camille a lo largo de varios años de su existencia: Sakountala. Si, la Sakountala del drama hindú escrito por Kalidasa. La bella y pura mujer a la que el rey Dusyanta le pide perdón de rodillas por no haber cumplido su promesa ni haberla reconocido a ella y a su hijo. La escultura de Camille trata de reflejar el encuentro final de este drama amoroso. Sakountala es ejemplo de castidad y fidelidad conyugal llevada a la máxima abnegación. Es obvio que la relación de Camille con Rodin ha traído cambios en lo sentimental y lo artístico. Camille cree fervientemente en la posibilidad de consumar el Deseo. Esta enamorada.
El Deseo toma forma en Camille. Camille toma forma en Sakountala. En gran formato, los cuerpos de la pareja están a una escala ligeramente mayor a la real. Los músculos pronunciados un poco más de lo normal, pero conservando de manera estricta las proporciones de la figura humana. La pieza forma una unidad sólida y firme, de gran cohesión y sencillez plástica. Así como Sakountala se funde casi con Dusyanta en la escultura, la técnica y el estilo de Camille se contagia del de su maestro y amante Auguste Rodin, aunque ya distinguimos elementos propios y constantes de Camille y su Deseo: la cabeza femenina inclinada en relación al cuerpo, la promesa en barro de detalles finos y texturas sensuales, y, lo más importante, una preminencia de lo expresivo sobre el instantáneo.

En Rodin, es prioritario capturar el “instante decisivo” (valga la expresión fotográfica) y plasmarlo en lo geométrico. En Camille ese instante esta dado en la expresividad y las emociones de los personajes que su arte crea y recrea. La imagen del joven rey hindú que aparece hincado pidiendo perdón frente a la madre de su hijo, no constituye un momento o instante esencial en el drama de Kalidasa. Es la escena culminante de un drama lleno de pasión y dolor. Camille Claudel lo entiende, y a su vez lo escenifica en la imagen tridimensional. El discípulo se aleja del maestro.
La segunda parte de este ensayo la pueden leer aquí.
***
Imágenes en formato un poco más grande: http://www.ac-creteil.fr/camille/camille.htm
¿Calidad o rating? 3a parte
2002.03.7Lo importante no es cuánto rating quiere un productor para su programa de TV, sino cuándo. Si tener rating es una necesidad inmediata, no hay más: los programas violentos, de sexo y amarillistas son la mejor fórmula para tener rating mañana mismo. Sin embargo, mientras más escandaloso es un programa, más rápidamente la audiencia se va a cansar de él. Es por eso que vemos entrar y salir programas en las diversas televisoras tan fácilmente.
Un programa de televisión comercial depende de tres factores para estar en el aire: rating, ventas y estrategia editorial.
Si los objetivos del productor son a mediano o largo plazo, es posible pensar en construir una audiencia. Si el destino de CNI Noticias (noticiario prime time de una estación local en ciudad de México) o El Mañanero (noticiario matutino en otro canal local) hubiera dependido del rating que tuvieron cuando empezaron, hubieran salido del aire en una semana. Con el tiempo han logrado incrementar audiencia atrayéndola de otros canales.
En los Estados Unidos los programas de televisión se calendarizan por temporadas anuales. Previo al inicio de temporada, los canales prevenden la serie completa de programas, en su mayoría de frecuencia semanales. Esto tiene una gran ventaja: si un programa no tiene buen rating tiene garantizada su duración y arribo a un final digno; si el programa tiene un buen rating, garantiza un nuevo periodo de transmisiones con la oportunidad de prevender a mejor precio y contar con un mejor presupuesto.
En México no existe una cultura de la planeación. Eso, junto con una muy fuerte recesión económica que ha impactado las ventas, tiene como consecuencia que los programas que se transmiten dependan directamente del rating que tienen día con día. Si no hay rating no hay dinero y por lo tanto adiós programa.
Casos:
-] Big Brother: la preventa les debe asegurar el tiempo que van estar en el aire; rating en crescendo pero el formato del programa no permite más de cuatro meses; estratégicamente Televisa se presenta como vanguardista.
