La mirada que piensa

2003.11.3

Empiezo a escribir sin saber qué voy a escribir. Empiezo a ejecutar esa acción que Isaac Asimov, muy acertado, llamaba “pensar a través de los dedos” (citado por Torill Elvira Mortensen como epígrafe en su weblog thinking with my fingers). Stephen King pone en alto a la escritura y dice que el “escribir es una forma refinada de pensar” (en su libro “On Writing”).

Al principio son unas líneas sueltas, como pequeñas ocurrencias. En algunos casos no llegan a ser líneas sino palabras. La caligrafía es muy importante en esta etapa, si escribimos con una pluma o lápiz sobre el papel; es el reflejo de lo claro o no de las ideas que empiezan a formarse. Si tecleamos, esta etapa acepta el que no nos preocupemos por la ortografía o la gramática. Errores que no cometeríamos escribiendo un memorando en el trabajo, aquí son muy comunes. Del mismo modo sucede con lo que pensamos: imágenes, ideas simples, frases cortas —son los ingredientes de una etapa en donde calentamos el pensamiento, hacemos calistenia mental. Si fuera dibujo, es el momento de sacarle punta al lápiz, de trazar líneas para probar su grosor, de hacer algunas figuras, intentar contornos…

Recuerdo que en una de mis primeras clases de fotografía, nuestro maestro Jesús Montalvo, puso frente a la clase un bodegón con piezas de ajedrez, dominó, uno que otro pisapapeles y un móvil. Después dio algunas instrucciones elementales al grupo y pidió que le tomáramos fotos a dicho bodegón.

Uno de mis compañeros se acercó al bodegón y con la cámara en la mano permaneció quieto delante de la mesa iluminada. El maestro, al verlo, le animó a que tomará fotos. El discípulo contestó que estaba pensando en la fotografía que iba a tomar, que por eso estaba quieto. “Piensa con la cámara, piensa a través de ella”, dijo el maestro.

Asimov le hubiera dicho “piensa a través de los dedos”, o más propiamente, “piensa a través de los ojos”.

No lo sabía en ese entonces, pero tanto Asimov, King y mi maestro de foto hablan de lo que yo prefiero llamar “la escritura que piensa”. ¿Sería correcto llamarle “la mirada que piensa” cuando nos referimos a la fotografía?