Grillos (haiku)
2005.10.13Grillos de otoño
por cada nota y fuga
cantan silencios
La última palabra
2005.10.11¿Habra algo, una frase, una idea, un secreto de infancia, una imagen en el fondo de mi inconciente, que sea lo que quiero decir y no lo he dicho?
¿Habrá algo que una vez escrito me haga dejar de escribir para siempre?
¿El minotauro al final del laberinto?
—¿Y si mueres sin escribirlo?
Para eso quiero las “máquinas de escribir” y los generadores de texto: ¡qué las computadoras pongan palabras unas con otras en todas, todas las combinaciones posibles hasta que aparezca esa idea o ese secreto que ni siquiera yo conozco!
Si muero antes no lo conoceré pero por lo menos sabré que habra sido dicho.
Días de lluvia (tres haikus)
2005.10.5La noche cristal
revienta fría
¿qué día es hoy?
—
Carros bajo el agua
resbalan las calles
a otro verano
—
Niños mojados
la escuela no enseña
a oír la música de lluvia
Poner a pensar a un sistema
2005.10.3Cuando ponemos a un sistema a “pensar” el sistema debería no solo decodificar la entrada que le damos sino que debería intentar reproducirla. Eso lo haría más inteligente.
Es decir, cuando hacemos una búsqueda el programa recibe la serie de caracteres que le damos para considerarla válida, identificar los caracteres, y buscar una cadena almacenada o indexada que coincida con la que le damos.
Si yo le diera la misma cadena de caracteres a una persona, ésta primero le buscaría sentido a la palabra, se la repetiría para sí, la intentaría generar pos sí misma, no en mera imitación sino en búsqueda de una interpretación (en el sentido musical de la palabra interpretación).
¿Qué tendría que hacer un sistema para “pronunciar” la palabra dada, es decir, generarla por sí mismo, interpretarla?
Poder y palabra (aforismos)
2005.09.27Hay en las palabras algo de veneno y remedio; y en el que sabe pronunciarlas, hay algo de brujo o médico.
Por “palabras” entendamos “frase”, porque es ésta última la unidad fundamental del lenguaje.
¿Qué tiene la frase que embruja? ¿Qué tiene la frase que cura?
La frase es un objeto de poder con vida propia: tótem, altar o libro de la ley existe lejos y fuera de quien lo hace. Una vez pronunciada o escrita, la frase existe. Su poder radica en que su existencia amenaza con superar la muerte.
El tótem, altar o libro de la ley le dicen a quien los ve y contempla: “existo antes de que tú nacieras; estaré aquí mucho después de que mueras; mi creador era mortal pero su quehacer no; te presumo mi inmortalidad y la inmortalidad de mi mensaje”.
Mientras el erotismo se manifiesta como un presente perpetuo, como un instante intenso, negador del tiempo porque el tiempo es muerte, el poder afirma la vida a futuro, como una amenaza. En la relación erótica un amante le dice al otro: “moriremos los dos mañana, pero hoy vivimos por siempre”. En la relación de poder el amo le dice al esclavo: “morirás mañana pero yo seguiré viviendo”. Y puede ser el “yo” el que siga viviendo, pero también puede ser el objeto de poder: el libro de la ley seguirá viviendo después de nuestra muerte, igual que el tótem o el altar.
La violencia destruye o mata. El poder, en cambio, es el ángel exterminador, el fantasma de la aniquilación: mantiene a su víctima viva con la promesa perenne de tragársela. Poder terrorista: mata lo suficiente para hacer patente la vida pero no demasiado para desaparecerla.
(Por eso las plagas sobre Egipto no acaban con los egipcios. Moisés tiene instrucciones de ejercer el poder no de matar egipcios. El sentir “temor de dios” es reconocer su poder.)
La violencia es castrante. El poder en cambio puede producir y provocar. El poder quiere poder más. La violencia quiere dar por terminada hasta su propia existencia.
(El concepto actual de terrorismo podemos entenderlo como violencia porque es un terrorismo que no busca tener poder sobre el otro. Es una violencia impotente que al no tener la capacidad de exterminar, fragmenta. Quema árboles por falta de fuego para incendiar el bosque.)
Dice Salvador Elizondo: la violencia fue o será, nunca está sucediendo. Si comparamos esta propiedad con las propiedades del poder, podemos agregar: el poder siempre está sucediendo, o mejor, siempre se está ejerciendo.
El poder de los dioses (griegos, judíos o cristianos) radica en castigar “en vida”, con sufrimiento. El poder nunca le quitará la vida intencionalmente a nadie, a menos por supuesto que se le quite la vida a un tercero para manifestar el poder con un primero.
El poder es tan fálico que incluso insemina.
Las últimas palabras del moribundo: don al mundo, ansia de inmortalidad, deseo de extender el poder mediante un objeto. “Ahí les dejo estas palabras para que no las olviden y con ellas no me olviden a mí”.
Las palabras del acta legal: “No importa quien ocupe el puesto, esto queda por escrito”.
La sentencia o sermón de los padres dice: “Nuestras palabras quedarán incrustadas en las tuyas para que, estemos vivos o muertos, recuerdes lo que tanto te hemos advertido”.
Las palabras, es decir, la frase, es un objeto de poder. Por supuesto que no todo tronco es un tótem, ni toda piedra es un altar, ni todo libro escrito es ley. Pero pensemos en las palabras que sobreviven por tradición oral (herencia de poder) o por escrito (testamento).
La biblia, la tora o el corán; el código de Hamurabi, las leyes o constituciones; las enseñanzas, lecciones o bibliotecas; las cartas magnas, epístolas y apocalipsis; los regaños, sentencias y condenas; los presagios, profecías y amenazas; epígrafes, últimas palabras y testamentos…
Hay palabras cuya intención explícita y consciente está lejos de amenazarnos o aterrarnos con no morir: los cuentos, los refranes, las novelas, los manuales, los ensayos, los dramas, todo aquello que llamamos literatura, el teatro, las baladas y canciones, la poesía, los discursos, las clases, los museos, todo aquello que llamamos cultura…
Por eso se dice erróneamente de las personas que poseen el “don de las palabras” que tienen “autoridad”. Ejercen, aún sin quererlo o pensarlo, poder a través de la frase. A diferencia de la ley que me amenaza con existir y ejercer su poder después de mi muerte, las palabras del cuento me dan la esperanza de ser repetidas a mis hijos y a los hijos de mis hijos para ser inseminados con su sabiduría.
El día en que nació la lectura
2005.09.23¿Qué fue primero, la lectura o la escritura?
A pesar de la aparente obviedad radicada en que no se puede leer lo que no se escribe, la respuesta es contundente: la lectura precede a la escritura.
El día en que nació la lectura: había una vez un primer homo sapiens que distinguió un zurco, relieve o marca en la superficie de un tronco caído o en una piedra llamativa. En esa marca, el homo sapiens reconoció la huella o ausencia de un otro cómo él que la hizo. Algo resonó en su cabeza sin saber bien qué era: una especie de eco escrito en la arena que sin saber bien a bien su origen reconoció como humano.
Tal vez reconoce la marca porque él mismo la hizo días atrás. Tal vez reconoce la marca porque sólo un ser como él, un otro, un igual, pudo haberla hecho. La intención de la marca —que no es otra cosa que la escritura— no es relevante en este momento. La primer lectura fue la de un signo involuntario.
(Este sencillo mensaje leído por nuestro homo sapiens en cuestión tiene, curiosamente, el mismo sentido que el que podemos leer hoy en una acera o banqueta en la que se ha escrito algo mientras el concreto estaba fresco: “yo estuve aquí”. Reflejo de un instinto básico y territorial.)
Ese primer homo sapiens tendrá, a partir de ese día, la capacidad de hacer una marca visualizando, anticipando, su lectura futura: habrá nacido la escritura.
El hombre que confundió un documento impreso con su metáfora digital
2005.09.22Estoy en el autobús rumbo a casa después de todo un día frente a la pantalla de la computadora escribiendo, leyendo, haciendo consultas, navegando, leyendo correos…
Voy leyendo un artículo impreso directamente de la página web donde lo encontré. El formato y diseño es el mismo que tenía en pantalla, sus ligas, sus flechas, botones, menús…
Al leer el artículo impreso en cuestión y llegar al final del texto aparece un pequeño cuadro a modo de botón que dice “cerrar”. Mi mente —en trance, desapercibida del lugar donde me encuentro y del origen de los datos que lee— me ordena mover mi mano sobre el mouse que mi mano no tiene, dirigir el cursor que no veo sobre el botón de papel y dar un click para cerrar la ventana donde está el artículo.
Fue tan solo un instante de confusión, pero finalmente, en ese instante, mi realidad material, analógica, física, de la lectura en papel se combinó con la realidad virtual de la metáfora del escritorio, las ventanas, los archivos, y los botones virtuales de la interfaz de un sistema operativo: quería cerrar un documento de papel con un simple click. Si se hubiera verdaderamente cerrado creo que no me hubiera sorprendido ni más ni menos que lo que me sorprendió darme cuenta que era imposible que se cerrara.
Segundos después de ese instante mi mente se dio cuenta de que tomó una decisión fuera de contexto (o marco, como dicen los que estudian inteligencia artificial) y cambió la instrucción: doblé la hoja de papel y la guardé.
Espero que la próxima vez que esté frente a la pantalla de la computadora mi mente no se confunda queriendo “doblar” la pantalla de cristal y guardarla en algún folder o carpeta.
El bibliomante
2005.09.19Debería decir que creo en la bibliomancia, no porque crea que cualquier libro en cualquier hoja al azar puede responder a una pregunta formulada, sino por que aún sin plantearme si creo o no, soy un practicante de la misma. Me explico.
Leo poco. Muy poco. Casi nada. No creo haber completado la lectura de unos diez libros en toda mi vida. Bueno, tal vez pudiera agregar algunos leídos por accidente o por encargo. Ya saben, esas lecciones semanales en algún curso equis o esa obligación con el maestro de literatura del colegio. Pero a pesar de ser libros leídos no los cuento como tales. Creo que sin voluntad no hay lectura.
Son, entonces, no mas de diez. Fuera de eso soy un lector fragmentario. No, no de fragmentos sino fragmentario. Es decir, hago mi lectura en fragmentos. Cuando quiero leer -busco algo que me acompañe en una sala de espera, voy al baño, o simplemente por pasar el tiempo- tomo al azar algún libro de la biblioteca, lo abro igualmente en cualquier página, elijo algún párrafo y leo.