-] Círculo Rojo, Zona Abierta (mesas de opinión política y de actualidad): pocas ventas aunque pocos costos de producción; mal rating y sin ganas de mejorarlo; estratégicamente la empresa busca posicionar programas con liderazgo de opinión en un plan a más largo plazo.
-] Agua y Aceite (telenovela): malas ventas y altos costos de producción; bajo rating que afecta el noticiario que sigue en prime time; sin importancia estratégica aparente.
-] El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado (comedia en repetición): aunque vendan poco no importa porque el programa tiene un costo cero; excelente rating; es un programa que a largo plazo crea fidelidad en una audiencia hoy infantil.
Lo interesante de un sistema de medición de audiencia como el que se hace con los audímetros electrónicos (people meters) es que es posible tener resultados de rating al día siguiente. Analizando los datos e información obtenidos (que son muchísimos) es posible realizar modificaciones consistentes y empíricamente comprobables a aspectos formales y de formato al programa sin necesidad de modificar mayormente los contenidos.
Muchos productores no lo entienden, pero a veces el que un noticiero o conductor de noticias hable un poco más rápido y fluido trae consigo beneficios significativos.
Lo ideal, por supuesto, es garantizar una preventa acorde con los costos de producción, establecer claramente los objetivos y planear, planear, planear, planear…
La lógica de Diótima
2002.03.6La lógica de Diótima: no todos los hombres son Sócrates.
El enano
2002.03.6Tratando de alcanzar las estrellas, el enano cayó al fondo del cielo.
Un fragmento de “El Archipiélago de la Memoria”
2002.02.26Como todas las veces que se encontraba con el mar, llegó a su memoria la ya lejana noche de un invierno especialmente oscuro. Y es que el sabor a agua salada siempre le recordaba la despedida que se dan los amantes debajo de un farol a media calle.
Cuando fue marino, ¿cuántas veces no contempló el mar desde la barandilla en la cubierta del barco? ¿ Cuantas veces no miró impasible la costa y sintió nostalgia de la tierra?
Hoy, frente al mar, el sol de mediodía caía sobre su rostro y las olas bañaban sus pies clavados en la arena.
Pasó largas horas ahí, en la orilla de la playa. Sus pensamientos estaban absortos en la débil brisa que golpeaba su cara; en la repetida historia del agua que desea a la arena y la acaricia; en la ambigua línea del horizonte que divide dos espacios igualmente profundos; en las sirenas que desde tierra cantan “no te vayas”…
Por un instante olvidó que esta vez sus pies pisaban tierra. Sintió como si un barco debajo de él se meciera sobre las olas; como si estuviera ya navegando en mar abierto esperando a que la noche revelara un océano de estrellas escondido durante el día.
Después reaccionó y se dio cuenta que sus pies seguían clavados en la arena. “Es curioso -pensó- parece que acabo de sentir nostalgia en tierra por la nostalgia en el mar”.
Agobiado ya por el sol de medio día, desenterró sus pies y se alejó caminando a lo largo de la playa: “sólo hay una victoria más grande que liberarse de la tierra -concluyó- y es dejar de ser preso del mar”.
El samurai y la máquina
2002.02.25El samurai inicia su entrenamiento luchando sin espada. Entabla un combate sin armas muy similar a la danza. Los aprendices más avanzados pelean entre ellos como si realmente tuvieran una espada en sus manos. Es un ejercicio que va mucho más allá de la mímica. Su finalidad principal es que el samurai conozca el vacío.
¿Qué significa este vacío? Reconocer los espacios donde, en medio de ese combate imaginario, debería estar la espada. Ese lugar donde la espada se hace necesaria. Sólo hasta ese momento, el samurai es digno de recibir una espada de verdad para continuar su entrenamiento.
Tomar el arma antes de tiempo implica que el guerrero se condicione a pensar de inmediato en tal arma. En lo que menos debe pensar un samurai durante el combate es en su espada. La espada y el samurai no se piensan entre ellos: son uno y lo mismo.
El fenómeno se repite con cualquier herramienta o maquinaria. Antes de usarla, antes de tenerla en nuestras manos, debe hacérsenos absolutamente necesaria.
