De francotiradores, pizarrones y viajes: ¿falta mucho para llegar?
2002.04.29Ser un francotirador, ética y políticamente hablando, es tomar opiniones y decisiones propias, fuera de la mayoría o las mayorías. Incluso, ahora que están de moda, fuera de las minorías mismas. Criticar a uno y otro bando. Apuntar a todos. No dejar a nadie fuera de la mira de la razón.
Al final, el francotirador sabe que lo importante no es una u otra interpretación de la acción ética o política, sino interpretar todos los modos posibles.
Para quien dude del uso de esta palabra, el Diccionario de la Real Academia Española lo consigna así, en su tercera acepción:
3. m. y f. Persona que actúa aisladamente y por su cuenta en cualquier actividad sin observar la disciplina del grupo.
El Diccionario General de la Lengua Española Vox nos aclara mejor el concepto:
3 p. ext. Persona que actúa por su cuenta y cuyos dichos o hechos van en contra de la mayoría.
Fernando Savater –que algo sabe de ética– considera que “francotirador” y “librepensador” son “dos de las palabras estética y éticamente más luminosas de nuestra lengua“. Claro, para la mayoría, el francotirador está loco, no tiene idea de lo que pasa, o, en el mejor de los casos, es un idiota. Y es que es más cómodo sumarse a una mayoría, a una minoría, a un grupo. Y si éste es mediático, mucho mejor. Televisión, radio, periódicos, revistas… ustedes nómbrenlo. Y sumarse no necesariamente quiere decir pensar igual. Hay quienes les encanta pensar siempre diferente a lo que opina la mayoría. Eso también es cómodo.
La semana pasada hemos vivido en México uno de esos acontecimientos que ocupan casi todos los espacios y tiempos disponibles en los distintos medios de comunicación. Además, se introduce en la vida cotidiana: la sobremesa, el café, la reunión familiar, la calle… En medio de tanta gente hablando de lo mismo es increíble lo difícil que es encontrar francotiradores, es decir, personas que no piensen lo mismo. Y no me refiero a que no piensen lo mismo entre ellas, sino que no piensen lo mismo que escucha uno en otros lados. A veces parece que las discusiones sobre un tema político son en realidad ecos sonoros provenientes de todos lados, menos de la cabeza de los interlocutores.
Antes de iniciar los debates en clase de Lógica o Ética, solía ponerle a mis alumnos una regla que más bien funcionaba como metáfora de lo que debería de ser el díalogo: el discurso se contruye sobre un pizarrón en blanco; no se puede anotar en él nada de lo cual no se esté de acuerdo por ambas partes. Se sorprenderían de los resultados, incluso en las discusiones más polémicas.
Entre todas esas discusiones no mediáticas que pasaron por mis oídos, mis ojos, mi boca y el teclado de mi computadora, me quedo con dos. En ambas los interlocutores estaban dispuestos a pensar diferente, a descubrir algo nuevo en el discurso del diálogo. En ambas, los interlocutores aportaron algo que definitivamente no provenía del mass media ni pretendía oponerse a él por simple autoafirmación.
Una de esas discusiones fue via telefónica con un viejo amigo de adolescencia (desafortunadamente no la grabé sino la hubiera dado a conocer en conferencia de prensa sin su consentimiento). Me da gusto saber que seguimos pensando diferente, pero sobretodo que seguimos pensando por nosotros mismos. La otra fue una discusión vía correo electrónico entre viejos conocidos de pasado compartido. Particularmente me fue estimulante el cierre de la discusión por parte de uno de ellos, Eduardo Pacheco. El texto de Eduardo me da cuenta del movimiento, de que pase lo que pase, le guste a quien le guste, lo quieran o no, este país está cambiando, se mueve, y, sobretodo, aprende.
Hemos vivido una sesión repleta de situaciones interesantes que han ocurrido y son producto de la construcción de una nueva vida en México. Vemos cuestiones inéditas, en la forma de gobernar en México y en sus relaciones con el mundo. De todo lo que sucede, a velocidad vertiginosa, muchos nos desesperamos y podemos preguntarnos si caímos en un estado de aletargamiento, o que está sucediendo dentro de la política en México.
Esto lo podemos comparar con una parodia de un viaje a Acapulco, en el que los pequeños preguntamos a cada ratito al papá cuanto falta para llegar. A los niños no nos importa el trayecto para llegar al destino, sino nos interesa el destino como tal. Eso es lo que estamos viviendo. Todos nos preguntamos si ya llegamos al cambio pretendido, y eso no lo sabemos pero lo que si sabemos es que vamos en el trayecto. La diferencia es que antes nuca habíamos salido de paseo y hoy creo que ya salimos, el tiempo premia solo hay que saber esperar para llegar.
Disfrutemos el viaje y no únicamente el destino, porque –no quiero espantar a nadie, pero– tal vez el destino es el viaje.
Microensayos relacionados en este sitio:
Cuba, Ginebra y México: Un poco de lógica.
Silva-Herzog vs. Zaid: Una discusión de altura sobre impuestos en México.
PRI: sin relevo de sangre y pensamiento… ¿o sí?
Cuando Bush dice Borgues, quiere decir Borges.
Democracia, medios e Internet.Referencias y fuentes:
A decir verdad de Fernando Savater - La cita a la que hago referencia proviene de este libro.
Diccionario de la Real Academia Española - Es posible consultar palabras vía web. Si no conocen el sitio vale la pena darle una revisada. Tienen por ahí una utilidad para consultar desde el navegador sin tener que entrar al sitio.
Diccionarios.com - Además de poder consultar significados es posible hacer lo mismo con sinónimos y antónimos, idiomas, etc. Basado en los diccionarios Vox.
La cita de Eduardo Pacheco proviene de una discusión en una lista de correo y fue publicada aquí bajo su autorización. Gracias, Eduardo. (Ojalá y la próxima vez pueda dar de referencia tu sitio web).