A veces es sólo una frase, a veces el párrafo entero. Muy rara vez la página. Ya lo he dicho, leo poco, muy poco. Pero leo muy, pero muy bien. A profundidad.
Leer fragmentariamente requiere de mucho trabajo mental, imaginación incluida. Por eso es que se puede decir que he leído muchos libros, pero no completos. Y aquellos diez libros completos que he mencionado casi los puedo decir de memoria. Los leí hace tiempo. No creo que ahora pudiera volver a leer un libro completo. Mis hábitos actuales me lo impiden. Mi lectura es vertical. Lo que he leído o llego a leer es atendido con suma atención y comprensión. Mientras leo, toda mi mente está concentrada en ello.
Leo pero parece que no leo. Es muy común que lea la frase y levante la vista: estoy repitiéndola en mi cabeza, despacio, aprehendiendo cada palabra y su combinación con las otras. Reflexiono sobre lo leído con toda calma y tranquilidad. No es raro que una frase me dure días. Mi marca personal es con aquella frase de apertura a El Amor en los Tiempos del Cólera de García Marquez: “Era inevitable, el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.” No leí nada más en seis meses. Esa frase, con toda su sonoridad, replicaba en los laberintos de mi cerebro. Por supuesto que desde entonces no he vuelto a tomar ese libro. Una frase más como esa y podría dejar de leer el resto de mi vida.
El único libro que he leído una y otra vez; el único que puede considerarse mi biblia, es el diccionario. La lectura a profundidad le requiere.
La cuestión no pasaría a mayores de no ser porque escribo y hago investigación. Investigación académica y periodística. Uso referencias. Sí, citas y demás. Desde hace veinte años que tengo estos hábitos de lectura he escrito unos cincuenta o sesenta ensayos y artículos por diversos motivos y para diferentes lectores. Universitarios, la mayoría. Los temas de los mismos son muy diversos. Han sido encargados igual para publicaciones científicas que literarias. Tanto para lectores universitarios como de suplemento semanal en diario local.
Todas mis citas y referencias no provienen de más que esos diez libros leídos y algunos fragmentos sueltos. No hay ni una veintena de autores ahí. Y nadie ha reclamado nunca nada. Tal vez nadie se ha dado cuenta de la pobreza en la diversidad y cantidad de lecturas. ¿La razón? Muy sencillo: unas cuantas ideas rigen el mundo y están contenidas en no más de diez libros (al azar, casi pueden elegirlos al azar). El resto radica en conocer esos libros y sus ideas a fondo, y en la capacidad de asociar cosas o temas aparentemente disímiles entre sí. Eso es todo.
Por eso se puede decir que soy un bibliomante: con las combinaciones adecuadas y la mente dispuesta cualquier libro contesta a cualquier pregunta.
Las gotas de agua pegadas al cristal (fragmento)
2005.09.18Las gotas de agua estaban pegadas al cristal con una firmeza que parecía inamovible. Afuera la lluvia era intensa y la velocidad del vehículo hacía que el paisaje se renovara de súbito, pero por algún fenómeno de aerodinámica e hidráulica que no conocía y difícilmente hubiera podido entender, la superficie de la ventana por la que veía hacia la carretera desde dentro del auto parecía en su propio tiempo y espacio, lejos de la tormenta, los viajes en carro, su mirada curiosa y el movimiento del universo.
“Quisiera ser como esas gotas de agua fijas a la superficie que las sostienen”, pensó.
Al principio, viajar es vivir una aventura cada día. La gente le sigue aún diciendo lo interesante que ha de ser poder vivir viajando. “Pero eso es al principio”, les suele decir, “pero con el paso de los años uno quiere ser como las gotas de agua sobre los cristales laterales de los carros en movimiento los días de lluvia”.
“¿Perdón… ?”, le preguntan, sin entender.
“Que después de viajar mucho uno prefiere quedarse en un sólo lugar”, les responde, evitando explicar lo de las gotas de agua.
Era tarde. No faltaba mucho para que el auto en el que viajaba llegara al pueblo siguiente. Dormiría en un pequeño hotel casero en el que había estado hace cerca de diez años, si es que todavía existía.
“Ojalá recorriera uno siempre los mismos sitios”, pensó. “Pero cada vez, cada lugar, es diferente. Ese Heráclito tenía razón: nadie se hospeda dos veces en el mismo hotel”.
Esperaba, sin esperanza alguna, poder volver a ver a la hija de la dueña. Tenía curiosidad por saber qué había sido de ella. La última vez que había estado ahí, ella tendría unos trece años y sólo esa edad y su destino a seguir viajando le impidió enamorase de ella.
Anabel. Ana bella.
Si la veía, iba a ser la tercera vez que se encontraría con ella. La primera, hace poco más de quince años, ella era una niña y él un viajero que había recorrido el país de arriba a abajo y un poco más.
“Aquel día también llovía”, recordaba.
Escritura geométrica
2005.09.16Si la escritura que piensa fuera línea sería asíntota: la escritura se acerca continuamente a la curva de la idea sin encontrarla nunca.
Leer es pensar como el otro
2005.09.15Si leer es una forma de “ejecutar” o interpretar el programa o partitura escrito por otro, y por ello nos hace pensar como pensó el que lo escribió, entonces sería cierto que:
Leer textos espirituales nos hace reproducir parte de esa espiritualidad en nosotros.
Leer textos eróticos nos hace reproducir parte del erotismo en nosotros.
Leer a un autor nos hace revivirlo en parte a través de nosotros, de nuestro pensamiento.
Escritura y lectura: espiritismo, nigromancia, evocación, conjuro…
El recién nacido (¿fragmento?)
2005.09.14Después de caminar por horas sin haber visto a nadie –porque esa llanura del lado este nunca ha sido habitada– el encontrarse con un bebé dormido, de unos cuantos meses, solo, en medio de la oscuridad del campo a media noche, y que además musitara su nombre, le aterró muchísimo.
Parecía cosa del diablo. Si bien sólo venía equipado con una linterna de petróleo no alcanzaba a ver a nadie en las cercanías. El bebé era muy pequeño –mantenía sus ojos cerrados como los recién nacidos– y no debería poder hablar. Sin embargo, alcanzaba a escuchar claramente que decía su nombre: “Memo… Memo… Memo… “.
Si en ese momento el bebé se hubiera convertido en un chamuco no le hubiera extrañado para nada.
Conocía muy bien la ruta que caminaba. Estaba a un par de horas a pie de la ranchería de San Juan, y le faltaban otras dos horas para llegar a la ex-Hacienda de Milpa Grande. Por eso se había animado a caminarla nuevamente de noche. Nunca había podido dormir mucho, así que pensó que si avanzaba camino podría estar en la ex-Hacienda de madrugada, dormir un rato, y estar temprano para las labores que los patrones le habían encargado.
Nunca pensó que se encontraría con un recién nacido que sabía su nombre.
El escriba de los mil rostros (borrador)
2005.09.11¿Quién soy yo? Soy el escriba, el escribiente. Soy quien espera sus últimas palabras. Soy el que escribe siempre parafraseando a los otros, a los que he leído, a los que he escuchado. Soy una hoja en blanco que espera el rastro de tinta sobre su piel. Soy la pluma, el lápiz, la plumilla, el bolígrafo, el teclado. Soy la palabra, soy la frase.
Soy quien piensa que todo texto puede ser escrito, reescrito, editado, retocado. “No tocar” dice en los museos. “No rayar” dice en los libros de modo latente a través de los maestros de escuela y los abuelos de la familia. “¿Y por qué?” pregunta el inocente, el filósofo. Los museos deberían ser para tocar o no ser. Los libros, los textos, deberían ser para rayar, sobreescribir, subrayar, tachar, completar, o no ser. ¿Para que ser si no se puede dejar de ser?
Soy quien escribe y no puede dejar de preguntarse por qué escribe. Soy quien escribe y se pregunta cómo escribe. Soy quien escribe y se pregunta quién escribe.
Soy el escritor que no lee. Soy el escritor que le interesa más la escritura que la lectura. Ni siquiera me leo a mí mismo. Mi trabajo ideal es escribir y enviar por correo mis textos a un editor o agente que reciba y publique. Dejemos a él la labor de leer, releer, editar, corregir y demás pasos que impliquen la lectura. A mi me interesa solo escribir. Si Borges se consideraba un buen lector muy por encima de ser un escritor, yo soy el opuesto del escritor borgiano.
Soy el escritor que antes de escribir, lee. Como Aquiles en carrera contra la tortuga, nunca llegaré a la meta del texto escrito porque antes que escribir siempre habrá algo para leer. Soy un lector que de vez en vez intenta dejar de serlo escribiendo.
Soy el que escribe sin escribir. El que planea toda su vida escribir una novela, un ensayo, un libro, y termina siempre escribiendo que lo va a escribir pero no lo escribe. Soy el que escribe índices, el que escribe escaletas, el que apunta frases, hace listas, registra personajes, apunta lugares, toma nota de ideas. Pero definitivamente nunca escribirá ese texto al que apuntan todos los planes.
Soy el escribiente lector. Soy el que no puede dejar de leer línea alguna incluidas sus propias líneas. Apenas termino de escribir una frase, un grupo de palabras, éstas me hechizan y me hacen leerlas. Las leo una y otra vez. Las pienso, las medito. A veces incluso corrijo. Al final, lo que escribo es mucho menos que lo que leo. Mi producción es lenta. Me cuesta trabajo avanzar en mis oraciones sin regresar a ellas como lector.
Soy el reescritor. Debería de hecho diferenciarse claramente a un escritor de un reescritor. Los reescritores no dejamos de corregirnos, de extendernos, de ampliarnos, de recortar, de resumir, de acomodar mejor nuestras palabras, de sacar uno y otro borrador sobre el mismo tema.
Soy escritor de un solo texto. Empezó con mis primeras letras hace ya una vida. Terminará con mis últimas palabras. No hay partes, no hay capítulos, no hay artículos, ensayos, cuentos independientes. Todo lo que he escrito es único e indivisible. De publicarse tendría que ser una enciclopedia. Habría que incluir exámenes y trabajos escolares, memos y actas del trabajo, cartas y recados. Ese será mi testimonio.