La fotografía es uno de los tantos ejemplos de la relación del ser humano con las máquinas. Antes de tomar una cámara fotográfica es importante que el alumno aprenda a mirar. Hasta que no reconozca un vacío, una ausencia, algo que le falta al observar el mundo, mejor que no cargue una cámara fotográfica…
… ni la computadora, Photoshop, Corel, el escáner…
Rockdrigo: de México para el mundo
2002.02.20El videodocumental Rockdrigo, La ciudad del recuerdo, se estará presentando el día de hoy (20/feb/2002) a las 15:00 hrs en la sala José Revueltas en el Centro Cultural Universitario, aquí al sur de la ciudad de México, alias Chilangolandia. Para quienes todavía no lo saben, el documental está dirigido por Alejandro Ramírez y en mayo se exhibirá en la ciudad de San Diego en un festival de por allá (ya les avisaré fechas).
El que escribe colaboró para la traducción del video al inglés. La parte más complicada es por supuesto la letra de las canciones. ¿Cómo traducir El metro Balderas de Rockdrigo González?:
No, no, no, no, no, no, no, no.
En la estación del metro Balderas,
una ola de gente se la llevó.
En la estación del metro Balderas,
vida mía, te busqué de convoy en convoy.
Mejor haga caso o le doy un balazo,
¿No se ha dado cuenta que estoy muy alterado?
Ya lo dijo Freud, no me acuerdo en qué lado,
sólo una experiencia que he experimentado.
Aunque esta es la ruta que me lleva al trabajo
hoy estoy dispuesto a mandarla al carajo.
Llévame hacia Hidalgo o hacia donde quieras,
pero no me cruces, no
por la estación de Balderas.
En la estación del metro Balderas,
ahí fue donde yo perdí a mi amor.
Esto es lo más que pude hacer. Se aceptan críticas, of course:
No, no, no, no, no,no, no, no,
in the Balderas Train Station
she was taken away by a sea of people
in the Balderas Train Station
my love, wagon by wagon I looked for you.
Pay attention or I’ll shoot you!
Haven’t you notice I’m very upset?
Like Freud Said, I don’t remember where,
just a experience I’ve experienced.
even though this route take me to work,
today, I’m gonna fuck it away.
Take me to Hidalgo or anywhere else you like,
but don’t cross, no,
the Balderas Train Station.
In the Balderas Train Station
is where I lost my love.
Por cierto, la bitácora o weblog de Alejandro está próxima a hacer su aparición oficial. La evangelización rinde sus frutos.
Origami y fotografía: recetas para entender la realidad
2002.02.20Dos textos para reflexionar sobre nuestra relación con la realidad a partir de imágenes.
Joan Fontcuberta reseña una nueva edición del libro de Vilém Flusser, Una filosofía de la fotografía:
Flusser empieza definiendo la imagen como una superficie dotada de significado, y la imaginación, como la capacidad de abstraer formas del mundo para reproyectarlas sobre una pantalla.
La traducción previa al español de este libro, se podía leer en una edición de editorial Trillas, pero no es muy buena. Ojalá esta nueva edición al español de editorial Síntesis sea mejor, pues si bien el libro de Flusser puede quedarse ya un poco obsoleto en algunos puntos, no deja de ser un clásico.
Por otro lado, en una convención de matemáticos en Boston, se analizaron las virtudes del origami (papiroflexia) para ayudar a los científicos a resolver problemas:
“After that, it’s about experimenting with different base shapes, devising a strategy, coming up with a working model, and then evolving it toward perfection.”
De ambas aproximaciones es importante destacar el valor que últimamente se le da a la imaginación y visualización como parte del proceso de aprehensión de la realidad. Sin embargo no hay que olvidar que esos modelos e imágenes sólo pueden ser útiles para la ciencia si son diseñados racionalmente y contrastados experimentalmente con la realidad que pretenden representar. De lo contrario en lugar de modelos nos quedamos con metáforas (bellas pero inútiles) como el tarot o los horóscopos.
En Eurekalert pueden encontrar la nota sobre origami y matemáticas.
Y en el suplemento de Babelia de El País, la reseña de Fontcuberta.
