San Juan: un socrático en Tierra Santa
2002.08.1Wittgenstein nos dice que “un problema filosófico se formula diciendo: no conozco el camino“. Esto, por simple que parezca, requiere de darse cuenta que hay un problema, un camino para seguir, y lo más importante, humildad para reconocer que sólo sabemos que no sabemos nada.
El Evangelio según San Juan es calificado por los especialistas como “el evangelio filosófico”. Hay varias razones para eso.
El manuscrito original está escrito en griego antiguo. Entendamos por original el manuscrito más viejo que existe y en el cual se basan las traducciones católico-romanas. No es el único libro bíblico que se encuentra en esa lengua. Sin embargo, éste en particular, dicen los exegetas, parece haber sido redactado por el mismísimo San Juan en el griego del Liceo o la Academia. Se reconoce en este apóstol a un joven letrado y religioso, a diferencia de los apóstoles “pescadores”. Dedicó prácticamente toda su vida a escribirlo, antes de que sus discípulos lo dieran a conocer. Es un trabajo sumamente cuidado y revisado.
Pero vayamos al texto. En la mayoría de las ediciones en español con el sello de imprimatur o nihil obstat, se puede leer en el primer versículo:
En el principio era el Verbo, y Dios estaba con el Verbo, y el Verbo era Dios.
En algunas otras traducciones se usa, en lugar de “Verbo”, la Palabra. Es decir:
En el principio era la Palabra, y Dios estaba con la Palabra, y la Palabra era Dios.
El mismo recurso utilizan en el idioma inglés (In the beginning was the Word…), especialmente en las traducciones luteranas y protestantes.
Pues bien, resulta que en el original escrito en griego se usa “logos“. En cierto sentido, logos es palabra, razón, estudio, etc. Pero igualmente es uno de los conceptos clave en Aristóteles (recordemos la Lógica), en Platón, e incluso los presocráticos. El más claro en esto es Heráclito:
La sabiduría es una sola: conocer la razón [logos], por la cual todas las cosas son dirigidas por todas.
Esto ya suena interesante. ¿Será el mismo logos? ¿San Juan está haciendo una interpretación griega del Cristo? ¿Es una mera marca de su estilo literario? ¿Estamos sobre interpretando? ¿Es esto suficiente para considerarlo el “evangelio filosófico”?
Para muchos, la escena clave de este evangelio (para Nietzsche lo es de toda la Biblia) es el encuentro de Jesús de Nazaret con Poncio Pilato. Recordemos que no estamos ante un escritor bíblico convencional. Aquí el autor pone en juego todos sus recursos para exponer la colisión de dos mundos.
En esta escena, la cultura judeo-cristina está representada por el Jesús, y el pensamiento griego-romano por Pilato. San Juan se atreve a recuperar el poder del diálogo como forma de exposición filosófica por excelencia (recordemos a Platón) para poner, frente a frente, a dos pilares simbólicos de la cultura occidental.
PILATO: ¿Eres tú el rey de los judíos?
JESÚS: ¿Es tuya esa pregunta o la repites de otros?
PILATO: ¿Acaso soy judío? Te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?
JESÚS: Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mi guardia me hubiera defendido. Pero mi reino no es de acá.
PILATO: ¿Entonces eres rey?
JESÚS: Tu lo dices: yo soy rey. Vine al mundo a entregar la verdad a los hombres.
PILATO: ¿Y qué es la verdad?
No hay respuesta. Pilato hace mutis.
Nadie sabe la razón de que esa pregunta se quede sin contestar en el texto del apóstol. Interpretaciones hay muchas: Pilato no espera una respuesta y se va antes; el ya casi Cristo prefiere guardar silencio a oídos sordos; el Nazareno no se esperaba la pregunta y se da cuenta que no sabe la respuesta (esta última interpretación es de Nietzsche, por supuesto); etcétera.
De lo que casi podemos estar seguros es de que San Juan deja la pregunta sin respuesta a propósito. También podríamos hacer interpretaciones al respecto de ese propósito, pero para lo que nos ocupa no es necesario. El hecho de que un personaje (histórico o literario, recurso retórico del autor o su pensamiento mismo) en este evangelio diga que no conoce el camino, nos habla ya de la formulación de un problema filosófico.
El silencio que viene después de la pregunta es un signo de humildad y sabiduría: San Juan sólo sabe que no sabe nada.
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El paraguas olvidado de Nietzsche.Otros sitios
Actualización: Hernán J. González en Fotos del Apocalipsis comenta este artículo y objeta parte de él. Pueden leerlo aquí.
En Las preguntas de Pilato contesto a las objeciones de Hernán J. González.