Soy el fragmentario. Cada pausa entre párrafos, cada cambio de página, cada ligero cambio en la historia narrada o en la idea expuesta, es para mí un texto diferente. No soy el mismo de ayer ni el mismo de hace un minuto. No seré yo idéntico al yo de mi futuro. Cada uno de los fragmentos que escribo pertenecen a diferentes personas, son de autores independientes. Por lo tanto son textos sueltos, cada uno único e irrepetible.
Soy el escritor neurótico. Escribir es lo mejor y peor que me puede pasar. Vivo obligado a satisfacer un placer que reniego como mío plenamente. Creo que de algún modo este don me ha sido dado y con el su sino, su castigo. Es doloroso escribir pero vale la pena.
Soy el escritor erótico. No me cuestiono la escritura, simplemente la disfruto. Me llena, Cuando me doy cuenta ya estoy sintiendo y gozando las palabras que se rozan unas a otras para formar pequeños orgasmos que llevan a grandes clímax. Y luego otra vez, gustoso, vuelvo a escribir.
Soy un escritor aislado. Escribo para mí y yo soy mi primer y último lector. La publicación o el dar a conocer un texto es un mero accidente. Cuando escribo no pienso en eso. A veces ni siquiera pienso en ello cuando el texto está terminado. Simplemente un día alguien me pregunta sobre algo o me requiere algún material sobre algún tema o género. Si lo tengo se lo doy. No me importa que alguien más me lea pero no es mi interés.
Soy un lector que no puede dejar pasar una frase sin leerla en voz alta al amigo o a la amante. Escribir es comunicar, ¿sino, para qué? Doy a leer mis borradores, mis primeras versiones, busco la más amplia audiencia de lectores. Me interesa mucho su opinión, sus comentarios. Escribo para los demás.
Escribir no es para mí, comunicar. Es registrar, es dar seguimiento al pensamiento e impulsarlo. Escribir está más cercano al cálculo: requiere de un pizarrón de apoyo. No creo en el poder de comunicación del texto. Eso no es para mí.
Toda escritura es para comunicar. Toda escritura tiene un lector ideal o imaginario en la mente de quien escribe. Yo soy el escritor que tiene presente todo el tiempo a sus lectores. Desde una carta hasta un libro filosófico, todos tienen un lector a quien van dirigidos.
No soy un escritor, soy los escritores: mi nombre es legión.
Lectura en voz alta: interpretar es…
2005.09.11Leyendo por accidente un texto sobre comportamiento del cerebro durante diferentes actividades sale a la luz un dato muy interesante.
Cuando leemos no sólo se activan las áreas del cerebro correspondientes a la vista, lenguaje, aprendizaje y pensamiento, sino a las áreas del oído, de la escucha.
De algún modo cuando leemos pronunciamos lo que leemos internamente. Es decir, leer es “leer en voz alta” siempre. “Leer en voz alta” es ejecutar una partitura, en este caso, una partitura verbal, del texto escrito. Pues leer es interpretar e interpretar; es más que decodificar. Interpretar es reproducir la escritura mediante la lectura. Interpretar es la actividad que hace un receptor que lee reproducir la escritura del emisor
El receptor interpreta lo que lee, es decir, el receptor decodifica el mensaje del emisor pero además reproduce la escritura o proceso de generación del mensaje hecho por el emisor. Es decir, para interpretar el receptor tiene que ser un poco emisor. La lectura es la ejecución de un programa, no la decodificación de signos aislados.
Por ello la frase es más importante que la palabra.
Divagaciones sobre interpretación, lectura, ejecución e inteligencia
2005.09.9La interpretación de un lenguaje, la ejecución de un código, la lectura-escritura de un texto, por parte de la conciencia es el elemento fundamental de la inteligencia.
Es decir, hay una entrada de datos a un sistema, hay una decodificación de los datos, hay un procesamiento de las fórmula o algoritmos, y hay la generación de una solución, conclusión o nuevos datos, para su posterior salida de los mismos fuera del sistema.
Pero falta algo: la inteligencia en algún momento lee lo que tiene consigo. Con leer no me refiero meramente a decodificar sino a una verdadera ejecución, lectura o interpretación del texto, del lenguaje. Al hacerlo se mezcla con otros textos, lenguajes y se generan ideas nuevas (fuera del problema planteado). Hay que volver a leer este texto generado internamente para poder reconocer la novedad de lo que se presenta y formularlo. Hay que leer el proceso de leer.
La inteligencia es una metalectura. ¿El saber es un metaconocimiento que no se detiene?
Un ángel en el café de la Calle Doce
2005.09.5No podía dejar de mirarla mientras se desnudaba ahí frente a todos los asiduos al café de la Calle Doce. Todos creo, mirábamos perplejos, como intentando comprender por qué se estaba quitando la ropa. Nadie se lo impedía. Los meseros estaban tan perplejos como el resto. Esperabamos algo. No sé, que mostrara que tenía algún bicho metido entre la ropa o que estaba bromeando o que había una cámara de televisión escondida o por lo menos algún signo de locura demencial que nos diera la tranquilidad de saber qué estaba sucediendo.
Pero esa perplejidad pasó a segundo término cuando empezamos a ver su piel y su cuerpo. Pasamos a la contemplación. Hombres y mujeres por igual ¡Qué belleza! Era como un ángel con dotes eróticas. Ya no importaban las razones, todos sentíamos como si hubiera que aprovechar la oportunidad de ver ese cuerpo porque es de esos fenómenos divinos (como dar a luz un bebé, los eclipses, las puestas de sol o los rompe olas en los depeñaderos al lado del mar) que cuando nos toca (porque literalmente sentimos que nos toca con sus dedos) ver uno hay que guardar silencio y disfrutarlos.
Una vez desnuda, el ángel hizo una ligera pausa, tomó toda su ropa del suelo y hecho a correr hacia afuera del café. Nadie se inmutó. Poco a poco empezamos a hablar y el murmullo del lugar regresó a su estado normal.
Homeóstasis y flujo creativo en escritura
2005.09.4Homeóstasis, equilibrio, estabilidad. Hay un momento en la escritura, aún cuando me propongo contraponerme, hacer dialéctica, jugar al sniper o al gato y al ratón, en donde me pasmo. De momento no tengo mucho que decir y permanezco callado. Tal vez pensando pero no escribiendo. Una especie de epojé, de sorpresa, de tiempo detenido, suspendido. ¿Cómo sobreponerse a eso? ¿Cómo continuar escribiendo? ¿Paro y continúo luego? ¿Cambio de canal? ¿Cambio de tema o punto específico de debate? ¿Me deslizo ligeramente hacia otra cosa pero dentro del mismo contexto?
Free writing y free jazz
2005.07.14Escuchando y pensando en el jazz, particularmente en el llamado free jazz, me vino a la cabeza esa técnica del free writing o escritura libre (¿inventado por Peter Elbow?). Si el nombre de free writing no es en referencia al jazz debería hacerlo. Sin saber mayor cosa de música, creo que hacer free writing tiene mucho de free jazz:
- Partir de un tema cualquiera (uno ya trabajado previamente, de otro autor, medio espontáneo, una frase) y empezar a trabajarlo en términos de variaciones, pregunta y respuesta, contrapuntos, etcétera.
- Atreverse a explorar el tema sin un ensayo previo, tan solo con el conocimiento que puede dar la experiencia misma del lenguaje o del tratamiento previo del tema.
- Estar consciente de que se trata de una improvisación y en ello radica su limitación al mismo tiempo que su alcance. Es decir, el hecho de ser improvisación libera creativamente al ejecutante de la presión de tocar una “obra maestra”, y a cambio le permite jugar con ejercicios que de otro modo no haría; la pieza es un borrador, un boceto, un apunte.
- Crear un flujo creativo, generador de signos. Al dejar de darle prioridad a los detalles de la forma y la ortografía o gramática de la obra creada, todo se concentra en el contenido. “Escribe primero, corrige luego”, seria el lema del free writing.
- El escritor no debe sentir que está perdiendo su tiempo. Debe más bien tomar conciencia de que está ejercitando su instrumento, explorando sonidos, dejándose llevar por la mente.
Además, el free writing, igual que el free jazz, se lleva muy bien con los cafés.
Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros
2005.07.13Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros.
Rumiemos este aforismo. La figura o metáfora del laberinto está demasiado trillada, demasiado gastada. El minotauro incluido. ¿Qué es el laberinto? ¿Es una hermosa metáfora de la que olvidamos su referente? La imagen es demasiado sugestiva pero puede ser poco efectiva.
El laberinto es una estructura de conocimiento, compleja, intrincada, de la cual sabemos que está delimitada, su extensión es finita. El ejercicio de recorrer el laberinto consiste en recorrer la estructura, es decir, leer, releer, pensar y repensar los datos, información y conocimientos sostenidos en la estructura. Una estructura de la cual sólo sabemos que es compleja pero no tenemos un mapa.
Suena a una biblioteca. Tal vez por eso la asociación laberinto=biblioteca es tan fácil.
El laberinto, igual que la estructura, se dobla en sí mismo, es decir, un conocimiento está pegado a otro y un pasillo nos conduce de una información a un dato sin que lo sepamos de antemano. El conocimiento es hipertextual. Hay, entonces, una carga aventurera y romántica en recorrer el laberinto o, su analogía, el conocimiento.
Recorrer el laberinto es pensar (y escribir es una forma de pensar, ¿recuerdan?). Sabemos de antemano que hay un minotauro, un monstruo. Esto no quiere decir que no haya una expectativa sobre él y por ende una sorpresa de encontrarlo: no conocemos su rostro.
Es curioso, el laberinto sostiene y es sostenido por el minotauro. Sin minotauro no hay laberinto. Sin laberinto no hay minotauro. Esta característica del dúo laberinto-minotauro no necesariamente forma parte de la metáfora.
Aceptemos entonces cierta dosis de parecido entre el laberinto y el hecho de recorrerlo con el pensar o la escritura, pero ¿y que representa el minotauro en esta esta metáfora? ¿Los demonios, los monstruos del escritor-pensador? ¿Aquello que verdaderamente va a enfrentar? ¿Qué puede ser eso?
