Big Brother: Lecciones finales
2002.06.17Finalmente hemos podido ser testigos de un ciclo completo de un programa de Big Brother en México. Siempre he sostenido que la televisión no es una caja tonta más que para los televidentes tontos. La televisión no nos enseña nada (no educa), pero, como la mayoría de las cosas en esta vida, depende de nosotros aprender de ella. He aquí algunas “lecciones” que nos deja este programa de televisión.
1) Si quieres ganar millones de dólares tienes que invertir millones de dólares. Si quieres tener audiencia para ofrecerla a los anunciantes primero tienes que ser un anunciante. Todo lo que se pueda promocionar y publicitar un programa antes de y durante su exhibición reditúa en personas sentadas viendo televisión. Mantener a esas personas frente a la tele es otro cantar.
2) Sí es posible tener más rating. Los productores y ejecutivos que se quejan amargamente de la pulverización de la audiencia, del zapping, de Internet, ahora lo saben. Que no sea fácil es otra cosa, pero de que es operativa y matemáticamente posible, no hay duda.
3) La audiencia mexicana no es muy diferente a la del resto del mundo. En cada país nos da por intentar distinguirnos. Pues bien, McDonalds y Big Brother son éxitos seguros en todas partes. El comportamiento de la audiencia y sociedad frente a este fenómeno fue básicamente previsible. (En esto habría una pequeña excepción que comentaré hasta el último párrafo).
4) Las cadenas de televisión creen en los alemanes, no en los nacionales. Si cualquiera de nosotros llega con la idea de hacer un programa que se llame Big Brother y sea así y asá, nos mandarían por un tubo no sin antes cuestionar por qué ponerle un nombre en otro idioma. Pero no venga un extranjero primermundero a vender la idea porque ya hemos visto que a ellos si les hacen caso.
5) El rating está muy lejos de ser una cuestión de azar o producto de la inspiración o de sensibilidad o de ser un artista. Si reunimos un grupo interdisciplinario compuesto por productores, cineastas, videoastas, psicólogos, sociólogos, publicistas, y demás, es posible diseñar un programa de televisión con el fin de tener mucho rating. Claro, ese grupo interdisciplinario debe saber de medición de audiencias y, ya lo hemos dicho en otras ocasiones, a nadie le interesa aprender cosas nuevas, eliminar prejuicios de la cabeza y darle la razón a los hechos representados en números.
6) Como producto cultural, Big Brother no aporta nada nuevo a la televisión ni a la sociedad mexicana (ni a ninguna otra). Es una moda y nada más. Puede durarnos otros Big Brothers u otros “reality shows” (que para mí son programas de concurso disfrazados), pero no dejan de ser una moda. Ejemplo de programas de televisión que si han aportado algo: El Chavo del Ocho, El Chapulín Colorado, y Qué nos pasa, por citar sólo a algunos. De este tipo de programas hablaremos en entregas posteriores.
Habría otras “lecciones” pero estoy seguro que, o serán comentadas por otros, o cada quién tendrá las suyas propias. Únicamente agregaría que hay un aspecto en relación a la idiosincrasia o personalidad de los mexicanos que queda en el aire y habría que reflexionar con cuidado.
Hay programas que han tenido mucho éxito en otros países como el nuestro, pero que aquí no han funcionado. Nadie sabe a ciencia cierta por qué. Big Brother podría estar respondiendo a esa incógnita. Tuvo mucho rating, pero no tanto como en otros países. Esto no quiere decir que no haya sido un éxito. Rompió récords, sin duda. Pero le faltó un plus. ¿Cuál fue la diferencia entre Big Brother México y otros Big Brother? ¿Qué tan importante es? De esto tendremos que reflexionar en textos posteriores. Les adelanto: tiene que ver con El laberinto de la soledad y las clases sociales.
Microensayos relacionados:
Barthes: La lucha libre y el mito Big Brother.
Baudrillard: Una aproximación a Big Brother.
Rating televisivo y el “efecto autoengaño”.
¿Big Brother o Big Blabla?