Filosofía aplicada, primera parte
2002.02.1[Primero de –espero– varios artículos donde se intentará demostrar que la filosofía no solo sirve para algo sino que puede ser aplicada con mucho éxito en la vida cotidiana de este mundo moderno. Y no, no es aburrido.]
En la vida cotidiana hay básicamente tres posturas erróneas con respecto a la filosofía: la del derrotista, la del ignorante, y la fácil.
El derrotista, normalmente representado por empresarios, hombres de negocios y uno que otro amargado, denuncia: “la filosofía no sirve para nada“. El derrotista es un ser humano que tiene todas las respuestas, por lo que vive sin preguntas.
El ignorante dice: “¡ah! un filósofo, ¿sabes leer las líneas de la mano?“. Personificado esencialmente por personas puramente prácticas que si llegan a discutir algún tema es en las reuniones familiares y fiestas infantiles de los fines de semana. No sólo no sabe (eso no tiene nada de malo), sino que no sabe que no sabe.
La postura fácil corresponde a los libros de superación personal y sus lectores. Algunos de estos libros incluso están muy bien escritos: los libros son los que pertenecen a esta categoría, no necesariamente sus autores. El libro o el lector cita de vez en vez a Aristóteles y uno que otro pensador importante; cuenta una pequeña historia edificante (de las que aparecen en los posters o calendarios afuera del metro) al menor problema que se le consulte. En fin, toda la filosofía barata entra en esta categoría. Tiene preguntas, algunas fundamentales, pero en cuanto ve una posible respuesta la toma por cierta. Sabe que no sabe y eso le angustia y da miedo.
Si ninguna de estas posturas es correcta, ustedes dirán:
a] ¿Qué es entonces la filosofía?
b] ¿Sirve para algo?
c] ¿Me vas a empezar a hablar de cosas ocultas y misteriosas?
d] ¿Tienes bajo la manga una frase bonita, de esas que te hacen pensar?
Acerquémonos a algunas definiciones preliminares:
a] ¿Qué es la filosofía? La filosofía, a diferencia de las ciencias experimentales o conocimientos nacidos de la investigación, no da respuestas a ninguna pregunta, sino que se encarga de hacer más y mejores preguntas; la filosofía es el arte de preguntar; es el perfeccionamiento continuo del pensamiento; la filosofía es el acto de pensar llevado hasta sus últimas consecuencias.
b] ¿Para qué sirve la filosofía? La mayoría de los filósofos presumen que no sirve para nada, pero no es así. Una pregunta mal formulada nos lleva irremediablemente a una respuesta mal contestada. Y lo que es más curioso, cuando creemos alcanzar la respuesta a una pregunta es para darnos cuenta de que esa respuesta encierra en sí misma nuevas interrogantes.
c] ¿Por qué la filosofía siempre trata de lo oculto y misterioso? Eso no es necesariamente cierto. Decía Ortega y Gasset que la filosofía es la orientación radical. Esto es, la filosofía apunta hacia la raíz de las cosas. Aristóteles pensaba que la filosofía iba hasta las últimas causas. Finalmente, no hay diferencia. La filosofía pregunta. En cuanto hay una respuesta, vuelve a preguntar. Y así ad infinitum.
La filosofía es como los niños pequeños que preguntan a todo “¿por qué?” y apenas les damos una respuesta, repiten esa respuesta agregándole nuevamente el por qué por delante.
Esto hace que la filosofía de tanto encadenar preguntas llegue a cuestiones como la muerte y la esencia de todas las cosas. Pero para que eso suceda se requiere tiempo y una actitud mucho más académica. En la vida cotidiana, el trabajo, la familia y los amigos, rara vez se llega a tanto.
d] ¿Y la frase bonita? No, no hay frase bonita. Falta algo que no hemos dicho en esta serie de definiciones preliminares: la filosofía es y sólo puede ser un arte porque es sumamente especializada y detallista. No puede permitirse respuestas fáciles porque tampoco puede permitirse preguntas fáciles. ¡Por favor! Somos profesionales y serios.
Normalmente cuando un filósofo hace una pregunta la gente a su alrededor no la contesta sino que simplemente dice: “oye, qué buena pregunta“.
Habíamos dicho que la filosofía es el pensamiento llevado hasta sus últimas consecuencias. Pues bien, una de las últimas consecuencias (no es la única) del pensamiento es la razón, la lógica. O mejor, la inteligencia lógica y racional.
Si, es cierto que eventualmente los filósofos decimos o escribimos frases bonitas, pero normalmente esas frases forman parte de discursos más complejos. Por ejemplo, podemos encontrar frases o citas de Albert Einstein en distintos lugares. Es más, podemos ver la fórmula E=mc2. Pero ninguna de esas frases y ni siquiera la fórmula nos puede permitir entender la intensidad y calidad de preguntas que vivían en el cerebro del físico alemán.
…
Puedo asegurarles que la filosofía es de excelente utilidad en la vida cotidiana: empresarios, ejecutivos, ingenieros, informáticos, investigadores, analistas, publicistas, mercadotécnicos, creativos, en fin, a todos les sirve.
Y no hablo de leer las obras completas de Hegel. Leer las obras completas de Hegel o de cualquier filósofo no los hace filósofos. Es como si leer a Paracelso nos hiciera químicos. O sí leer a Newton nos convirtiera en matemáticos. Hablo de pensar mejor.
Si existe una actividad del ser humano en la que no se necesite pensar, a esa actividad no le sirve la filosofía. Pero si alguno de ustedes, lectores, piensa durante el día en algo, la filosofía puede ser un excelente método para hacerlo mejor.
¿Dudan de lo que les digo? ¡Perfecto, esa es la actitud filosófica que esperaba de ustedes!
Continúa en Filosofía Aplicada, segunda parte.
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