Creo que lo que finalmente representa el minotauro no es lo monstruoso, los demonios, o el mal. El minotauro de este aforismo representa lo fantástico. No funciona si al final del laberinto (o del recorrido del laberinto para ser más preciso) nos encontráramos con un hombre malo, demoniaco. Es más, si nos encontráramos con el peor de los villanos, peor que el peor de los minotauros, la metáfora dejaría de funcionar. El minotauro funciona porque representa lo fantástico, lo inesperado, lo impensable. Y no olvidar la carga erótica del minotauro: monstruo al que le entregan vírgenes en sacrificio. El minotauro es entonces un ser fantástico, misterioso y altamente erótico.
Escribir es recorrer laberintos en busca de minotauros (y de las vírgenes sacrificadas que suelen acompañarlos).
El dilema y la tristeza
2005.07.12Hay un tipo de tristeza que proviene de la inteligencia. No son responsables de ella, al menos directamente, ni la soledad ni la muerte ni la pérdida. Su origen es un dilema.
En algún punto del devenir lógico, la mente que soluciona problemas haya el jardín de los senderos que se bifurcan (Borges ya lo sabía). Antes de llegar a tal disyuntiva, los sentimientos y la estética no formaban parte del discurso. Pero ante el dilema aparece el sentimiento.
Cuando ambos senderos no nos gustan o la consecuencia de caminarlos nos duele, viene la tristeza: tristeza derivada del saber que hemos llegado a las únicas opciones posibles y ninguna es la que quisiéramos o la que esperábamos.
Conceptos y axiomas
2005.07.12El concepto no es proposicional, es axiomático. Un axioma no es ni verdadero ni falso. Es decir, no tiene que ser demostrado sino aceptado, dado por cierto.
Un concepto, al igual que un axioma, es una definición no sujeta a las tablas de verdad.
Inventario perdido
2005.07.6Hay una digresión dando vueltas sobre sí misma dentro de la caja de zapatos habilitada para las ideas sueltas.
Hay una teoría casi terminada sobre una tarjeta blanca del fichero que perdí una tarde con la mudanza.
Un pensamiento —o su inicio, no recuerdo— está esbozado en una servilleta del viejo restaurante donde comía con mi amigo ahora muerto.
Hay un modelo —algo feo, lo acepto— trazado en esa hoja de papel cebolla que me hizo llorar antes que se la llevara el barrendero.
En no sé que página de la moleskine de hace dos años hay un aforismo sobre lo terrible que es ver de noche a los elefantes del circo.
En el weblog —creo que es ahí— hay un soneto que dejé como borrador por falta de métrica.
En el recoveco de mis pudores hay un sueño erótico que nunca será publicado porque no me atreví a registrarlo.
Muy cerca, abajo a la derecha, está un panfleto que tampoco escribí porque mi cabeza no se atrevió a pensarlo.
Un día lleno de intensidades, tuve mil conceptos atados a cada uno de mis respiros, pero un asma repentina los detuvo todos de golpe. Todavía los siento en mis pulmones.
En alguna playa está trazada la ruta de mis reflexiones sobre los marinos sedentarios. Tal vez una ballena suicida ya borró las huellas de mis pasos.
Y por si fuera poco, hay una lista –en algún lado, en alguna parte en donde he estado– con un largo inventario de pérdidas previas a éstas: ¡es tan poco lo escrito y tanto lo pensado!
Generación zapping, generación copy-paste
2005.07.3El zapping es la acción de cambiar de un canal de televisión a otro con el control remoto. Generalmente el cambio se da rápido y con el fin de explorar la programación de los diferentes canales con que cuente dicho televisor.
O mejor dicho, eso era el zapping. Hoy, el zapping es una cultura y el rasgo esencial que marca una generación.
Ver televisión implica casi necesariamente hacer zapping. Pero hacer zapping no implica ver televisión. Hay quien se sienta frente a la tele con el único objetivo de zappear. De antemano, este tipo de audiencia sabe que no verá un programa, serie policiaca, noticiario o partido de futbol. No le interesa. Se ha acercado a la caja de cristal con el único fin de ver “que hay en ella”, así, en lo general. Ningún programa en específico.
La tensión nerviosa, el estrés y la ansiedad urbana juegan un papel fundamental en este proceso. Apretar una y otra vez el botón “+”, “siguiente”, “next” o “>” es un acto de liberación, de relajación. Éste acto motor se sincroniza con la psique causando que los ojos también hagan su propio zapping.
Sí, hay un zapping en el cambio de canal y hay otro zapping en el cambio de punto focal. El telespectador zappea de un lado a otro de la pantalla leyendo, explorando la imagen, saltando de un punto a otro.
La relajación se da poco a poco. En un principio los cambios de canal pueden estar en el orden de diez a quince por minuto. Hacia el final puede alcanzar la parsimónica frecuencia de cuatro a nueve por minuto.
(A diferencia del aceleramiento en la frecuencia que tiene el sexo, en el zapping no hay clímax. Esto lo puede hacer muy frustrante.)
La interfaz es el mensaje. La percepción de la interfaz genera conocimiento. Toda interfaz abre posibilidades de estructuración y manejo de información. Aprender a usar una interfaz es volver a la educación infantil: aprender a usar la plastilina o arcilla y descubrir que el mundo puede ser modelado. Recortar, pegar para aprender que el mundo puede ser compuesto. Resolver el rompecabezas y descubrir que el mundo puede ser armado. Enseñarse a dibujar y maravillarse de poder convertir el mundo en trazos de lápiz.
El adolescente aprendió a zappear en la televisión y ahora quiere zappear al mundo.
La manera en que nuestro cerebro aprende a manejar la información con una interfaz hace que el cerebro cambie su manera tradicional de pensar. La interfaz nos presenta la información estructurada. Una vez que la información se va –porque esa información deja de servir– queda la estructura. La mente busca llenar la estructura con nueva información.
La generación del zapping se acostumbró a zappear. Busca zappear en la realidad. Dominada la tele, aplica el zapping a todo. Zappea de un comic o tebeo a otro tan pronto el personaje de uno comienza a no gustarle; zappea entre libros porque lo nuevo ya no es Entrevista con el Vampiro sino El Código Da Vinci; zappea entre novias o novios, lo importante es conocer gente; zappea entre música, bandas de rock y géneros, como la programación de MTV; zappean sus intereses y ayer quiere irse de aventura fuera del país y mañana prefiere seguir en casa de los padres; la moda es el zapping del consumo: ropa, zapatos, accesorios, inutilidades…
El zappeador ha aprendido que cuando algo no le gusta hay que cambiar. Basta un botón y lo que está ante sus ojos desaparece.
Gran parte de la información presentada a través de los medios de comunicación masivos tradicionales (radio, televisión, cine, diarios, revistas) ya ha hecho propias las maneras de percibir y conocer de esta generación del zapping cultivada desde los ochenta. Los programas de televisión, por ejemplo, intentan hacer el zapping dentro del mismo programa, saltando de una información a otra, cambiando de conductores o personajes cada minuto, haciendo llorar antes de un comercial y provocando risas al regreso. Intentan ser muchos programas en uno solo para satisfacer la necesidad de cambio en las nuevas generaciones.
Decíamos de jóvenes que “cambiábamos de canal” cuando una plática dejaba de hablar de futbol y empezaba a comentar la nueva película.
Pero hoy aparece una nueva generación por un nuevo fenómeno de comunicación masiva y la interfaz que la presenta. Es la generación del “click and drag” o “click y arrastrar”, del “copy and paste” o copiar y pegar, del “undo” o deshacer, de “windows” o ventanas, de los “links” o ligas, de los emoticones, del “zoom in/out”, del reiniciar, recargar, de la memoria RAM, del disco duro, Google…
Dice un joven con respecto a otro que cuando habla parece divagar demasiado y no llegar a nada: “a este tipo se le degrada el sistema; a veces me dan ganas de darle un Control+Alt+Supr para reiniciarlo”.
Nos cuenta otro joven después de cometer un error irreparable sobre la hoja de papel: “al meter la pata quise darle “undo” o deshacer pero me dí cuenta que con el papel y las tijeras no se puede”. (Esto lo he escuchado por terceras personas sobre embarazos no deseados pero me resisto a creerlo.)
Uno mas cuenta: “cuando vi que había una puerta al fondo del pasillo me dieron ganas de darle click para que se abriera y ver que había adentro pero no se pudo y tuve que hacerlo directamente con mis manos”.
Algunos medios masivos tradicionales comienzan a adaptarse a los requerimientos de la nueva generación.
Unos dan opción a la versión digital, anuncian su página web “donde podrá encontrar más información al respecto” (diarios, periódicos); otros crean rutas y patrones similares a un viaje virtual de inmersión similar a un juego de Playstation o Xbox (en ello empieza a aparecer una nueva crónica periodística que vale la pena analizar con detalle); fragmentan los contenidos y buscan hacer módulos o unidades autocontenidas, léxicas, que pueda uno ver o leer sin necesidad de tener demasiados antecedentes (escenas dentro de series de televisión que puede uno disfrutar sin saber nada sobre el programa, secuencias dentro de películas que son como cortometrajes dentro del largometraje); hacen mil y un referencias a mil y un fuentes informativas de mil y un maneras (Los Simpson y su interminable red de relaciones con otras series, películas o con ellos mismos); programas “multitask” o multitarea en los que dos o tres eventos pasan de modo simultáneo (en los deportes esto empieza aunque los realities ya lo dominan).
El receptor del mensaje de la interfaz es también su mejor emisor. La generación del zapping es la que está ahora haciendo radio, cine y tele. La generación del copy-paste empieza a ocupar los escaños de producción, dirección y creación.
Empezamos a vivir la era de los nuevos zapperos: la generación del los copypasteros, linkeadores, googleadores…
Información y lectura
2005.07.1¿Existe algo más valioso que la información? Sí, la lectura. La lectura es un concepto que la información presupone pero suele menospreciar.
La información es estática, no es más que la materia prima. La lectura es un proceso, es dinámica, está en movimiento.
Si bien la lectura implica información, la supera. Requiere de pensamiento en distintos niveles o rutas. El pensamiento que decodifica la información pero también el que la interpreta. Mucho más que entenderla la aprehende, la hace suya.
La lectura nos deja con una idea en la cabeza, en la memoria, que así mismo podemos volver a leer. La relectura aquí toma otros sentido. Releemos para volver a pensar. Nos damos cuenta que la información, si bien indispensable, sólo parece un pretexto para una acción más profunda: una inte-lectura.
