Pienso, luego escribo

2003.10.19

Pienso, luego escribo.
Escribo, luego leo.
Leo, luego reescribo.
Reescribo, luego releo.
Releo, luego publico.

Pienso, reflexiono, discurro como siempre. Si hay algo que nunca ha cambiado –por muy diversas actividades que haya tenido que realizar a lo largo de estos años– es eso, el pensar, reflexionar y discurrir.

El escribir necesita de elementos y condiciones materiales para ser. Es por ello que a lo largo de una vida la acción de escribir (¿el escribir es el hacer del pensar?), cambia de formas, figuras y modos. Se escribe en diferentes soportes: pizarrón o pizarra, papel, magnéticos… Cada soporte tiene sus variantes, los magnéticos, por ejemplo: diskette, disco duro, CD… Y con ello las herramientas de escritura: computadora de escritorio, portátil, móvil… O las interfaces: procesador de textos, aplicación de correo, aplicación web…

Con cada una de esas variaciones, cambian nuestros hábitos, nuestros tiempos, nuestra frecuencia, nuestro flujo de escritura.

Por otro lado están los espacios físicos en donde el acto de escribir se realiza (independientemente de con qué escribamos): la escuela, la cama, el café, la oficina, el escritorio, el parque…

Al final, todo esto repercute en nuestra reescritura, relectura, y por supuesto, la publicación de nuestros materiales.

Ya no puedo escribir para este espacio –mi bitácora o webitácora– como antes. Han cambiado los tiempos de escritura, los espacios, las herramientas, los temas, la frecuencia, el flujo. Tengo un trabajo que me paga las rentas y me permite ahorrar, cosa difícil en estos tiempos, especialmente para alguien que no sólo decidió estudiar una carrera tan lucrativa como la filosofía sino que además no la terminó.

Sin embargo, sigo pensando, reflexionando, discurriendo. Continúo escribiendo. Desde que este sitio empezó a dejar de tener movimiento, he llenado dos cuadernos enteros. Lo difíicil es leerme, reescribirme, releerme y publicar para que otros me lean, para comunicar.

Pero hoy parece que ha llegado el remedio de todos estos males. No quiero exagerar, pero creo que tengo en mis manos la herramienta que encaja perfectamente en este tiempo y circunstancia de escritura. Ya les hablaré de esta herramienta que me ha permitido aumentar mi productividad (al escribir) en otra ocasión. (De hecho, estoy escribiendo directamente en esta maravilla, en el Café Son, Son de Café, un café cercano a casa de mis padres, y en cuanto llegue a la computadora lo publicaré en directo a mi webitácora, donde lo estarán leyendo ustedes, atentos lectores.) Esta misma herramienta me permite una fácil y rápida publicación (de mis manos a la web, de la web al mundo).

Sin embargo, siempre se pierde algo. Siempre. Algo.

La mayoría de los textos que publique no podrán llevar el cuidado que les daba antes. Espero poder continuar con uno que otro microensayo cada semana o dos, pero la mayoría de lo que voy a publicar ahora son comentarios y notas directamente extraídas de mi “nuevo cuaderno de notas”. (Y cuando digo directamente quiero decir tal cual está en mi “nuevo cuaderno de notas”.) Se perderá precisión pero se ganará en frecuencia y flujo. También se ganará en frescura y espontaneidad (por “se ganará” no quiere decir que eso sea bueno, sólo enuncio una característica).

Con su corta edad, este sitio puede dividirse en tres etapas temáticas y formales. La primera consistió en ejercicios y pruebas, tanto temáticos como formales. Etapa de imitación y exploración del medio. La lectura de otras webitácoras fue determinante como influencia.

La segunda etapa la denominaría “la escritura que piensa”. Creo que nadie podría estar en desacuerdo con eso. Es una etapa de estilo propio y sin las restricciones del género.

La tercera la nombraré, a riesgo de adelantarme y jugar al profeta, “pienso, luego escribo”.

Al final, este sitio es su autor. Por eso no se llama como la etapa en la que se encuentra. Ni cambia de colores o diseño. Sus cambios son preceptibles para quien lo lee y lo sigue. ¿Importa acaso si leímos Pedro Páramo o El Aleph en su edición original, en una edición rústica, de bolsillo, en una nueva edición didáctica o en edición electrónica? Por eso este sitio se llama simplemente como su autor: adolforamirez.com.

Comenzamos. Es decir, retornamos.