Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel? (2/2)
2002.06.20[Para leer la primera parte da un click aquí]
Decíamos que en la escritura digital las interrupciones (desde la voz interior hasta la publicación final del texto) se reducen. También decíamos que en esas interrupciones entre un paso y otro podemos empezar a ubicar diferencias entre la escritura “a mano” y “a máquina”.
La escritura es un proceso que va de lo continuus a lo interruptio, y de lo interruptio a lo continuus otra vez, terminando siempre en un interruptio. Con los avances tecnológicos el proceso en sí mismo no cambia, pero el continuus se prolonga y los interruptio son muy pocos.
¿Qué se pierde a cambio de ganar fluidez y velocidad? Cada interruptio aporta a la escritura la reflexión pausada, el pensárselo dos veces, y, lo mas importante, la oportunidad de releer nuestro propio texto escrito.
El interruptio no nos quita tiempo. Por el contrario, nos da tiempo para releernos. Cada pausa nos mira a los ojos y nos dice: ¿cuál es la prisa?
¿Qué tanto nos releemos cuando escribimos un mensaje rápido en el editor del correo electrónico? ¿En los weblogs o bitácoras tipo blogger? ¿Qué diferencia hay cuando tenemos que copiar de un lado y pegar en otro, corregir ortografía (si no tenemos un programa que lo haga), imprimir para corregir o revisar pruebas finas?
Sí, no sé cómo será mañana, pero se percibe que la máquina editorial, el mercado del libro, el impresor, incluso la biblioteca, en una palabra, el mundo antiguo, desempeñan hoy todavía la función de elemento interruptor. El libro es a la vez el dispositivo y el resultado final que nos obligan a interrumpir el proceso del ordenador y a darle fin. Esta interrupción nos anuncia el final. La copia nos es arrebatada: Ç¡basta!, hay que terminarlo yaÈ. Hay una fecha, un límite, una ley, un deber y una deuda. Aquello debe ser trasladado a otro soporte. Hay que imprimir. De momento, el libro representa el instante de esa detención, el trámite de la interrupción. Se aproxima el día, llegará, en que el elemento interruptor, que no desaparecerá nunca (eso es algo imposible por esencia), ya no será la orden de pasar a otro soporte, el papel, sino otro dispositivo audiovisual, el CD Rom tal vez.
Dicho sea por Jacques Derrida en 1996. Hoy, en el 2002, ese día ha llegado. En Internet, por ejemplo, el elemento interruptor es un simple botón (virtual a veces) de “enviar” o “send“, en el caso de correos electrónicos y mensajería instantánea, o de “publicar” o “post” en el caso de las páginas personales. Entre ese sólo apretar el botón y el ser leído por cientos o miles de lectores en muy diversas partes del mundo prácticamente no hay intermediarios o interrupciones determinantes.
De modo que la tecnología nos ha puesto las cosas fáciles. Y en esa facilidad puede haber un riesgo.
Durante el año que trabaje abordo de un barco bajo el mando de oficiales ingleses aprendí que las palancas para accionar las alarmas deben estar en lugares visibles y accesibles pero hay que evitar que sean demasiado fáciles de hacer funcionar. El peor error que se puede cometer en una situación de emergencia es actuar desenfrenadamente. Lo mismo se aplica para los botones que lanzan un proyectil nuclear que puede destruir una ciudad entera. Bastaría con darle un click con el cursor del mouse sobre un iconito en la pantalla de la PC. Pero eso haría demasiado fácil las cosas. Es necesario ofrecer una pausa para estar doblemente seguro de lo que se hace.
Con el escritor y el escritorio imaginamos la pipa, o el cigarro, o el coñac, o por lo menos una taza de café. Cualquier artefacto que funcione como catalizador de esa pausa requerida, de ese cambio de ritmo. Relectura de lo escrito o relectura de lo pensado (hay que recordar que una de las raíces posibles de “inteligencia” es “leer internamente”).
Por supuesto que esto no es exclusivo de la escritura digital. Se puede escribir sin pensar lo que se escribe usando incluso un pincel chino. Sin embargo, la digitalización del proceso facilita una suerte de “escritura automática” –que en este caso deja de ser un ejercicio de escritura y pasa a ser un hábito de escritura.
Ahora bien, el quid del asunto sigue estando en el proceso completo, el cual incluye, no lo olvidemos, el último paso: la publicación del texto.
En el idioma inglés se ha rescatado una pareja de palabras para designar cierto estilo o tono en los textos web publicados en foros de discusión, chats, o blogs: “rants & raves“. Divagaciones y delirios. Y quizás no hay mejores palabras para definir ese estilo o tono en el texto de la escritura digital.
En estos foros de discusión, chats o blogs, la tecnología permite esa inmediatez entre lo leído, escrito y publicado. De manera similar que lo que escribimos en correos electrónicos o mensajería instantánea. En la mayoría de los casos nadie espera que las palabras de cada uno de los autores se tomen tan en serio como si estuvieran defendiendo una tesis o disertación frente a unos sinodales. Se consideran “divagaciones y delirios”, lluvia de ideas, pláticas informales.
Tiempo de hacer dos aclaraciones y una conclusión (a este texto, porque el tema da para más).
Primero, no hay porque darle una carga moral o estética a este fenómeno (si es que lo hay). Estamos intentando delimitarlo, y, en su caso, definirlo.
Segundo, este fenómeno se da en otros ámbitos relacionados con el pensamiento y el lenguaje. En la locución en vivo y sin guión, por ejemplo, predomina el continuus sobre los interruptio. Tiende a la divagación.
Y finalmente como conclusión, hay que decir que este texto es parte del fenómeno de la escritura digital y los weblogs o bitácoras. Por lo tanto, no hay que tomarlo muy en serio: pertenece más al conjunto de las divagaciones y delirios que al conjunto de las tesis y disertaciones.
Referencias:
EL ‘TRATAMIENTO’ DEL TEXTO, Jacques Derrida, Entrevista con Béatrice y Louis Seguin - Entrevista traducida al español que todos los involucrados con escritura y computadoras deberíamos leer y releer. A Derrida siempre se le aprende algo, por no decir que nos ilumina. Este material se encuentra en todo un sitio web dedicado a Derrida en castellano. Creado y mantenido por Horacio Potel, el mismo de Nietzsche en castellano.
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