Lo importante no es la información leída sino lo que nos hace leer en nosotros mismos.
La era de la información genera información, no lecturas. Mucho menos lectores.
Ni la imprenta ni ninguna otra tecnología es suficiente para generar lectores y lecturas. Hace falta más, mucho más.
La soledad de los cafés
2005.07.1—¿A qué vas al café, allá afuera, si puedes tomarlo aquí, en casa? Vas a leer o escribir, no dialogas con nadie, ¿qué caso tiene ir tan lejos para estar solo?
—Voy a vivir mi soledad, es cierto, pero quiero vivirla acompañado. A eso voy a los cafés.
Avanzan los rostros
2005.07.1Avanzan los rostros hacia la vejez: ya no los reconozco.
El tigre y la hormiga
2005.06.24Dos formas del tiempo: conocer a alguien desde hace mucho tiempo (los amigos de infancia, la familia) y conocer a alguien durante mucho tiempo (mi amor, mi cómplice… ).
¿Qué nos da esta segunda forma sobre la primera?
En la primera se conoce por intensidades, por golpes. Eventos importantes pero espaciados. Rapidez, precipitación.
En la segunda es conocer a alguien en el día a día, en su dormir, despertar, correr, cagar, leer, llorar y reir cotidiano. Mucho de este conocimiento es por observación, por captación. Saber mirar, saber escuchar. Lentitud, prudencia. Conocimiento por continuidad.
El tigre y la hormiga.
Distancia irreductible
2005.06.24Reconocer que hay una distancia irreductible: el acercamiento entre humanos es asintótico.
Conocer a alguien a sabiendas que es imposible de conocer… del todo.
Mirar a alguien a sabiendas de que es imposible de mirar: filtran mis ojos, filtra mi pasado, filtra mi ego, filtra mi lenguaje. El otro, emisor, también filtra.
Escuchar a alguien a sabiendas que es imposible de escuchar: filtra mi oído, filtra mi pasado…
—No nos alcanzaremos del todo, por más que lo intentemos.
—Pero lo intentamos. Continuamente. Siempre.
Red cronológica vs red semántica II
2005.06.16¿En qué cambia el pensar un sitio semántico y no cronológico? Cuando me acerco a este sitio web para escribir y publicar algo abro un nuevo espacio y pienso “¿de qué voy a hablar hoy?”. Una vez que escribo selecciono una categoría o tema para el texto y tal vez unas palabras clave. Este intento de clasificación no siempre es muy afortunado porque hay textos muy viejos que no se me ocurrió etiquetar en su momento con alguna palabra clave debido a que no pensé que fuera a seguir tratando el tema.
Nótese el peso del hoy en la escritura. Lo es también en la lectura “¿sobre qué habrá escrito hoy tal o cual blog?”.
¿Por qué tenemos que atarnos a ese esquema temporal, de relojes, de computadoras, de bitácoras técnicas?
–Hasta aquí está bien, es una crítica al sistema de los blogs –dirá el lector incrédulo– Pero, ¿cuál es la propuesta? ¿Una web personal semántica y no cronológica? ¿Cómo es posible?
Respuesta, tal vez el futuro de la web personal está más cerca de los wikis y no de los blogs (¿qué es un blog? aquí y aquí, ¿qué es un wiki? aquí y aquí). La estructura del blog se construyó con base a una limitante del medio y una imitación de los diarios o periódicos –y las mencionadas bitácoras técnicas. De los wikis no estoy retomando una de sus características esenciales que es la de la colaboración conjunta sobre un texto o sitio web, sino la manera en que están organizados: el registro es cronológico pero la escritura del sitio es semántica.
Si estuviera escribiendo un wiki pensaría “¿qué texto o tema quiero continuar?” y daría seguimiento a algo previo. La escritura nace de una relectura de lo ya escrito. El lector casual vía Google seguirá llegando a una entrada como antes, pero el lector ocasional podrá ir a un tema en específico a ver su evolución; el lector fiel podrá seguir consultando las modificaciones hechas al sitio en una página de portada.
La escritura en los blogs se desdobla en el tiempo. La escritura en un wiki se desdobla en ideas.
Las ligas a los archivos de un blog que son cronológicas me parecen absurdas. La única vez que las he usado ha sido cuando investigué cómo habían cubierto los blogeros la crisis de septiembre 11 en Estados Unidos. Fuera de esa excepción, la mayoría de las veces busco material por palabras. Éste tipo de búsqueda rara vez me satisface: temas comunes no necesariamente comparten palabras comunes.
Ambas escrituras se desdoblan. Pero el pensamiento no se desdobla de manera natural conforme a cronologías. Su desdoblamiento me parece más ideológico, temático o semántico. Incluso por libre asociación de ideas. El modelo del wiki tiene ventajas en esto.
Los famosos comentarios que algunos blogs permiten a sus lectores tendrían mucho más sentido en un sitio semántico y no cronológico. En más de una ocasión he visto comentarios a destiempo o fuera de lugar en estos sistemas de publicación. Para algunos artículos o posts es necesrio tener el antecedente de material previo sobre el mismo tema. No se puede criticar a partir de un simple fotograma, hay que ver la película completa.
Puedo llegar a un sitio web personal con el fin de conocer a la persona que escribe, quién está detrás del sitio. ¿No es más interesante conocerla a partir de los temas y asuntos que maneja que en su devenir diario?
Finalmente, si optamos por los sitios semánticos estos serían mucho más fáciles de leer por el autor. Me da flojera releer lo publicado en órden cronológico. Me encantaría releer algunas cosas y darles seguimiento pero la estructura no ayuda.
La presión de tener que estar actualizando un sitio sería eliminada. Se olvidaría uno de tener que pensar en escribir algo de actualidad o novedoso, de seguir una meme o mantener un diálogo con los demás.
Hay sitios que se prestan a lo cronológico y sitios que se prestan a lo semántico. Por ejemplo, Mocambo de Carlos Castro Rivera es un deleite leerlo día a día: es hijo de la crónica. Sin embargo, tarde o temprano sería ideal un índice o temario donde uno pudiera buscar y seleccionar la crónica deseada: división por rutas, proyectos, conversaciones.
Octaedro de Juan Carlos, creo que podría ser semántico. Es un sitio más cercano a éste en cuanto a estructura y creo que a veces el autor se angustia tanto como yo en actualizar el sitio. Tal vez nos convenga algo parecido al wiki.
Libro de notas es una combinación de ambos. Tiene una sección de actualidad con ligas a artículos externos y otra con contenidos propios. Sin embargo, una de sus virtudes consiste en darle seguimiento a temas y autores muy precisos. Estos temas a veces se pueden perder en las estructura cronológica (como en los periódicos). Hay textos que aparecen ahí (lo sabemos quienes nos damos una vuelta diario) porque traen un antecedente pero no estoy seguro que esto sea obvio para todos. O bien, aún los que lo seguimos diario, olvidamos un tema del que hacia tiempo que no comentaban.
(Ésto último es muy común con los periódicos. Para darle seguimiento a una nota es necesario buscar día a día en qué página se le ocurrió al editor poner una actualización sobre el tema. Eso hace que muy fácilmente nos olvidemos de algunos tópicos que la semana anterior eran de actualidad.)
Piénsese en dos modelos de escritura y publicación: noticias y enciclopedia. Véase elmundo.es o reforma.com y compáresele con wikipedia en español o la enciclopedia libre en español.
El escribir cronológico es lineal. El escribir semántico es no-lineal. ¿No se suponía que una característica esencial de la web era ser no-lineal?
Red cronológica vs red semántica I
2005.06.12Recuerdo que uno de mis tempranos acercamientos al mundo de los ordenadores o computadoras fue a través de aquellas aventuras de Proteo, héroe-robot de una enciclopedia mitad comic o tebeo y mitad libro de divulgación científica. En ella aprendí por primera vez uno de los principios de esa nueva ciencia llamada cibernética: los relojes son inherentes a las computadoras, todo proceso lógico requiere distinguir de algún modo un antes y un despúes.
Sean los ordenadores y sea el manejo del tiempo que encierran. Todo en un sistema informático lleva el sello del tiempo. Y allá las computadoras y su reloj, pero ¿tenemos que ser contagiados nosotros simples humanos con esa obsesión?
Veo a la distancia la escritura en este u otros blogs, en otros cuadernos de bitácora. A veces me pregunto si no elegimos este formato precisamente porque la fecha y hora la maneja el sistema que usamos y no porque sea lo que necesitamos o lo que queremos.
Una buena parte de los lectores de un sitio web llegan a él por la puerta de atrás. Es decir, llegan vía Google o algún buscador, a un artículo o texto en específico sobre un tema determinado. Lo curioso es que este tipo de sitios se diseñaron bajo una estructura principalmente cronológica y no semántica. El motor detrás de estos sitios es el reloj y no el diccionario.
Esta es la web cronológica. Funcionaba cuando había pocos sitios personales que leer y mucho tiempo para hacerlo. Hoy cada blog o bitácora tiene decenas a cientos de entradas o artículos sobre muy diversos temas. De un escritor en particular me puede interesar uno de esos temas y no todos. Leer todo lo que ha escrito día trás día es una labor compleja. Y una vez que lo hago tengo que estar al pendiente de sus actualizaciones periódicas.
Y sí, están los sistemas de búsqueda dentro de los sitios mismos o las categorías o las palabras clave o las etiquetas. Sin embargo, todos estos son recursos de recuperación de palabras en un sistema de publicación pensado y estructurado cronológicamente. ¿No será que lo que necesitamos son sistemas pensados y estructurados semánticamente?
La presentación de los resultados en los sistemas de búsqueda dejan mucho que desear. Las etiquetas o tags o palabras clave están muy bien para clasificar lo que no es texto: imágenes, videos, logos, audio… pero no para clasificar contenidos que de por sí son textuales. La búsqueda se hace muy pesada.
No niego que cuando busco material en algún libro sería agradable identificar de manera rápida en qué páginas exactamente aparece tal o cual término. Sin embargo, los índices y tablas de contenido son imprecindibles en los libros y no han logrado dar el salto del mundo analógico a la escritura digital plasmada en los blogs.
