Percepción del tiempo, memoria y el “efecto autoengaño”

2002.04.18

Ampliando lo comentado en Rating televisivo y “el efecto autoengaño” es importante aclarar el por qué nos engañamos TODOS cuando decimos haber visto el mejor de los programas culturales y en realidad caímos en la telenovela o un noticiero de nota roja.

Habíamos dicho: el audímetro o people meter registra el canal que está sintonizado, minuto a minuto. Dicho de otro modo: cada minuto registra el tiempo que le dedicamos a los canales de televisión que vemos. El rating es un indicador de personas y tiempo dedicado.

A los programas que no nos gustan, no nos agradan, nos parecen vulgares, o simplemente no son de nuestro tipo, creemos dedicarles menos tiempo. A los programas que nos gustan, nos agradan, o son nuestros favoritos, creemos dedicarles más tiempo.

Nuestra percepción del tiempo está fuertemente ligada con nuestro estado de ánimo, emociones y sensaciones.

¿Qué tiene que ver esto con el “efecto autoengaño”? Bien, imaginen que se sientan frente a la tele para ver su programa favorito (el de Discovery o People & Arts). En la primera oportunidad (corte comercial, identificación de canal, o que el locutor empiece a decir algo que ya sabemos) le cambiamos o hacemos zapping (si no, ¿para qué es el control remoto o telemando?) con la firme convicción de que “nada más voy a ver rápidamente qué es lo que hay en otros canales y ahorita regreso”.

Lo que sucede a continuación varía de acuerdo a la personalidad de cada quién. Comentaremos el “efecto ruleta” en otro momento. Lo que nos importa ahora es que imaginemos que nos quedamos atorados en algún canal donde están pasando algo que capta nuestra atención inmediata. Puede no gustarnos del todo. Puede que nos quedemos a verlo porque nos parece de mal gusto. Es posible que el conductor se nos haga muy antipático. No importa. De algún modo llama nuestra atención y le dedicamos tiempo. Y el tiempo aquí es la clave.

Supongamos que me quedo con dos opciones: mi canal cultural y un noticiero amarillista. Pasaré el resto de la hora que duran ambos programas haciendo zapping entre uno y otro. Normalmente le dedicaré más tiempo al noticiero que no me gusta y menos tiempo al cultural que me encanta.

Al día siguiente en la escuela o el trabajo alguien me pregunta “¿qué viste ayer en la televisión?” “Mi programa cultural favorito, por supuesto”, es la respuesta. Porque recordamos más claramente aquello que nos hizo sentir mejores, nos hizo pensar, etc.

Dos breves ejemplos más:

Decimos que una regla de oro es que siempre que le cambia uno de canal (zapping) mientras está uno viendo el fútbol, uno de los equipos anota gol y nos lo perdemos. Mentira: le cambiamos muchas veces durante la transmisión pero recordamos aquello que nos provoca más intensidad de emociones.

Hay quienes leemos todos los días un periódico, revistas, propaganda, estados de cuenta del banco, y un sin fin de cosas más (¿weblogs?). Muchos de nosotros leemos mucho más ese tipo de cosas que una buena novela o un a un buen pensador. Sin embargo, recuerdo perfectamente los libros que he leído durante el año, ¡pero no me pidan que recuerde lo escrito en el periódico!

Cuando el rating televisivo se medía preguntándole a la gente, la mayoría decía ver programas culturales y noticieros; los hombres no veían telenovelas. Ahora que la medición es científica y utiliza una tecnología muy sofisticada, ha quedado revelado que: casi nadie ve programas culturales, los noticieros se ven solo en temporada de tensiones políticas, y que los hombres sí ven telenovelas.

Por cierto, Internet y particularmente la web, ha revelado a través de sus motores de búsqueda y palabras clave una sociedad mucho más victoriana y pudorosa de lo que creíamos. Mientras en los motores de búsqueda las palabras más usadas son aquellas relacionadas con el sexo, en las encuestas verbales a los usuarios Internet se usa para investigación, oportunidades de negocios y demás cosas asexuadas.

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