Rating televisivo y el “efecto autoengaño”
2002.04.16La medición de audiencias moderna es llevada a cabo mediante un aparato llamado audímetro (también people meter o meter) el cual registra minuto a minuto el canal en el que está sintonizado un televisor. Una selección de familias distribuidas en una región o país forma parte de una muestra o panel representativo sobre lo cual se basan los ratings. Es una encuesta electrónica donde nadie miente.
A diferencia de las encuestas por entrevista y cuestionario, de autollenado o vía la web, con el audímetro no hay autoengaño posible. Y créanme, TODOS nos autoengañamos a ese respecto.
En el caso de Big Brother por ejemplo (que está pasando por primera vez en México), desde los espectadores más comunes hasta los críticos televisivos más acérrimos, hablan de este programa de televisión. Es parte del efecto calculado del programa. Lo que nunca me dejará de parecer interesante es el que muchos de esos críticos nieguen verlo y sin embargo hablan de él. Esto es común al fenómeno televisivo en general.
Por ejemplo, el escritor Fabrizio Mejía Madrid comenta en el suplemento “cultural” de El Ángel en Reforma lo siguiente:
[Para los que no son mexicanos les aclaro: López Dóriga es un periodista conductor del noticiero prime time en cobertura nacional abierta aquí en México. Representa el mainstream o mayoría. Amador Narcia es uno de sus reporteros. Por otra parte, Ciro Gómez Leyva y Denisse Merker son periodistas conductores de un noticiero mucho más austero de cobertura local en la capital por T.V. abierta. Su audiencia objetivo o target es un nivel socioeconómico más alto y con un enfoque de contenidos un tanto más crítico. Para los fines de este comentario, con esto es suficiente.]
Tirados viendo a López Dóriga, así es como nos retratan las cifras. No me identifico. Yo siempre estoy tirado viendo a Ciro y a Denisse, pero, claro, we«re the happy few. ¿Por qué el gran espectáculo es ver el noticiero? Después de viajar en Metro, pesero y vadear la inundación de la colonia, uno llega y se tira a ver lo que haya. Y se cena viendo a López Dóriga con un segmento donde Amador Narcia sale a cuadro, cosa que quizás esté relacionada con la baja de talla entre los habitantes de la ciudad. Otra razón es que los noticieros son actuados: su principal noticia son los conductores que cotorrean, golpean la mesa, y hasta se ríen, algo impensable en los tiempos de Jacobo. Frente a tanta diversión, ya no se requiere el “me duele la cabeza” o “tuve un día deprimente”, sino que se echa mano del “espérate, no ves que hoy van a pasar la segunda parte del reportaje de la niña sin nariz que llegó a líder de San Piporro”. Los conductores leen y comentan. Se les mira para compartir su opinión, para burlarse de ellos y, sobre todo, para ver a qué están dispuestos para subir su rating.
La contradicción capital aquí es: si el señor Fabrizio Mejía Madrid no ve a López Dóriga, ¿cómo es posible que describa tan bien lo que pasa en su programa? Si realmente no ve ese noticiero, ¿cómo se atreve a criticarlo?
Esto es mucho más común de lo que se pueden imaginar. Recuérdenlo la próxima vez que escuchen que alguien no ve un programa de televisión X porque en él se pasan tal y tal y tal y tal…
Post data sincera: Yo si he visto Big Brother.
Referencias:
El artículo del Reforma se llama Radiografía íntima del consumidor. Información sobre CNI Canal 40 y el noticiero de Ciro y Denisse. La página de Televisa, casa de Big Brother y el Noticiero con Joaquín López Dóriga.