¿Calidad o rating? 2a parte
2002.02.18¿Quieren que su programa tenga más rating? En la primera parte de esta serie de artículos mencionábamos algunos puntos que vamos a ir desglosando. En el presente texto diremos un pequeño secreto para responder a esta pregunta: la información sobre ratings es inútil, es más, ninguna información por sí misma es útil para el ser humano.
La única manera en que la información sobre rating (igual que cualquier otro tipo de información) puede ser útil es conocerla y entenderla. Datos, información, conocimientos y saber son 4 cosas distintas:
Los DATOS son hechos, números, letras, símbolos, sin tratar, sin procesar, sin significado (7343728; rojo; 14.2).
La INFORMACIÓN son datos que han sido organizados, sistematizados y presentados (identificación 7343728; carro rojo; 14.2 puntos de rating)
CONOCER es entender, analizar e interpretar la información (es importante que todo ciudadano cuente con una identificación; prefiero los carros rojos; 14.2 puntos de rating es lo adecuado para ese horario y público). Vivimos en la era de la información, no en la era del conocimiento.
Los DATOS y la INFORMACIÓN sirven de muy poco o nada solos: es el conocimiento el que les da significado.
Entendamos y conozcamos de lo que hablamos. Los productores, programadores, conductores, actores y periodistas de televisión suelen tener su propia opinión sobre los ratings: básicamente no creen en ellos. La mayoría de ellos suele decir que no son representativos, que las cifras son frías, que lo importante son los comentarios que escuchan en la calle, etcétera. Pero eso sí, cuando uno opina de su oficio, de su saber, de sus conocimientos, responden tajantemente que ellos tienen años de experiencia y por eso saben lo que hacen.
Es decir, para hacer lo que hacen (producir, programar, actuar, conducir, dar noticias o escribir artículos) se necesitan años de experiencia y una habilidad con la que no nace cualquiera, por lo tanto nadie más que ellos puede opinar al respecto. Pero para opinar de ratings, a ellos les basta una hora. Los descalifican en unos minutos. Les dan la espalda con arrogancia y dicen que no sirven.
No supongamos, no obviemos, no creamos. La medición de audiencias televisivas actual es lo suficientemente compleja como para no poder entenderla en un par de horas. Y es lo suficientemente sencilla como para dominarla - en lo básico y para fines prácticos - después de unos seis meses de estudio. Hay que saber de estadística, teoría de muestras, la metodología operativa y de procesamiento de datos del panel, los diversos indicadores, sus fórmulas. No es posible criticar los ratings si no se les conoce.
Hay que estudiar y prepararse. Mientras la información de niveles de audiencia para las estaciones de radio (provistas por IBOPE e INRA para el caso de México) son publicadas cada tres meses con avances parciales cada mes, los resultados de la medición en televisión (IBOPE) son entregados cada mañana. En radio se miden segmentos de una hora principalmente. En televisión es posible medir el rating minuto a minuto.
Un productor de radio me comentaba en alguna ocasión que el sería feliz con una medición minuto a minuto del rating de su programa y con entregas diarias, igual que la recibe un productor televisivo. Esto le permitiría corregir al día los segmentos que realmente necesitan ser corregidos y no hacerlo a tientas al esperar los resultados semanas después, como lo hace actualmente. Le respondí que el riesgo del uso de información sin contar con los conocimientos suficientes para entenderla e interpretarla podía hacer que acabara desarticulando toda la estructura de su programa al no saber bien lo que significaban las cifras.
En Chile se hizo el experimento de medir el rating y transmitir el resultado a las televisoras en tiempo real. Lo que provocó fue que los productores y programadores chilenos desarticularon el formato y contenido de la televisión de su país. Al ver los índices de audiencia en vivo como los programas mismos, los hacía tomar decisiones en ese preciso instante, olvidándose por completo del guión y estructura de los programas. Por ver los árboles perdieron de vista el bosque.
Este fenómeno no es diferente en otros campos: tenemos que aprender que no es lo mismo datos, información, conocimiento y saber.
Post scriptum: El que no defina qué es el SABER, fue totalmente intencional. Para los fines del presente no es necesario y prefiero explicarlo contando una historia en otro momento.
¿Qué es la red de redes?
