El analfabetismo del futuro
2002.02.5En 1936, a László Moholy-Nagy, fotógrafo y educador visionario, se le ocurrió decir una frase que se usaría de epígrafe en casi todos los manuales de la Kodak: “Los analfabetos del futuro serán aquellos que no sepan utilizar una cámara fotográfica“.
Si tomamos esta frase en un sentido metafórico, podemos concederle a László cierto don como profeta. El lenguaje visual, el lenguaje de las imágenes se ha impuesto en la civilización occidental. Gran parte de la información que consumimos diariamente entra por nuestros ojos. Sin darnos cuenta, dominamos un lenguaje en el que se conjunta la composición, edición, elipsis narrativa, perspectiva, resolución, color, y muchos elementos más.
Cada generación domina aspectos de ese lenguaje con mayor fuerza y lo enriquece en fondo y forma. Los niños y niñas con los que solemos convivir suelen tener mucho mayor capacidad para descifrar nuevos formatos de animaciones o caricaturas que son varias veces más complejos que los que vimos nosotros a su edad. No así los niños y niñas que difícilmente tienen acceso a la televisión, el cine, los videojuegos y mucho menos las computadoras.
Si tomamos la frase en un sentido más literal, definitivamente László se equivocó. Las cámaras fotográficas han pasado a ser “a prueba de tontos” y prácticamente cualquiera puede usarlas. Claro, siendo estrictos, no se obtienen fotografías profesionales, y si no se sabe un poco de composición o se nace con un artista por dentro, las fotos acaban con ciertas “faltas de ortografía” que suelen permanecer ocultas ante los ojos del amor (¡Mira! Esta es una foto de mi bebito que yo mismo tomé, ¿no es lindo?).
La máquina que parece trazar una línea entre los analfabetos y letrados de ese futuro ya hecho presente, es la computadora. Todavía no hay “computadoras a prueba de tontos” - a pesar de la constante solicitud de algunos de mis amigos.
Cualquiera que sea el sentido que le queramos dar a la frase de Moholy-Nagy, hay una trampa escondida en su formulación: ya sea cámara fotográfica, computadora o cualquier otro aparato para leer y aprender, para crear y comunicar, cuesta dinero.
El analfabetismo del futuro - el futuro de László, el futuro nuestro - sigue y seguirá siendo un problema mucho más ligado a la igualdad e identidad de los seres humanos.