Las preguntas de Pilato
2002.09.20En Fotos del Apocalipsis, Hernán J. González ha hecho algunas objeciones al artículo que escribí el 1 de agosto de este año: San Juan: un socrático en Tierra Santa. He leído sus comentarios con gran emoción. Los debates y críticas razonadas suelen escasear en la web. Tal vez por la inmediatez de la escritura propia de este medio, todas las ideas quieren encontrar cabida en unas cuantas palabras. Hernán no cae en esa tentación y detalla cada uno de sus argumentos. (Gracias Hernán, por el espacio dedicado en tu sitio.)
Por supuesto, no puedo dejar pasar la oportunidad de replicar a las objeciones expuestas. Aclaro, entonces.
El considerar a Juan como el más filosófico de los evangelistas no es algo que me haya venido a la cabeza de un día para otro. Tampoco he sido el primero en percibirlo. Estoy seguro que no seré el último. Es relativamente fácil encontrar menciones al respecto en distintos libros y fuentes.
Por citar un ejemplo, el doctor Johannes Hirschberger, en su “Historia de la Filosofía” (Editorial Herder), nos dice cómo Hegel encontró gran parte del origen y fin de su filosofía en sus lecturas de Juan (la cita es larga pero vale la pena):
“Hegel encontró sobre todo en el Evangelio de san Juan lo que para él fue tan característico: la ecuación
Dios=Espíritu=Verdad=Vida=Vía
El logos del cuarto Evangelio, «era en el principio», es Dios, por Él ha sido hecho todo, el la luz del mundo, viene al mundo, encarna para que todos los que crean en Él sean hechos hijos de Dios. Todo esto lo aplica Hegel a su idea. (…)
En el evangelio de san Juan, Hegel encontró también la filosofía de los contrarios, superados y conciliados en una superior síntesis: «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, se queda él solo, pero si muere, lleva mucho fruto.»”
Se podrá decir que la objeción de Hernán J. González radica mas bien en el pasaje citado: Jesús interrogado por Pilato. Dice Hernán que el ejemplo es traído “…un poco de los pelos, a mi parecer“. Si entiendo correctamente, la expresión se refiere que el ejemplo le parece un tanto forzado en el discurso, que no es coherente con lo anterior, que me lo he sacado por debajo de la manga.
La referencia a ese pasaje tampoco me llegó como inspiración mientras dormía debajo de un árbol esperando que me cayera una manzana en la cabeza. Hay varios que han visto en ese pasaje algo más que otra versión del hecho citado en las escrituras. Bruce D. Marshall, doctor por parte de la Universidad de Yale, en su libro “Trinity and Truth“, en la sección Truth as a theological problem, dice (en inglés, sorry):
Recall for a moment Jesus’ confrontation with Pontius Pilate. As the Gospel of John depicts the scene – in strinking contrast to the version shared by Matthew, Mark, and Luke – Jesus engages in an argument with Pilate on kingship and truth. The debate takes a form well known to philosophers ancient and modern; it is an exercise in conceptual clarification.(…)
Some interpreters of this exchange between Jesus and Pilate (Friedrich Nietzsche, for one) have seen Pilate the clear winner of the dabate, the hero of the story. He cuts short Jesus’ talk about bearing witness to the truth by posing what seems to be the most daunting of all philosophical questions –what is truth?– and by knowing better than to venture any answer. Pilate thus speaks for skeptics of every age, not only skeptics about Jesus’ laim to bear witness to the truth, but those who question the usefulness of any human attempt to speak “the truth”.
Después, Marshall recapitula algunas interpretaciones. Entre ellas la que da el mismo Hernán:
Jesús en realidad respondió a la pregunta de Pilato. Pero unas pocas horas antes… y a oídos abiertos: (…) “Yo soy el camino, la verdad y la vida”
Ahora bien, para los fines de la reflexión hecha en San Juan: un socrático en Tierra Santa, no me importa tanto la respuesta de Jesús. Sé que interpretaciones hay muchas y no pretendo dar otra. A mí el que me interesa —insisto: en esta reflexión concreta— es Juan a través de la boca de Pilato (que para el caso, ni Pilato ni Jesús ni Juan son lo mismo) y la pregunta que hace. Hernán explica claramente el tono de la pregunta:
“… la pregunta había sido la ironía del típico intelectual posmoderno greco-romano, refinado y escéptico.”
Y eso es lo que intento rescatar. Para dar ese tono irónico de intelectual greco-romano y escéptico hay que conocer la ironía intelectual greco-romana y escéptica. Juan la conoce porque la ha leído y estudiado. Ese es mi punto.
¿Por qué escribe Juan el Evangelio en griego? Porque sabía griego. ¿Por qué sabía griego? Porque lo estudió para poder leerlo. ¿Para qué quería leer griego? Para estudiar lo que estaba escrito en griego en ese momento: filosofía.
Esto no quiere decir que Cristo no supiera la respuesta. Ni tampoco que Juan la desconociera. Lo que me interesa destacar no es la capacidad para responder, sino la capacidad para preguntar. Juan es capaz de plantear una pregunta filosófica desde la boca de un personaje que representa esa cultura griega y romana —tal vez, no lo sé, muy distante en ese momento para entender el mensaje de Jesús.