2002.02.15[Estos aforismos fueron escritos y publicados el siglo pasado (1998) en uno de mis primeros sitios de Internet (hoy desaparecido).]
Un mundo que hemos renunciado a entender. Seres humanos con tiempos y espacios propios. Imágenes perdidas en un cajón de escritorio. Fotografías encarceladas enun rollo de película que no revelamos nunca. Palabras cuyo aroma se desvaneció con la bohemia que las produjo. Ideas que no hubo tiempo de compartir. Personajes de un cuento que no pudimos terminar. Gritos que nadie escuchó. Deseos ahogados en la soledad y la culpa. Espacios vitales que nos quitaron o nunca tuvimos.
Todo eso y más parece ser la Red.
Las nuevas tecnologías y los nuevos espacios parecen devolver a las masas el acceso a los medios de comunicación y de expresión de largo alcance. Con relativamente pocos recursos (el equipo de un amigo, pariente o del trabajo) es posible dar a conocer por medio de la Red una gran cantidad de información.
Publicar una revista; dar a conocer un texto; crear una galería; poner al aire una estación de radio; tener tu propio programa de televisión; mantener contacto con distintos grupos, amigos o familiares; integrarte o solidarizarte con la lucha, idea, pensamiento o gusto de tu preferencia; saber que no estás solo; informarte; etcaétera, etcaétera…
Bienvenido. Estás en la Red.
¿Calidad o rating? 1era parte
2002.02.11Tengo la firme convicción de que no existe tal disyuntiva entre la calidad o el rating. Creo que es posible conjuntar en un mismo programa calidad y audiencia. Muchos piensan que la mala calidad de los programas que vemos a diario es un reflejo de lo que los espectadores quieren ver. Tengo argumentos para demostrar que es un mito (una leyenda urbana) que sólo los programas amarillistas, con sangre, escandalosos, superficiales, puedan tener rating.
Dicen que cuando se escribe para Internet hay que empezar por las conclusiones, mientras que para foros académicos las conclusiones van al final. Así sea.
Las reglas de oro para lograr audiencia sin perder calidad:
-] Estudiar la medición de audiencias. Estudiar la medición de audiencias incluye estadística, teoría de muestras, operación en campo, procesamiento de datos. No es posible criticar lo que no se conoce. Punto.
-] Lo importante no es cuánto rating quiere un productor para su programa sino para cuándo. Si quieren rating de un día para otro no hay mas que presentar amarillismo. La otra opción no necesariamente la aceptan todos: construir audiencia. Planear.
-] En televisión hay que olvidarse de globalización. Los contenidos y temas, mientras más nacionales - regionales incluso - mejor.
-] Separemos forma de fondo. Ciertos formatos o géneros pueden ayudar a tener más audiencia. Eso no significa que haya que prostituir el fondo.
En las siguientes entregas de este artículo desglosaremos los puntos arriba mencionados. Veremos casos y ejemplos como El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado; Los Protagonistas; Las telenovelas de Argos y CNI Noticias; Zona Abierta y Séptimo Día; El Mañanero y Los Simpson; La Niñera y El Príncipe del Rap; Cámara Escondida.
El analfabetismo del futuro
2002.02.5En 1936, a László Moholy-Nagy, fotógrafo y educador visionario, se le ocurrió decir una frase que se usaría de epígrafe en casi todos los manuales de la Kodak: “Los analfabetos del futuro serán aquellos que no sepan utilizar una cámara fotográfica“.
Si tomamos esta frase en un sentido metafórico, podemos concederle a László cierto don como profeta. El lenguaje visual, el lenguaje de las imágenes se ha impuesto en la civilización occidental. Gran parte de la información que consumimos diariamente entra por nuestros ojos. Sin darnos cuenta, dominamos un lenguaje en el que se conjunta la composición, edición, elipsis narrativa, perspectiva, resolución, color, y muchos elementos más.
Cada generación domina aspectos de ese lenguaje con mayor fuerza y lo enriquece en fondo y forma. Los niños y niñas con los que solemos convivir suelen tener mucho mayor capacidad para descifrar nuevos formatos de animaciones o caricaturas que son varias veces más complejos que los que vimos nosotros a su edad. No así los niños y niñas que difícilmente tienen acceso a la televisión, el cine, los videojuegos y mucho menos las computadoras.