Quien inventó los blogs estaba acostumbrado a escribir logs. Es decir, quien inventó el formato de las bitácoras o webitácoras estaba acostumbrado a llenar bitácoras técnicas. Los blogs no fueron inventados por escritores o personas que están o estamos acostumbrados a escribir otro tipo de materiales.
¿En qué cambia el pensar un sitio semántico y no cronológico?
El duelo de los amantes
2005.06.9El duelo es la lenta aceptación al cambio.
De la soltería al noviazgo hay un duelo.
Del noviazgo al matrimonio hay un duelo.
Del matrimonio a la paternidad hay un duelo.
El duelo es lo que hay entre la pérdida y la vida.
Ideas-obras-de-arte
2005.06.7(Vieja divagación en el cuaderno de notas.)
Mastico, rumio en mi cabeza esta idea que podría expresar como el artista filosófico o filósofo artístico.
Creador, inventor de ideas que provoquen lo que provoca una obra artística: la experiencia estética. La escritura sería un instrumento. O mejor, una herramienta, un medio de comunicación.
Estas ideas-obras-de-arte finalmente han sido usadas desde Sócrates en la oralidad, una voz durante los paseos peripatéticos: la palabra ha sido su camino de ida a los receptores.
Bien ha sido también la palabra escrita. Me recuerdo leyendo por primera vez el Zaratustra de Nietzsche (que por cierto, compré accidentalmente cuando tenía apenas catorce años). Ese “dios ha muerto” sigue rezumbando en mis oídos, sigue transformándome, sigue haciéndome una persona diferente cada día, cada vez, diferente siempre.
Las ideas-obras-de-arte de las que hablo son ideas que aceleran la diferencia.
Crear diferencias, crear paradojas, crear ironías. Hacer pensar, cuestionar.
Se necesita un nombre para estas extrañas ideas que toman forma de mensajes: aforismos, fórmulas, cápsulas, sentencias… no sé como llamarles.
No son ready-mades, pero podrían serlo. No uso ready-mades en su traducción literal sino entendiéndolos como dispositivos disruptivos, es decir, en el sentido de la experiencia estética que provocan. No lo son por supuesto, en el sentido de cosas ya hechas, listas para usarse, prêt-à-porter.
Efecto de la idea-obra-de-arte: pensar la alteridad, pensar la otredad, pensar al otro, pensar lo otro, pensar diferente, pensar la diferencia.
Si el texto es tela…
2005.06.6Si el texto es tela el escritor es un tejedor.
Pero cuidado, de la tela al vestido hay un mundo: hace falta un sastre.
Bitácora de navegación
2005.06.5Una sirena siempre es una buena razón para cambiar el rumbo.
El mejor libro recomendado para los viajes
2005.05.31Es común cargar un libro con nosotros durante los viajes cortos y largos. Cortos como ir en autobús al cine o largos como ir de viaje al otro lado del mar. Lo importante es leer.
Uno de los mejores libros de viaje que he cargado conmigo (todavía lo hago y lo seguiré haciendo) está firmado por un escritor no muy importante pero que me sorprende sobremanera línea tras línea. Cuando lo leo se mezcla una sensación entre algo conocido y la total sorpresa por la novedad. Me hace igual reír que pensar, incluso llorar. A veces, confieso, me da pena y otras simplemente no me dice gran cosa.
El libro del que les hablo no puedo sino recomendarlo amplia y extensivamente a todos. Ningún otro autor se los recomendaría con tal seguridad y entusiasmo. El libro es el diario o bitácora personal y el autor son ustedes mismos.
Releerme es leer un autor que soy yo mismo pero también es leer al escritor que era hace tiempo.
Éste es un libro de viaje: de viaje en el tiempo.
La trampa debe ser obvia para muchos: para poder leer este libro maravilloso es necesario escribirlo.
Escribir, por supuesto, es escribirle al lector que soy yo mismo y que seré dentro de algunos años.
A escribirse pues, que la escritura de hoy es la lectura de mañana.
(De preferencia escriban en un lindo cuaderno de esos que parecen libros —no tiene que ser moleskine, aunque ayuda—, y por favor, eviten para estos fines la computadora y el procesador de textos.)
El fotógrafo y la ceguera: entre el cuarto oscuro y la luz al descubierto
2005.05.29El fotógrafo es amigo de la luz y amante de la oscuridad. Todos los fotógrafos tenemos algo de ciegos.
O en otras palabras: ¿dónde quedó el cuarto oscuro?
La fotografía digital llegó para quedarse, no hay duda. Es ya solo cuestión de tiempo. La fotografía en soporte de película, gelatina y sales de plata está en el camino de pasar a la historia y acompañar a los electrónicos de bulbos, la telefonía analógica, las máquinas de escribir mecánicas, los discos de acetato y el telégrafo.
Habrá bastiones de la foto fija y cinematográfica que tardarán más que otros. No lo digo por nostalgia barata sino por la convicción basada en hechos de que ciertos usos de la fotografía tradicional todavía requieren del registro continuo de lo analógico. Ya hemos tocado este tema antes, no sin polémica.
Tal vez nada extrañaremos en algunos años de la fotografía como la conocimos. Hace tiempo que no doy clases de foto pero estoy seguro que de hacerlo empezaría por la digital y sólo a los interesados les enseñaría a ponerle rollo a una 35 milímetros.
Pero algo se pierde. Siempre. Algo.
Un fotógrafo se podía pasar el día entero en la calle o en el estudio lidiando con la luz. Que si se ve mejor de este modo, que si la luz en el amanecer es más fría que en el atardecer, que si el cielo nublado te tapan las arrugas, etcétera. Pero sin importar el tiempo que pasara conviviendo con la luz, tarde o temprano esperaba la oscuridad total de cuarto oscuro. Tanto de alumno como de maestro puedo decir que la experiencia contrastada era muy importante. Renunciar al privilegio de la vista para poder generar imágenes era un evento revelador en el doble sentido de la expresión —comprenderán los fotógrafos de antes.
El fotógrafo, Orfeo moderno, descendía hacia la oscuridad más negra para regresar victorioso con imágenes de luz. Al salir del laboratorio fotográfico el fotógrafo sentía que había parido, es decir, que literalemente había “dado a luz”.
(Casi todos los fotógrafos con una formación de fotoperidismo a la Cartier-Bresson o a la agencia Magnum en general, tienen entre su trabajo fotos de ciegos: en ellas se respira un respeto y sagrada reverencia por lo otro —el cuarto oscuro era el borde, el límite entre la luz y la ceguera total).
De ahí que el siguiente aforismo tal vez se vuelva un tanto obsoleto con el paso de los años. No sé, tal vez en el fondo sí tengo un poco de nostalgia.
El fotógrafo es amigo de la luz y amante de la oscuridad. Todos los fotógrafos tenemos algo de ciegos.
La vida sin blog
2005.05.25Para todos los que, como un servidor, no han podido dar continuidad a sus webs personales debido a exceso de trabajo o razones personales. Van 5 puntos sobre la vida sin blog.
Las bitácoras no se mueren porque deje uno de actualizarlas. Cada que alguien visita sus páginas y las lee el discurso se re-produce como pasa con la partitura cuando un músico la interpreta.
1.- No desesperes, sigue escribiendo. Escribir y publicar son cosas diferentes. Si no puedes publicar, no dejes de escribir. Los blogs, el correo electrónico, los foros web y las listas de correo han hecho renacer la palabra publicada y con ello la palabra escrita. Aprovecha ese impulso para seguir escribiendo aún cuando no publiques.
2.- Si el rito de los blogs o el fetiche de la tecnología te hizo escribir, inventa nuevos ritos y fetiches. Escribe como si estuvieras escribiendo en tu blog. Compra un cuaderno a tu gusto, tarjetas, post-its, moleskines, un buen lápiz, una pluma fuente… lo que quieras. Lo que escribas te servirá después para publicarlo o como inspiración para nuevos posts.
3.- Si el problema es que no tienes acceso a la computadora o a internet vira tu mentalidad a lo analógico. ¿Por qué un blog tiene que ser tan diferente al mundo físico? Publica un texto mural, clava carteles en un corcho, imprime tarjetas y repártelas, pega boletines, escribe y publica posts en hojas de papel tamaño carta o A4 o en tarjetas y repártelas a desconocidos. Eso es lo que haces cuando escribes en un blog, ¿no?
4.- Si no puedes ligar o linkear, recomienda, señala, sugiere. Cuénta sobre el libro que lees, del cartel publicitario que viste en la calle y te gustó, de la película que no entendiste nada. Deja olvidado el libro que acabas de leer en un lugar público con una nota para el que lo encuentre. Inventa ligas o links analógicos. Es más, olvídate de la palabra liga o link: la web y por ende los blogs crean vínculos entre seres humanos. Crea vínculos a tu alrededor.
5.- Crea blogósferas en el mundo real. La palabra comunidad no se inventó en internet. Reúne amigos que te sean comunes pero no se conozcan. Organiza idas a conciertos, charlas de café, reuniones de lectura o para escuchar música.
Saludos y gracias por su paciencia.
Un regalo de bodas para Pily
2005.01.14[Texto leído durante el brindis el día de la boda.]
I
No puedo decir que eres como te había pensado
porque no hubo imaginación que te trajera
y ni mis mejores sueños ayudaron a que vinieras.
En botella lancé al mar alguna vez un retrato hablado
pero se ahogó por tantas palabras que le servían de lastre.
(No sabía entonces que tendrías forma de ángel.)
Renuncié a navegar los laberintos y las caracolas,
y abandoné la tarea de buscar al canto y la sirena.
Fui Ulises en Creta y Minotauro de nombre Nadie.
Mentira, entonces, que la imaginación lo puede todo.
Hace años intenté imaginar tu nombre,
el color de tus deseos y el grueso de tus labios,
verte conmigo, de mi brazo, mientras callejoneamos,
vernos platicar lo que fue silencio en pasados años,
o amarnos al mismo tiempo que nos peleamos.
Intenté, también sin lograrlo, imaginar
la casa, los hijos, la cama, la cena, el baño,
los ataques de besos para animar a despertarnos,
tu falta de aire en esas risas tan largas
que provoca la gran gracia que tengo para no tener gracia.
Pero la imaginación no pudo escribir un boceto de tu cuerpo,
no logró dibujar el texto de tus pensamientos,
fue incapaz de esculpir la danza de tu alma,
desafinó al querer cantar la partitura de tus miradas.
