Los Malentendidos del Rating: El rating según Shakespeare

2002.09.3

Medir es comparar una cosa con otra. Medir es comparar una cosa conocida con otra desconocida con el fin de conocer más esta última. Eso es todo. Si para ello se usan categorías aristotélicas, escala de valores de Scheller, análisis semiótico, escuela de Frankfort, yardas o boletos, eso es otra cosa.

¿Ustedes creen que Esquilo y Sófocles no tuvieron problemas con el rating? ¿Hubieran llegado las obras de Shakespeare hasta nuestros días si al ya legendario “Teatro de la Rosa” o “Teatro del Cisne” no hubieran asistido espectadores? ¿Hubiera Cervantes escrito la segunda parte de “El Quijote” si no se hubieran vendido tantos ejemplares de la primera parte?

La distancia entre Shakespeare y su público era otra. Shakespeare no vivió en la “aldea global”. Sus obras se presentaron en el Londres de finales del XVI, principios del XVII, que comparado con el tamaño y cantidad de habitantes de la ciudad de Cuernavaca hoy en día, la ciudad inglesa era una “aldea muy local”.

Sí, ya sé que es mucho mejor el ejemplo del artista incomprendido y que muere en la pobreza. Es más cómodo cuando se trata de explicar los fracasos de las llamadas empresas culturales o las pinturas que nadie quiere comprar pero pasaran a la historia. “Van Gogh vendió sólo una pintura en vida”, dicen. Yo he vendido dos fotografías en vida —no creo que venda más— y no por eso soy mejor que el pintor surrealista.

No, no creo en el rating post-mortem. Por eso prefiero a Shakespeare y Cervantes como ejemplos de artistas capaces de tener rating con calidad.