Cada uno de los cuatro evangelistas tiene su propio estilo. Aún si se parte de la convicción de que las escrituras son palabra de dios o inspiración de éste, el estilo de los autores se mantiene. De lo contrario ¿para qué mantener los nombres de referencia (Marco, Mateo, Lucas, Juan)? ¿No hubiera sido suficiente un Evangelio? Por supuesto que cada Evangelio tiene su razón de ser y un estilo propio de cada autor. La lectura que hago del texto de San Juan es la de un estilo filosófico.
Desafortunadamente, en eso también hay una diferencia fundamental entre los dos puntos de vista. Para Hernán, la filosofía es algo muy distinto:
“Un filósofo griego, (y el consabido sabio chino de las historias…) habría contestado algo como ‘No hay un camino’ o ‘Tu mismo tienes que hallar tus propios caminos’ o ‘el camino se hace al andar’ etc. O un simple y humilde ‘No sé’.”
Esas respuestas no son las de un filósofo griego. Son las de un monje zen (que no es un sabio chino), un jedi, o del poeta Antonio Machado. Fernando Savater, que sabe más de filosofía que yo, escribe en “Invitación a la Ética“:
“La filosofía no es una pregunta que se va esclareciendo por tanteos sucesivos hasta quedar finalmente contestada en la conclusión de la obra emprendida, sino una conclusión esencial de la que se parte y que en el desarrollo de sus múltiples implicaciones y problemas se va haciendo más y más compleja hasta que la conclusión misma, sin dejar de serlo, se convierte en la última y definitiva cuestión”
Es decir, la filosofía no contesta sino que, ante las preguntas, formula nuevas. Algo así como el diálogo entre Pilato y Jesús, donde a cada pregunta se contesta con otra pregunta —indistintamente por parte de ambos— “haciéndo[la] más y más compleja hasta que la conclusión misma, sin dejar de serlo, se convierte en la última y definitiva cuestión“. Podré no haber leído lo suficiente los Evangelios, pero si he leído lo necesario a Platón. Y esta es la razón de ser de los diálogos.
La Oxford Paperback Encyclopedia define a la filosofía en otras palabras:
“The use of reason and argument in the search for truth and the nature of reality, especially of the causes and nature of things and of the principles governing existence, perception, human behaviour, and the material Universe. Philosophical activities can also be directed at understanding and clarifying the concepts, methods, and doctrines of other disciplines, or at reasoning itself and the concepts, methods, and doctrines of such general notions as truth, possibility, knowledge (epistemology), necessity, existence (ontology and metaphysics), and proof.”
¿Se puede buscar la verdad sin hacer preguntas? Preguntar ¿no es reconocer que no se sabe algo? Aunque claro, si pregunto es que sé algo: qué no sé. Preguntar es, en este sentido, saber que no sabemos, querer saber, philos sophai, filosofar.
(Si ese filosofar de Pilato no sirve para nada porque es ciego y sordo ante la verdad —Cristo— que está delante de él, es algo que no cuestiono y mucho menos me atrevería a discutir.)
Ese filosofar, perdón que lo repita, lo hace Juan a través de la boca de Pilato. Esto no quiere decir que Juan —escritor— piense como su personaje Pilato; o como el Pilato histórico. Pero sí quiere decir que Juan sabe filosofar. O si se quiere ser más prudente en la afirmación, que Juan sabe filosofía (griega).
Finalmente, una última aclaración. Mi lectura del Evangelio no intenta entrar en el terreno de la fe y mucho menos cuestionar cualquier elemento que se encuentre en dicho terreno. Como he intentado explicar más arriba, no pretendo contestar a la pregunta formulada por Pilato. Además, mi escritura —y me refiero a la que publico en este sitio web— no intenta ser ni académica ni científica y si lo suficientemente ensayística y retórica (en el sentido esencial que tienen ambas palabras: pensar escribiendo y comunicar eficazmente lo que se piensa).
También como dije arriba, más que discutir, este artículo espera aclarar lo que, seguramente por mi falta de capacidad, no he logrado explicar adecuadamente en el microensayo San Juan: un socrático en Tierra Santa. Si tengo la razón es algo de lo que los lectores pueden dudar en cualquier momento. En ese sentido me sumo a la definición que E.M. Cioran da de sí mismo:
“Soy más bien un escéptico al que tienta, de cuando en cuando, otra cosa que la duda.”
Por lo que no hay respuestas definitivas. No tengo ninguna. Como el Pilato de San Juan, yo simplemente sé hacer preguntas.
Referencias:
El artículo motivo de todo este diálogo es San Juan: un socrático en Tierra Santa.
Las objeciones planteadas por Hernán J. González las pueden leer aquí, en Fotos del Apocalipsis.
El pasaje del Evangelio al que se hace referencia lo pueden leer aquí, en el excelente sitio Concordia de los evangelios, realizado por el mismísimo Hernán J. González. (Un exquisito lugar descubierto después de leer Fotos del Apocalipsis.)
“Trinity and truth” de Bruce D. Marshall esta editado por la Universidad de Cambridge. Pueden descargar un archivo pdf (requieren Acrobat Reader) en donde viene el primer capítulo del libro. La cita fue extraída de ese primer capítulo.
La definición de “philosophy” por parte de la Oxford Paperback Encyclopedia, la pueden leer en línea vía Xrefer.com dando click aquí.