II
A diferencia de Benedetti, vivía sin amor, cómplice y todo,
y en la calle, con sólo mis codos, era uno menos que dos.
Reclasifiqué El Amor en los Tiempos del Cólera
bajo el rubro de la ciencia ficción;
los amorosos de Sabines se divorciaron
y quedaron guardados junto a la constitución;
tiré los veinte poemas de Neruda
y me quedé con la canción desesperada;
de las telenovelas ví todo menos el último capítulo
y de Casablanca me quedé con la trama policiaca.
III
Ni lógica, intuición o razón pudieron inventarte:
eres más real que mi sueño más fantástico.
Pilar, te amo.
IV
He dejado mis barcos y mis viajes:
ahora no hay mas mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.
Abandoné las caminatas en solitario:
son cuatro las huellas que hoy dejan mis pasos
y miro con tus ojos otrora espacios informes.
Olvidé la tentación de un mundo sin caos:
aprendí que los rompecabezas no hay que terminarlos
para poder empezar a maravillarse y disfrutarlos.
Borré de mi memoria toda la basura —que no era poca,
reciclé cuentos e ideas que tenía guardados,
pensé en contártelos, pero los nuevos entre los dos los creamos.
Dejé para siempre los libros que hablaban de tristezas.
No porque dejen de existir o el futuro deje de traerlas
sino porque las leeré contigo todas nuevas.
Labio a labio en un beso hacemos cueva y eco.
Ahora escucho siempre tu voz que canta en mis entrañas,
te digo te amo y siento las palabras brotar de tu garganta.
Hoy dejo mis barcos y mis viajes:
no hay más mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.
Ontogenia del texto
2004.09.21Un novelista escribiendo ensayo: la ensayística recapitula la narrativa modificada.
Un filósofo escribiendo novela: la no ficción recapitula la ficción modificada.
—
Apostar por la probabilidad en escritura equivale a escribir mucho esperando que entre tanta cosa que se escribe aparezca una gran idea o una obra maestra.
—
Olvidemos al huevo y la gallina: ¿qué fue primero, la lectura o la escritura?
Clasificar no es definir
2004.09.14Clasificar no debe ni puede ser una forma de la definición.
Clasificar no es identificar sino solo distinguir.
La clasificación es una forma de agregar metadatos al objeto con el fin de filtrar y delimitar.
Clasificar un texto por género debe tener como único fin dar información adicional al posible lector para que pueda decidir si sigue leyendo o no.
No se debe esperar de una clasificación de genero una definición de género. Los géneros –como toda clasificación– deben funcionar como palabras clave, palabras llave, que permitan al posible lector un acercamiento, una localización.
El sistema de clasificación bibliotecario evade toda definición formal de géneros. Su único fin es establecer zonas de lectura con base a ciertas claves.
No se le puede exigir demasiado a las clasificaciones cuestionándoles por el ser de sus divisiones. Tampoco se puede evitar una clasificación argumentando relativismos o anarquismos.
Una clasificación es una herramienta y como tal hay que verla.
Cuando compro un libro no me interesa entrar en discusión alguna sobre la delgada línea que divide a la novela moderna del ensayo u otra discusión similar. Busco sólo ciertas palabras claves para saber si el libro que quiero comprar está buscando un lector como yo. Acepto sorpresas, giros narrativos o literarios, recursos retóricos y todo tipo de experimentaciones. Pero espero no encontrarme con un libro de texto sobre derecho laboral cuando busco narrativa.
Por eso una clasificación –flexible si se quiere– es necesaria en una era de exceso informativo.
Pero por favor, no hagamos de las clasificaciones definiciones.
El pensamiento es viajero y nómada
2004.09.11El pensamiento es viajero y nómada: la escritura es su posada, albergue y descanso (a veces sólo por una noche).
—
El pensamiento es como el tiempo: inapacible e inatrapable. Al tiempo lo fija la fotografía (un rato, sólo un rato). Al pensamiento lo fija la escritura.
—
Línea de fuga: ¿qué tan larga puede ser una oración? ¿Qué tan lejos puede ir una idea que quiere llegar hasta sus últimas consecuencias?
Escritura ‘a priori’ y ‘a posteriori’
2004.09.1A veces me gustaría llevar distintos cuadernos o mantener diferentes archivos para cada tema o proyecto de escritura. Sin embargo, durante la escritura de notas y apuntes, de meros esbozos o ideas y frases sueltas, los temas aún no se definen y los hilos conductores entre un fragmento y otro son invisibles.
Estos apuntes o ideas sueltas rara vez toman forma si no es hasta que me propongo desarrollarlas en un texto más cuidado y depurado.
Es en la relectura necesaria para ello que las páginas, hojas sueltas o archivos empiezan a dialogar entre sí. Es posible empezar a trazar ligas entre notas o palabras, definiciones o aforismos. Las conexiones son múltiples porque atienden a la forma (narrativa, ensayo, confesión, interrogación… ) o al fondo (filosofía, escritura, audiencias, deseos, miedos… ) pero también a la verdad (ficción inspirada en la realidad, ficción pura, no ficción inspirada en la ficción… ) o al tono (académico, personal, erótico, libre… )…
Una misma nota puede estar en diferentes categorías o incluso dialogar por asociación libre o palabras clave con otra en una división opuesta. Ni que decir que las combinaciones son infinitas por lo que, con el único fin de llegar a un texto legible y medianamente decente, uno se pone un alto y trata de fijar la idea trazando un plan de escritura mas o menos definido sobre una de las tantas posibilidades.
Distingo una escritura a priori y una a posteriori en esta reflexión.
La escritura a priori es la de los borradores en hojas sueltas y cuadernos de escritura: no sabemos a dónde va (ni siquiera sabemos si va hacia algún lado) ni qué camino tomará. Es una escritura llena de fe, de expectativas y por lo tanto de esperanzas. Es una escritura hipotética y todo en ella está por definirse.
La escritura a posteriori es la que hacemos “en limpio” a través de la máquina de escribir, el procesador de textos o unas bellas hojas blancas: la re-lectura de los borradores nos ha permitido descubrir los hilos invisibles entre líneas y notas por lo que aparece un mapa del que intentamos seguir la ruta y llegar a un puerto más o menos definido.
Este texto, como ejemplo de escritura a posteriori, surgió de la siguiente nota escrita a priori en la moleskine:
«Veo pequeños hilos conductores entre los textos de esta moleskine.
El sistema es eficaz pero me gustaría tener distintos cuadernos para darle continuidad a distintos temas.(…)
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Lo que puede ser engañoso al llevar distintos cuadernos es que esos hilos conductores en la moleskine no son obvios sino a posteriori.
¿Y si después de establecer un cuaderno para algo ya no escribo nada sobre ese algo?
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Diferencias entre escritura a priori y a posteriori.»
La carta dialéctica
2004.08.10Empecé por escribirme una carta muy breve. Me hice algunas preguntas muy generales e intenté explicar algunas metáforas fundamentales. Fui didáctico: no quise dejar de entenderme. Filosófico no, más bien paideico. Escrita con rigor protocolario, la firme y envié.
La verdad, nunca pensé tener una respuesta tan rápida y extensa, pero me contesté al tercer día. Me extrañó el tono y las licencias poéticas. Tardé en entender las ironías y resolver las paradojas. Algunas palabras que ya no usaba desde hace décadas me recordaron las adolescencias perdidas. Las oposiciones provocaban mis ideas. ¡Vaya aforismos y acertijos!
La leí y releí con mucho cuidado antes de contestarla. Al escribir la nueva epístola quería sorprenderme y no dejar lugar a dudas. Aproveche el perfecto conocimiento que tenía sobre mi interlocutor para atajar todas sus premisas. Busqué cada término en el diccionario para evitar malentendidos y eufemismos. El día que por fin metí la misiva en el buzón no sabía por qué me temblaba la mano y me sudaba la frente.
La espera fue terrible. No podía imaginar réplica. Daba vueltas y vueltas por el cuarto dándole vueltas y vueltas a las letras. ¿Había logrado callarme para siempre?
Al día siguiente desperté y ya había correspondencia. La leí toda y de golpe: todos y cada uno de los puntos habían sido cuestionados. El estilo mejoraba, la escritura se perfeccionaba y las ideas evolucionaban. Volví de inmediato al escritorio a buscar tinta y papel. Quería responderme cuanto antes.
Eso fue hace veinte años. Hoy tengo que cambiarme de departamento: las cartas que envío y recibo llenan ya mis habitaciones. Necesito espacio.
No hay filosofía sino filósofos
2004.08.3Si damos por válido el discurso de Nietzsche, no importa la filosofía, importa el filósofo, porque no importa el qué sino el quién.
Es más, hagamos filosofía a martillazos y martillemos a la filosofía misma: no hay filosofía sino filósofos.
Imagino que cuando Pitágoras oyó hablar de “filosofía” se habrá cagado de la risa: ¿a quién diablos se le habrá ocurrido convertir en conocimiento, disciplina, ciencia, sistema o teoría a la simple amistad o atracción de una persona por el saber? Es decir, ¿en qué momento transformaron la frase de Pitágoras “no soy un sabio, soy una amigo del saber, me atrae el saber, soy un filósofo” a algo tan abstracto y pesado como “filosofía”?
Al no reconocerse como sabio, Pitágoras fundó por accidente un saber. Al querer escapar del conjunto cerrado de una doctrina el pueblo le adjudicó una.
Afán metonímico de los mortales: confundir al todo por la parte, tomar el efecto por la causa, convertir el hacer de un sujeto en disciplina.
Aclaremos pues, el equívoco: no hay filosofía sino filósofos.
Por eso no hay sabios sino hombres y mujeres que buscan saber algo.
Por eso no hay saberes sino hombres y mujeres que saben algo.
Luego entonces, no podemos decir que la filosofía es la orientación radical —porque no hay filosofía— sino que el filósofo es un orientador radical —porque lo que hay es filósofos.
El filósofo se distingue por dar una idea o formular una pregunta sobre un tema o problema muy diferente a las ya dadas o formuladas. El filósofo pone sobre el mapa una idea que nos hace ver hacia nuevos territorios. O tal vez no tan nuevos pero si radicalmente diferentes.
Por eso el filósofo es un orientador radical.
(Quisiera seguir dando martillazos: ¿y si en lugar de orientador radical el filósofo es un desorientador radical?)