Si tomamos la frase en un sentido más literal, definitivamente László se equivocó. Las cámaras fotográficas han pasado a ser “a prueba de tontos” y prácticamente cualquiera puede usarlas. Claro, siendo estrictos, no se obtienen fotografías profesionales, y si no se sabe un poco de composición o se nace con un artista por dentro, las fotos acaban con ciertas “faltas de ortografía” que suelen permanecer ocultas ante los ojos del amor (¡Mira! Esta es una foto de mi bebito que yo mismo tomé, ¿no es lindo?).
La máquina que parece trazar una línea entre los analfabetos y letrados de ese futuro ya hecho presente, es la computadora. Todavía no hay “computadoras a prueba de tontos” - a pesar de la constante solicitud de algunos de mis amigos.
Cualquiera que sea el sentido que le queramos dar a la frase de Moholy-Nagy, hay una trampa escondida en su formulación: ya sea cámara fotográfica, computadora o cualquier otro aparato para leer y aprender, para crear y comunicar, cuesta dinero.
El analfabetismo del futuro - el futuro de László, el futuro nuestro - sigue y seguirá siendo un problema mucho más ligado a la igualdad e identidad de los seres humanos.
In memoriam
2002.02.5El jueves 4 de febrero de 1993 recibí una llamada telefónica en la editorial donde trabajaba entonces. Mauricio Hoyo Castanedo, uno de mis mejores amigos, había fallecido el día anterior.
Lo había visto apenas el domingo en el departamento de Héctor Navarro. La coartada era ver el Super Bowl. En realidad disfruté mucho más el ajedrez y todas las soluciones que discutimos para arreglar gran parte de los problemas de la humanidad (acompañados de unas cervezas, of course).
Su muerte no fue sorpresiva. Estaba enfermo y ya había sido internado en varias ocasiones. Pero ya saben: duele igual.
Desde entonces no he vuelto a ver el Super Bowl. A cambio, ayer me tomé una cerveza y me puse a pensar en cómo arreglar los problemas del mundo.
¡Salud!, in memoriam.
Filosofía aplicada, primera parte
2002.02.1[Primero de –espero– varios artículos donde se intentará demostrar que la filosofía no solo sirve para algo sino que puede ser aplicada con mucho éxito en la vida cotidiana de este mundo moderno. Y no, no es aburrido.]
En la vida cotidiana hay básicamente tres posturas erróneas con respecto a la filosofía: la del derrotista, la del ignorante, y la fácil.
El derrotista, normalmente representado por empresarios, hombres de negocios y uno que otro amargado, denuncia: “la filosofía no sirve para nada“. El derrotista es un ser humano que tiene todas las respuestas, por lo que vive sin preguntas.
El ignorante dice: “¡ah! un filósofo, ¿sabes leer las líneas de la mano?“. Personificado esencialmente por personas puramente prácticas que si llegan a discutir algún tema es en las reuniones familiares y fiestas infantiles de los fines de semana. No sólo no sabe (eso no tiene nada de malo), sino que no sabe que no sabe.
La postura fácil corresponde a los libros de superación personal y sus lectores. Algunos de estos libros incluso están muy bien escritos: los libros son los que pertenecen a esta categoría, no necesariamente sus autores. El libro o el lector cita de vez en vez a Aristóteles y uno que otro pensador importante; cuenta una pequeña historia edificante (de las que aparecen en los posters o calendarios afuera del metro) al menor problema que se le consulte. En fin, toda la filosofía barata entra en esta categoría. Tiene preguntas, algunas fundamentales, pero en cuanto ve una posible respuesta la toma por cierta. Sabe que no sabe y eso le angustia y da miedo.
Si ninguna de estas posturas es correcta, ustedes dirán:
a] ¿Qué es entonces la filosofía?
b] ¿Sirve para algo?
c] ¿Me vas a empezar a hablar de cosas ocultas y misteriosas?
d] ¿Tienes bajo la manga una frase bonita, de esas que te hacen pensar?
