In memoriam
2002.02.5El jueves 4 de febrero de 1993 recibí una llamada telefónica en la editorial donde trabajaba entonces. Mauricio Hoyo Castanedo, uno de mis mejores amigos, había fallecido el día anterior.
Lo había visto apenas el domingo en el departamento de Héctor Navarro. La coartada era ver el Super Bowl. En realidad disfruté mucho más el ajedrez y todas las soluciones que discutimos para arreglar gran parte de los problemas de la humanidad (acompañados de unas cervezas, of course).
Su muerte no fue sorpresiva. Estaba enfermo y ya había sido internado en varias ocasiones. Pero ya saben: duele igual.
Desde entonces no he vuelto a ver el Super Bowl. A cambio, ayer me tomé una cerveza y me puse a pensar en cómo arreglar los problemas del mundo.
¡Salud!, in memoriam.