Reflexiones sobre publicidad y audiencias para “Tendencias”
2004.07.27(Reflexiones tomadas al vuelo previas a la mesa de debate sobre publicidad en el programa de radio “Tendencias” conducido por Sergio Almazán.)
El punto no es si la publicidad vende. La publicidad y las ventas está ligadas la una a la otra: ¿qué fue primero la publicidad o la venta?
Pensemos en el trueque como la venta originaria, prototípica y mítica: ¿no hay incluso en el trueque un mínimo de publicidad (entendiendo ésta última palabra en su sentido más amplio)?
Soy cavernícola, traigo una punta de flecha que quiero cambiarle a otro cavernícola por una vasija, ¿aceptaré soltar mi punta de flecha (léase, mi dinero) a un desconocido, a alguien al que no le tenga confianza, a alguien en quien no crea? ¿Y qué pasa si regateamos? ¿No está en el regateo primigenio del trueque el origen de la primera publicidad?
La publicidad vende. El punto entonces es ¿vale la publicidad lo que vende? Es decir, ¿vale la publicidad lo que se invierte en ella? ¿En qué momento empieza la publicidad a ser un gasto y dejar de ser una inversión?
Y como consumidor: ¿en qué momento puedo decirle al anunciante o publicista que ya capté su mensaje, que me deje de molestar, que sí voy a comprar su producto, que es de buena calidad, pero por favor que ya no me moleste con sus mensajes?
A veces dan ganas de escribirle una carta al anunciante: “Querido anunciante, ya vi en la calle tu espectacular varias veces de la casa al trabajo, ya he escuchado tu spot en radio desde hace un mes, ya v lo chistoso que está el comercial en la tele, vi las fotos en la revista que leo los sábados; he tenido mucho tiempo para pensarlo y hasta que no tenga hijos definitivamente no voy a comprar tus fabulosos, acolchonados y súper absorbentes pañales desechables. ¿Podrías dejar de enviarme ese mensaje?”
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Algunos estudiosos consideran que la publicidad más cara es la que usa los medios en que la audiencia es más difícil de medir. Esto implica una sobrevaloración de la publicidad y sus efectos en medios masivos. Esta idea la leí por primera vez en un texto de Wired escrito por Randall Rothenberg titulado “Bye-Bye”. Rothenberg la denomina la Knowability Paradox.
La regla sería: a mayor grado de confiabilidad, exactitud y precisión en un sistema de medición de audiencia para un medio determinado, menor es la cantidad de dinero invertida para dicha audiencia a través de ese medio.
La Escritura Invisible
2004.06.8Estoy en un café. En la mesa de al lado un hombre golpea con la punta de los dedos la superficie de la mesa. Reconozco esos movimientos: está tecleando con todos sus dedos. Casi adivino lo que escribe. Parece alguien que acaba de salir de una clase de mecanografía y está practicando.
Tal vez hoy sintió un avance importante en su clase pero también podría no estar practicando sino confirmando la fluidez de su pensamiento a través de los dedos.
Escribe “en el aire”. Extraña escritura que no es: escribe sin dejar registro, huella o trazo, pero al mismo tiempo sigue sus ideas escribiéndolas.
¿Cómo llamar a esta escritura invisible?
Sobre el aforismo
2004.06.4Pensar la estructura es pensar usando vigas “I”.
Pensar no para construir edificaciones terminadas sino para construir ruinas es pensar fragmentariamente.
El implacable tiempo hace de las grandes civilizaciones sólo ruinas y de los grandes sistemas filosóficos sólo fragmentos; construyamos de una vez ruinas, pensemos de una vez los fragmentos.
El aforismo está más cerca de la escultura que de la arquitectura.
El aforismo no es una columna ni es un techo. Ni sostiene ni es sostenido. Un aforismo es un poliedro: apenas se sostiene por alguno de sus lados, pero es firme, coherente, perfectamente cohesionado entre las partículas que lo forman, independiente; pero al mismo tiempo, el que se sostenga parece accidental y azaroso; más que sostenido está suspendido; inmóvil, todo aforismo parece estar a punto de rodar.
De apariencia frágil como un cristal, a nadie sorprende que cueste tanto trabajo levantarlo sobre uno de sus lados. Muerto parece con vida porque sus vértices lucen listos para crecer.
Difícil decir del aforismo si es una forma a la que se ha llegado o es huevo del que va a nacer algo.
Axioma y teorema al mismo tiempo: principio de una demostración, verdad obvia y contundente, por un lado; conclusión a la que se llega, fórmula que tiene que ser demostrada, por otro.
La idea y la obra
2004.06.1¿Puede una idea provocar lo que provoca la obra artística?
Diferencia entre la experiencia estética y la experiencia filosófica.
Diferencia entre la creación de una obra artística y una idea filosófica.
¿Fusionar ambas en una idea-obra-de-arte?
La idea-obra-de-arte: el “dios ha muerto” de Nietzsche; ideas que aceleran la diferencia; paradoxas; cuantos o aforismos rompecabezas; historias iniciáticas.
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Todo conocimiento es asintótico:
- Se conoce a alguien a sabiendas de que es imposible conocerle totalmente.
- Mirar a alguien a sabiendas de que es imposible mirar plenamente.
- Escuchar a alguien…
No nos alcanzaremos del todo… aunque lo intentemos.
Diferencia entre conocer a alquien desde hace mucho tiempo y durante mucho tiempo.
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¿Se puede dibujar la Idea?
(Escher, Chillida, Leonardo)
¿Dibujar mientras pienso? ¿Reflejar el ritmo, textura, intensidad del pensamiento?
¿Se puede musicalizar la Idea?
(Beethoven, Mahler)
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El fotógrafo hace fotos; el imagemaker hace imágenes.
La escritura hace textos.
¿Qué hace el filósofo?
¿Ideas? ¿Cómo?
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Filosofía sin Platón: filosofía de lo diverso, del átomo, de lo indivisible, de la partícula, etc. Filosofía “natural”, del azar, de lo complejo, de la incertidumbre.
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La filosofía sigue dialogando en la escena del diálogo platónico: de ahí no nos hemos movido.
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Al leer el “M. Teste” de Vàlery pienso: La Idea es cambiante, viva, avanza, retrocede, muere: es el Fuego de Heráclito.
La cultura reanima el Fuego o lo extingue.
¿Cómo se deviene escritura?
2004.05.26¿Cómo se deviene escritura?
Si existe una escritura-devenir, ¿en qué se diferencia de otras escrituras?
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Relaciones entre escritura con tinta y escritura con luz. Lo que ganamos y perdemos en la escritura con luz, ¿es equivalente a lo que ganamos y perdemos en la escritura con tinta?
El original y sus variaciones. Las variaciones en el mundo digital. Se ha hablado mucho del original en el mundo digital perono de las variaciones. El proceso creativo y de creación artística no deja rastro o huella en el mundo digital.
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Soportes físicos de escritura versus material lógico:
cuaderno hojas blancas;
block hojas amarillas y rayadas;
hojas sueltas, etc.
Versus:
escritura aforística;
stream of conscience (freewriting);
escritura final y acabada, etc.
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¿Cómo se inicia un bello cuaderno en blanco?
- Infancia: poniendo márgenes, numerando hojas.
- ¿Ahora qué?
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¿Es posible el software de la escritura que piensa?
- diálogos: Leucó, Calvino, Platón, Carroll
- Storyspace
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Línea de fuga: ¿qué tan larga puede ser una oración?
Una idea que se va hasta el final, hasta sus últimas consecuencias.
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La escritura no es discriminación, juicio o edición.
Toda escritura debería decir: por aquí pasó el pensamiento y esto es lo que nos dejó.
Con la lectura, la escritura se vuelve otra vez pensamiento: la escritura es la partitura de las ideas.
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Mi imaginación es neurótica: imagino interlocutores, lectores, entrevistas, diálogos, etc.
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¿Es posible el “diario total” derridiano?
Idea posible, idea filosófica.
Hecho imposible, ¿a quién le importa?
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Deleuze: los dipositivos de Kafka
dispositivo = función
“qué pasa sí… ”
“supongamos que… ”
dispositivo, función: caja a la que le metemos algo en un extremo para obtener otra cosa del otro lado (como el “chinese room”).
La escritura del geómetra
2004.01.18La escritura de Euclides en sus Elementos: clara, precisa, esencial. Euclides funda (mucho más que el mismísimo Aristóteles) la escritura de la lógica, de la ciencia, de la matemática.
Es una escritura aforística, pero a diferencia del aforismo al que le es inseparable cierta retórica y poética, los aforismos de Euclides son de cierto “grado cero” en su estilo. Lo que comparte con aquéllos es la impresión que dejan en el lector de ser ideas previamente masticadas y reflexionadas hasta el cansancio por el pensador. Sólo hasta que la frase se define en la mente, pasa a ser escrita. De estos pensamientos podemos leer una dosis concentrada de la idea.
Toda escritura verdaderamente original funda formas, figuras, tropos, géneros: las frases del matemático de Alejandría se renombran en axiomas, teoremas, principios…
Y sin embargo, cierta narratividad en la exposición de la deducción en los Elementos los hacen parecer, no una representación del razonamiento euclidiano, sino una vista en vivo u “online” de lo que pasaba en el cerebro del geómetra al momento de sus demostraciones.
Por eso el grado cero no existe: aún en una sentencia lógica hay pasión, estilo, desvío y falta de ingenuidad e inocencia.
Polillas
2004.01.5El último día del año 2003 descubrí un pequeño ejército de polillas dándose un festín con mis libros. Las larvas se estaban comiendo los tratados en el orden que estaban en el librero.
Los comics fueron una entrada suculenta. Los de erotismo constituyeron una delicia al paladar. La poesía facilitó su reproducción. Pero con los de filosofía, en cambio, se tomaron más tiempo. Hegel, por ejemplo, ayudó a retrasar el avance del ejército: y es que el filósofo alemán es muy denso y siempre ha sido difícil de digerir.
Cuaderno de horas tempranas
2003.11.27Hoy escribo como escribió Paul Valèry toda su vida: primera actividad por la mañana.
Mi mente está en blanco. ¿Cómo demonios podía Valery escribir algo a esta hora?
No basta con escribir
2003.11.27No basta con escribir. Hay que leerse.
Y reescribirse. Y releerse.
