Escritura digital: ¿dejamos algo en el lápiz y papel? (1/2)
2002.06.18¿Escribimos diferente cuando escribimos “a mano” que cuándo lo hacemos “a máquina”? ¿La pluma de ganso y la tinta manchando la punta de nuestros dedos nos hacen escribir como Cervantes? ¿Nos hace falta una Remington para terminar nuestra novela policíaca a la Hammet? ¿Usar una Mac nos hace escribir como García Márquez?
Leyendo una entrevista a Jacques Derrida sobre el procesador de texto (en la computadora) y el procesamiento del texto (en la escritura) nos ha hecho abrir nuevas líneas de investigación y reflexión sobre la escritura y el pensamiento.
En toda escritura hay algo de manual y algo de máquina: lápiz o computadora comparten el uso de la mano y el uso de la máquina misma –intermediaria entre el pensamiento o voz interior y el papel o superficie de registro (disco duro).
A pesar de las reciprocidades es evidente que algo ha cambiado en nuestra manera de escribir. Como individuos y como sociedad. Si no fuera así, seguiríamos escribiendo todo en papel antes de hacerlo en la computadora. Y por el contrario, lo mejor es escribir directamente en la pantalla y ahorrarnos pasos innecesarios de captura. O al menos así lo es para quienes han tenido oportunidad de experimentar ambas opciones.
(Por supuesto que hay ciertos tipos de escritura que mantienen una preferencia por lo tradicional. No me puedo imaginar un matemático sin pizarrón, por ejemplo. Ya veremos esto después.)
El proceso o técnica ha cambiado con la computadora y el procesador de textos. ¿En qué? Antes se escribía a mano, se corregía, y posteriormente se escribía a máquina la versión final. ¿Qué implicaba esto?
La máquina deja una señal de separación, de destete, es el trámite para la emancipación y la partida hacia el espacio público.
Recuerdo que Borges decía que la única manera que existía de que un escritor dejara de corregir un texto era publicándolo. Toda escritura implica un ritual. Entre nuestras mismas lecturas, pero sobre todo bajo la influencia de la imagen del cine y la televisión, visualizamos lo que Derrida llama "la escena de la escritura". Es ese escritorio con papel en blanco, lápices, plumas, nuestro cuerpo encorvado sobre la superficie de madera, y una mano lista a seguir el dictado de nuestro pensamiento. Tal vez una escena un tanto más actualizada nos hace vernos frente a una máquina de escribir Remington (análoga, por supuesto) y un bote de basura al lado en donde hemos tirado algunos intentos del inicio de nuestra novela o tesis en bolas de papel mecanografiadas. Los fumadores pueden agregar una cajetilla de cigarrillos medio vacía y un cenicero lleno de colillas.
Fue por mis abuelos que desde los doce o trece años aprendí mecanografía. Si bien ese aprendizaje temprano me ayudó durante los estudios básicos superiores, realmente he apreciado toda la magnitud de su valor en mi vida post-computadora. Escribir sin distraer el pensamiento en la técnica implica dominar esa técnica y liberar el pensamiento. En mayor o menor medida, supongo que la mayoría de nosotros hemos pasado por etapas similares de (1) escritura a mano, (2) en máquina de escribir, y (3) procesador de textos en la computadora. Actualmente hasta las secretarias prefieren escribir directamente en la computadora en lugar de hacer primero un borrador a mano. Por supuesto quedan los dictados o apuntes tomados en algunas juntas y conferencias. Sin embargo, mientras más pronto podemos integrarlos al disco duro mejor (digitalizar). En otras palabras, no es que lo primero sustituya a lo segundo sino que simplemente va ocupando mayor preponderancia como herramienta de escritura.
El estatus del texto no lo da la herramienta usada. Podemos escribir borradores o libros igualmente con lápiz y papel que en procesador de texto más especializado. Pero en el uso diario y cotidiano es más rápido escribir a máquina que a mano, y mucho más rápido en el procesador de texto que en la máquina. Esto siempre y cuando utilicemos un mismo código de escritura (no taquigrafía) y dominemos por igual las herramientas mencionadas.
La computadora, en lo que a la escritura se refiere, no ha hecho diferente el proceso, sólo la técnica. Sin mencionar que la interfaz y terminología misma son sostenidas por una metáfora (carpeta, archivo, cortar y pegar) es claro que no hay cambios esenciales o fundamentales. Claro que el tremendísimo ahorro de tiempo nos regala algo sumamente valioso para nuestra libertad operativa: más tiempo.
La máquina de tratar textos [procesador de textos] permite ganar muchísimo tiempo y concederse una libertad que tal vez no hubiera sido posible sin ella. Pero la transformación es económica, no estructural.
Sin embargo, algo no me convence. No sé si es mera nostalgia, pero creo que hemos dejado algo en el lápiz y el papel. Si bien el rito se mantiene –porque sin rito no hay escritura– esa orientación hacia la brevedad no deja de tener sus inconvenientes, sus desventajas. Es como si el tiempo ahorrado nos pasara factura, tuviera un costo adicional que no contemplamos.
Echo un poco de menos la duración, los intervalos, el ritmo que medía antes la historia de un escrito, todas las idas y venidas antes de la publicación. Era también la química de una maduración consciente o inconsciente, la posibilidad de cambios en nosotros mismos, en nuestro deseo, en el cuerpo a cuerpo con nuestro propio texto en las manos del otro.
Tal vez la rapidez y el tiempo tienen más peso en el proceso del que creemos. Es cierto que la cantidad de pasos entre el simple esbozo de una idea hasta su publicación final (hacerla pública), pasando por la escritura, no se reducen. Lo que se reduce es la duración de las interrupciones de un paso al otro. Además, esos pasos suceden en un mismo espacio de escritura. No hay que ir tan lejos, no hay que salir, no hay “afuera”. Espacio que casi se ha reducido a una misma posición del cuerpo y un juego de movimientos mínimos entre el teclado, la pantalla y el mouse (incluso algunos evitan el mouse y usan los comandos del teclado con el fin de moverse menos). Mientras menos interrupciones hay, la escritura es más continua.
Y es en esas interrupciones entre un paso y otro que podemos empezar a ubicar algunas de las diferencias clave entre la escritura “a mano” y “a máquina”.
Ir a la segunda parte.
Referencias:
EL ‘TRATAMIENTO’ DEL TEXTO, Jacques Derrida, Entrevista con Béatrice y Louis Seguin - Entrevista traducida al español que todos los involucrados con escritura y computadoras deberíamos leer y releer. A Derrida siempre se le aprende algo, por no decir que nos ilumina. Este material se encuentra en todo un sitio web dedicado a Derrida en castellano. Creado y mantenido por Horacio Potel, el mismo de Nietzsche en castellano.
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