El oído de Stradivarius
2002.06.19Tengo un pésimo oído. Uno de mis hermanos siempre me está dando a probar todo tipo de bocinas y audífonos. “¿Notas la diferencia?“, me dice. “Nop”, contesto. Se decepciona. Él puede pasar horas buscando qué cable o conexión es la causa de un “ruidito” que se cuela en sus promos o cortinillas para radio. A mi me bastan unos segundos para darme cuenta de que el “ruidito” existe en un universo paralelo o está fuera de mi rango de percepción auditivo.
(En mi defensa he de decir que a mi hermano se le escapan los errores de ortografía mas obvios cuando lee o revisa un texto. Cada quien lo suyo.)
Un amigo mío (músico en ese entonces, matemático ahora) cargaba siempre consigo un diapasón. Lo hacía vibrar en cada oportunidad que tenía. Después se lo pegaba al oído y ponía cara de “silencio, estoy escuchando 440 vibraciones por segundo“. Yo no sé si realmente le servía de algo, pero por lo menos lo hacía verse interesante.
Digo esto para aclarar de antemano que si estoy escribiendo sobre los violines de Stradivarius no es porque la exquisitez de mis oídos alcance a apreciar el sonido que producen, sino porque, en primer lugar, la tecnología me atrae profundamente, en segundo, la leyenda es maravillosa, y, en tercero y último, siempre he creído que los secretos existen para ser revelados.
En la era de los programas y sistemas operativos repletos de “bugs” o errores de código, es difícil pensar en que un simple laudero (carpintero especializado en interfaces musicales a base de cuerdas) pueda alcanzar la perfección en lo que hace. Ahora hay miles de pretextos vacíos y millones de dólares en razones comerciales para engañar a los consumidores con versiones de software no terminadas o mal hechas y las cuales requieren de “parches”, actualizaciones o resignación.
No puedo imaginar a Stradivarius enviando una carta a todos sus clientes avisándoles que si quieren interpretar una pieza de Bach en sus violines tienen que pasar a sus talleres para actualizarles la segunda y tercera cuerda por razones de compatibilidad. O diciéndoles que la madera de su violín tiene “bugs” o polillas.
23 años después de salir a la venta la primer versión de MS-DOS no existe una sola persona o empresa que se haga responsable en ningún sentido de ese producto con sus consumidores (a menos que sea para cobrar derechos). Poco más de 250 años han pasado desde la fabricación de los violines Stradivarius y todavía no es posible encontrar un cliente insatisfecho.
Un hombre, cuya obsesión por los violines sólo puede compararse con la del mismísimo Antonio Stradivarius, ha dedicado cerca de 30 años de su vida a investigar el secreto del instrumento musical más famoso de la historia: Joseph Nagyvary. Además de una aproximación teórica (medición de altas frecuencias, análisis químicos) y una profunda investigación histórica, ha dedicado la mayor parte de los últimos años a la experimentación. Ha fabricado cientos de violines combinando diferentes sustancias y tratamientos de la madera. El resultado: un violín capaz de lograr la misma calidad de sonido que un Stradivarius.
Tanto me impresiona la capacidad artesanal como la capacidad de tener un oído lo suficientemente fino para notar la diferencia.
Si tienen tan buen oído como mi hermano, el amigo del diapasón o el de Stradivarius, vayan directamente a este sitio donde podrán encontrar parejas de piezas musicales interpretadas con un Stradivarius auténtico y un “Nagyvary“. Intenten distinguir cuál es cual. Para saber si acertaron o no tendrán que esperar a que se publiquen los resultados. Es una prueba para expertos.
Si tienen un oído como el mío, mejor les recomiendo leer la entrevista que Scientific American hace a Joseph Nagyvary. No sé si Nagyvary ha logrado revelar el secreto de los violines, pero pueden estar seguros que sus narraciones sobre la investigación realizada alimentan la leyenda de Stradivarius: el oficio del artesano elevado a arte.
Referencias y recomendaciones:
Secrets of the Stradivarius: An Interview with Joseph Nagyvary By Charles Choi - Entrevista en Scientific American y en inglés.
CAN YOU TELL THE DIFFERENCE? - En esta página, también en el sitio de Scientific American, pueden encontrar las piezas musicales en formato mp3.
Nagyvary Violins - Este es el sitio oficial del investigador y laudero Joseph Nagyvary. Tiene cosas interesantes si sabe uno no hacerle caso a tanta mercadotecnia.
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