Acerquémonos a algunas definiciones preliminares:
a] ¿Qué es la filosofía? La filosofía, a diferencia de las ciencias experimentales o conocimientos nacidos de la investigación, no da respuestas a ninguna pregunta, sino que se encarga de hacer más y mejores preguntas; la filosofía es el arte de preguntar; es el perfeccionamiento continuo del pensamiento; la filosofía es el acto de pensar llevado hasta sus últimas consecuencias.
b] ¿Para qué sirve la filosofía? La mayoría de los filósofos presumen que no sirve para nada, pero no es así. Una pregunta mal formulada nos lleva irremediablemente a una respuesta mal contestada. Y lo que es más curioso, cuando creemos alcanzar la respuesta a una pregunta es para darnos cuenta de que esa respuesta encierra en sí misma nuevas interrogantes.
c] ¿Por qué la filosofía siempre trata de lo oculto y misterioso? Eso no es necesariamente cierto. Decía Ortega y Gasset que la filosofía es la orientación radical. Esto es, la filosofía apunta hacia la raíz de las cosas. Aristóteles pensaba que la filosofía iba hasta las últimas causas. Finalmente, no hay diferencia. La filosofía pregunta. En cuanto hay una respuesta, vuelve a preguntar. Y así ad infinitum.
La filosofía es como los niños pequeños que preguntan a todo “¿por qué?” y apenas les damos una respuesta, repiten esa respuesta agregándole nuevamente el por qué por delante.
Esto hace que la filosofía de tanto encadenar preguntas llegue a cuestiones como la muerte y la esencia de todas las cosas. Pero para que eso suceda se requiere tiempo y una actitud mucho más académica. En la vida cotidiana, el trabajo, la familia y los amigos, rara vez se llega a tanto.
d] ¿Y la frase bonita? No, no hay frase bonita. Falta algo que no hemos dicho en esta serie de definiciones preliminares: la filosofía es y sólo puede ser un arte porque es sumamente especializada y detallista. No puede permitirse respuestas fáciles porque tampoco puede permitirse preguntas fáciles. ¡Por favor! Somos profesionales y serios.
Normalmente cuando un filósofo hace una pregunta la gente a su alrededor no la contesta sino que simplemente dice: “oye, qué buena pregunta“.
Habíamos dicho que la filosofía es el pensamiento llevado hasta sus últimas consecuencias. Pues bien, una de las últimas consecuencias (no es la única) del pensamiento es la razón, la lógica. O mejor, la inteligencia lógica y racional.
Si, es cierto que eventualmente los filósofos decimos o escribimos frases bonitas, pero normalmente esas frases forman parte de discursos más complejos. Por ejemplo, podemos encontrar frases o citas de Albert Einstein en distintos lugares. Es más, podemos ver la fórmula E=mc2. Pero ninguna de esas frases y ni siquiera la fórmula nos puede permitir entender la intensidad y calidad de preguntas que vivían en el cerebro del físico alemán.
…
Puedo asegurarles que la filosofía es de excelente utilidad en la vida cotidiana: empresarios, ejecutivos, ingenieros, informáticos, investigadores, analistas, publicistas, mercadotécnicos, creativos, en fin, a todos les sirve.
Y no hablo de leer las obras completas de Hegel. Leer las obras completas de Hegel o de cualquier filósofo no los hace filósofos. Es como si leer a Paracelso nos hiciera químicos. O sí leer a Newton nos convirtiera en matemáticos. Hablo de pensar mejor.
Si existe una actividad del ser humano en la que no se necesite pensar, a esa actividad no le sirve la filosofía. Pero si alguno de ustedes, lectores, piensa durante el día en algo, la filosofía puede ser un excelente método para hacerlo mejor.
¿Dudan de lo que les digo? ¡Perfecto, esa es la actitud filosófica que esperaba de ustedes!
Continúa en Filosofía Aplicada, segunda parte.
Microensayos relacionados (en este sitio):
El mapa de la ciencia.
Elegir a Fernando Savater.
De ciencias y pseudociencias: razonamientos y falacias.
Filosofía y tecnología: ¿una extraña relación?
Pasos de paloma: una vieja manera de hacer viajar al pensamiento.
