Un regalo de bodas para Pily

2005.01.14

[Texto leído durante el brindis el día de la boda.]

I

No puedo decir que eres como te había pensado
porque no hubo imaginación que te trajera
y ni mis mejores sueños ayudaron a que vinieras.

En botella lancé al mar alguna vez un retrato hablado
pero se ahogó por tantas palabras que le servían de lastre.
(No sabía entonces que tendrías forma de ángel.)

Renuncié a navegar los laberintos y las caracolas,
y abandoné la tarea de buscar al canto y la sirena.
Fui Ulises en Creta y Minotauro de nombre Nadie.

Mentira, entonces, que la imaginación lo puede todo.
Hace años intenté imaginar tu nombre,
el color de tus deseos y el grueso de tus labios,
verte conmigo, de mi brazo, mientras callejoneamos,
vernos platicar lo que fue silencio en pasados años,
o amarnos al mismo tiempo que nos peleamos.

Intenté, también sin lograrlo, imaginar
la casa, los hijos, la cama, la cena, el baño,
los ataques de besos para animar a despertarnos,
tu falta de aire en esas risas tan largas

que provoca la gran gracia que tengo para no tener gracia.

Pero la imaginación no pudo escribir un boceto de tu cuerpo,
no logró dibujar el texto de tus pensamientos,
fue incapaz de esculpir la danza de tu alma,
desafinó al querer cantar la partitura de tus miradas.

II

A diferencia de Benedetti, vivía sin amor, cómplice y todo,
y en la calle, con sólo mis codos, era uno menos que dos.
Reclasifiqué El Amor en los Tiempos del Cólera
bajo el rubro de la ciencia ficción;
los amorosos de Sabines se divorciaron
y quedaron guardados junto a la constitución;
tiré los veinte poemas de Neruda
y me quedé con la canción desesperada;
de las telenovelas ví todo menos el último capítulo
y de Casablanca me quedé con la trama policiaca.

III

Ni lógica, intuición o razón pudieron inventarte:
eres más real que mi sueño más fantástico.

Pilar, te amo.

IV

He dejado mis barcos y mis viajes:
ahora no hay mas mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.

Abandoné las caminatas en solitario:
son cuatro las huellas que hoy dejan mis pasos
y miro con tus ojos otrora espacios informes.

Olvidé la tentación de un mundo sin caos:
aprendí que los rompecabezas no hay que terminarlos
para poder empezar a maravillarse y disfrutarlos.

Borré de mi memoria toda la basura —que no era poca,
reciclé cuentos e ideas que tenía guardados,
pensé en contártelos, pero los nuevos entre los dos los creamos.

Dejé para siempre los libros que hablaban de tristezas.
No porque dejen de existir o el futuro deje de traerlas
sino porque las leeré contigo todas nuevas.

Labio a labio en un beso hacemos cueva y eco.
Ahora escucho siempre tu voz que canta en mis entrañas,
te digo te amo y siento las palabras brotar de tu garganta.

Hoy dejo mis barcos y mis viajes:
no hay más mar que tu cuerpo
ni otra ruta que la de nuestros diálogos.