Por momentos creo que se oye más profunda, como si hubiera madurado.Pero a ratos es al revés: el niño que dejé de ser regresa a pronunciar un ritornelo.
Lo cierto es que no soy el mismo. Nunca se es es el mismo siempre. El trabajo formal de cuello blanco, los números, reportes y estadísticas, los horarios en punto, la bitácora y moleskine que quedan tan lejos,
esas charlas hasta altas horas que se han perdido. Todo eso daña las cuerdas del instrumento.
Aunque por otra parte, la vida en pareja, ella, los besos de mañana,
las risas y pleitos de los diálogos apasionados, sus preguntas atentas, mi neurosis que se transparenta ante su querencia, el amor ocomo lo llamen, el sentirse más vivo. Todo eso saca de la voz al niño feliz que llevo dentro.
Mi voz ha cambiado. Eso es un hecho.
La izquierda radical es el instrumento de la derecha reaccionaria.
(Y viceversa.)
Siempre se empieza con una prueba, un rayón para ver si el bolígrafo tiene tinta, para calar la textura del papel, para tratar con el software...
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