Y no dejen de revisar la sección de filosofía que se actualiza constantemente.
El mendigo que se creía dios
2002.02.1Un día un mendigo se levantó y le dijo a los demás mendigos: “Yo soy el Nazareno”. Inmediatemente los otros le gritaron: “Danos de comer”. Molesto, el mendigo se sentó y murmuró: “Yo no los he creado”, y guardó silencio.
Sobre la globalización
2002.01.28Si globalizamos el mundo, ¿quién infla y quién cierra la boquilla del globo?
A los niños también les gustan los globos. Pero tarde o temprano también sufren y lloran al darse cuenta de lo frágil que es ese cuerpo esférico que continuamente pone en duda su existencia. En él se enfrentan dos fuerzas excluyentes: la presión de su interior y la tensión de su envoltura.
Es imposible que una globo dure para siempre: va en contra de su esencia. ¿Qué pensar entonces de la globalización?
Hace poco vi a un niño en televisión buscando a quién echarle la culpa porque su globo (con estampado de estrellas y barras en azul y rojo) se había tronado. ¡Si supiera que nada iba a evitarlo!
Déja vù e imperialismo… perdón, globalización
2002.01.28Hay un déja vù que experimento con cierta frecuencia en algunos lugares de esta ciudad, ciertas autopistas, y en uno que otro viaje a otros estados, principalmente del norte del país. Por un instante y bajo cierto punto de vista muy específico me parece que estuviera en algún lugar cualquiera de Estados Unidos. Me sucede en ciertos estacionamientos de supermercados, tiendas veinticuatro horas, lugares de comida rápida, gasolineras, en fin, nada fuera de lo normal. Algunos incluso son franquicias traídas de nuestro vecino del norte: MacDonalds, 7-11, Dominos Pizza… Ante la experiencia del déja vù mi cabeza normalmente piensa: “¡joder, la globalización está cabrona, pinches gringos!”
El otro día, volví a experimentar el mismo déja vù, pero en esta ocasión al déja vù y su inseparable pensamiento posterior se le sumó un flashback. Recordé que cuando era adolescente y me sucedían ese tipo de cosas, mi cabeza pensaba “¡joder, el imperialismo está cabrón, pinches gringos!”. El mismo déja vù, la misma frase, y un pequeño matiz en el lenguaje. ¡Joder! Hay que volver a leer a Foucault.
Lo que cambia son las palabras que designan las cosas, no las cosas.
Conjuro contra la fuerza de la costumbre
2002.01.28La fuerza de la inercia es uno de los principios del universo más fundamentales. Gran parte de lo que se mueve y no se mueve a nuestro alrededor es por esta fuerza. Prácticamente toda acción e inacción es efecto de la fuerza de la inercia.
Detente un momento y pregúntate “¿qué chigaos hago yo aquí?” ¡Cuidado!, la simple formulación de un conjuro así puede ser terrible para el gran conjunto de fuerzas del sistema.
Si después de hacerte esa pregunta te preguntas: “¿por qué hago este tipo de preguntas?” y continuas con lo que estabas haciendo, es que ganó el sistema de inercias.
Si en cambio, después de preguntarte “¿qué chingaos hago yo aquí?” haces una pausa y un serio intento por responder, no te espantes. Es muy posible que todo el mecanismo de relojería alrededor tuyo tenga un pequeño colapso. Tú mismo puedes tener una crisis interna.
Tranquilo: haz logrado detener el universo con tu pensamiento, al menos un instante…
La memoria y el reloj de arena
2002.01.22La memoria es la tenue melodía que queda cuando logramos callar el incontenible ruido de los olvidos; es residuo dejado por la amnesia antes de partir; es conservar el orden de una habitación casi vacía; es la ordenación de la ausencia; es la acción desesperada de una ampolleta rota de cristal por contener, detener, y no perder su arena (por contener, detener, y no perder su sustancia).
El veneno de la imagen
2002.01.22Tenemos que purgar con la palabra el veneno de la imagen que se cuela por nuestros ojos.
La gran peste
2002.01.22LA HUMANIDAD casi se ha extinguido. La Gran Peste ha aparecido para cumplir las profecías. Sigue leyendo…
